Stalin, en el LI Aniversario de su muerte

4 03 2014

Estatua de Stalín, en su barrio natal, Gori, Georgia. Fotos: G Travels

 

Mario Héctor Rivera Ortiz

México DF, a 5 de marzo de 2014

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El cinco de marzo de 1953 murió el camarada Iosif Vissarionovich Stalin, en la ciudad de Moscú, el hombre que, por la voluntad de los trabajadores soviéticos, durante trenita años, encarnó el símbolo de la nación y estuvo a la cabeza del Partido Comunista y del Estado Soviético, o sea, que el cinco de marzo de 2014 marca el LI Aniversario del fallecimiento de uno de los más grandes jefes históricos del socialismo internacional por lo que tal fecha es día de luto para todos los revolucionarios del mundo.

Muerto Stalin y la mayoría de los bolcheviques de la vieja guardia, la pequeña burguesía y una burocracia degenerada, levantaron cabeza y volvieron por sus fueros. Jrushov, zapato en mano, tomó la iniciativa al abrir el fuego de la crítica calumniosa  contra el honor y la dignidad de Stalin en el XX Congreso del PCUS, después proseguida por los congresos XXII y XXVII de la misma organización.

La ruta de la contrarrevolución antiestalinista en la URSS pasó mañosamente por varios estadios tácticos: a) los líderes del movimiento se presentaron en la escena pública como más comunistas que Marx, b) vendieron al proletariado soviético la ilusión de la desaparición de las clases explotadoras y sus ideólogos, c) declararon el fin de la lucha de clases y del Estado de la dictadura del proletariado y dieron paso a la falacia del llamado “Estado de todo el pueblo”; etcétera, etc.[1] Al mismo tiempo los termidorianos de aquí y de  acullá, trataron de borrar el nombre de Stalin, porque era demasiado grande para  ser cooptado en los libelos de los historiadores oportunistas.

Pero ¿Dónde se generó esta abominable ola contrarrevolucionaria? ¿Qué estratos sociales le dieron sustento y forma, en un país donde en efecto, habían desaparecido la mayoría de las bases materiales de la existencia de clases antagónicas y en el cual había numerosos científicos marxista-leninistas? José Antonio Egido, sostiene que el florecimiento de la ideología burguesa en la URSS fue “una consecuencia del XX Congreso en el que accede al poder una casta burocrática, cuya presencia en la vida social había sido denunciada por el XIX Congreso”.[2]  El periodo de desestalinización, sin duda, fue uno de los frutos podridos de la supervivencia en la Unión Soviética de algunos centros culturales y de comunicación en los que se conservaron herencias ideológicas y costumbres burguesas: universidades, institutos de investigación científica, publicaciones literarias, etc. Ese fue el origen del movimiento que luego, con el apoyo de los imperialistas, golpeó mortalmente el movimiento comunista mundial, deslizándolo hacia su descomposición temporal.

En relación con el fenómeno de la desestalinización gran parte de los historiadores adoptaron actitudes negativas totalmente anticientíficas: algunos guardaron silencio,  otros se plegaron a la línea jrushoviana al lado de los anticomunistas tradicionales y casi todos trataron de convencernos de que esa era la decisión de la población soviética. Lamentablemente esto es en parte cierto. No cabe duda que la estrategia aplicada por los burócratas y los sociólogos pseudomarxistas logró engañar a las masas, autodenominándose “constructores del comunismo”. Ello explica el abominable  silencio de la clase obrera y de las masas populares soviéticas frente a  la histeria antisocialista. No obstante, es falso que la pretendida aprobación fuera total. En efecto, hubo voces valientes que rompieron el silencio y se alzaron a protestar dentro de la propia Unión Soviética. Recordemos un brillante ejemplo: el periódico Novedades de Moscú, informó de varios procesos judiciales incoados en los tribunales soviéticos en contra de los difamadores de Stalin. El más sonado de ellos fue el juicio que suscribió el demandante Iván Shejovtsov, ante el Tribunal Popular del distrito de Sverdlovski de Moscú contra el escritor Alés Adamóvich y el periódico Soviétskaya Kultura, que tuvo lugar el 20 de septiembre de 1988 y sobre el cual informó también el periódico Izvestia  (267). Iván Shejovtsov, era un prestigioso jurista, nacido en la ciudad ucraniana de Járkov, veterano de guerra, abogado de profesión, ex juez de instrucción y fiscal de la URSS, autor de 17 demandas judiciales en defensa de Stalin y de numerosos escritos dirigidos a los órganos de prensa, fiscalías, tribunales y organismos del Partido en los que él actuaba, además, camarada del famoso jurista y diplomático Andrey Vishinski.

En el juicio del Tribunal Popular de Sverdlovski, Shejovtsov sostuvo y exigió en su alegato:

“No se puede declarar criminal a una persona que no puede decir ni una sola palabra en su defensa, si en contra de ella no fue pronunciada sentencia acusatoria alguna.”  “¡Que se nombre una sola persona que haya sido condenada arbitrariamennte para que Stalin pueda ser juzgado en calidad de acusado!”

“No doy crédito a cualquier publicación, ni a una sóla palabra de quienes hablan mal de Stalin. Evalúo los sucesos de aquellos años basándome en los criterios morales de aquellos años.”

“puras emociones, balbuceo infantil. No hay un sólo documento en las manos. Ni una sola ratificación oficial, ni un sólo argumento serio”.

Y luego sentenció:

“Mientras viva,  seguiré defendiendo el honor y la dignidad de Stalin” [3]

 

¿Y qué resolvió el tribunal de los termidorianos?  Tras examinar y escuhar el llanto de los littérateurs amarillos, como Alés Adamóvich, desechó la demanda del ciudadano Shejovtsov, arguyendo el artículo 203 del Código Penal y otros recursos leguleyos. Algunos asistentes al juicio, actores de la nueva ola, llegaron a calificar Shejovstsov de “enfermo moral”, “víctima moral e intelectual del estalinismo”, etc.

Sucedió pues lo que tenía que suceder cuando la dirección de un partido obrero  revolucionario pierde la brújula. El camarada Stalin ya lo había advertido desde la tribuna del XVII Congreso, celebrado en enero de 1934. En la parte de su  informe que se ocupaba de la cuestión de la dirección ideológico-política de la revolución, Stalin advertía que, “si bien es cierto, que los enemigos del partido, los oportunistas de todas las calañas y los partidarios de las  desviaciones nacionalistas de todos los colores, habían sido derrotados, los vestigios de su ideología vivían aún en las cabezas de algunos miembros del Partido y se manifestaban no pocas veces.” Y agregaba: “La conciencia de los hombres va, en su desarrollo, a la zaga de su situación económica. Por eso, aunque el capitalismo  estuviese liquidado en la economía, en las cabezas de los hombres se mantenían y seguirían perdurando aún supervivencias de las ideas burguesas.” [4]

Entonces, después de tanta basura que ha caído sobre la tumba de Stalin no está de más recordar sus aportaciones históricas más sobresaliente en el campo de la práctica y la  teoría científica y política: siguiendo a Lenin y con los bolcheviques, participó en la consumación victoriosa de la Gran Revolución Socialista de Octubre y en la fundación del primer Estado obrero revolucionario; durante la guerra civil (1918-22) participó destacadamente en el aplastamiento de los guardias blancos y los ejércitos invasores de los Estados capitalista; en el periodo 1928-1935 fue el conductor principal de la socialización de la producción agraria  e industrial a través de los planes quinquenales, construyendo así la columna vertebral económica del joven Estado socialista; en la etapa del periodo 1932-1937 guió al Partido en la  derrota política y jurídica de la oposición antisoviética del bloque contrarrevolucionario trotskista zinovievista; fue el jefe comunista supremo que condujo al Ejército Rojo hacia la victoria sobre las tropas invasoras nazi fascistas alemanas, japonesas, italianas, húngaras, españolas, rumanas y demás. En suma, con Stalin, la URSS alcanzó la cúspide más elevada del desarrollo técnico, científico, cultural y político.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] L.I. Bézhnev. Cincuenta años de grandes victorias del socialismo.

[2] Comunicación personal.

[3] Reportaje desde la sala del Tribunal Popular del distrito de Sverdlovski de Moscú, firmado por Liudmila Saraskina, Novedades de Moscú, No. 40 (1.366) 1988, Pág. 12

[4] Historia del Partido Bochevique de la URSS, p. 411.

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