La Casa del Terror de Budapest

24 07 2015
Patio de la Casa del Terror. Fotos de algunos de los que murieron allí torturados. Tanque de la invasión soviética de 1956.

Patio de la Casa del Terror. Fotos de algunos de los que murieron allí
torturados. Tanque de la invasión soviética de 1956.

París, 24 de julio de 2015.

Querida Ofelia:

En la elegante avenida Andrássy (ex Avenida Stalin), se alza el tétrico inmueble gris de la Terror Háza. Ocupado hoy día por un museo, en el que se resumen las dos épocas más terribles que vivió la población de Budapest a lo largo del siglo XX. Fue cuartel general de los nazis en 1944 y posteriormente, sede el ÁVO y del ÁVH (policía secreta del régimen comunista).

A lo largo de una franja que rodea el inmueble, se pueden ver decenas de medallones con las fotos de personas que fueron asesinadas allí por los sicarios nazistas o comunistas.

En el patio central se encuentra un tanque de guerra soviético de los que aplastaron la heroica rebelión del pueblo de la capital en 1956.

Todas las paredes que dan a ese patio están cubiertas por láminas de metal con los rostros de las víctimas inocentes torturadas y asesinadas allí.

Una de las cosas más impresionantes son los ascensores de cristal, según subes o bajas, te ves rodeado por miles de fotos de víctimas que cubren las paredes del pozo. El museo muestra imágenes terribles sobre el sufrimiento de los húngaros.

En los sótanos se pueden visitar las salas de torturas, con los instrumentos que servían para martirizar a los prisioneros durante los interrogatorios, incluso los patíbulos y las rejas eléctricas. ¡Una verdadera pesadilla! Escuché a una niña italiana de unos seis años cuando decía a su madre frente a una letrina para los presos: mamá, pero todo es feo… no tenían ni siquiera papel higiénico. A mí no se me hubiera ocurrido jamás llevar allí a un niño tan pequeño. En las paredes de las mazmorras se encuentran las fotos de los personajes célebres que estuvieron encerradas en ellas.

Hay una sala negra en cuyas paredes las pantallas de los televisores reproducen los discursos de propaganda de los “máximos líderes” húngaros, mientras que en el centro, el coche del “compañero” presidente aparece iluminado en su interior (tiene bordada la hoz el martillo en los espaldares de los asientos), cubierto por una especie de mosquitero negro.

En otras salas se pueden observar los artículos de propaganda para mostrar la “felicidad” del pueblo húngaro bajo el comunismo: carteles, distintivos, banderas, cuadernos, fotos, etc. Vi mi tocadiscos (objeto para mí precioso durante mi adolescencia). Cometí el error de pedir permiso para sacarle una foto al vigilante de la sala, el cual me lo negó y a partir de ese momento no me perdió de vista. Si hubiera sacado la foto sin decir nada, como hice en otras salas, hoy la tendría de recuerdo. A lo largo de los pasillos hay televisores que muestran las entrevistas con algunas personas que lograron sobrevivir a las torturas.

Una sala tiene la forma de una capilla, sobre el piso aparece una cruz que parece haber roto el tabloncillo. En las vitrinas situadas sobre las paredes, aparecen objetos religiosos de las sinagogas y de personalidades judías que fueron exterminadas por los nazis en los campos de concentración. Allí se puede leer que esa sala está dedicada al silencio de la jerarquía católica húngara en el momento de la represión contra la comunidad judía.

El museo es un verdadero libro de historia abierto, muy pedagógico. En efecto, nos cruzamos con varios grupos de adolescentes acompañados por sus profesores.

En la tienda existe un gran surtido de libros y objetos sobre esa terrible época. Nos llamó la atención unas velas rojas con la forma de Vladimir Ilich Ulianov Lenin y José Stalin, sobre cuyas cabezas aparece la mecha para encenderlas. Las escaleras pintadas de rojo, poseen nichos donde se encuentran los bustos de éstos y otros funestos personajes que las “decoraban” cuando fue sede de los servicios secretos comunistas.

Aunque me imaginaba la respuesta, le pregunté en inglés a una señora que estaba comprando las velas y ésta me dijo que era una especie de exorcismo, pues al encenderlas, se quemaba lentamente a esos dos seres diabólicos.

Al salir de ese dramático lugar, nos fuimos al cercano y elegantísimo Café Múvész Kávéház (construido en el 1900). Los mármoles, bronces, maderas preciosas, el ambiente refinado, los jóvenes elegantes, los camareros solícitos, todo, absolutamente todo, nos hizo sentir a años luz de distancia del horror de lo que fue a sede de los nazis y los comunistas, a sólo tres manzanas de allí.

En la próxima carta te seguiré contando sobre nuestra semana de vacaciones en la bella capital húngara.

Te quiere eternamente,

Félix José Hernández.

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