SOBRE EL TIEMPO HISTÓRICO DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA

30 09 2014
El gobierno venezolano decidió en 1956 la construcción de una obra monumental que sirviera de homenaje póstumo a los precursores y próceres de la independencia. Para realizarla contrató a excelentes arquitectos y artistas. Éstos durante largos años, se dedicaron a diseñar una avenida de aproximadamente 2 kilómetros de largo, llamada a quedar, para la historia de Venezuela y de toda la América, como un testimonio de fervor y respeto de los venezolanos hacia quienes lo sacrificaron todo, incluso la vida, por la libertad de cinco naciones. Una vez concluida la obra se resolvió denominarla El Sistema de Nacionalidad. La obra, de grandiosas proporciones, resume todo el proceso de la emancipación de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. foto por Rufino Uribe.

El gobierno venezolano decidió en 1956 la construcción de una obra monumental que sirviera de homenaje póstumo a los precursores y próceres de la independencia. Para realizarla contrató a excelentes arquitectos y artistas. Éstos durante largos años, se dedicaron a diseñar una avenida de aproximadamente 2 kilómetros de largo, llamada a quedar, para la historia de Venezuela y de toda la América, como un testimonio de fervor y respeto de los venezolanos hacia quienes lo sacrificaron todo, incluso la vida, por la libertad de cinco naciones. Una vez concluida la obra se resolvió denominarla El Sistema de Nacionalidad. La obra, de grandiosas proporciones, resume todo el proceso de la emancipación de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Foto y pie de foto: Rufino Uribe.

76º Mensaje histórico.
Cámara de Comercio Industria y Producción de Cumaná
Foro: “¿Hacia donde va Venezuela?
Cumaná, 18 de septiembre de 2014.

Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades
y Educación. U. C. V.

Advertencias:
Séame permitido iniciar mis palabras formulando dos advertencias. La primera advertencia consiste en prevenirles de que no trataré de lo inmediato, tanto en lo presente como en lo previsible. Considero que mis colegas lo harán con más propiedad que yo. La segunda advertencia consiste en que intentaré explorar los factores y condicionamientos que generan vulnerabilidad de la sociedad venezolana ante amenazas contra su determinación de llegar a ser genuinamente democrática; y asomaré algunas medidas que estimo apropiadas y necesarias para contrarrestar, o al menos disminuirla, esa vulnerabilidad.

Parte I:
Me complace mucho esta invitación a ofrecer una respuesta a la pregunta, formulada por Ustedes, que nos preocupa a todos: ¿Hacia dónde va Venezuela? Lo intentaré, sin embargo de que creo vigente el dictamen global dado por Rómulo Betancourt el 6 de enero de 1945, en un artículo de combate, ¿Significativamente oportuno?, titulado “La conchupancia compatibilística”. Dice así: ….”Por nuestra parte, no alimentamos tales ideas derrotistas. La conchupancia conpatibilistica, como tantas otras taras que deforman nuestra vida institucional, será barrida por la marea de los acontecimientos históricos. Venezuela está en marcha hacia la conquista de su futuro, y nada ni nadie podrá detenerla.” (Rómulo Betancourt, Antología política, Vol. III, pp. 538-539).
Paso a explicar mis razones:
Declaro que, dada mi dedicación profesional a la investigación histórica, y por ser fiel a mis convicciones sobre el deber social del historiador venezolano contemporáneo, el intentar responder esa pregunta es mi afán cotidiano. Con ello hago verdad, también, un precepto que he expuesto más de una vez. Soy historiador: por consiguiente, me ocupo profesionalmente del pasado; me compromete vitalmente el presente; y me interesa, intelectual y espiritualmente, sobre todo el futuro. O sea que vivo y laboro en función del tiempo histórico; entendido éste como el continuo integrado por los tres estadios cronológicos ordinarios; los cuales percibo e interpreto, por consiguiente, como Pasado histórico, Presente histórico y Futuro histórico. Ubicada la cuestión bajo la luz de estos preceptos, creo posible y necesario desagregar mi respuesta de esta manera:
A.- El Pasado histórico de la sociedad venezolana está poblado de altas realizaciones, y de dolorosas pruebas de que, contrariamente a lo que asienta el saber sociopolítico común, los pueblos sí se equivocan. Añado que cuando lo hacen las repercusiones y consecuencias de sus equivocaciones suelen ser profundas, extensas y duraderas. Tal ha ocurrido con el acatamiento, de aviesos regímenes sociopolíticos, basado en el deslumbramiento causado por las obras públicas y el engaño de las promesas demagógicas; e incluso por la conformista sentencia de sí, pero dio libertad.
B.- Por esta razón, el Presente histórico de la sociedad venezolana revela la persistencia de la pugna entre la conciencia crítica y los atavismos sociopolíticos que lastran la evolución y desarrollo de la sociedad; sin embargo de haberse acelerado éstos durante le segunda mitad del Siglo XX, como resultado de la realización, de manera reiterada y mayormente eficaz, de los correlativos esfuerzos por la superación de tales atavismos. Tal ocurrió con la dictadura militar de 1948-1958 y la reinstauración de la República liberal democrática a partir de 1959-1960.
C.- El futuro histórico de la sociedad venezolana consistirá en su persistencia, históricamente comprobada, en la prosecución de la manifestación sociopolítica que he denominado La larga marcha de la sociedad venezolana hacia la Democracia. La sujeción de esta marcha a una constante evaluación critica condujo a la designación, por Decreto Presidencial de 17 de diciembre de 1984, de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, COPRE; uno de cuyos resultados, el de dar inicio a la instauración de la descentralización política y administrativa, es hoy baluarte, aunque asediado, de la Democracia. En este juego histórico contamos con un As: pareciera que nuestro futuro histórico no dependerá tanto de crear riqueza como de aprender a hacerla valer, social y políticamente.

Parte II:
Mas, en lo concerniente a la valoración de conjunto del tiempo histórico de la sociedad venezolana, creo pertinente referirlo a dos comprobaciones básicas, que mi ya visiblemente prolongado estudio de la Historia, en sus dobles y correlacionadas vertientes, la venezolana y la internacional, me permite invocar:
La primera comprobación reza que los venezolanos somos menos originales de lo que nos creemos: “En este país”, fue el título escogido por Luis Manuel Urbaneja Alchelpohl para su más reputada obra. Quiso marcar, con tan cotidiana exclamación, la habitual inconformidad con nuestro acontecer. Pero también somos menos imitadores de lo que algunos nos han creído (“micos imitadores”, nos llamó Pío Baroja), o nos creen (de manirrotos sauditas hemos sido calificados).
La segunda comprobación reza que respecto de otros pueblos los venezolanos no somos, históricamente, tan diferentes como creemos; sobre todo al pasmarnos ante nuestros defectos y vicios; ni tan iguales como pareceríamos desearlo, al caer asombrados por el progreso social y político de sociedades que tengamos por modélicas.
La realidad es que, como todos los pueblos, aprovechamos, malgastamos o desaprovechamos, recursos y oportunidades. En ciertas ocasiones nos descalificamos para la paz y el bienestar,- reconociendo que no somos suizos-; o lamentando no haber sido colonizados por los progresistas ingleses; o el haberlo sido por los atrasados españoles.

A.- Lo sucintamente dicho significaría, en suma, que, como pueblo, nos rige una normativa sociohistórica común, atingente al curso histórico. Consiste en que, como todos los pueblos: a.- Contamos en nuestro haber con notables aciertos y realizaciones; b.- Hemos creado mitos acerca de nuestras virtudes, y amparamos bajo ellos nuestras flaquezas; c.- Hemos cometido graves y hasta reiterados errores.

a.- En cuanto a algunas de nuestras realizaciones notables:
1.- Elaboramos, formulamos y pusimos en práctica, exitosamente, la teoría de la lucha por la independencia, en el marco de la relación colonial con nuestra Corona. Para ello superamos una accidentada trayectoria, que tomó más de dos décadas; sacrificamos más de la tercera parte de la población estimada y tuvimos como escenario casi la mitad de Sudamérica.
2.- Concebimos y pusimos por obra un singular ejemplo de asociación pacífica de pueblos, al aprobar en Angostura, el 17 de diciembre de 1819, la Ley fundamental de Colombia; promoviendo su constitución en 1821 y logrando su independencia en Carabobo, en el 24 de junio del mismo año.
3.- Fuimos factor político y militar primordial en ponerle virtual finiquito al imperio hispanoamericano, el ejército de la República de Colombia, comandado por el allí promovido primer Mariscal de Colombia, el cumanés Antonio José de Sucre, en Ayacucho, en el 9 de diciembre de 1824.
4.-Partiendo institucionalmente de 1946, en sólo medio siglo conformamos, enmarcándola en la República liberal democrática, una sociedad con alto nivel de modernidad; superando las enormes dificultades representadas por una población escasa y dispersa; -en medio de un ambiente hostil, expresión de las distancias agigantadas por el atraso generalizado y acumulado-; agobiada por las endemias y la indefensión ante los accidentes geográficos y climáticos; mantenida en un bajísimo nivel cultural y educativo; y condicionada por una rudimentaria conciencia política y por la precaria integración social resultante, hecha de despotismo y subordinación. Así lo atestigua, aunque inadvertidamente, el inventario levantado en el denominado Programa de Febrero, fechado en el 21 de febrero de 1936, dispuesto por el Presidente General Eleazar López Contreras.
5.- Sentamos ejemplo mundial en materia de saneamiento social y ambiental combatiendo el paludismo, el analfabetismo y la desnutrición; una vez emprendido el rescate de la mayoritaria población difícilmente sobreviviente en el campo.
6.- Pero lo históricamente más significativo ha sido el sentido, básico y sostenido, de nuestra evolución sociopolítica, orientada hacia la instauración de una república liberal moderna, de fundamentación e institucionalización democráticas; aspiración manifiesta y sostenida desde su inicial expresión en el Decreto de Garantías, dictado por el General Juan Crisóstomo Falcón en el 18 de agosto de 1863; cuyo considerando reza: “Que triunfante la revolución deben elevarse a canon los principios democráticos proclamados por ella y conquistados por la civilización, a fin de que los venezolanos entren en el pleno goce de sus derechos políticos e individuales.”

b.- En cuanto a la creación de algunos mitos acerca de nuestras virtudes y desventuras:
1.- Se nos ha hecho creer que carecemos de pasado monárquico, no obstante que el 30 de marzo de 1845 el plenipotenciario venezolano suscribió, en Madrid, el Tratado de Paz y Reconocimiento, en virtud del cual la que por ello era todavía jurídicamente nuestra reina Isabel II: ….”usando de la facultad que le compete por decreto de las Cortes generales del Reino de 6 de diciembre de 1836, renuncia por sí, sus herederos y sucesores, la soberanía, derechos y acciones que le corresponden sobre el territorio americano, conocido bajo el antiguo nombre de Capitanía General de Venezuela, hoy República de Venezuela.” Tratado aprobado y ratificado en los días 20 y 27 de mayo de 1846 por los poderes Legislativo y Ejecutivo. ¿Podía nuestra reina abdicar, graciosamente, a una Corona de la que la habíamos despojado por la fuerza de las armas, según lo proclamó el Congreso de Colombia? ¿Lo procedente no era sólo reconocer la Independencia?
2.- Nos creemos un país rico. Por lo que no asociamos la riqueza, orgánicamente, con el trabajo, el conocimiento, el emprendimiento y la creatividad técnica. Así lo prueba el hecho de que sigamos hablando de renta petrolera, mientras dilapidamos el capital que se pretende la genera.
3.- Consideramos que somos “muy abiertos”: ¿Por qué no hemos superado la candidez de creer que la ayuda y la solidaridad, por desinteresadas, motivan reciprocidad?
4.- Repetimos que, desprendidamente, y con descuido de nuestras propias necesidades, contribuimos a que se lograse la independencia de otras sociedades; cuando, en realidad, lo que hicimos fue demostrar lucidez estratégica, y capacidad político-militar, haciendo posible nuestra independencia y consolidándola mediante la creación de la República de Colombia, librando la denominada Campaña del Sur; ambas hazañas sustraídas por el militarismo criollo, tendenciosamente, de nuestra conciencia histórica.

c.-Hemos cometido graves y hasta reiterados errores:
1.- Iniciábamos la superación de nuestra ancestral pobreza, a fines del Siglo XVIII, cuando, justificadamente, la interrumpimos en aras de la disputa de la Independencia, propia y, por necesidad estratégica, en la de otros pueblos. Pero, sobre todo, no fuimos capaces de reanudar, por nuestro esfuerzo, el camino interrumpido. Y justificadamente alarmados por los efectos destructivos y socialmente perturbadores de la guerra, pusimos empeño en restaurar el régimen sociopolítico colonial bajo el manto de la República.
2.- Justificadamente asustados por los excesos sociopolíticos integrantes de la disputa de la Independencia, creamos en 1830, en función de la ruptura de la República de Colombia, las condiciones para la instauración de la tutela del Poder militar sobre el Poder civil; y nos recogimos en el orden autocrático del Estado de Venezuela, remedo de nuestra monarquía absoluta, matriz de la República liberal autocrática, prevaleciente hasta 1945-1946.
3.- Avanzábamos, a partir de 1946, hacia ser la primera sociedad democrática de América Latina, cuando, por prejuiciada incomprensión de la naturaleza controversial del régimen sociopolítico democrático, recaímos en la autocracia, sacrificando la libertad en aras de una atávica añoranza del orden despótico, vestigio del monarquismo absoluto originario. Vale recordar que fue exactamente un siglo después de haber sido declarados jurídicamente independientes cuando iniciamos, en rigor, la ardua tarea de hacer que súbditos rebeldes se transformasen en ciudadanos de una república liberal democrática, al mismo tiempo que se les convocaba a rescatarse del atraso, el analfabetismo, la enfermedad y, según la expresión de Rómulo Betancourt, ….”la clásica, la tradicional, la inenarrable hambre venezolana”….
4.- Las consecuencias de la subversión armada desencadenada desde los inicios de la reinstauración de La República liberal democrática, y el déficit social así generado, aun se resienten, particularmente en las organizaciones políticas. Imposible calcular la proyección de la pérdida de varios miles de jóvenes, particularmente de estudiantes, sacrificados o dañados en la negación y en la defensa de esa República, a partir de 1959, que se sumaron a los ya sacrificados por la dictadura militar derrocada en 1958.
5.- La acelerada pero sin embargo tardía democratización de la sociedad, particularmente gracias al reconocimiento de sus derechos políticos a la mujer, y de la extensión de éstos a los analfabetas y a los mayores de 18 años, magnificó la demanda de satisfactores, en todos los órdenes, desbordando la aptitud del Gobierno y de la Administración pública para encauzarla; al mismo tiempo que el aparato político, abandonada la concepción pedagógica de la política, desatendió la formación de ciudadanos y con ello perdió la capacidad de orientar las genuinas reivindicaciones sociales.

Parte III.-
En suma, creo posible afirmar que la reanudación de la institucionalidad liberal democrática, ahora heroicamente procurada, exigirá de la sociedad venezolana encarar, además de las cuestiones precedentes, un conjunto de grandes retos atingentes al ordenamiento sociopolítico. Intentaré clasificarlos, diferenciando entre los retos señalados poco antes de iniciarse la presente segunda crisis del régimen sociopolítico liberal democrático, y los generados por tal crisis. Pero debo subrayar mi convicción de que esta tarea, si bien reclamará idoneidad técnica, requerirá, con no menor importancia, que las determinaciones políticas correspondientes se nutran de una alta dosis de conciencia histórica crítica, que permita enfocar los problemas y las soluciones propuestas, emancipándose del inmediatismo político, tan proclive a la demagogia, pomposa y denigrativamente denominado populismo. Pero que igualmente sean dirigidos a contrarrestar la vulnerabilidad de la sociedad ante irrupciones autocráticas.

A.- Retos señalados poco antes de iniciarse la presente segunda crisis del régimen sociopolítico democrático:
No sólo ha cesado la atención debida a las amenazas que aun se ciernen sobre la sociedad venezolana, enunciadas en el Proyecto de Reforma integral del Estado, presentado por la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) a la Presidencia de la República, en el 19 de noviembre de 1988, sino que ellas se han agravado como resultado de la incuria y la incapacidad gubernamentales. Me permitiré enunciarlas muy brevemente:
a.- “Las amenazas frente las cuales la sociedad venezolana posee una capacidad de acción, en acto o en potencia, relativamente alta y autónoma”. Tienen que ver con la marginalidad, en sus diversas expresiones; el desempleo, franco o disimulado como comercio informal; la ineficiencia, entendida como incapacidad para manejar los cambios de escala en las demandas sociales; el agotamiento de los recursos naturales y el deterioro del ambiente.
b.- “Las amenazas respecto de las cuales la capacidad de acción de la sociedad venezolana es menor, o está condicionada determinantemente por esquemas de cooperación o de competencias internacionales”. Tienen que ver con las migraciones no controlables; la internacionalización de la violencia y el tráfico de estupefacientes.
c.- “Las amenazas resultantes de la combinación de dos o más factores individualizables o del juego del conjunto de los mismos”. Tienen que ver con “la corrupción, entendida como una práctica social generalizada y extendida; la desorganización social, manifiesta como la criminalidad, las conductas delictivas, el urbanismo anárquico, etc.; la pérdida de confianza en la funcionalidad del sistema democrático; y el desaliento y la apatía social y política.

B.- A esta red de amenazas se han añadido varias y graves derivadas del errático, y al mismo tiempo autocrático, desempeño sociopolítico y socioeconómico del arcaico régimen que nos ha sido impuesto desde hace década y media. Ellas son:
a.- La sumisión ante el régimen monárquico castrista, que luego de arruinar a los cubanos hace lo mismo con los venezolanos.
b.- El establecimiento de nexos comprometedores con regímenes sociopolíticos que han incurrido en la condena, por los países democráticos occidentales con los cuales hemos mantenido, históricamente, conexiones funcionales en los aspectos culturales y de intercambio.
c.- El establecimiento de lazos económicos y financieros contractuales y de alianza, de alcance desconocido por la opinión pública, con regímenes sociopolíticos cuyos fundamentos autocráticos no son compatibles con los valores democráticos, arraigados en la sociedad venezolana.
d.- Haber comprometido a generaciones de venezolanos en el desmesurado crecimiento de la deuda pública exterior, respaldada con la entrega de nuestros recursos naturales mediante tratos privilegiados, secretos y por lo mismo presumiblemente dolosos.
e.- Haber secuestrado la majestad y la competencia de los poderes públicos, partiendo del gobierno municipal, que debe ser entendido y ejercido como escalón primero y primario del Poder público; y culminando con los más altos poderes del Estado, cuya majestad deberá ser restaurada, rescatándola de manos de quienes controlan ilegal e ilegítimamente el Poder público.
f.- Haber deteriorado el tejido social, ahora afectado gravemente por la corrupción y el nepotismo; y por el cultivo de práctica sociales disolventes, tales como la ruptura de las relaciones logro-esfuerzo y falta-sanción, caldo de cultivo de actitudes mendicantes y de conductas delincuenciales.
g.- Haber predicado y fomentado, sistemáticamente, la confrontación intra-social, unida a la domesticación y represión de las organizaciones de ciudadanos, particularmente de gremios y sindicatos, y al control despótico de los medios formadores de la opinión pública y de la educación ciudadana.
h.- Haber motivado, como urgencia sociopolítica, el restablecimiento del clima de confianza jurídica y política requerido para reactivar el desarrollo socioeconómico mediante el desenvolvimiento de la creatividad, en todos los órdenes, comenzando por el empresarial.

Parte IV:
Para contrarrestar la vulnerabilidad padecida por el régimen sociopolítico liberal democrático; y poder así enfrentar con éxito las amenazas de todo orden que se ciernen sobre la sociedad venezolana, habremos de despejar la conciencia ciudadana de la carga de los atavismos que contribuyen a hacerla presa de tales amenazas. Para ello habremos de dejar de dar, culposamente, la espalda a los complejos de creencias que zapan nuestra condición sociohistórica profunda; todavía plagada de las secuelas sociopolíticas del monarquismo, de los vestigios sociales de la esclavitud, del socialmente empobrecedor machismo, y de la perversión ideológico-historicista sistemática de la conciencia nacional. Estos logros requerirán la revisión crítica de constantes sicosociales. de las cuales cabe mencionar las siguientes:

A.-El complejo de creencias que conforma la conciencia criolla. Es resultado de la destilación sociocultural del proceso de descubrimiento, conquista y colonización; iniciado en el Siglo XVI pero no concluido del todo, tanto en el sentido espacial como en el social. La conciencia criolla, que rige, aun hoy, nuestra relación con las sobrevivientes sociedades aborígenes, se manifiesta en la actualidad como un sainete con música de arcaísmo ideológico-político, compuesto de un remedo de representación política; de la recolección de los indios para devolverlos a su lugar de origen; y de actitudes coloniales como las asumidas ante los ineludibles signos autonómicos de los evolucionados wayu.
B.- Todo lo vinculado de manera ahistórica con un antihispanismo que tiende a minar nuestra conciencia nacional hispano-criolla, despojándola de su originario componente predominante de autenticidad histórica. En cambio, promover la culminación de la compleja integración de la conciencia criolla en la conciencia nacional; limpiando esta evolución del humillante sesgo proteccionista, de carácter politiquero-filantrópico, que actualmente la corrompe.
C.- El vínculo también perceptible en relación con las tenaces secuelas de una sociedad fundada en la lenta y parcial superación de la discriminación social y racial del aborigen, y particularmente del negro, cuya superación aun está en curso como la definitiva liquidación social de la esclavitud. Dificultades éstas que se pretende ocultarlas tras giros de lenguaje; como se pretende hacerlo, respecto de la mujer, mediante la artimaña del femenino genérico.
D.- Estimular la conciencia crítica acerca de que, al amparo de la conciencia criolla se estructuró una cultura de dominación-subordinación, manifiesta en la figura sociopolítica que he denominado El dominador cautivo. Es decir, de dominación ejercida respecto de indígenas, esclavos y mestizos; y de subordinación respecto de las formas de conducta ante poderes centralizadores, de acatamiento del mito de la capacidad del poder militar como generador de orden y patrón de eficiencia; y de adopción acrítica de paradigmas ajenos a nuestra naturaleza socio-histórica. ¿Vestigios, todo esto, de la condición colonial originaria y de la calamitosa instauración de la república liberal autocrática, a partir de 1830? ¿Se explicaría, por ello, la tornadiza búsqueda de patrocinios extranjeros, teniéndolos poco menos que por incuestionables, por autorizados? ¿Explicaría esto, también, la inclinación a ir tras los señuelos que produce el Poder público, aunque desvirtuado, con el fin de divertir la opinión pública, apartándola del ejercicio consciente de la Soberanía popular?
E.- Erradicar las más antirrepublicanas manifestaciones del sometimiento al poder centralizador, y sus consecuencias mayores; que lo son el cultivo de la mentira y de la desinformación respecto del ejercicio del Poder público; la arbitrariedad en la conducción de las relaciones exteriores, y la discrecionalidad e impunidad en el gasto público. Fundamental importancia, para el ejercicio democrático del Poder público y su finalidad, la debería tener el sometimiento de la formulación del presupuesto nacional, de su ejecución y de la rendición de cuentas, al libre examen por la opinión pública. El secretismo generalizado y la discrecionalidad irresponsable, en materia presupuestaria, tanto civil como militar, constituyen flagrantes atentados contra la Soberanía popular.
F.- Superar la circunstancia de que la expresión sintética de este conjunto de condicionantes sociohistóricos, como formas de conciencia, es nuestro embelesamiento con la obra, admirable, de Rómulo Gallegos: ¿porque deseamos vernos como Santos Luzardo o al menos como Reinaldo Solar? Y nuestro olvido de José Rafael Pocaterra, ¿porque no queremos vernos como los personajes de la Casa de los Abila ni de Cuentos Grotescos, y menos aún de Política Feminista o el Doctor Bebé? El vernos tal cual somos ha sido, es y será, la clave para abrir franco el paso hacia el futuro histórico democrático que venimos edificando. Ello requiere practicar significativos ajustes en nuestra conciencia histórica. Esto sea dicho por no hablar del santuario de nuestras debilidades y aflicciones: el desmesurado culto a Bolívar, sobre todo en cuanto se le ha trocado en tope de la creatividad del venezolano, a la vez que en paliativo, universal y no cuestionable, de nuestros infortunios.

Conclusión:
En suma, como pueblo vivimos un tiempo histórico en el cual se barajan, con brevedad y densidad: un pasado histórico que es desvirtuado con el fin de anular nuestra creatividad social; un presente histórico cargado de cuestionamientos que someten a prueba nuestra capacidad de hacernos como Nación; y un futuro histórico que será promisorio en la medida en que seamos capaces de abrir las puertas y ventanas de nuestra conciencia histórica, individual y colectiva, y de hacer salir los fantasmas con los que aun convivimos. A la par que sepamos crear las condiciones sociopolíticas para que la capacidad adquirida por extensos sectores de la sociedad pueda desplegarse, de manera creativa y productiva, sin pretender valerse de mitos ni ampararse en la bolivariana segunda religión.
Por mi parte, no vacilo en reiterar que abrigo la certidumbre histórica de que lo haremos; y de que en una o dos generaciones la venezolana será la primera sociedad genuinamente democrática de América Latina.
Gracias.
Caracas, setiembre de 2014.

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