TUPAC AMARU II ENGENDRÓ LA REVOLUCIÓN FRANCESA

17 07 2016


Dr. Godofredo Arauzo
Para adquirir identidad nacional hay que conocer nuestra historia; conocemos la historia oficial más no la historia real, que empieza a reescribirse El 4 de Noviembre de 1780 se inició la revolución de José Gabriel Condorcanqui Noguera Túpac Amaru II con el apresamiento y posterior ejecución del corregidor sanguinario Antonio de Arriaga; que resquebrajó los cimientos del imperio español en las Indias y trazó el camino de la independencia de América Latina.

En nuestra patria, PERÜ, José Gabriel Cordorcanqui Tupac Amaru II engendró la Revolución francesa al decretar la abolición de la esclavitud el 16 de Noviembre de 1780 en el Santuario de Tungasuca.; en estados unidos por Abraham Lincoln en 1863 y en Perú por Ramón Castilla en 1854; 83 años y 74 años respectivamente después que Tupac Amaru abolió. Por derecho histórico y de justicia a Tupac Amaru debe darse la paternidad de la abolición de la esclavitud en el mundo En esta decisión, de abolir la esclavitud, está sintetizada la igualdad, fraternidad y libertad de la revolución francesa; del mismo modo sirvió de estímulo e inspiración para la redacción de las obras de Juan Pablo Vizcardo y Guzman, Pablo de Olavide; como así mismo sirvió de inspiración a San Martín para la liberación de Argentina, Chile y Perú y es el primer precursor de la emancipación de América Latina. Personalidades contemporáneas le comparan con Cromwel, Robespier y Jorge Washington. Era persona hábil e instruida; doctor en derecho canónico, teología y civil, con cultura política, políglota,: dominaba el castellano, latín, quechua. aymara y otros dialectos. Su cultura se aprecia en el oficio que le envía a Areche el 5 de Marzo de 1781 en un párrafo escribe: ” Un humilde joven pastor rústico con el palo, la honda y la providencia divina libertó al infeliz pueblo de Israel, del poder de Goliat y Faraón; la razón fue las lágrimas de estos pobres cautivos dieran tales voces de compasión, pidiendo justicia al cielo, que después de cientos de años salieron de su martirio y tormento para la tierra de promisión; más ¡ ay¡ que al fin lograron sus deseos, aunque con tanto sufrimiento y llanto¡.. Más nosotros infelices indios, con más suspiros y lágrimas que ellos, en tantos siglos no hemos podido conseguir algún alivio; será la razón porque el Faraón que nos persigue, maltrata y hostiliza no es uno sólo, sino muchos, tan inicuos y de corazones tan depravados como son los corregidores, sus tenientes, cobradores y demás corchetes. hombres diabólicos y perversos, que presumo que nacieron del lúgubre caos infernal y se sustentaron de los pechos de arpías más ingratas, por ser tan impíos, crueles y tiranos; a los Nerones y Atilas, de quienes la historia refiere sus iniquidades y de sólo oir se estremecen los cuerpos y lloran los corazones”.

Se movilizaba sobre un caballo blanco son su séquito y capellán y en los pueblos era recibido. por los curas con capa de coro; cruz alta y palio..La preparación de la rebelión duró cerca de 10 años, movilizó más de 100, 000 soldados en una extensión de más de 1,500 kilómetros; se movilizaban las personas con pasaportes o salvoconductos otorgados por su lugarteniente y esposa Micaela Bastidas y su apelativo familiar era CHEPE. La respuesta a Areche, su encarnizado torturador:” Tú por opresor y yo por evitarlo, merecemos la muerte” sintetiza su personalidad. Antonio de Areche le hizo justicia al informar al Ministro de Indias el 30 de Abril de 1781: ” Es de un espíritu y naturaleza muy robusta y de una serenidad imponderable” . Contestaba a sus verdugos: “Que no diría a nadie la verdad, aunque le sacasen la carne a pedazos”: cumplió su palabra.

Los objetivos de la revolución de Tupac Amaru no tenía la finalidad de anexar territorios sino era eminentemente social y económico: abolir la esclavitud, la mita, los repartimientos, obrajes, la desaparición de los corregidores; en síntesis, anticolonial, antiesclavista y antifeudal, único en el mundo. En el lugar donde firmó Tupac Amaru II la abolición de la esclavitud debe levantarse un altar antiesclavista, debe corregirse la omisión histórica de no aceptar que fue el primero en abolir la esclavitud en el mundo y en el Perú, considerarle primer precursor de la independencia de América Latina y padre de la revolución francesa. Más tarde que nunca se hará realidad.

Las metas de la revolución de Tupac Amaru II siguen vigentes; terminará cuando tengamos un gobierno que trabaje por el desarrollo de los peruanos y ningún niño duerma sin comer un pan: en el día: exista justicia. La gloria de José Gabriel seguirá creciendo como crece la sombra cuando el sol declina.

BUIBLIOGRAFÍA.
1. Lewin B. La Rebelión de Túpac Amaru, 1957,
2. Valcárcel CD. Túpac Amaru, 1970,
3. Hernández R. Precursor y Rebelde Túpac Amaru, 1969
4. Bonilla J. La Revolución de Túpac Amaru, 1971,
5. Valcárcel CD. La Revolución de Túpac Amaru, 1973,
6. Sivirichi A. La Revolución Social de los Tupac Amaru, 1979,
7 Vega JJ. José Gabriel Túpac Amaru, 1969
Email: godo.ara@gmail.com





Desde Bayamo, Cuba*: notas sobre Francisco Vicente Aguilera

23 06 2016

Francisco Vicente Aguilera

Índice

Una carta desconocida de Francisco Vicente Aguilera
Amarilis del Carmen Terga Oliva

Testamento de una millonaria: Juana Tamayo, la madre de Francisco Vicente AguileraLic. Clemencia Leonor Tamayo-Saco y Tamayo-Saco

Linaje Aguilera
MSc. Ludín B. Fonseca García

Francisco Vicente Aguilera en su destino
Dra. Olga Portuondo Zúñiga

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Carta de Francisco Vicente Aguilera a Pedro Santacilia donde valora la política de Estados Unidos hacia Cuba
New York Abril 1876.

Sr. D. Pedro Santacilia
Muy estimado amigo y hermano: =Con grandísimo placer he leído y contesto su grata de 21 de Febrero último, porque ella me asegura que su corazón de cubano late hoy con los propios entusiastas impulsos con que mandaba a su pluma esos bellos arranques patrióticos que tantas veces he leído con creciente satisfacción.
Siento que aún no se haya puesto V. en trato íntimo con mi querido amigo Nicolás Domínguez, porque estoy seguro que cuando V. le haya conocido de cerca, conocerá todo lo apreciable que es, y todo su valor moral y político. Ruégole por tanto, que procure tratarlo íntimamente.
Amigo mío: con gran pena no le escribiré hoy tan extensamente como yo quiero porque en estos momentos estoy despachando a vuela pluma mi numerosa correspondencia, en medio de la baraúnda consiguiente para poner el pie, por cuarta vez, en el buque que debe llevarme a las playas de Cuba. Cuya expedición he podido organizar al cabo de inauditos esfuerzos, contrariado por tantas y tantas malas pasiones, flaquezas y dificultades.
Sobre las cosas y cubanos de New York y sobre otras cosas que me atañen, dejo que Domínguez le informe a V. por el pleno conocimiento que posee de todo. –Desde Cuba, si el destino me conduce allí a salvo, tendré gran placer en escribirle.
No es el pueblo cubano de la Isla, hoy, terreno en que pueda plantarse con éxito ninguno político, que no sea la independencia absoluta: Jovellar ha fracasado en este intento como fracasaron sus antecesores y como fracasarán todos. –Hay más, una considerable porción de los españoles residentes en la Isla, está hoy por la independencia. –Nuestros negocios van formando contraste con los de España: esta decrece en todo y por todo, y nosotros estamos ya, cerca de la Habana, victoriosos, cuanto es posible y más llenos de entusiasmo que nunca.
Demócratas y Republicanos, todos son Yanquis; la política de Washington está materializada y desnaturalizada; no hay en ella sentimiento tradicional; la adquisividad en todos terrenos y sentidos predominan, auxiliados por la corrupción. La política de este país está supeditada a “Wall Stree” es decir: que los intereses mercantiles dan la luz; y esa política no imprime acción en los sentimientos, si no los sigue, sacando de ellos el provecho que presentan. Ayudarán a Cuba, cuando Cuba se haya ayudado a sí misma. Esperar más de eso es una vaga ilusión. Estos Yanquis son la personificación del egoísmo. Este es por hoy el concepto y las esperanzas que me inspiran.
Mucho, muchísimo gusto me proporcionará V. con sus letras, y más si en ellas me envía las ideas y consejos con relación al mayor modo de servir a nuestra patria; porque a sus extensos conocimientos y dotes naturales, reúne el tesoro de la experiencia en este escabroso terreno. –Escríbame pues, a menudo, y esté persuadido de la grande estimación y afecto de su amigo y hermano.1

1 ANC. Fondo Donativos y Remisiones, legajo 658, exp. 4.

Testamento de una millonaria: Juana Tamayo, la madre de Francisco Vicente Aguilera

Lic. Clemencia Leonor Tamayo-Saco y Tamayo-Saco

Juana María Antonia Tamayo Infante nació en la villa de San Salvador de Bayamo en la segunda mitad del siglo XVIII. Descendiente del hidalgo capitán Rodrigo de Tamayo y Cabrera, uno de los conquistadores que llego a Bayamo bajo las órdenes de Diego Velázquez de Cuéllar. Era hija de los ricos terratenientes criollos Doña Josefa Infante y Santisteban y don Francisco Esteban de Tamayo y Vázquez–Valdés de Coronado, catedrático de la Prima de Derecho Civil de la Real y Pontifica Universidad de la Habana, abogado de los Reales Consejos de Castilla e Indias, regidor y alguacil mayor por su majestad de la villa del Santísimo Salvador de Bayamo. Sus abuelos maternos fueron don Nicolás José Infante y Silva, regidor y alcalde ordinario, capitán de milicias y doña María de la Asunción de Santisteban Valdés de Coronado y los paternos don Esteban de Tamayo y Pardo Aguiar, apitan de milicias, regidos y alguacil mayor y doña Juana Salvadora Vázquez–Valdés de Coronado y Borrero–Trujillo.
Al morir la madre, Juana y su hermanito Esteban Benigno quedaron al amparo de sus abuelos maternos, quienes le colmaron de amor y regalos valiosos, Juana Tamayo aprendió a leer y escribir desde temprana edad. A los nueve años había leído los clásicos griegos y latinos que existían en la biblioteca de su padre, una de las mejores de Bayamo. Este le enseño francés para que en ese idioma, hablara los problemas íntimos de la familia y así evitar que los esclavos domésticos los divulgaran entre otros esclavos de familias importantes; también se le educó para ordenar y hacerse obedecer, cosa que hizo durante toda su vida.
Pronto dejo de ser niña y se convirtió en una adolecente alta y delgada, de delicadas facciones, cabellos rubios y ojos azules. El matrimonio le fue concertado con su primo don Antonio María de Aguilera y Tamayo, brigadier de los Reales Ejércitos, hijo del capitán Francisco Vicente de Aguilera y Ramos, subdelegado de la Real Hacienda, tesorero de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y doña María Loreto de Tamayo y Palma. Una de las hermanas del novio, María Gertrudis Aguilera y Tamayo, se casó con don Juan José Caballero y Caballero, tercer marqués de santa Ana y Santa María, alcalde ordinario de Puerto Príncipe.
La boda entre Juana y Antonio se efectuó el 23 de agosto de 1813. Antonio Aguilera apreció el talento de su mujer para los negocios. Juana, de carácter fuerte y apasionado, administraba el hogar, sus haciendas, despachaba personalmente con sus abogados y mayorales; contabilizaba el crecimiento del ganado; tenía una casa de juegos en El Dátil y le encantaban las peleas de gallos. Solía ordenar a sus esclavos poner al sol sobre yaguas las monedas de oro. Ella hacía lo que otras mujeres de su época, mojigatas y sumisas a sus maridos, no se les permitía. No toleraba la hipocresía y la traición. No pudo tener muchos hijos, la muerte le arrebato a dos de ellos: Pepilla, su niñita adorada y Antonio, el primogénito.
Su hermano Esteban Benigno, El Bachiller, menor que ella y bautizado en la parroquia de San Salvador de Bayamo el 24 de diciembre de 1783, fue regidor y alguacil mayor. Este padecía de frecuentes hemorragias nasales, por lo que se hacía acompañar de un esclavo que portaba una bandeja de plata con pañuelos de finísimo holán. Juana Tamayo se sentía orgullosa de que Esteban fuera mujeriego y le crió tres hijos: Lic. Francisco Esteban Tamayo González Ferragut, Juan Antonio Tamayo Sánchez e Ismaela Tamayo Antúnez. A estos dos sobrinos y a sus hijos se les dio una formación típica de las clases pudientes en la sociedad colonial decimonónica; tenían que ser caballerosos, pero también “muy machos”, para ello recibieron clases de esgrima, equitación y adquirieron el conocimiento de ganadería, cultivo y procesamiento de la caña de azúcar y de la administración de las haciendas. Juana les inculcó ser fuertes y valientes antes las adversidades de la vida, piadosos y justos con los pobres y ricos, a no vacilar ante la toma de decisiones. Así resultó que su hijo, Francisco Vicente Aguilera, fuera respetado y amado en la sociedad bayamesa desde su infancia.
Juana acostumbraba a pararse en la puerta de su casa –Biblioteca 1868– y desde allí llamar a voces a su prima Isabel Vázquez y Moreno –Oficina de Correo– y a Concha Saco y Cisneros, esposa de su sobrino Francisco Esteban –actualmente Martí no.70–, el fondo de esta casa terminaba en Mármol. Conoció de las ideas independentistas de su hijo Francisco Vicente y las apoyó. Su testamento está permeado de la desconfianza que le inspiraban las autoridades españolas. Falleció el 5 de febrero de 1863.

Linaje Aguilera

MSc. Ludín B. Fonseca García

A mediados del siglo XVII se radicó en la jurisdicción de Bayamo la familia Aguilera, que procedía de Jamaica. Este territorio era, hasta esa época, colonia española. Entre Inglaterra y España se desarrolló un conflicto armado por la posesión de este enclave y como resultado de la victoria de Albión un número importante de familias oligarcas, de descendencia ibérica, se trasladaron al oriente de Cuba y en específico a Bayamo.
Estas estirpes emigradas, desde que se establecieron en la villa, desplegaron una estrategia familiar –adquisición de tierras, enlaces matrimoniales beneficiosos, obtención de cargos en la estructura de gobierno y puestos en la milicia, entre otros– que le permitieron penetrar el intríngulis que detentaban las asentadas en el valle del Cauto desde el siglo XVI y que se consideraban, y eran, tanto por el poder económico, como por el político que poseían, la representación de la prosapia de la sociedad bayamesa. Fue un proceso lento y se extendió hasta la primera mitad del siglo XIX.
Una de las ramas de este árbol genealógico que puso en práctica este tipo de estrategia fue la que resultó del matrimonio celebrado entre Antonio María Aguilera Tamayo y Juana Tamayo Infante, la que ya en esta centuria, siglo XIX, se manifestaba como una de las de mayor alcurnia, avalado por las riquezas que tenían en las demarcaciones de Bayamo, Jiguaní, Holguín, Manzanillo y Tunas, y por los cargos políticos que detentaban en el ayuntamiento de Regidor Alcalde Mayor y el grado militar de coronel de los Reales Ejércitos y del Batallón de Milicias Blancas Disciplinadas de Infantería de Bayamo y Santiago de Cuba. Desde finales del siglo XVIII y principios del XIX esta consanguinidad se centrará en la progresión de su estirpe.
Este matrimonio pretendía iniciar una estrategia que le permitiera convertirse en el de mayor abolengo de la familia y adquirir para sí la identificación de este clan. Para conformarla beneficiarán al primogénito. Procrearon tres hijos: Antonio Aguilera, María Josefa y Francisco Vicente. En el Poder In Causa Mortis de Antonio María Aguilera, declaró por heredero universal a Antonio Aguilera. Este cumplió la estrategia familiar, se había trasladado hasta la Habana y contraído nupcias con Manuela Lemur, hija de un general del ejército español. No obstante, sucesos ocurridos a sus descendientes pondrían en peligro estas aspiraciones. Antonio, y María fallecieron sin sucesión; Francisco Vicente quedó como único sobreviviente.
Una demostración del engrandecimiento es la aspiración de obtener un título de nobleza, así como el reconocimiento de benefactores de la villa. Cuando se redactó el Poder In Causa Mortis de Antonio María, este estipuló que se comenzaran las gestiones para obtener el Título de Castilla, para lo cual determinó que se tomaran 70 000 pesos del ingenio Nuestra Señora del Pilar y Hato Jucaibama; Juana, por su parte, expresó, en su testamento, el deseo de establecer una capellanía con las obvenciones que aportaban sus propiedades rurales a favor de la construcción de un Hospital de Mujeres.
Después del deceso de su hermano, Francisco Vicente se convirtió en el único heredero. En él cifraron todas sus esperanzas. El dolor del matrimonio debió ser reforzado, en primer lugar por la pérdida de dos de sus hijos y en segundo por la desarticulación de la estratagema familiar. Juana se lamentaba al redactar su testamento, en 1852, de que la Divina Providencia le había dejado como sucesor, únicamente, a su amado hijo Francisco Vicente Aguilera.
Si un acto es expresivo de la alcurnia que exhibían lo es el orgullo por su limpieza de sangre. El expediente que confeccionaron en 1844, para que Francisco Vicente Aguilera obtuviera las dos terceras partes del oficio de regidor y alguacil mayor del ayuntamiento de Bayamo que quedaron vacantes al morir su hermano Antonio María, así lo demuestra. El acceso a este oficio fue aprobado el 17 de agosto del propio año. Exaltan, en el documento, sus padres, que no existían cruzamientos en su familia con negros, mulatos y pardos. En esta declaración exhibían la buena vida y costumbres de la progenie y tener fe, únicamente, en la religión Católica Apostólica y Romana, lo cual denotaba su alejamiento de los cultos africanos y otras denominaciones presentes en la sociedad bayamesa, todos combatidos por la iglesia católica, la oficial del gobierno español.
El engrandecimiento que le reportará a su familia Francisco Vicente no será en el orden de lo que soñaron sus padres, o sea en la obtención de títulos nobiliarios, como importante benefactor de algunas obras de la ciudad, detentar cargos políticos en la estructura de gobierno de la villa o provincia, o en la milicia, sino al convertir, al linaje Aguilera, en uno de las fundadoras de la nación cubana.1

1 Los artículos compilados aparecen en: Ludín B. Fonseca García (Comp.): “Francisco Vicente Aguilera. Padre de la República de Cuba”, en La historia en la palabra, Ediciones Bayamo, Bayamo, 2007.

Francisco Vicente Aguilera en su destino

Dra. Olga Portuondo Zúñiga

Aún son insuficientes los análisis que justifiquen las causas mediatas e inmediatas que provocaron el estallido insurreccional de 1868; porque los escritores contemporáneos podrán decir en pocas o muchas páginas sobre el alzamiento del 10 de Octubre para explicar la drástica determinación de proclamar la independencia frente a España, pero a los hombres que vivieron aquellos acontecimientos no les era fácil cambiar radicalmente su vida sin meditar sobradamente, ventajas y desventajas de su decisión. Dejar atrás todo lo que se poseía u enfrentar la ira de los representantes armados de la metrópoli, implicaba romper con el destino que les había sido forjado durante siglos para seres como Francisco Vicente Aguilera.
Investigar en el origen de Francisco Vicente Aguilera, conocer a sus padres y su mentalidad no es, de ninguna manera, ajeno a la historia regional y nacional. Nuestros autores bayameses, jóvenes en la profesión de indagar, se han referido a estas raíces, sabedores del camino correcto que conduce al esclarecimiento de los propósitos emancipadores.
Buena parte de los historiadores cubanos han roto ya con el estigma que supone el progreso solo en la economía plantacionista azucarera y ven una retrógrada interpretación del desarrollo entre los que gozaban del patrimonio de haciendas ganaderas. Se hace trizas el pensar con el complejo; que el adelanto de la plantación esclavista era el único factible en la isla de Cuba y esta conducía a la quiebra ineluctable del sistema colonial hispano. Sin duda, pesan también los principios éticos, las tradiciones y el entramado de relaciones humanas de la no-plantación. No por casualidad, la revolución comenzaría en el valle del Cauto.
La familia Aguilera-Tamayo, miembro de la oligarquía bayamesa, descansaba su autoridad en las extensas haciendas y en su amplio número de arrendatarios en los hatos ganaderos de su pertenencia. Durante los avatares seculares de la isla de Cuba, los grandes dones –entre los cuales se encontraban Antonio María Aguilera ya en el siglo XIX bayamés– se disputaron el poder del cabildo. Alianzas selladas mediante matrimonios entre su oligarquía, afirmaron su autoridad en la región, hasta que España comenzó a restarle poder, en tanto aseguraba la centralización política de su burguesía liberal y que se extendía, allende el océano Atlántico, en los restos de su Imperio Ultramarino. Arrebatado en la última década de la primera mitad del siglo XIX todo valor político de los ayuntamientos, el ultraje a los miembros de la aristocracia de la tierra era demasiado profundo, justo cuando ellos entendían que debía ser mayor su papel en el conjunto del poder político metropolitano.
No hay que sorprenderse sí Francisco Vicente Aguilera, el mayor hacendado de la región ganadera del oriente insular, educado en la mentalidad de autodeterminación de aquellos grandes propietarios y casado con un miembro de la prestigiosa familia fundada por Sebastián Kindelán y Ana Mozo de la Torre, dueños de plantaciones en la jurisdicción de Cuba, pensara que su destino necesario pasaba por la separación de España. De esta forma, tradición y presente se juntaron en una personalidad, cuya psicología e historia personal no pueden ser dejados a un lado de la historia de Cuba.

*Boletín Acento . Oficina del Historiador
Segunda Época | Extraordinario JUNIO/2016 | Año 2 |
Bayamo M.N., Cuba. 2016
Estos textos pueden ser reproducidos libremente (siempre que sea con fines no comerciales) y se cite la fuente.





Feliz año 2966 del calendario wanche

20 06 2016

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Los wanches utilizamos dos calendarios que se complementan mutuamente: un calendario lunar, de enorme importancia en la agricultura dado que incluso permite la previsión meteorológica, que se inicia con la primera luna llena de agosto (fiesta del Weñesmen) y la aparición en el Hemisferio Norte de la estrella Canopus y un calendario solar que comienza con el solsticio de verano o sea el 21 de junio como lo atestigua, entre otros, el cronista Marín de Cubas en la siguiente cita: “Contaban su año, llamado Acano, por lunaciones de 29 soles desde el día que aparecía nueva; empezaban por el estío, cuando el sol entra en cáncer, a veintiuno de junio en adelante la primera conjunción, y por nueve días continuos hacían grandes bailes y convites, y casamientos, habiendo cogido sus sementeras” (Marín de Cubas, T. Historia de las Siete Islas de Canaria. Ed. Globo, 1993, p. 204).

La rigurosa determinación de estos calendarios por nuestros antepasados plantean cuestiones de primerísima importancia en la historia de la ciencia, insuficientemente investigadas y mucho menos divulgadas, pues no interesa al régimen monárquico y colonial español que conozcamos nuestra verdadera historia, muy al contrario, se ha dedicado a difundir la infamia de que nuestros antepasados eran unos salvajes, vestidos con taparrabos (así llaman a los trajes de baño), ignorantes al hecho geográfico de que habitamos una zona subtropical, siendo lo normal vestir ligeros de ropas y no enfundados en armaduras de acero como frecuentemente aparecían en nuestras playas.

Para la precisa determinación del solsticio de verano, de suma importancia dado que, como se dijo anteriormente, marca el comienzo del año nuevo solar, nuestros antepasados poseían un enorme desarrollo científico-tecnológico, como lo demuestran los numerosos observatorios astronómicos encontrados a lo largo y ancho de nuestra patria, Canarias, como por ejemplo el emblemático Risco Caído, en Tamarán, no superado por ninguna otra cultura acorde con todos los arqueólogos expertos en la materia que lo han visitado.

Risco Caídos sólo pudo ser construido por una sociedad con un avanzado dominio de la Arquitectura e Ingeniería, lo que implica, obviamente, profundos conocimientos físicos, geológicos y matemáticos, especialmente geométricos, así como de Astronomía.

Este avanzado conocimiento científico-tecnológico de nuestros antepasados, conjuntamente con su avanzado desarrollo social, como lo avala el dato de que los Menceyes y otros cargos públicos eran elegidos democráticamente en el Tagoror o Asamblea, nunca ejercieron como reyes, príncipes y princesas como, torticeramente una vez más, ha divulgado el colonialismo, avanzado desarrollo social que también viene corroborado por el enorme prestigio y respeto hacia nuestra población femenina, responsable de la administración e incluso integrada en las defensivas milicias, estos avanzados conocimientos científico-tecnológicos y desarrollo social, decíamos, inquietaban especialmente a las subdesarrolladas, arcaicas y reaccionarias instituciones europeas, todavía vigentes, las monarquías y el vaticano, que no tuvo escrúpulo alguno en autorizar, mediante la bula “Tue devotionis sinceritas”, del papa Clemente VI, la conquista de las Islas Canarias al príncipe Luís de España y Cerda, tan pronto como en el año 1344, nombrado primer rey de Canarias.

Esta aversión clerical, tanto al conocimiento científico como a las mujeres, ha quedado patente, lamentablemente, en los antecedentes penales de esa institución. Condenando a morir quemado en la hoguera al mismísimo Galileo si no abjuraba del hecho científicamente demostrado, por ejemplo por los científicos wanches, de que la Tierra giraba alrededor del Sol (Magec) y no al revés o quemando vivas a más de cinco millones de mujeres acusadas de brujería cuando el único hecho probado era que sabían leer y escribir.

La bula “Tue devotionis sinceritas”, desgraciadamente, sigue vigente todavía y la citada institución aún no ha pedido perdón al pueblo canario por el genocidio desatado por la misma.

La rebeldía de la actual sociedad wanche está conduciendo a recuperar nuestro ancestral patrimonio, de incalculable valor histórico, arqueológico y etnológico, recuperando también nuestra verdadera historia, la historia real vivida por nuestros antepasados, recuperando asimismo nuestras tradiciones sociales y culturales, como la celebración de la entrada del nuevo año, el 2966, próximos ya a entrar en el cuarto milenio, pues aprendimos a contar antes, celebraciones que tendrán lugar con cantos y bailes, con baños en nuestras playas, como hacían nuestros antepasados, hacemos nosotros y harán nuestros descendientes, durante nueve días consecutivos.

La tradición agasajaba especialmente a los engendrados en estas fiestas, integrándolos en los Asantemir o Guerreros Sagrados. El Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario, cuando obtenga , democráticamente, la confianza de nuestro pueblo y sea responsable de las instituciones, rescatará esta tradición y costeará los estudios elegidos por todos y todas las Asantemir que lo necesiten.

”Las frutas que tenían para su sustento eran mocanes y vicácaros y cerezas, que son como guindas prietas; y de estas frutas solían hacer vino, aunque poco, porque su común beber era agua, que llamaban ahemon” (Abreu Galindo, J. Historia de la Conquista de las Siete Islas de Canaria. Goya Ed. 1977. p 88). Viene a colación la cita incitando, especialmente a nuestros jóvenes, a no secundar la política del régimen monárquico y colonial y su esbirros, que llegado el verano llenan nuestras playas de carpas y quioscos patrocinados por las marcas de las más duras bebidas alcohólicas, para emborrachar, alienar y marginar a nuestra juventud. El agua es el único líquido imprescindible.

Bienvenidos a nuestras fiestas más representativas a todos los canarios y canarias, así como a todos los extranjeros que nos visitan o conviven con nosotros, incluidos los hermanos de los pueblos de España, respetuosos con nuestras tradiciones. Feliz año nuevo a todos.

Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario





Orgullosamente anticolonialistas

17 06 2016
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Marina del “Rubicón, Titeroygacat (ex Lanzarote)”. Foto: Maria Pilar Etxebarria

 

 

 

El primer asiento del colonialismo en Canarias tuvo lugar en el año 1402, en el Rubicón, Titeroygacat (ex Lanzarote) por los esclavistas y genocidas Bethencourt y La Salle, colonialismo que constituye la convergencia de dos fenómenos que acaecieron el primero a raíz de las “cruzadas”, por lo tanto en la edad media y, el segundo, en el mal denominado renacimiento europeo con el capitalismo. La apropiación de lo ajeno mediante el saqueo y el control de las principales rutas comerciales constituyen los principales objetivos de la expansión comercial europea.

La primera fase de esta expansión se inició, desgraciadamente, en Canarias a principios del siglo XV y aún no ha concluido, desde donde se extendió al continente americano, sin olvidar el enclave del colonialismo en Sudáfrica y consistió en someter militarmente un territorio de forma cruel, vil y sanguinaria para expoliarlo económicamente y esterilizarlo culturalmente, como sucedió en las colonias españolas, mediante la aculturación, proceso de recepción de otra cultura y de adaptación a ella, en especial con pérdida de la cultura propia, lo que constituye la principal herramienta del dominio colonial español, ese es el motivo por el cual actualmente no se enseña nuestro idioma materno, el wanche, en las escuelas, institutos y universidades españolas en Canarias y de ahí también la urgencia de desarrollar nuestra ancestral cultura, incluido nuestro excelente idioma.

No podemos detallar los sufrimientos infinitos causados por la bestia del colonialismo y, haciendo un salto histórico muy grande, nos remontamos a principios del siglo XIX, momento en el que las potencias colonialistas europeos perdieron el dominio de sus imperios americanos. En efecto, España, Gran Bretaña y Francia ya habían perdido la casi totalidad de sus posesiones coloniales por la lucha de liberación llevada a cabo por los anticolonialistas que condujeron a la emancipación de las poblaciones criollas, en el caso de España y Gran Bretaña, y de conquista en el caso de Francia. Respecto a Portugal y su colonia brasileña, ésta se separó pacíficamente en 1821. Las pérdidas territoriales resultaron inmensas, no así en términos económicos, debido a que no ha habido un verdadero proceso de descolonización y a que mantuvieron el dominio de las islas caribeñas (las “islas de azúcar” mencionadas por Voltaire), las cuales continuaron generando durante décadas inmensas ganancias a sus metrópolis.

La segunda fase del colonialismo comienza en el siglo XIX y adopta una forma más brutal y agresiva, si ello fuera posible, que el colonialismo de la edad media, fase a la que se denomina, por motivos didácticos, imperialismo, siendo las intenciones las mismas: someter, saquear y esterilizar territorios y sus pueblos con la excusa de “civilizar” pueblos que definían “bárbaros” o “salvajes” como en África, o culturas “decadentes” como en Asia.

El Reino Unido de la Gran Bretaña inició su expansión imperialista estableciendo puntos de interés estratégico como los de el Cabo (1814), Singapur (1819), Aden (1839) y Hong Kong (1842), así como los territorios insulares en el Atlántico sur o el océano Índico, entre otros enclaves, que les permitieron controlar territorios en todos los continentes, como la India, Australia y Canadá, además de las posesiones asiáticas y africanas.
Asia y África también sufrieron la rapiña imperialista de otros estados europeos, como el país de la “libertad, igualdad y fraternidad”, Francia, que instauró otro imperio colonial, comenzado con el sometimiento de Argelia (1830) y continuando con otros países africanos, Asia y el Pacífico.
Alemania, Bélgica e Italia se unieron al expolio del colonialismo, ensañándose particularmente con los hermanos pueblos africanos, que termimaron repartiéndose. No obstante conviene hacer notar que el sometimiento de los pueblos africanos nunca fue sencillo para el colonialismo, que sólo consiguió sus viles objetivos con el desarrollo del complejo industrial militar. Por ejemplo el sometimiento de Canarias que se inició en el años 1402, como se dijo al principio, no finalizá hasta la claudicación de Chinet (ex Tenerife), el 26 de julio de 1495, después de un siglo de heroica resistencia del pueblo wanche.
En el caso de África continental su sometimiento por los regímenes imperialistas no tuvo lugar hasta que se descubrió el tratamiento de la malaria por medio de la quinina.
Las rivalidades entre las potencias imperialistas que comenzó a generar el sometimiento de África, ante el miedo a un conflicto armado entre saqueadores, indujo al canciller alemán Bismark a convocar en 1884 un encuentro diplomático sobre África, la Conferencia de Berlín, en la cual se repartieron el continente africano: Etiopia (Abisinia), Liberia y los estados libres de Orange y Transvaal fueron los únicos territorios que pudieron escapar a la voracidad del imperialismo europeo. El Congo, que todos ambicionaban y siguen ambicionando, se entregó a la monarquía belga, como una propiedad privada (bajo el invento del colonialismo de Estado Libre del Congo). España y Portugal, cuyos territorios estaban también en la mira de los británicos, franceses y alemanes, pudieron mantenerlos e incluso ampliarlos. Sigue siendo el caso de Canarias, pese a haber rechazado su españolidad la única vez que hemos tenido ocasión de manifestarla, el glorioso Referéndum celebrado el 12 de marzo de 1986 en contra de incluirnos en la OTAN y cuyos resultados están aún pendientes de ejecutar, con las falsedades de que en el Estado español triunfó la posición favorable a la integración, olvidando que esto es un enclave colonial español e incluso con la torticera argumentación del colonialismo de que algunas islas votaron a favor, a sabiendas de que Canarias constituyó una única circunscripción electoral.
La misma suerte corrió Asia. En la segunda mitad del siglo XIX la India estaba bajo dominio británico. El sudeste asiático fue la siguiente presa de este insaciable imperialismo europeo. Desde el siglo XVII el archipiélago indonesio era una posesión holandesa. En el siglo XIX los diferentes reinos de la península del sudeste asiático fueron sometidos por Francia bajo el nombre de Indochina.
China fue después de África el caso más vergonzoso del imperialismo europeo, al representar, dentro de la lógica capitalista, un potencial comercial de primara magnitud, que todavía mantiene. Británicos y portugueses comerciaban por los puertos de Hong Kong y Macao (1557). Francia, Alemania y Rusia también poseían puertos chinos en los que controlaban la totalidad del comercio, la hacienda y las aduanas, además de derechos extrajudiciales.
Francia penetró en China desde Indochina, con la cesión del puerto de Zhangjiang y luego controló las regiones de Yunnan y Guangxi. Por su parte, Rusia llegó a dominar todo el norte de China, desde Xinjiang hasta Manchuria. Alemania recibió el puerto de Qingtao y el control de Shandong. Otra vez más, la porción más grande fue para Gran Bretaña, que logró dominar todo el centro de China, desde el Tíbet hasta Nanking. Shangai, por su parte, fue establecida como “puerto libre”, abierta al comercio de todos los países.
Otra variante de este imperialismo europeo decimonónico fueron Austria (Austria-Hungría a partir de 1867) en los Balcanes y Rusia en el oriente. Esta última, dueña desde el siglo XVII de Siberia y de la mayor parte del reino de Polonia-Lituania en el XVIII, se extendió después por el Cáucaso (1828) para luego hacerse con el control de las regiones de Kajastán (1853) y de Turquestán (1873) en Asia Central y del territorio alrededor del río Amur en el Lejano Oriente (1869). De ahí, al finalizar el siglo XIX, se adentró en Afganistán y llevó sus reivindicaciones territoriales hasta el Tíbet.
Por último citemos el Imperio Otomano (conocido también como Imperio Turco), un imperio que, paradógicamente, terminó siendo víctima del imperialismo europeo. En el ocaso de su poderío, este imperio se extendía hasta Argelia en el sudoeste, Yemen y Kuwait en el sudeste, además de dominar toda la península de los Balcanes y Hungría, en pleno corazón de Europa. A partir del final del siglo XVIII el Imperio Otomano entró en decadencia. Luego, diferentes presiones e intervenciones europeas lo obligaron a otorgar la independencia a Grecia (1830), después a Rumania (1859), Serbia, Montenegro y Bulgaria (1878) y, finalmente, Albania (1912). En África renunció a Argelia y Túnez en beneficio de Francia (1830 y 1881 respectivamente), Egipto (1882) a favor de Gran Bretaña, Libia en detrimento de Italia (1911), hasta ser finalmente reducida a la Península de Anatolia, es decir a la Turquía actual (1922).
En conclusión, la bestia del colonialismo sigue tan vigente como en sus orígenes, reconociendo las Naciones Unidas al menos diecisiete territorios bajo dominio colonial, entre los que, incomprensiblemente, no ha incluido todavía al archipiélago canario. Los territorios que estuvieron bajo regímenes coloniales todavía siguen sufriendo sus desastrosas consecuencias, tanto económicas como psicológicas, debido fundamentalmente a que la proclamación de su independencia no llevó aparejado el proceso de descolonización, de ahí que la descolonicación e independencia siga siendo la única consigna libertaria en un colonia.
Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario





Notas sobre Carlos Manuel de Céspedes*

11 06 2016
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Monumento a Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Jaime Hernando Duarte. Carlos Manuel de Céspedes del Castillo (1819-1874), líder de los independentistas cubanos, fue Mayor general del Ejército Libertador y Primer Presidente de la República de Cuba en Armas. El monumento a Céspedes reemplaza al de Fernando VII desde 1955 en la Plaza de Armas de La Habana.

 

 

 

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Carta de Carlos Manuel de Céspedes a las CC (ciudadanas cubanas) de la Junta Patriótica en New York
Carlos Manuel de Céspedes

Ilustres conciudadanas:
El C. Francisco Javier Cisneros me ha entregado la Espada de Honor, que habéis tenido la bondad de dedicarme, aunque sin merecerla, y al aceptarla con reconocimiento, no puedo daros mayor muestra de gratitud y aprecio que consagrarla a nuestra amada patria, a nuestra naciente República, para que con su valor atienda a las necesidades de las tropas libertadoras.
Creería hacer un agravio a vuestro patriotismo e inteligencia si me esforzase en demostrar que este acto nunca puede ser tomado como un desaire de mi parte a la atención que tan beneméritas y amables conciudadanas se han dignado dispensarme; pero considero que no es inoportuno daros una ligera idea de los motivos que me han impulsado a proceder de ese modo. Al revestirme con el título de Capitán General con que me saludaron el pueblo y el Ejército Libertador de Cuba, no sólo di a entender que me consideraba como un funcionario dependiente de otro Poder más alto, sino que mirándolo como un nombramiento puramente provisional, no me propuse más que ser útil a mi patria, formando el propósito de desnudarme de ese dictado y graduación tan pronto como se estableciese un gobierno civil que representase la Nación Cubana. Fue dicha mía poderlo realizar muy en breve, y dar una prueba palpable de que más que el nombre de general, estimaba el de Ciudadano de un país Libre, cabiéndome la gloria de ofrecer ese ejemplo a mis compañeros para que se apresurasen, imitándolo, no sólo a llenar sus propios deseos sino a patentizar al mundo que nuestra Revolución, muy lejos de parecerse a las de España, no tiene por mira ambiciones personales, sino el bien y la grandeza de nuestra patria.
Reducido, pues, a la clase envidiable de ciudadano (si bien con el título de Presidente de la República,) mi delicadeza me aconseja que no despierte ningún recelo de espíritu militar, ni me arrogue ninguna preeminencia sobre los demás ciudadanos, usando un arma que por su mérito no puede ser llevada sino por un jefe de alta graduación, ya que en la paz debo creerme resguardado con el amor del pueblo, si por mi suerte logro inspirárselo, y en la guerra, para defenderme de nuestros enemigos, me basta el sable viejo que porto, arrancado a un satélite de la tiranía española. Por otra parte, cuando nuestros valientes soldados sufren tantas penalidades, cuando las mismas ciudadanas que me han honrado con tan grato recuerdo, quizás han sacrificado sus joyas, adorno de su belleza, para proporcionar recursos a nuestra Santa Causa, no sería bien visto que yo me ciñese tan valiosa prenda, ni que la guardase para enorgullecer a mis herederos, que, como yo, no deben desear más que morir por la libertad de Cuba, y una herencia pobre de dinero, pero rica de virtudes cívicas.
Dignaos, ciudadanas, admitir con benevolencia esta manifestación, y las seguridades de mi más elevada consideración y eterno agradecimiento.
C. M. de Céspedes. 1

1 Copia entregada para el presente número del Boletín Acento, por la Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes. El original fue publicado en el periódico El Cubano Libre, Camagüey, domingo 5 de septiembre de 1869.
Céspedes y la Espada de Honor
Aldo Daniel Naranjo Tamayo

En la Guerra de 1868 se utilizaron machetes, espadas, cuchillos y otras armas filosas para luchar contra el coloniaje español. Frente a los machetes de los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Serafín Sánchez, expuestos en varios museos del país, el alma vigoriza la decisión de luchar y vencer. Pero ante la llamada Espada Ceremonial de Céspedes el alma queda en vilo, por el exquisito cuidado de su forma y carga simbólica, obra de un verdadero orfebre, así como por su impresionable historia.
La espada forma parte de la colección del Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, en la ciudad de Bayamo. Es recta, filosa y de empuñadura dorada. Igualmente dorada es la vaina. La longitud es adecuada a sus fines y también su anchura. No es una espada más, es la de Céspedes, una hoja única en los anales de nuestras guerras de independencia.
Conocer sobre esta pieza, de un alto valor histórico y alegórico, nos traslada al mundo del ayer, henchido de ideas, pasiones y batallas por la libertad de Cuba. La adquirieron en Nueva York, a un costoso precio, quizás después de vender sus joyas, un grupo de mujeres patrióticas, encabezadas por Emilia Casanova, para enviarla al iniciador de la contienda libertaria en el ingenio La Demajagua, al presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo. Es decir, va a entrelazar a la figura de un hombre con su pueblo y con el honor y la admiración que sentían por su desempeño en la conducción de la Revolución.
Hasta el campamento de Céspedes, rústico y mambí, en el poblado de Guáimaro, la condujo el ilustre patriota habanero Francisco Javier Cisneros y Correa. Llegó en la expedición del vapor Perit, que desembarcó por la había de Nipe, al mando de Cisneros y Correa, el 11 de mayo de 1869. Ocho días después Céspedes la recibió como muestra de infinito agradecimiento y la denominó “Espada de Honor”. No fue entregada en acto solemne, con banderas, himnos y discursos, como ameritaba la ocasión y el simbolismo, sino en un evento sencillo en medio de la lucha y la proximidad del combate contra el enemigo.
Pero frente a tan maravillosa espada recta, cortante, deslumbrante y carísima por su oro, Céspedes prefirió devolverla a los Estados Unidos con el mismo portador, consciente de que no la merecía y de que era inoportuna. Por eso, en carta del 8 de junio de 1869 a las ilustres ciudadanas que le obsequiaron tan precioso objeto les escribía que «al aceptarla con reconocimiento, no puedo daros mayor muestra de gratitud y aprecio que consagrarla a nuestra amada patria, a nuestra naciente República, para que con su valor atienda a las necesidades de las tropas libertadoras.»
Por nada del mundo quería hacer un agravio al patriotismo y la inteligencia de las matronas de la emigración. Mucho menos deseaba que su acto fuese tomado como un desaire de su parte a la atención que tan beneméritas y amables conciudadanas dignaron dispensarle.
Entonces dio a conocer los motivos que lo impulsaron a tomar esa resolución. En todo momento se consideraba un funcionario dependiente del poder legítimamente establecido por la voluntad del pueblo. Los títulos adquiriendo en la lucha, por tanto, los veía como algo puramente provisional. Simplemente se había propuesto ser útil a su patria, despojándose de toda categoría e insignia cuando la nación lo determinara. Su ideal supremo era alcanzar la independencia y crear el Estado nacional.
Además, su condición de ciudadano y su delicadeza le aconsejaban que al lucir aquel nuevo emblema podría despertar «recelo» de «espíritu militar», cuestión que no cuadraba con su carácter. Tampoco quería arrogarse «ninguna preeminencia sobre los demás ciudadanos», al usar un arma que por sus méritos debía llevarla un jefe de alta graduación. En medio de aquella guerra prefería utilizar un «sable viejo», arrancado a un satélite de la tiranía española y en la paz aspiraba a ser resguardado «con el amor del pueblo».
Pero aún dio una razón más: ante las penalidades que vivía la patria, el mejor destino de la espada era ser vendida y con los recursos obtenidos comprar armas, ropas y alimentos para Cuba Libre. En tal punto fue bastante enfático, aclarando que «no sería bien visto que yo me ciñese tan valiosa prenda, ni que la guardase para enorgullecer a mis herederos, que, como yo, no deben desear más que morir por la libertad de Cuba, y una herencia pobre de dinero, pero rica de virtudes cívicas.»
Asimismo, en plena guerra hace uso de su numeroso peculio personal para la causa separatista y obras a favor de varios amigos. En vez de hablar de la ruina imaginaria del magnífico varón de Bayamo, solo existente en las cabezas calenturientas, de aquellos que no saben explicar bien las legítimas causas del grito de La Demajagua, debe divulgarse más el suceso del 8 de junio de 1869.
En esta fecha también el presidente Céspedes hizo entrega a Francisco Javier Cisneros, para «gastos de la Revolución», de una suma de cuatro mil pesos y una considerable fortuna en prendas personales de oro, plata, ópalos, rubíes y esmeraldas, cuyo cálculo es ascendente a más 500 mil pesos. Este caudal debía emplearse para compra de armas, municiones de guerra, alimentos y demás necesidades de la nación bravía. El desglose de los valiosos bienes puede encontrase en el periódico insurrecto El Cubano Libre, editado el domingo 5 de septiembre de 1869.
Por suerte, la gran espada dorada de Céspedes se conservó y regresó a Cuba, para ser expuesta en urna de cristal en el museo dedicado al ilustre prócer en Bayamo. Nunca mató a nadie, por tanto, no se manchó de sangre y de dolor. De esta forma pasaría a ser la espada de los sucesores, de todos los cubanos, que ven en la hoja recta el mejor legado de la grandeza del iniciador de la Revolución cubana.
Hoy se mira la espada y se escucha su relato con sincera emoción, como deben oírse las cosas de Céspedes. Cuando la vemos confirma el valor y augura el poder y el éxito. La luz resplandece en la hoja como si el diamante del corazón del Padre de la Patria todavía palpitara.
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La espada del Padre: orgullo de sus hijo
Miguel Antonio Muñoz López

La Espada Ceremonial del Padre de la Patria es una de de las piezas más valiosas que atesora el Museo Casa Natal Carlos Manuel de Céspedes, primera institución de su tipo en la ciudad de Bayamo. Esa hermosa arma fue transferida desde el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1968, como parte de los preparativos que se hacían para abrir la Casa al público, en aquel momento, en funciones de museo municipal. Obsequiada a Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, entonces Capitán General del Ejército Libertador de Cuba y jefe del gobierno provisional de Bayamo, por la Junta Patriótica de Mujeres Cubanas exiliadas en New York, Estados Unidos de América (EUA), el 27 de diciembre de 1868.
Cuenta una leyenda que la valiosa reliquia entró al país por el puerto de La Habana, oculta en una caja de madera que ostentaba el rótulo de «NAILS» (“clavos”, en idioma inglés). Los confiados funcionarios de la Aduana española no se tomaron el trabajo de chequear el contenido del envase; y la espada, conjuntamente con su funda, pudo llegar a manos de Céspedes, en la manigua irredenta.
A simple vista, espada y funda constituyen verdaderas obras de arte, tanto por la precisión y belleza de su diseño, como por la profusión de detalles decorativos; todos realizados con la manifiesta intención de ensalzar la figura de su poseedor. Destaca en el conjunto la empuñadura, que está conformada por las figuras, forjadas a relieve, de cuatro de las deidades más representativas del panteón grecolatino: Palas Ateneas, diosa de la Sabiduría; Afrodita, diosa del Amor; Artemisa, diosa de la Caza y Protectora de los Animales; y Temis, diosa tutelar de los Estados y la Justicia. La hoja, fundida en acero de gran dureza, presenta grabadas, en ambas caras, las figuras de un oficial y un soldado del Ejército Unionista, que defendiera a los estados del Norte durante la sangrienta guerra civil (1861-1865); en clara alusión a la simpatía que la justa lucha de los mambises despertaba en amplios sectores del pueblo estadounidense.
Esta pieza de excepcional valor patrimonial ha presidido importantes actos políticos y culturales celebrados por las autoridades del territorio de Granma; y constituye, uno de los exponentes más relevantes que posee la provincia, para orgullo de todos los nacidos en esta tierra.
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*Notas enviadas  en el Boletín Acento, Bayamo M.N. Segunda Época | Mes JUNIO/2016 | Año 2 | No. 14 Oficina del Historiador
Bayamo M.N., Cuba. 2016
Estos textos pueden ser reproducidos libremente (siempre que sea con fines no comerciales) y se cite la fuente.





Jornada sobre Derecho Pirenaico, el 21 de mayo de 2016, en Agurain/Salvatierra (Araba/Álava)

8 05 2016

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El pensador español Félix Rodrigo Mora estará entre los participantes en la
1ª Jornada sobre Derecho Pirenaico.

“La Martin Ttipia Kultur Elkartea (Asociación Cultural Martín Ttipia) y Nabarralde Fundazioa (Fundación Nabarralde) han organizado la 1ª JORNADA SOBRE DERECHO PIRENAICO. Mi intervención tendrá por título, “El derecho consuetudinario en Navarra. De la revolución de la Alta Edad Media al Fuero General”.

Los siglos VII a X, son en el Pirineo de una creatividad excepcional, tanto que incluso se constituyen nuevas comunidades humanas, no sólo Navarra sino también Aragón y Cataluña, y como derivación hacia el sur, Castilla. Es la etapa probablemente más revolucionaria e innovadora de la historia de Europa occidental en los últimos dos milenios. En ella el pueblo se hace creador del derecho, encargándose además de administrar justicia desde el batzarre, ejerciendo éste de asamblea judicial. Con todo ello queda desbancado el sistema romano en el cual sólo el Estado tiene capacidad para establecer la ley y hacerla cumplir.

De ahí resulta un tipo muy particular de derecho (incluido el derecho de propiedad), en su forma de manifestarse (principalmente oral) y sobre todo en sus contenidos.Tal revolución jurídica refleja la muy real y muy profunda revolución política, económica, ética, convivencial, social, axiológica y poblacional que tiene lugar. Lo popular irrumpe tumultuosamente en la historia, logrando realizaciones que, aunque bastante desnaturalizadas y disminuidas, todavía se mantienen en algunos casos, constituyendo aún el sustrato más auténtico del sentir y el ser de los pueblos del área pirenaica.

Analizar el derecho pirenaico es comprender sus fuerzas motrices, entre ellas el monacato (cenobitismo) cristiano revolucionario, del que existen manifestaciones impresionantes en la Euskal Herria altomedieval, aún visibles (sobre todo en Álava). De la fusión de éste, que contiene dentro de sí lo mejor de la cultura clásica griega y romana, con el sustrato popular, principalmente vascón, surgirán nuevas comunidades humanas, las citadas, que se servirán del derecho consuetudinario pirenaico. Todo ello inaugurará una etapa nueva en la historia de Occidente.

El derecho consuetudinario, esencialmente oral y de génesis asamblearia, se hace derecho escrito en los fueros municipales, desde los siglos X-XI. Es así porque ha surgido una nueva realidad política, una estructura de poder exclusivista que tiende a ser estatal, con la institución real, o de la corona, como centro. Los fueros municipales, en puridad, no son el derecho consuetudinario escrito sino sólo, en el mejor de los casos, una parte reducida de él. Pasan los siglos, y la progresiva consolidación de las nuevas formas estatales llevará a la promulgación de una norma jurídica unificadora, el Fuero General de Navarra, ya en la segunda mitad del siglo XIII, en parte legislación consuetudinaria compilada pero en lo esencial legalidad estatal, e incluso derecho romano, hasta en lo formal.

Para mejor comprender esa edad magnífica de la historia de Navarra se puede acudir a, pongamos por caso, la contemplación reflexiva del templo románico de San Martín de Artáiz, de hacia el año 1140, que sintetiza la enorme complejidad, en su fase de sedimentación, de las transformaciones acaecidas en la Alta Edad Media. Si éste es silencioso mensaje en piedra, comprensible para quien tenga la mirada limpia de dogmatismos y teorías, el derecho consuetudinario es la voluntad popular convertida en norma jurídica, con sus virtudes y sus defectos, con su voluntad de hacer la revolución, sus desaciertos iniciales y sus desfallecimientos posteriores. A partir de los siglos XIII-XIV todo comienza a cambiar, y los logros de la gran mutación altomedieval declinan.

Félix Rodrigo Mora





David Alfaro Siqueiros, los historiadores y la amnesia de clase: primero de mayo de 1952

5 05 2016


Foto:Jorgepi.Cortes

 

 

 

 

 

 

Por Mario Rivera Ortiz

“Bogotazo frustrado” fue el nombre que los medios de la ciudad de México endilgaron a la justa protesta de masas que suscitó la agresión del grupo paramilitar camisas doradas, asociado y protegido por diversas corporaciones militares y policíacas, contra la “columna independiente” de trabajadores y militantes comunistas, el primero de mayo de 1952, en el cruce de la calle Ángela Peralta y Avenida Juárez . A consecuencia de ello se escenificó un auténtico combate callejero que abarcó todo el primer cuadro de la ciudad, a semejanza del que ocasionó el golpe de mano del Estado colombiano en Bogotá, el nueve de abril de 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

En torno a dicho suceso se expresaron diferentes criterios y posiciones políticas, destacando entre ellas, las del gran pintor David Alfaro Siqueiros y las de algunos científicos sociales.

En 1958-1959 David Alfaro Siqueiros, maestro del arte público, pintó un mural en el edificio de la Asociación Nacional de Actores (ANDA) titulado “El arte escénico en la vida social de México”, donde plasmó los acontecimientos mencionados. David logró captar el momento álgido del choque que se produjo entre la tropa armada y la columna de trabajadores y comunistas militantes que intentaban desfilar con sus banderas rojas. En la parte central del mural se muestra el enfrentamiento directo entre los comunistas y la plural tropa represora; en el ángulo inferior izquierdo se aprecia la multitud de trabajadores en el momento en que rompía, aunque sea por algunas horas, el servilismo que venía ejerciendo desde hacía décadas, en beneficio de sus explotadores, al acudir en auxilio de la columna reprimida; en la parte inferior y central aparecen los cuerpos inertes del joven estudiante politécnico Luis Morales Jiménez y de Lucio Arciniega Gómez, artesano zapatero, dirigente del Comité de inquilinos de la Colonia “20 de Noviembre” y otros dos trabajadores, asesinados por los sicarios del régimen alemanista. O sea una escena real de la guerra de clases en aquella época, que se prolonga hasta ahora.

El mural de David no podía recoger todos los escenarios que se sucedieron esa mañana del primero de mayo de 1952, pero recreó, de acuerdo con los hechos, la escena inicial del drama y quizá la más significativa de las ocurridas en esa fecha y en la que no hay ni brizna de fantasía. Con su objetividad histórica David Alfaro Siqueiros agregó al mérito artístico y político de su obra, un auténtico valor científico, o sea la verdad histórica, y al mismo tiempo rindió culto a uno de los pocos primeros de mayo clasistas que ha registrado la historia mexicana.

En consecuencia, como era de esperarse, el mural fue emparedado por orden judicial con el aplauso de la dirección charra de la ANDA y después de su destape, en 1968, dañado con sustancias corrosivas, por una banda ultra terrorista

David Alfaro Siqueiros oportunamente hizo un comentario a propósito: “es la primera vez que un tribunal mantuvo encarcelado a un mural y que un juez juzgó a una obra pictórica además de juzgar a su autor…”[1]

En cambio, la mayoría de los historiadores y científicos sociales que figuran en las nóminas de las instituciones culturales estatales y paraestatales, guardaron hermético silencio y en las páginas de sus libros brilla por su ausencia el acontecimiento mencionado. Un buen ejemplo de ello es la Nueva Historia general de México, (Colegio de México, 2010, Erik, Velásquez García, et al.)

Otro grupo de escritores, no tan nutrido como el anterior, es el de quienes hicieron referencias a los hechos del primero de mayo de 1952, pero con deformaciones dolosas. En la lista de estos autores hay que incluir a Martín Luis Guzmán, quien legó a la posteridad el número 524 de la revista Tiempo, (9 de mayo, de 1952, Clima de motín), en cuyas páginas se voltearon los acontecimientos y no sólo eso, sino que MLG mandó retocar fotografías para reforzar las acusaciones anticomunistas.

Hubo otros escritores y escritoras famosas que siguieron el camino de alterar los hechos y que a pesar de haber sido criticados públicamente por el autor de estas líneas, hasta la fecha no han rectificado ni demostrado con su silencio que tenían razón.

Entonces, los grupos de intelectuales antes mencionados chocaron en falso con la tesis de David y se convirtieron, contra su voluntad, en la conciencia de la burguesía más reaccionaria de la época, al fungir como sus más fieles representantes literarios, pese a su pretendida imparcialidad y academicismo.

Fue un pequeño número de artistas y escritores que rescató el honor del gremio intelectual:

Pablo Neruda en su poema A Siqueiros al partir, escribió: “He visto tu pintura encarcelada que es como encarcelar la llamarada.”

El gran escritor Carlos Montemayor incluyó un justo análisis crítico de los sucesos de mayo-52 en sus libros Los Informes, y La violencia de Estado en México, antes y después de 1968 y, en un amplio artículo titulado, Un desfile para recordar, publicado en La Jornada, el 27 de noviembre de 2008. El escritor, al referir dicho episodio histórico, puso de manifiesto el lazo que ata indisolublemente a todas las variantes del terror estatal con los intereses de las clases dominantes.

El grupo de periodistas que renunció a la revista Tiempo, en protesta por la las mentiras y las fotos retocadas publicadas en el Nº. 524 de esa publicación; entre ellos Luis Suárez, Fernando Rosenzweig, Ernesto Álvarez Nolasco, Carlos Merino, José Rogelio Álvarez, Adelina Zendejas y Germán List Arzubide.

El profesor Alberto Híjar, eminente crítico de arte, quien se ha referido al mural de la ANDA como el “mural encarcelado” y a David Alfaro Siqueiros como Artist and Warrior.

Arturo Bonilla S., científico social, investigador del la UNAM, uno de los primeros en denunciar el “sospechoso silencio” en que han estado envueltos los multicitados sucesos y, además, publicó una amplia reseña del libro Columnas contra cordones, primero de mayo de 1952. (Revista Problemas del desarrollo del IIES, UNAM., julio-agosto de 1997)

Gerardo Peláez, hace una sintética y exacta referencia en el libro Partido Comunista Mexicano, 60 años de historia (Colección realidad nacional. UAS. Méx. DF, 1980. p. 87)

Luis Chávez Orozco pronunció un discurso en el Panteón de Dolores, el día dos de mayo de 1952, en el sepelio de Luis Morales Jiménez, condenando el atentado.

Juan Brom hace una breve mención de los acontecimientos mencionados en su libro, Esbozo de historia de México.

Es evidente pues, que la verdad histórica relacionada con los acontecimientos del primero de mayo de 1952, a pesar de las brillantes excepciones, se ha tratado de escamotear al conocimiento público de muchas maneras, como manifestación de una genuina amnesia de clase.

[1] Siempre!, núm. 693, octubre 5 de 1966, p. 40

México DF, 29 de Abril de 2011