Cocula, Guerrero 2014 = Aushwitz-Birkeneu 1942

28 12 2014
Foto: Zeroincondott★

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Por Mario Rivera Ortiz

México DF, 14 de diciembre de 2014

En las décadas del cincuenta, sesenta y setenta desaparecieron y murieron miles de jóvenes a manos de las fuerzas represivas gubernamentales y las cofradías criminales paramilitares subsidiadas. Estudiantes, maestros, campesinos, periodistas, trabajadores y migrantes han sido ultimados por ellas. Su actividad criminal debutó el primero de mayo de 1952, cuando se documentó amplia y rigurosamente la participación confabulada de jefes y oficiales del ejército, policías, fascistas (Dorados) y empleados de otras instituciones públicas en la masacre perpetrada contra la columna de trabajadores y comunistas a un costado del Palacio de Bellas Artes. Después se sucedieron las matanzas del seis de julio de 1952, dos de octubre de 1968, 10 junio de 1971, San Salvador Atenco, 2006, para cerrar con las de Iguala y Cocula en septiembre de 2014, más los asesinatos seriales selectivos que a lo largo de este periodo se han consumado con igual impunidad.

Sucesión de hechos que de ninguna manera fueron “casos aislados” como se ha querido hacernos pensar, sino eslabones de una cadena que se engruesa progresivamente hasta alcanzar las proporciones de un monstruoso holocausto de miles y miles de víctimas asesinadas. O sea pues, lo que configura claramente una política de exterminio y terror contra el pueblo mexicano destinada a consolidar y profundizar su pobreza y esclavización y tratar de salvar un sistema económico social podrido como es el capitalismo.

En efecto, tal proceso necrológico no hubiera sido posible sin la impunidad-complicidad que lo ha cobijado y facilitado desde todos los niveles del gobierno, los centros financieros y los medios de comunicación nacionales y extranjeros, mientras los estudiantes, los maestros, los trabajadores, los campesinos, aunque han manifestado en ocasiones su odio justificado contra sus victimarios han tenido que retroceder a la pasividad y a la resignación, arrullados por los sermones de los ombudsmans y los clubs defensores de los derechos humanos. Está claro pues. ahora, que cuanto más retrocede y se justifica el pueblo mexicano, tanto más crueles y desalmados se vuelven sus enemigos.

Ello explica porque las masas populares, después de los abominables crímenes de Iguala y Cocula pierden la confianza en la clase gobernante, incapaz por si misma de castigar a los criminales e imponer el Estado de derecho. Así lo ha demostrado el campo de exterminio de Cocula, únicamente comparable al de Aushwitz-Birkeneu.

Entonces ¿qué hacer para detener el avance del fascismo en México y América Latina?

En México, lo primero es apresar a todos los convictos por los crímenes de lesa humanidad denunciados; segundo, que sean juzgados por tribunales populares extraordinarios, en los cuales los fiscales y los jueces tengan la opción de demandar PAREDÓN para los principales culpables y cadena perpetua para el resto de ellos. Tercero, simultáneamente las masas no tienen otra opción que tomar en sus manos la organización de su propia seguridad y autodefensa en todos los niveles y aspectos de la vida social. Los crímenes de Ayotzinapa han develado la impotencia del Estado y la verdadera y terrible situación por la que atraviesa México, inmerso también en un sistema económico-social mundial que vive su crisis terminal.

“De Ayotzinapa a Ferguson no hay más que un paso”.

“Proletarios de todos los países uníos”

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