17 de Mayo. Día de la Armada: A 200 años del orgullo, Rossi muestra lo que queda…de aquella gloriosa Armada Argentina

15 05 2014

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José Marcelino García Rozado VGM.
Capitán de Navío ®

El 17 de mayo de 2014 se cumplen 2 siglos del combate naval que consolidó los ideales de la libertad en las aguas del Río de la Plata y dio razón de ser a la Armada Argentina. Por ello, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, ordenó que se destaque 5 barcos al puerto de Buenos Aires, para el próximo sábado a las 15:00. La ceremonia, que se hará en Buenos Aires después de 10 años de evitar este territorio por temor a escraches, será presidida por el propio Rossi y se espera que en su discurso marque el contraste entre la Marina de Brown, la de la dictadura sediciosa y la actual moderna y pujante Marina… ¡Testimonial! Cabe recordar que este aniversario nro. 200 encuentra a la Fuerza con más de un problema: de presupuesto, con una de los más bajos niveles de horas de navegación de sus unidades y de vuelo para los cuatro aviones que quedan en servicio, maniobras de la Infantería de Marina casi inexistentes y un Edificio Libertad que se cae a pedazos…

El 17 de mayo de 2014 se cumplen dos siglos del combate naval que consolidó los ideales de la libertad en las aguas del Río de la Plata y dio razón de ser a la Armada Argentina. Un legado de coraje y determinación que sigue inspirando a todo marino argentino, aunque hoy se encuentre en estado desesperante, y desguazada.
17 de mayo de 1814. La Escuadra patriota al mando de Guillermo Brown derrota a la Escuadra española en Montevideo, su base de operaciones, dejando sin sostén logístico a 20.000 soldados realistas. Cortado el suministro de víveres, pertrechos y munición a la fortaleza en la banda oriental, el Ejército patriota al mando de los generales Rondeau y Alvear toma Montevideo el 23 de junio de ese año, después de 24 meses de sitio que era resistido por el continuo flujo de provisiones que se recibían desde el mar.
Cae así uno de los más importantes bastiones del poder español en América y se pone fin al dominio hispano en aguas del Río de la Plata. Cubiertas las espaldas de Buenos Aires, el ejército patriota inicia el camino decisivo para la independencia nacional y sudamericana. El general José de San Martín, en un claro entendimiento de la importancia del dominio del mar para concretar la epopeya que liberaría al continente, consideró esa victoria como “la más importante hecha por la Revolución americana hasta el momento”.
El sitio terrestre a Montevideo se había prolongado más de lo previsto ocasionando un enorme desgaste económico y operativo para las fuerzas patriotas. Surge así la necesidad imperiosa de poner fin al dominio español del Río de la Plata y la creación de una Escuadra que concrete la empresa. Pero no fue fácil. Los recursos del gobierno eran escasos y todavía invadía la memoria la experiencia negativa en el combate de San Nicolás de los Arroyos. Sin embargo, la determinación por la libertad y la independencia apuntalaron la idea.
Mientras se alistaban los buques, muchos de ellos pequeñas embarcaciones destinadas al comercio, fue necesaria la búsqueda de hombres capaces de conducir y tripular esa Escuadra. Se reclutó a trabajadores portuarios y a la marinería de buques mercantes. Entre ellos se destaca la figura de Guillermo Brown, capitán mercante irlandés que operaba en el Plata desde 1809 y que desde 1813 hostigaba por su cuenta a las naves españolas con su propia embarcación. Se lo nombró teniente coronel de Marina y Comandante de la Escuadra.
La Fuerza naval se conformó finalmente con la fragata “Hércules”, de 36 cañones, como nave insignia, comandada por el sargento mayor Elías Smith, acompañada por la corbeta “Céfiro”, a cargo del sargento mayor Santiago King; el bergantín “Nancy”, al mando de Richard Leech; la goleta “Juliet”, conducida por el teniente coronel Benja¬min Franklin Seaver; la goleta “Fortuna”, el falucho “San Luis”, y la balandra “Carmen”.
Las primeras acciones de la Escuadra de Brown se registraron en marzo de 1814 en torno a la isla Martín García, llave del Río de la Plata y puerta de acceso a los ríos Paraná y Uruguay. El 11 de ese mes los buques de Brown atacaron a la Escuadra realista compuesta por tres bergantines y cinco naves menores al mando del capitán Jacinto de Romarate. Los españoles rechazaron el ataque. La “Hércules” quedó seriamente averiada por el fuego enemigo y murió su comandante, Elías Smith. También ofrendó su vida el comandante de la “Juliet”, Benjamín Seaver.
Brown decidió reorganizar fuerzas, arreglar las averías, levantar la moral de la tripulación y hacer el recuento del personal caído. El Gran Almirante volvió a analizar el escenario para encontrar el modo de acción que posibilitara la conquista del objetivo. El 15 de marzo volvió a atacar.
La acción en Martín García fue rápida y determinante. Desembarcó en la isla, consolidó su posición y capturó el fuego de las baterías de tierra, lo que hizo que los realistas se retiraran aguas arriba del río Uruguay.
Algunos buques de la Armada patriota realizaron la persecución de las naves españolas hasta darles alcance en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, donde el 28 de marzo se produjo un nuevo enfrentamiento. La balandra “Carmen” quedó encallada, lo que obligó a Samuel Spiro a desembarcar a su tripulación y volar la santabárbara, acción en la perdió la vida. Las fuerzas realistas quedaron divididas.
Brown ordenó reunir a sus fuerzas, reaprovisionarse del material necesario y esperar la autorización del gobierno de Buenos Aires para atacar Montevideo. Las autoridades españolas de esa plaza encabezadas por su gobernador, Gaspar de Vigodet, resolvieron que era perentorio reforzar la Escuadra con los buques mercantes que se encontraban en el puerto y convocar a la leva forzosa para resistir el inminente ataque.
El almirante Brown zarpó entonces con ocho naves armadas con 147 cañones y 1400 hombres. La “Hércules” lideraría a los buques que sobrevivieron a la toma de la isla Martín García, a los que se le sumó la corbeta “Belfast”, al mando de Oliver Russell; la corbeta “Agradable”, comandada por Antonio Lamarca y la sumaca “Santísima Trinidad”. La misión era clara y la determinación, inquebrantable. Debían enfrentar y vencer en batalla en aguas abiertas a la escuadra realista.
Los españoles por su parte zarparon de Montevideo el 14 de mayo a bordo de 11 buques con 155 cañones y 1200 hombres. El queche “Hiena”, como insignia, navegó al mando del capitán de navío Miguel de la Sierra, seguido por las fragatas “Mercedes” y “Neptuno”, las corbetas “Paloma” y “Mercurio”, los bergantines “Cisne” y “San José”, la goleta “María”, el falucho “Fama”, la balandra “Corsario” y el lugre “San Carlos”. El primer encuentro entre las fuerzas fue ese mismo día.
El plan de Brown se basó en simular una retirada aguas afuera, para que los realistas salieran en su persecución, alejándose del apoyo y la protección que brindaban la baterías de Montevideo. Al distanciarse lo suficiente de esa posición, la Escuadra patriota cambiaría de rumbo y rodearía la posición española para interponerse entre esa fuerza naval y Montevideo.
La idea funcionó tal como Brown la imaginó. Los españoles salieron a la caza del falucho “San Luis” perdiendo contacto con su buque insignia. Para cuando lograron reagruparse, la Escuadra patriota se había posicionado según el plan. El día 15, el viento Pampero asoló el Río de la Plata, prolongando la vigilia del combate. Al día siguiente, en la zona de Buceo, comenzaron a bramar los cañones. Con las primeras luces del 17, la fragata “Hércules” cerró distancia sobre Montevideo acorralando a los buques enemigos. Unos buscaron refugio al amparo de la Fortaleza del Cerro y otros bajo los muros de la ciudad.
Sin posibilidad de maniobra, la fuerza naval española abandonó la lucha y Brown impuso un bloqueo total al puerto que derivó, tiempo después, en la rendición de la plaza.
El Combate de Montevideo fue el punto culminante de una campaña naval conducida por Guillermo Brown, quien con energía sorprendente y merced a su implacable tenacidad, articuló las acciones que culminaron con la destrucción de la Escuadra realista y la caída de uno de los principales bastiones españoles en América.
En aquellos días de mayo de 1814, fueron los vientos los que impulsaron las velas en la lucha por la libertad. Modestos barcos de madera, tripulados por criollos que poco sabían del mar al mando de marinos de distintas latitudes que recalaron en el Río de la Plata comprometidos con la causa revolucionaria, enfrentaron a una poderosa escuadra.
Muchas razones concurrieron al desenlace victorioso; el coraje de las tripulaciones, la determinación de aquellos capitanes y sin duda el liderazgo y genio naval del Gran Almirante. Ninguna de ellas tan poderosa como la inspiración que produce en el corazón de los pueblos la palabra “Libertad”.
Desde entonces, generaciones de marinos argentinos prometieron honrar el legado de Brown: “Irse a pique, antes que rendir el pabellón”.
Hoy a 200 años de aquel acontecimiento es dable hacer memoria de lo que fue y ya no es nuestra amada Armada Argentina. Esta es una fecha muy importante, por corresponder a la consolidación de los principios de la Revolución de Mayo con la terminante victoria naval de Montevideo, obtenida por nuestra escuadra al mando del Almirante Brown sobre la flota de la Real Armada Española que tenía su apostadero en aquel puerto. Al efecto se sancionó el Decreto Nº 5304 del 12 de mayo de 1960 suscripto por el entonces Presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi.
La fecha es evocada para recordar la victoria que permitió alejar el peligro que representaba el poder naval realista en aguas del Río de la Plata, y contribuyó además a llevar a feliz término las campañas libertadoras de Chile y Perú. El ejército argentino a órdenes del General Rondeau sitiaba Montevideo desde octubre de 1812.
En 1814, Montevideo continuaba resistiendo el asedio. La razón de ello fue el continuo flujo de aprovisionamientos que los sitiados recibían a través de su puerto, transportado por naves españolas. El Almirante Brown, que había sido designado Comandante de nuestra escuadra, sostuvo ante las autoridades nacionales que de no establecerse un bloqueo al pueblo de la plaza sitiada, ésta podría resistir por mucho tiempo el cerco de nuestras fuerzas.
Era imperioso que Montevideo cayese en nuestro poder, pues de lo contrario la corona española podía utilizar esa ciudad para lanzar un ataque sobre Buenos Aires. Para llevar a cabo el plan de Brown se dispuso el envío de una fuerza naval integrada por 9 naves armadas con 147 cañones. La flota española estaba compuesta por 11 buques que montaban 155 cañones.
El 14 de mayo la flota realista zarpa de Montevideo para hacer frente a nuestra fuerza. En tales momentos Brown concibe el plan de combate. Simulará que se retira mar afuera para que los realistas vayan en su persecución, luego efectuará un cambio de rumbo para interponerse entre la fuerza española y Montevideo y por último les presentará batalla. Las acciones del combate naval se sucedieron entre los días 15 y 17 tal como ya fuera relatado. Este último día la fragata “Hércules” buque insignia del Almirante Brown penetró en aguas de Montevideo persiguiendo a los buques enemigos.
Dos de ellos buscaron refugio al amparo de la Fortaleza del Cerro y otras tres naves se ubicaron bajo los muros de la ciudad. La fuerza naval española había abandonado la lucha y Brown impuso desde entonces un cerrado bloqueo a aquel puerto que derivó en la rendición de la Plaza de Montevideo a manos del ejército sitiador patrio que en esos momentos estaba a órdenes del General Carlos M. de Alvear. Ello ocurría el 23 de junio de 1814. Buenos Aires conoció la buena nueva del triunfo de Montevideo por intermedio del Teniente Lázaro Roncayo, oficial de la sumaca “Itatí” que Brown comisionó para enviar el parte de rigor. El pueblo manifestó su profundo júbilo llevando al marino de la escuadra vencedora en andas hasta el Fuerte.
Tras la victoria de Montevideo y una vez consolidada nuestra Independencia en 1816, la Armada Argentina comenzó a desarrollar su misión que fundamentalmente consiste en la defensa de nuestra soberanía en el Mar Argentino. La Armada Argentina, desde los días iniciales de la Patria, está profundamente comprometida con la libertad y la dignidad soberana de su pueblo. En el triunfo o en la adversidad, el honor de la República siempre estuvo, en lo más alto de los mástiles y en el corazón de todos y cada uno de sus hombres. La Guerra del Atlántico Sur es un claro ejemplo de ésta actitud patriótica de sus hombres; la aviación naval cumplió ampliamente con su misión hundiendo o dejando fuera de servicio varias naves imperialistas, el submarino ARA San Luis torpedeó con mala fortuna (que algún día deberá investigarse adecuadamente el ¿porqué?) al buque de transporte de Tropas del agresor, los BIM Nº 3 y 5 no se rindieron ante el invasor británico y cansados de su accionar los usurpadores ofrecieron que dichas tropas “no se rindieran pero que abandonaran las islas con armamento, equipo y banderas”, lo que se llevó a cabo, dando cabales muestras de hombría de bien y de respeto a lo que Guillermo Brown le legara: “Irse a pique, antes que rendir el pabellón”.
¡Así nació, y vivió nuestra gloriosa Armada Argentina!
Verla hoy, en el estado calamitoso en que se encuentra casi sin buques operables, donde adiestrar y capacitar a nuestros hombres y con mínimas e insignificantes horas de navegación, con su fuerza de submarinos en estado precario debido a la falta de presupuesto básico, sin rompehielos ni buque adecuado para abastecer y reemplazar a nuestros camaradas en el continente Antártico, desguazada su fuerza aérea de la que quedan en servicio apenas 4 aeronaves que ni siquiera pueden cumplir con el rol de capacitación y entrenamiento de sus pilotos. Y con un cuerpo de Infantería de Marina sin capacitación alguna, que anhela aquellos viejos tiempos donde era la admiración hasta de los infantes de marina estadounidenses. Hoy y luego de 31 años de retorno democrático, nuestra Armada Argentina se encuentra en la peor etapa de su historia, desmantelada prácticamente y con graves problemas presupuestarios que generan el mayor de los problemas pues hasta de “cadena de mando” debido a lo irrisorio y degradante de los sueldos que perciben, desde los oficiales superiores al último de los marineros, se encuentra cuasi rota. Pasaron muchos Jefes desde aquel 10 de diciembre de 1983 a la fecha y salvo honrosas excepciones su paso no logró arbitrar los medios para que gobierno alguno no contribuyere al desarme y desguace de sus equipos –buques, submarinos, portaviones, aviones y pertrechos- hasta la actual realidad de una Armada “desarmada” que no puede cumplir con su tarea específica que es la de “Defender la Patria desde el mar argentino hasta los ríos que la surcan; desde el Río Iguazú en el norte hasta el Polo Sur en la Antártida en el sur”. Si Brown, Sarmiento y Frondizi, o cualquiera de sus héroes caídos en combate desde sus pilotos hasta los tripulantes del Crucero ARA Belgrano o el buque aviso Sobral vivieran no podrían creer el grado de indefensión en que se encuentra la Patria.
Ejemplo del desguace sufrido por el arma, es el estado calamitoso de su edificio de comando, el Edificio Libertad sede del Jefe de Estado Mayor General de la Armada, que adolece de una falta total de mantenimiento, lo que a futuro cercano provocará accidentes de grave índole, no cumple con ninguna de las normativas de seguridad que al respecto exige el Código de Construcción de la CABA. Esperar que en el futuro cercano las autoridades políticas entiendan la necesidad imperiosa de contar con Fuerzas Armadas profesionalizadas y altamente capacitadas, con el respectivo equipamiento de armamento tecnológico de punta que como Nación nos merecemos, y que opere seriamente como garante de la Defensa Nacional de su territorio en cuanto “elemento disuasivo” y de defensa abarcativa del territorio nacional –terrestre, marítimo, aéreo y que incluya al continente Antártico por lo estratégico- es la misión que deben fijarse como objetivo primario los señores Jefes de Estado Mayor Conjunto y los de los Estados Mayores Generales de la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea nacionales. De no cumplir perentoriamente con éstas necesidades, Argentina, penetrada por el narcotráfico y el narcolavado camina indefectiblemente a la “disolución nacional”.
¡Dios, la Patria y el Pueblo Argentino os demandarán por lo que has hecho de nuestra Armada Argentina!

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