Argentina: Hace 40 años Montoneros asesinaba a Carlos Mugica

13 05 2014

Foto: Homenaje al Pensamiento y al Compromiso Nacional (de Argentina)

PARTE 1ª

Ayer se cumplieron 40 años del asesinato por parte de Montoneros del Padre Carlos Mugica, un “cura villero” e integrante del “Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo”. Peronista confeso y proveniente de una familia aristocrática porteña, cuyo padre fue findador del Partido Conservador y Canciller de Arturo Frondizi, el “cura Carlos” se ordena sacerdote a los 29 años y se relaciona con un grupo de estudiantes católicos del Nacional de Buenos Aires que con los años crean el grupo sedicioso Montoneros. En 1970 empieza a atender la capilla “Cristo Obrero” de la Villa 31. Visita a Perón en Puerta de Hierro antes de su regreso a la Argentina y tras la asunción del Gobierno de Cámpora es nombrado “asesor” de José López Rega en Bienestar Social, a los pocos meses renuncia a dicho cargo y el 11 de Mayo de 1974 al anochecer un “sicario” montonero lo asesina a las puertas de la Parroquia San Francisco Solano de la calle Quesada del barrio de Mataderos de 15 balazos.

El 14 de mayo de 1974, Montoneros comete el segundo asesinato político para cuestionar el liderazgo de Juan Domingo Perón. Tras el asesinato de José Ignacio Rucci aquel 23 de setiembre de 1973, los terroristas sediciosos rompen definitivamente con Perón y con el peronismo al que adscribía férreamente el Padre Carlos Mugica, quien no sólo abandonó el acercamiento que había mantenido con aquellos estudiantes del Nacional de Buenos Aires que a inicios de los años 70 y fines de los 60 habían conformado un grupo de resistencia al gobierno sedicioso e inconstitucional del General Alejandro Agustín Lanusse, y se habían encuadrado a través de la organización Montoneros en el peronismo que desde hacía más de 15 años luchaba a través de lo que luego se denominaría “La Resistencia Peronista”, por el regreso a la Patria de su Líder y Conductor el General Juan Domingo Perón. El 11 de enero de 1972 el padre Carlos Mugica Echagüe en la Revista “7 días” martillaba contra la elíte oligarquica terrateniente y sus cómplices las cúpulas militares encabezadas por el Presidente inconstitucional Teniente General Juan Carlos Onganía.

En el artrículo de marras Mugica no dejaba ninguna duda sobre su pensamiento y su accionar a futuro. Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo. Sin embargo, Carlos Mugica “el polémico capellán porteño” cree respetar los mandatos de Cristo y descerraja sus iras contra “las jerarquías clericales comprometidas con el dinero, el privilegio y el desorden establecido en todo el país”. Es una ráfaga implacable, un martilleo de palabras, la lúcida coherencia que se transmite eléctricamente al gesto en esa permanente y reconcentrada actitud del que amenaza con violentar todos los esquemas -un dogma, una religión, una filosofía- pero repentinamente cede y adopta posiciones expectantes. Rubio, de ojos azules, pulóver de cuello alto y pantalones negros, no parece un sacerdote; sólo los libros que trepan por las paredes de su departamento de un ambiente, en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, denuncian la presencia de un miembro de la Iglesia Católica. Es que Carlos Mugica 39 años, profesor de teología en las facultades de Economía, Ciencias Políticas y Derecho de la Universidad del Salvador y capellán de la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro, a diferencia de la nueva corriente de sacerdotes católicos, prefiere ignorar ese halo paternalista, el status privilegiado que la sociedad se empecina en otorgarle, para dar de sí -espontáneamente, sin premeditación- la imagen de lo que cree ser: “simplemente un hombre común, con toda la riqueza y las limitaciones de los seres humanos”; a lo sumo, siente quizá con más profundidad que sus “hermanos” -palabra habitual en su vocabulario- una problemática responsabilidad, “ser también mensajero de sus conflictos”.

Pero esa humildad, que se refleja inflexivamente en su manera de vivir, no le posibilitó soslayar una creciente popularidad alrededor de su figura. Lo publicaron así sus declaraciones por radio y televisión: “El socialismo -espetó en una de las emisiones del programa Tiempo Nuevo, dirigido por Bernardo Neustadt, en Canal 11- es el régimen que menos contraría la moral cristiana”; lo sacaron del anonimato pronunciamientos tales como el que barbotó cuando Arturo Illia fue elegido presidente de la Nación: “Hoy es un día triste para el país -dijo Mugica el 12 de octubre de 1963-, una parte importante del pueblo argentino ha sido marginado de los comicios y será dirigido por un hombre a quien sólo votó el 18 por ciento de los electores”. El fogoso sacerdote reconoce que fue arduo el camino recorrido para que pudiera recalar, finalmente, en esas posiciones, “no extremas -defiende- sino coherentes con la actual actitud de un grupo relevante de obispos de la Iglesia Católica”. Nada mejor que transcribir aquella nota de 7 días de inicios de 1970 para desentrañar el pensamiento y el accionar del cura villero el mismo que se negó a acompañar al grupo de la Tendencia y los Montoneros al ser expulsados de la Plaza de Mayo aquel 1º de Mayo de 1974, porque según sus propias palabras “no debían profundizar más la colisión, entre el peronismo y el fin último de aquellos otros que pretendían establecer un plan propio hasta sin Perón”. Disentía con el pensamiento de Mario Eduardo Firmenich quien explicaba: “Si abandonamos las armas –tal como lo pretendía el cura Mugica- retrocederíamos en posiciones políticas. El poder político brota de la boca de un fusil”, parafraseando a Mao Tse Tung.

La entrevista de “7 Días” de aquel enero de 1972 comienza así:

-Sin embargo, cuando usted eligió ser sacerdote no enarbolaba las mismas banderas. En efecto. Ingresé al seminario hace 18 años, en 1951, y vivía en esa época, el catolicismo individualista, fiel al slogan “salva tu alma”.

-¿Qué significaba para usted ser sacerdote? Salvar mi alma, es decir: ir al Cielo, buscar la felicidad, esa que está en Dios. Evidentemente era bastante egoísta mi actitud, aunque también entonces cambió radicalmente mi vida, porque fue cuando descubrí la alegría de vivir en Dios.

-¿Quién es, qué es Dios? Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una persona que se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para mí Cristo es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida. Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al servicio del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los otros sea un ateo, un marxista, o lo que fuere-, ése, verdaderamente se une a Cristo.

-¿Quién consolidó en usted el cambio de actitud que se atribuye? Un sacerdote francés, el abate Pierre, de quien todavía recuerdo una frase decisiva: “Antes de hablarle de Dios a una persona que no tiene techo es mejor conseguirle un techo”. Es decir que conseguirle techo a una persona ya es hablarle de Dios. No nos olvidemos que Cristo curaba a los enfermos, les daba de comer a los que tenían hambre y de beber a los que tenían sed. Y no lo hacía para que después escucharan el sermón sino porque esa es su manera de amar: agarrando al hombre por entero. Antes de ingresar en el seminario yo tenía una visión maniquea de la existencia. El alma era buena y el cuerpo malo. Eso viene de Platón, y se metió en la Iglesia con San Agustín; aún perdura esa concepción, sobre todo en lo relativo al sexo. Pero estamos viviendo un amplio proceso de liberación para desterrar esa actitud individualista del seno de la Iglesia. Antes, como muchos de mis compañeros que luego también evolucionaron, yo estaba preocupado por la salvación de mi alma. Luego empecé a preguntarme ¿por qué salvar mi alma y no mi cuerpo cuando esa división no es, precisamente, una actitud cristiana? En la Biblia no se habla nunca de alma y cuerpo; la Biblia es un libro muy carnal, muy concreto, en el cual se define al hombre como polvo que respira.

-¿Qué sucede entonces cuando muere un hombre? Es decir, ¿no es su alma, según las concepciones cristianas, la que asciende al Reino de los Cielos? Insisto en la falsedad de esa concepción dual. Ningún teólogo podrá decir nunca que, después de muerto el hombre, el alma queda flotando en algún lugar. Es una visión tonta, materialista, de la resurrección. No sabemos mucho al respecto. Toda imagen que podamos tener después de la muerte de un hombre es muy pobre. Sabemos, sí, que vivirá en Dios. Y suponemos que eso significa que va a estar presente como persona en todos los seres.

-Muchos cristianos siguen aferrados a esa concepción maniquea (alma: buena; cuerpo: malo). Y aún más: persisten en adoptar la posición que usted calificó de individualista. ¿A qué se debe? A una visión distorsionada de la realidad. El cristianismo es esencialmente comunitario. No decimos “padre mío” sino “padre nuestro”. Para entender claramente esto basta con acercarse al pueblo. Estar en contacto directo con él. Cuando yo estaba en el seminario iba a un conventillo de la calle Catamarca. Allí viví algo muy especial – trascendente en mi evolución-; precisamente en el contacto con los hermanos míos del conventillo descubrí lo que ahora llamaría el subconsciente de Buenos Aires. El día que cayó Perón fui, como siempre al conventillo y encontré escrita en la puerta esta frase: “Sin Perón no hay patria ni Dios. Abajo los curas”. Mientras tanto, en el barrio Norte se habían lanzado a tocar todas las campanas y yo mismo estaba contento con la caída de Perón. Eso revela la alineación en que vivía, propia de mi condición social, de la visión distorsionada de la realidad que yo tenía entonces, y también la Iglesia en la que militaba, aunque ya por esa época muchos sacerdotes vivían en contacto directo con su pueblo.

-¿Qué papel supone usted que jugó la Iglesia en ese momento? Pienso que entonces algunos sectores de la Iglesia estaban identificados con la oligarquía. No digo que la Iglesia volteó a Perón sino que contribuyó a voltearlo. Pero pienso que también había deterioro en las filas peronistas. Creo que el peronismo perdió fuerza revolucionaria desde la muerte de Evita.

-¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso con los argentinos, con su pueblo? Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo actuar desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer las tristezas, las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo, sentirlas en carne propia. Todos los días voy a una villa miseria de Retiro, que se llama Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño el mensaje de Cristo.

-¿Qué mensaje? Los signos concretos del mensaje de Cristo se pueden detectar cuando Él dice: “En esto se conocerá que ustedes son mis amigos, en el amor que se tengan unos a otros”. Y el índice de mi adhesión al mensaje de Jesucristo es mi amor real, concreto, palpable, por mis hermanos.

-¿Cómo se manifiesta, cómo se materializa ese amor? Es muy significativo que el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo (versículos del 30 al 46) Cristo hable del Juicio Final en estos términos: “Cuando el hijo del hombre vuelva con sus ángeles a juzgar a los hombres los reunirá a todos en su presencia y va a separar a unos de otros como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. Entonces va a decir a los de su derecha: vengan conmigo benditos de mi padre”. Ahí se puede pensar, bueno, vengan conmigo benditos de mi padre porque fueron a pie a Luján, o porque tuvieron mucha devoción a San Cayetano, o porque hicieron y cumplieron muchas promesas, o porque dieron limosna a la Iglesia. Pero Cristo no va a decir eso. Va a decir: “Vengan conmigo, benditos de mi padre, porque tuve hambre y me dieron de comer, porque tuve sed y me dieron de beber, porque estuve en la cárcel y me vinieron a ver, porque estuve enfermo y me curaron, porque anduve desnudo y me vistieron”. Es decir que en el Día del Juicio Final vamos a encontrar a la derecha de Dios a mucha gente que jamás pisó una iglesia y que sin embargo estuvo toda su vida amando a Jesucristo, porque estuvo amando de una manera eficaz a su prójimo, a sus hermanos. Y, lo contrario, Cristo va a decir a los de su izquierda estas palabras terribles: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno”. ¿Por qué? Bueno, ahí podríamos pensar que porque no hicieron la comunión pascual, que porque no dieron limosnas. Y sin embargo, no. Cristo va a decirles: “Yo tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve en la cárcel y no me vinieron a ver…” Y lo notable va a ser que algunos preguntarán: ‘Pero Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y no te dimos de comer?’ Y Cristo responderá: “Cada vez que no lo hicieron con uno de éstos”. Y es en ese terreno donde se manifiesta mi amor, mi compromiso y el de todo hombre.

-¿Quiénes cree usted que no se comprometen a ese nivel? Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y dicen: “pobre”. Aquellos que se compadecen pero pasan de largo y siguen viviendo como burgueses. San Agustín fue muy claro al respecto: “Hay muchos que parece que parece que están adentro de la Iglesia y sin embargo están afuera”. Es decir: son muchos los que fueron bautizados o tomaron la comunión pero no tienen amor concreto por su prójimo. Son cristianos muertos, no son cristianos. Por eso hay mucha gente que va a comulgar a misa, cree que comulga pero solamente traga la hostia. Cree que recibe la comunión y no se da cuenta de lo que eso quiere decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy a recibir la comunión y soy racista, o sectario, o un explotador que oprime a su hermano, me dice San Pablo: “Ingiero el cuerpo del Señor indignamente; me trago y me bebo mi propia condenación”. Porque vivir en el egoísmo, eso es el pecado. Aquel que se la pasa contemplándose el ombligo es un pobre hombre que ya tiene el infierno en vida, que vive en el pecado.

-¿Qué entiende por pecado? Pecar es negarse a amar. No hay pecado sexual: hay pecado contra el amor. Uno peca sexualmente cuando utiliza a una persona como cosa, como objeto. Por eso aquellos que pretenden decir: “Ah, bueno, pero yo tuve relaciones con una prostituta, para descargarme…”, esos pecan doblemente. Están contribuyendo con su actitud a mantener un estado de esclavitud, aunque sea aceptado por la persona a la que esclavizan.

-Entonces son muchos los cristianos que viven en el pecado, que no aman. Son todos aquellos que tienen una imagen desfigurada de Dios. Dios es para ellos el gran súper-yo-castrador y viven con Él una relación mítica, supersticiosa, mágica. Para ellos es un Dios que justifica la inmovilidad, un Dios que permite preguntas tales como “¿Y? ¿Qué vamos a hacerle si existen pobres y ricos?”. Ése es el Dios que ataca Marx, ése es el Dios que hace creer a algunos que la religión es el opio de los pueblos. La verdadera fe cristiana, la auténtica fe en Cristo hace trizas esa creencia. Tener fe es amar al prójimo, y eso me moviliza a fondo, tanto como para dar la vida por mis hermanos, tanto como para brindarme íntegramente por ellos.

-¿Inclusive hasta el punto de engendrar la violencia masivamente? Ese es un problema demasiado complejo. Toda violencia es consecuencia del pecado del hombre, de su egoísmo. Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina – incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara “El general hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra”. Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas. Es erróneo tratar de ideologizar el Evangelio. Decir, por ejemplo, como he oído: Cristo es un guerrillero. Él, personalmente, no fue violento, sólo en algunos casos concretos cuando echó, por ejemplo, a los mercaderes del templo a latigazos. Es decir que Cristo fue solamente muy violento contra los ricos y los fariseos. Creo que la versión en cine menos alejada de lo que Él fue da Pier Paolo Pasolini en su Evangelio según San Mateo.

-¿Pero cuál es, cuál debe ser la actitud del cristiano ante lo que usted llama el desorden establecido, la violencia organizada del sistema? Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que hoy, ante el desorden establecido, el cristiano deba usar la fuerza. Pero tampoco podemos sacar en conclusión que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones significaría ideologizar el Evangelio, que más que una ideología es un mensaje de vida. Pasará Marx, pasará el Che Guevara, pasará Mao, y Cristo quedará. Por eso pienso que es tan compatible con el Evangelio la posición de un Luther King como la ideología de un Camilo Torres.

-¿En cuál de esas tendencias se enrolaría usted? Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia. Como dijo Monseñor Devoto: “Yo no soy violento, pero no sé qué va a ser de mí si las cosas siguen así”. Pero ojo: pienso que hay muchos que exaltan la no violencia ignorando lo que es. Porque Luther King, uno de sus principales teorizadores, fue asesinado. Es decir: la no violencia no es quedarse en el molde sino denunciar, poner bien de manifiesto la existencia de la violencia institucionalizada. Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que esté claro: si yo ante el desorden establecido enfrento lo que llamo la contraviolencia y logro reducir la violencia total, es legítimo que la use. Pero si sólo exacerbo aún más la violencia del sistema contra el pueblo, no puedo menos que pensar que es contraproducente que la utilice.

-Un cristiano, ¿Tiene derecho a matar? No lo sé. Lo que sí está claro es que tiene la obligación de morir por sus hermanos. Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud individualista. De repente nos escandalizamos porque alguien puso una bomba en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos de que todos los días en las villas miserias o en el interior del país mueran niños famélicos porque sus padres ganan sueldos de archimiseria. La idea fundamental me parece que ésta: el cristiano tiene que dar la vida por sus hermanos de una manera eficaz. Cada uno verá de acuerdo con su ideología, de acuerdo con la valoración particular que haga de la realidad, con la información que tenga, lo que tiene que hacer.

-¿Cuál debe ser la función de un sacerdote en países desarrollados como Francia, Inglaterra o Italia? Sin duda la misma que en la Argentina, en Bolivia o en Paraguay. También hay explotadores y explotador en Francia (el subproletariado argelino, el subproletariado español), hay miseria, hay villas de emergencia. Yo a esos países los llamo subdesarrollantes, porque son países que viven de los pobres.

-¿Qué piensa que deben hacer los sacerdotes en sociedades socialistas? Cumplir con su función habitual: enseñar y amar. Yo no conozco China, pero tengo entendido que allí hay algo positivo: creo que ahora hay 700 millones de chinos que tienen pantalones y antes no sabían que era usarlos. Lo que me preocupa de China es que puede haber algo así como una especie de imperialismo cultural. Es decir, no me gusta que los chinos pretendan exportar su modelo de revolución a todo el mundo. Contra eso tendrían que combatir los sacerdotes, contra el dogmatismo político. Con respecto a los llamados países socialistas de Europa, pienso que son naciones que se encaminan cada día más rápidamente hacia el capitalismo, precisamente porque se metieron con corsé en el socialismo. De todas maneras no me cabe la menor duda de que los pueblos son los verdaderos artífices de su destino y, aunque yo personalmente crea que el sistema menos alejado de la moral y del Evangelio es el socialismo, se me ocurre que en la Argentina tenemos que hacer nuestra revolución, nuestro socialismo, que no necesariamente debe adaptarse a modelos preestablecidos. Además, estoy seguro de que ese proceso pasa, aquí, por el peronismo.

-¿Cuál debe ser para usted la ingerencia de la Iglesia en cuestiones económicas y políticas?¿Cómo justificar el poder económico, las relaciones de la Iglesia con el dinero? No se trata de justificar sino de analizar. El gran escándalo del Concilio Vaticano II fue que se tuviera que hablar allí de la Iglesia de los Pobres, cuando lo natural es que si la Iglesia viviera de acuerdo con la orientación clarísima que le dio Jesucristo, de acuerdo a como fue la Iglesia los primeros siglos, cuando todos poseían sus bienes en común repartidos según las necesidades de los fieles, no debería haberse mencionado el asunto. El cristianismo empieza a degradarse cuando se desarrolla el espíritu de propiedad, y al reconocerlo Constantino (año 313) como religión oficial del Imperio, otorgándole a la Iglesia poder político. Lo natural, insisto, en el Concilio Vaticano, hubiera sido que se levantara un obispo y dijera: “Un momento. ¿Por qué la Iglesia de los Pobres? La Iglesia también es de los ricos”. ¿Por qué? Porque la Iglesia también tiene que evangelizar a los ricos, entendiendo por evangelizar a los ricos, ayudarlos a dejar de serlo. Lo cual no significa que tire todo por la ventana sino que ponga todos sus bienes al servicio de la comunidad. Es evidente que es un problema, porque si viene un empresario católico y me dice: “Yo que me convertí, padre, yo quiero realmente vivir el Evangelio”, no me queda otro remedio que contestarle que cambie radicalmente el enfoque de su empresa, dándole participación efectiva en las ganancias a todos sus trabajadores. Claro, así la empresa se va a fundir en 15 días porque la competencia la mata. Entonces la otra respuesta para un empresario que quiera vivir realmente el Evangelio está en que se platee seriamente el problema de la revolución.

-Eso es lo mismo que dejar de ser empresario. No necesariamente. Si Alberto José Armando viene a mí y me dice “yo quiero cambiar” le contesto que bueno, que le saque todo el jugo a los capitalistas que lo rodean y que con su fabulosas inventiva le cree al pueblo situaciones en las que pueda ser realmente protagonista de su destino.

-A usted se lo acusa de pregonar una filosofía de vida casi rayana en el ascetismo, que no coincide con su manera de vivir, más acorde -se dice- con hombres de su misma extracción social. Usted ve donde vivo: es un cuarto en una terraza de una casa de departamentos bacana, pero un cuarto al fin. Además es cierto: yo soy de origen oligarca, y eso tiene sus limitaciones. El hecho de que a mí nunca me haya faltado nada talvez haya relativizado mi visión de las cosas. Pero también es cierto que a la oligarquía la conozco de adentro y sé, efectiva, concretamente, cuales son sus corrupciones. De todas maneras a mí no me falta absolutamente nada, pero trato de que me sobren cosas.

-¿Cuáles son sus carencias afectivas?¿No se siente frustrado como hombre? No me siento frustrado en absoluto. Pienso que desde el momento en que contraje el compromiso de ser célibe ante Cristo y ante la comunidad me debo a él. Por supuesto el celibato presume una lucha cotidiana. No solamente la lucha en cuanto se refiere al impulso sexual sino en cuanto a la soledad. El problema profundo no es el de la ausencia de contacto carnal, sino la soledad, así, simplemente. Esa es una tensión que vivo permanentemente y por la cual tengo que estar muy sobre mi mismo porque fácilmente se puede desvirtuar mi afectividad.

-¿Ese es uno de los principales conflictos que originó el éxodo de sacerdotes de la Iglesia? Pienso que no, que las raíces de la crisis sacerdotal está en otro lado. Pienso que el sacerdote se siente inútil en muchos lugares; es decir: ha perdido el sentido de su vida. Para mí el sufrimiento más grande que puede tener un ser humano es sentirse demás y eso es lo que le pasa a muchos curas.

El pensamiento vivo de Carlos Mugica Echagüe es quizás el principal argumento de todos quienes, como su propia familia –hermanos y padres-, estamos plenamente convencidos de que su asesinato frio y calculado fue un artero mensaje al Presidente Perón de parte de quienes pretendían traicionar al Movimiento Nacional Peronista y a todos los argentinos en general.

PARTE 2ª

Descripción: cid:image004.jpg@01CF6ED7.BA3170A0Julio Cortázar escucha al padre Carlos Mugica.

Descripción: cid:image004.jpg@01CF6ED7.BA3170A0Julio Cortázar escucha al padre Carlos Mugica.

Antesdeayer se cumplieron 40 años del asesinato por parte de Montoneros del Padre Carlos Mugica, un “cura villero” e integrante del “Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo”. Peronista confeso y proveniente de una familia aristocrática porteña, cuyo padre fue findador del Partido Conservador y Canciller de Arturo Frondizi, el “cura Carlos” se ordena sacerdote a los 29 años y se relaciona con un grupo de estudiantes católicos del Nacional de Buenos Aires que con los años crean el grupo sedicioso Montoneros que traicionan a Mugica y a Perón. En 1970 empieza a atender la capilla “Cristo Obrero” de la Villa 31. Visita a Perón en Puerta de Hierro antes de su regreso a la Argentina y tras la asunción del Gobierno de Cámpora es nombrado “asesor” de José López Rega en Bienestar Social, a los pocos meses renuncia a dicho cargo y el 11 de Mayo de 1974 al anochecer un “sicario” montonero lo asesina a las puertas de la Parroquia San Francisco Solano de la calle Quesada del barrio de Mataderos de 15 balazos.

Mugica era un “hijo del sistema”, un niño “privilegiado” de la calle Arroyo de Buenos Aires, con viajes de juventud a Europa, que “había decidido “moverse” del lugar”. En uno de esos viajes conoce el Mayo Francés de 1968, donde participa y forma parte, así como visita para conocer y tratar al viejo exiliado y pensador de “Puerta de Hierro” de Madrid. Hincha de Racing presencia el encuentro entre su querida Academia y el Celtic de Glasgow. Ya en Argentina conforma el grupo de “Pastoral dec las Villas de Emergencia” en el mandato cristiano y peronista de “amar al prójimo”, sin desprenderse del Evangelio, es un fuerte denunciador de la violencia institucionalizada “la violencia del Hambre”. Su categórica definición al respecto no deja duda alguna: “Nosotros, sacerdotes de Jesucristo hemos comprendido que nuestro lugar está junto a los pobres”. Con Perón en el exilio y a solo 6 meses del asesinato por parte del onganiato del General Aramburu, quien arrepentido del cauce que había tomado la política nacional tras el derrocamiento del Gobierno Constitucional de 1952, había iniciado sigilosos y contínuos acercamientos y conversaciones con el otro General Argentino en el exilio. Alejado ideológicamente de sus viejos camaradas de armas, aquellos mismos que con su firma y aquiescencia habían fusilado a civiles y hasta a sus propios camaradas en 1956, representaba para el poder militar golpista de 1968 una verdadera valla a sus aspiraciones de “gobernar por diez años” Onganía dixit, por lo cual debía sacárselo del medio e impedir que encabezare un movimiento civico para traer al país al General Perón como “prenda de paz”, un movimiento que nace con la conformación de UDELPA por parte del ex dictador. Ante el peligro que entrañaba este acuerdo Aramburu-Perón, la cúpula militar del Gobierno Onganía genera lo que dio en llamarse “El secuestro y muerte de Aramburu por la guerrilla Montonera”. Una falacia digna de un cuento de Cortázar, con todo el respeto que este me genera, ya que es casi un dato totalmente probado que Aramburu muere de un infarto en el propio Hospital Militar Central, y su cuerpo es entregado al sector Montonero cuyas cabezas eran “servicios de inteligencia del Ejército Argentino”, tras este hecho trascendente de la historia política nacional, nace el “mito Montonero”, como el artífice de la caída del onganiato por el Rosariazo y el posterior Cordobazo de los años 68-69 que culminan con el golpe de Lanusse quien entroniza al General Marcelo Lévingston en la Presidencia de la Nación.

Nace entonces, a la luz pública un sector “revolucionario romántico” de seudo raíces peronistas encabezado por una cúpula en la que se destacaban Mario Firmenich, Fernando Abal Medina, Cirilo Perdía y Galimberti quienes eran en algunos casos “conocidos” del Padre Carlos Mugica Echagüe, pues fue su asesor espiritual en el Nacional de Buenos Aires, donde llegaron a misionar y asistir a los hacheros del norte santafesino; pero en la “gestión y creación” de Montoneros estos discípulos de Mugica lo abandonan, ya que el cura villero y tercermundista no “estaba dispuesto a promover la lucha armada”, y tal como lo definiera en su entrevista de “7 días” de enero de 1972 ”estaba dispuesto a morir, pero no a matar”. Firmenich y compañía migran entonces hacia el grupo de extrema “Cristianismo y Revolución” del ex seminarista Juan García Elorrio de triste historia plagada de atentados y crímenes de “lesa humanidad” como años después lo definiere claramente la Corte Penal internacional de La Haya y el Tratado de Italia. Aunque alejado ideológicamente Mugica asiste y da el responso cuando la muerte de Fernando Abal Medina (tío del inutil ex Jefe de Gabinete K), en un enfrentamiento con fuerzas policiales en una pizzería de William Morris, provincia de Buenos Aires. En dicho homenaje Mugica define al guerrillero como “un mártir cristiano”, por lo que es suspendido de las licencias administrativas por 30 días por parte del onispado de Buenos Aires. Corría 1968, o sea vaios años antes, cuando en París lo sorprende la creación del “Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo” –MSTM- donde había sido enviado para estudiar y tomar distancia de los sucesos nacionales.
La historia resumida de Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe anota que nació en Buenos Aires el 07/10/1930, tercero de los 7 hijos de Adolfo Mugica (ex-diputado conservador del período 1938-1942, y ex-ministro de Relaciones Exteriores de Arturo Frondizi en 1961) y Carmen Echagüe, hija de terratenientes de Buenos Aires. Fue el único hijo que no estudió en un colegio religioso: primario en el “Cinco Esquinas” (Libertad y Quintana); secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE), y otra vez el Nacional. En 1949 comenzó estudios en la UBA, Derecho, pero en 1950, con motivo del Año Santo, viajó con varios sacerdotes, y con su amigo Alejandro Mayol a Europa, y decidió entrar en el seminario. Lo concretó en marzo de 1952. A fines de 1954 comenzó a colaborar con el padre Iriarte en las misiones a conventillos y casas de la parroquia Santa Rosa de Lima, del barrio porteño de Monserrat. En noviembre de 1957 escribió “El católico frente a los partidos políticos” para la revista del Seminario. Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1959, y fue al Chaco. De regreso a Buenos Aires -entre 1960 y 1963- trabajó al servicio del cardenal Antonio Caggiano, quien a su vez lo destinó como vicario cooperador a la parroquia Nuestra Señora del Socorro, en pleno barrio norte. Asesor de la Juventud de Acción Católica, le solicitaron que se desempeñara como capellán de la escuela “Paulina de Mallinkrodt”, en la hoy Villa 31. En 1966 realizó en Santa Fe una misión rural junto a Gustavo Ramus, los hermanos Abal Medina y Mario E. Firmenich. Poco después inició su acercamiento al Movimiento Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM). En 1968 ingresó al Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968. La parroquia San Martín de Tours había decidido abrir una capilla en la villa de Retiro, en su jurisdicción parroquial, y confió a Mugica su desempeño. Con la ayuda económica de su hermano Alejandro se levantó un salón multiuso en el barrio Comunicaciones.
Para evitar historias tergiversadas, aquí­ les copio la condena que Montoneros hizo al padre Carlos Mugica en la revista “Militancia” nº 38, del 28 de marzo de 1974, quien fuera asesinado el 11 de mayo del mismo año, con procedimientos iguales a otros atentados perpetrados por esa organización polí­tico-militar. Les dejo también el link de la revista completa. La revista “Militancia Peronista para la Liberación” fue una importante publicación del seudo peronismo de izquierda dirigida por Ortega Peña y Eduardo Duhalde (ex secretario de Estado K) entre mediados de 1973 y 1974.
http://www.ruinasdigitales.com/revistas/Militancia38.pdf. “Muchos militantes que sobrevivieron a aquello han atestiguado, además, que varios de los atentados contra sedes de agrupaciones adictas a la “M” fueron en verdad autoatentados cuyo propósito tendía a que no se alentaran esperanzas de un arreglo negociado “en” el peronismo. El mayor montonero Antonio Nelson Latorre, que se jactó en la ESMA de haber sido quien abatió al capitán Roberto Máximo Chavarri en Ezeiza (y no Horacio “Beto” Simona), afirmaba muy suelto de cuerpo que fueron montoneras las balas que desplomaron al padre Mujica en la noche del sábado 10 de mayo de 1974 a la salida de la capilla de San Francisco Solano.(1) Según él, el hecho se había justificado por la conducta que tuvo en el último tiempo quien fuera fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en la Argentina; se la evaluaba como próxima a López Rega, lo que podí­a despertar ilusiones contrarias a la polí­tica de ruptura con el justicialismo. Algo puede haber habido: en contraste con el resto de la prensa, el diario Noticias minimiza la cobertura del asesinato. Ante la protesta de lectores y de algunos redactores Firmenich publica cuatro notas apologísticas de Mujica que, de ser cierto lo de la autorí­a de su muerte, eleva a la esquizofrenia la hipocresía de la Conducción Nacional (CN). Sobre todo de Firmenich, que eligió a Mujica para bendecir la ceremonia de su casamiento. Y ¿Qué podr­a negociar Mugica con el “Brujo” a quien recurrí­a por sus villeros? Y¿”Galvanizaban la fuerza propia”, matándolo? Quizá los Montoneros creían impedir cualquier entendimiento dentro del peronismo”. Texto del libro de Juan Gasparini: “Montoneros: final de cuentas” . Punto Sur Editores. 1988, página 85 y siguiente.
Debe aclararse para entender lo expuesto por Gasparini que en 1972, el MSTM debatía su rumbo entre “peronismo o socialismo latinoamericano”, y que cuando en el marco de estas discusiones internas se reunieron con el mismo General Juan Domingo Perón el 6 de diciembre de 1972, y uno de los curas le preguntó “cómo se implementaría el socialismo en su retorno al poder”, el General le dejó totalmente aclarado a él y al resto de los presentes, entre quienes estaba Carlos Mugica, “que él venía a componer las clases sociales” El país de ese fin de año 72 “era un completo caos. El pueblo tenía que ponerse de acuerdo antes qure radicalizarse”, dejando muy en claro su mensaje y definiendo aquel entuerto planteado por los curas del MSTM. Perón luego de aquella reunión eligió entre todos aquellos presentes en dicha reunión, a quien lo acompañaría en su definitivo regreso al país, y esa elección recayó en el más carismático, el que más y mejor llegaba a los pobres, y el que en definitiva más entendía y apoyaba su pensamiento, al que mejor visibilizaba “su causa”, al que realmente fascinaba a los medios con su verbo y la palabra álgida, crítica e irreverente. Pero también el que parecía no temerle a nada ni a nadie –recordemos que al cura Mugica ya le habían puesto una bomba en el frente de su vivienda en Gelly y Obes 2230 a mediados de 1971; mientras sus amigos y familiares le pedían que se fuese del país, Mugica eligió valientemente quedarse y esa valentía le costó a la postre su valiosa vida, pues las amenazas fueron recurrentes y contínuas. “Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición”. De su valentía y de su entrega, Perón recorrió la Villa 31 de Retiro y visitó la Capilla de Cristo Obrero, Montoneros nunca se resignó a perder a manos del General Perón, su potencial político, e intentando volverlo a ganar para “su causa” le ofreció encabezar la lista de diputados nacionales en las elecciones de marzo de 1973.
La misma seducción obró en Héctor J. Cámpora y en las filas del Frejuli, Mugica trasladó, como buen soldado, la inquietud al MSTM, y los curas de dicho sector en forma orgánica decidieron que no era conveniente aceptar cargos políticos partidarios. Entonces Perón que lo quería cerca suyo y de su política le ofrece la asesoría ad honorem en el Ministerio de Bienestar Social, que iba a ser conducido por José López Rega, logrando que el cura Carlos aceptara el convite. “¡Ese día Carlos Mugica, comenzó a morir de a poco!” Montoneros nunca le perdonó que, según ellos se habían creído, él cambiara de bando y es así como la revista “Militancia” de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde, con fina ironía lo colocara “en la cárcel del pueblo, el mismo lugar donde colocaba a los miembros del establishment”. La relaciópn de Mugica y lópecito, fue corta y plagada de desencuentros, pues el cura villero pretendía cosas diferentes para sus protegidos, y metodologías contrarias a las que aplicaba el Ministro. Dos personalidades tan diversas y diferentes solo pudieron ser unidas por el peronismo y por Perón. Mugica prefería trabajar sobre “la urbanización, con mejoras constructivas, aperturas de calles, organizándolos en cooperativas para construirse sus viviendas, oponiéndose en un principio, luego lo aceptó, al traslado de los vecinos a Complejos construidos mediante el Plan Alborada en el Conurbano”; López Rega impulsaba los Complejos del Plan Alborada y la construcción mediante empresas privadas. El 28 de Agosto de 1973 –un mes antes de la elección a Presidente que Perón ganare por el 62%, y de la muerte por asesinato de José Ignacio Rucci a manos también de Montoneros-, en una Asamblea del Movimiento Villero Peronista (MVP) y a pedido de éste sector, Mugica renuncia a su cargo en Bienestar Social, aunque sin distanciarse un ápice del General.
Así como antes enfrentara a la cúpula de Montoneros, ahora Mugica le dice a lopecito: “usted les niega toda posibilidad y participación creativa y creadora en la solución de sus problemas, a los habbitantes de las Villas”, sin embargo este enfrentamiento con López Rega no mella su incondicional apoyo al Líder del peronismo; en el audio de la Asamblea publicado en You Tube, se escucha con claridad el grito de “Mugica y Perón, un solo corazón”. La tergiversación perversa de la historia, pretende hacerle creer a quienes no vivieron aquellos años, o lo hicieron alejados del núcleo de poder, que López Rega a espaldas de Perón intentó mansillar el nombre del cura Carlos, sembrando la sospecha del destino de $ 34 millones provistos para asistir las necesidades de la Villa 31. Si bienpudo existir esa cobardía Perón nunca lo creyó y siempre le mantuvo su más alta estima y aprecio. La pelea Mugica-López Rega Perón la saldó a favor del cura. Y Mugica que desconfiaba de López rega tanto como de los Montoneros le comentó a sus feligreses que uno u otros podían intentar matarlo. Ya en agosto de 1973 la relación de los curas tercermundistas y Montoneros estaba total y definitivamente partida. Mugica al igual que Perón tenía en claro que la muerte de Aramburu había sido un crimen de Estado cometido para enturbiar y posponer la “reconciliación entre peronistas y no peronistas”, por parte de una facción “gorila y antiperonista” que les servía magníficamente a las facciones de extrema, derechas e izquierdas, que pretendíam recorrer el camino de la “lucha armada que se les había vendido en Rusia y en Cuba” a través de Regís Debray, ideologo del seudo progresismo de las izquierdas europeas. El asesinato de Rucci, en setiembre de 1973, tres meses después que Mugica se enfrentara con Montoneros en el homenaje a Abal Medina, con una clara cita Bíblica que rezaba: “Hay que dejar las armas y empuñar los arados”, encontró a Mugica nuevamente enfrente de aquellos explicando: “No son los curas los que se alejan de la Tendencia (Peronista y Montoneros) sino la Tendencia la que se aleja de nosotros, como se ha alejado del pueblo del pueblo y del General Perón”, y llevaría la crítica aún a términos más profundos cuando dijere: “los falsos revolucionarios por no ser más que una expresión del liberalismo europeo”.
¡Que claridad la del cura villero, una claridad que esos seudo revolucionarios nunca tuvieron! Mienten los que tergiversan la historia como lo hace –con o sin entenderlo- el padre Alberto Carbone o el padre Bresci, quien refuerza la idea impuesta por los falsos revolucionarios de que a Carlos Mugica lo asesinó la Triple A; ese discurso de los falaces individuos que se esconden tras las organizaciones de derechos humanos, los mismos que mienten con los 30 mil desaparecidos, o con las falaces y mentirosas declaraciones realizadas ante fiscalías y juzgados que inconstitucionalmente y amparados por aquellos sectores que aún responden a intereses revanchistas y muy alejados de la justicia. Fernández Meijide fue clara y precisa con los números de muertos y desaparecidos, totalmente contados en el “Nunca Más” y que no alcanzan a un tercio de los que pretenden las Abuelas de Carlotto y las Madres de Bonafini, quienes lucran desde hace ya más de 30 años con cifras que les permiten obtener subsidios y dineros de organismos internacionales a costa de mentirle totalmente al pueblo argentino. Adjudicarle la muerte de Mugica a la Triple A es ensuciar la figura de María Estela Martínez de Perón y en especial la de Juan Domingo Perón; y ese fin inconfesable es propalado por los medios de comunicación oficialistas y de los que dicen ser opositores al actual perverso régimen. Fue clara CFK cuando ante la pregunta de Antonio Cafiero sobre el dinero para realizar el Monumento al General en la Plaza de la Rábida de la Ciudad de Buenos Aires, le dijo con total desparpajo: “Para ese viejo de m…. no pongo un solo perso”, dejando boquiabierto al citado dirigente y a los que lo acompañaban.
La claridad de Mugica, respecto del uso indebido y antipopular de las armas contra un Gobierno Constitucional, zumbaba en los oídos de Montoneros y de otros sectores de la falsa izquierda peronista. ¡Era un sonido molesto y que los indisponía! Ortega Peña lleg´ó a definir por aquellos días a Carlos Mugica como “un corcho, siempre flotando aunque cambie la corriente” y en la comparación discepolana de “la Biblia, junto al calefón” él agregaba la figura del cura de los pobres, el mismo cura que 40 años después de su asesinato pretenden elevar a los altares de esa izquierda socialista y marxista a la que nunca perteneció. ¡La hipocresía del acto del pasado domingo nom tiene parangón! Pero como no podía ser de otro modo el mismo fue organizado por una Presidente que nunca creyó en los postulados de Perón y mucho menos en los del cura Carlos Mugica; su autoenriquecimiento desmiente cualquier tipo de comparación o de intento de póstumo homenaje a quien el mismo sector que ella ensalza fue quien lo asesinara vilmente, pues ni siquiera tienen la hombría de bien de aceptar que lo mataron porque no los acompañaba en su enfrentamiento abierto con el pueblo y con el Líder. ¡Cobardes y traidores a la causa popular y a la Patria misma! La violencia política en mayo de 1974, con el General ya enfermo de muerte, todavía en las puertas de una espiral ingobernable, ya lo había elegido como víctima segunda –tras el asesinato de Rucci- , y como abrepuertas para el golpe sedicioso de las cúpulas militares. Y lo devorarían como apenas 22 meses después lo haría con el Gobierno Constitucional que él siempre supo defender, aclarando que estaba dispuesto a morir por el pueblo, y por lo tanto por sus instituciones, pero nunca estaba dispuesto a matar, como lo estaban sus ex amigos, y sus asesorados espiritualmente del Nacional de Buenos Aires.
En el homenaje de Cristina Fernández de Kirchner al sacerdote católica Carlos Mugica, asesinado en los crueles años ’70. ¿Quién mató a Carlos Mugica? Sin fundamento sólido alguno, la prensa K afirma que fue” la Triple A”. Sin embargo, en los años ’70 y hasta hoy mismo, prevaleció la sospecha que fue la Organización Montoneros, la misma que tampoco se hizo cargo oficialmente de haber eliminado al sindicalista José Ignacio Rucci. Afima la agencia estatal de noticias Telam: “Cristina lo expresó al hablar durante uno de los dos homenajes que se hicieron hoy en simultáneo, en la avenida 9 de Julio y en la Villa 31 de Retiro, para recordar al sacerdote Carlos Mugica, asesinado hace 40 años por el grupo parapolicial de ultraderecha Triple A. Cristina lo expresó al hablar durante uno de los dos homenajes que se hicieron hoy en simultáneo, en la avenida 9 de Julio y en la Villa 31 de Retiro, para recordar al sacerdote Carlos Mugica, asesinado hace 40 años por el grupo parapolicial de ultraderecha Triple A.” Telam no explica cuáles son sus fundamentos acerca de la Triple A. Sin embargo, aquí van 2 versiones sobre Montoneros: Versión 1ª. Hugo Vezzetti, a partir de la película “Elefante Blanco”, de Pablo Trapero (publicado en Informe Escaleno): “En la Argentina de esos años, dijo alguna vez Balbín, se sabía quién moría, pero no siempre quién mataba. Lo más significativo no es que el asesinato del Padre Mugica no esté esclarecido, sino que en verdad nunca se ha hecho nada, desde la justicia y el Estado, en los muchos años de gobiernos peronistas, para esclarecerlo. Vale la pena un breve repaso de lo que ha sido dicho sobre el episodio.” “Entre dos fuegos” (es decir, entre la Triple A y la organización Montoneros) es la figura elegida por uno de sus biógrafos, Martín G. de Biase, para situar el asesinato. En efecto, Mugica se había enfrentado públicamente con López Rega, después de aceptar un cargo de asesor en el Ministerio de Bienestar Social; pero también con Montoneros, a partir del asesinato de Rucci y de la guerra de la organización contra Perón.”
“El 1º de mayo de 1974 el Líder los había llamado “imberbes” e “infiltrados”; los Montoneros se retiraron de la Plaza y Mugica se quedó. En verdad el conflicto había empezado antes: en marzo, la revista Militancia Peronista para la Liberación, que respondía a Montoneros (dirigida por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo L. Duhalde), incluyó a Mugica en su “cárcel del pueblo”. Le marcaba sus contradicciones (“conservador progresista”, “oligarca popular”, “revolucionario y defensor del Sistema”), le reprochaba un supuesto acercamiento al lopezrregismo y lo llamaba “cruzado del oportunismo”. “En la web es fácil encontrar diversas intervenciones, con pocos elementos y mucha imaginación conspirativa, que adjudican el crimen a la guerrilla peronista. Parece más sólida la versión que lo carga sobre la acción de la Triple A. En esa dirección, Miguel Bonasso incorpora una hipótesis más inquietante, a partir del testimonio que le ofrece Arturo Sampay, que conocía muy bien al General y su corte: “el asesinato del padre Mugica es la respuesta de Perón al retiro de ustedes en la Plaza. Es una operación maquiavélica, destinada a que los militantes de la Tendencia se maten entre sí. Demasiado inteligente para que se le haya ocurrido al animal de López Rega”. “El Padre Mugica temía por su vida. En eso todos coinciden: la muerte no lo tomó enteramente por sorpresa. Según algunos testimonios de allegados y compañeros de militancia pensaba que la amenaza provenía de López Rega. Pero hay otros testimonios, de Jacobo Timerman (que lo escribió inmediatamente) y Antonio Cafiero (a posteriori) que dicen que, pocos días antes, pensaba que podía ser muerto por Montoneros. Es posible que en el instante último, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica no supiera de dónde partían las balas. En esa incertidumbre se encierra el núcleo más trágico de una guerra civil entre peronistas que arrasaba con el trabajo social o político que se desplegaba en los barrios y las villas. La relación del Padre villero con Montoneros es bien conocida. En su camino de radicalización religiosa y política, Mugica coincidió con Carlos Ramus, Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, a los que conoció en su trabajo en la Acción Católica del Colegio Nacional Buenos Aires. Participó con ellos en una misión pastoral y de acción social en Tartagal. En contacto con la extrema pobreza y con la explotación el grupo maduró su decisión de tomar las armas. Mugica alentó ese camino inicialmente pero luego desistió de recorrerlo.
“Graciela Daleo proporciona un testimonio de ese tiempo: “Carlos nos había dado cuerda.., nos había dado elementos como para avanzar; junto con él pusimos en marcha una locomotora que siguió adelante; y Carlos se bajó en un punto del camino”. Después del asesinato de Aramburu, cuando Abal Medina y Ramos murieron en el enfrentamiento de William Morris, Mugica ofició una misa y pidió por ellos: “que no hayan muerto en vano”, dijo; y llamó a luchar “por la justicia, por la fraternidad, para que todos en nuestra patria, sin explotación, sin marginación de nuestros hermanos, los pequeños, los pobres, los humildes, podamos constituir esa Patria grande… en la cual seamos hermanos”. Estuvo detenido un tiempo por sus relaciones con el grupo, pero siguió solo, acompañado por los pobres de la villa a los que se dedicó. “Estoy dispuesto a morir pero no a matar” es una cita de Mugica que ha sido repetida. La razón última de sus diferencias con la guerrilla montonera sobreviene después del retorno de Perón, cuando ya gobernaba el justicialismo: “es la hora del arado y de dejar las armas”, dice. En las memorias de Mugica, de su vida y de su muerte, se anudan muchas de las ambigüedades, los conflictos y las amnesias de la experiencia de esos años, sobre todo en el imaginario del peronismo. ¿Qué hacer con ese conjunto revuelto de recuerdos, odios, filiaciones? En 1995, veinte años después del asesinato, Marta Mugica, hermana de Carlos, echaba a Firmenich de una manifestación que lo recordaba en las calles de Buenos Aires. Las cámaras de la televisión registraron el momento. No lo acusaba del asesinato sino de la violencia: “Usted hizo mucho daño al país…”, decía. (…)”
Versión 2. Juan Manuel Duarte en “Entregado por nosotros”: “Quizá el día del crimen sea el tema del que más se ha escrito al desarrollar el último año del padre Mugica. Algunos relatos oportunistas inclusive se saltean varios meses para acoplar viejas amenazas con el momento de su muerte, y así señalar culpables. Libros y pasquines han tratado de establecer como causa de su muerte el día en el que el Brujo se levantó molesto y decidió matarlo. La precaria teoría del paracaidista polaco asesino que justo cayó en ese momento. No podemos generalizar (…) Pero además, muchas personas que lo trataron y lo quisieron nos permitieron conocer que no sólo López Rega lo amenazaba. Lo sabemos por Rulli, por la Fuente X, por el funcionario y por documentos de la época. También por su hermana, Marta Mugica; por Bárbaro, Cafiero, Peyrou; por varios integrantes de la JP Lealtad; por los vecinos de las villas: al momento de su muerte, su conflicto con la Orga se encontraba en su momento más crítico. Aquel sábado 11 de mayo, Carlos almorzó en la casa de su familia y se marchó a la villa para jugar al fútbol con su equipo en el torneo del barrio. Luego se fue a la Parroquia San Francisco Solano, en el límite entre Villa Luro y Mataderos, para dar misa y atender a parejas que se preparaban para el matrimonio. Al salir del templo fue asesinado. Un hombre de contextura robusta y bigotes, con campera y pantalón oscuros, le disparó y subió a un auto Chevrolet Rally 34 que servía de apoyo, en el que se fugó. Esa noche el padre Mugica falleció en el Hospital Salaberry. Antes de morir, alcanzó a murmurar: “Ahora más que nunca debemos estar junto al pueblo”. El dolor para sus hermanos villeros, sus familiares y sus amigos fue inmenso. Todos sabían de los enfrentamientos que había tenido con Montoneros. Por eso, cuando al día siguiente arribaron el diputado Leonardo Bettanin, de la tendencia, y Juan Carlos Añón, titular de la Regional 1 de la JP, la gente los recibió con bronca que se manifestó en insultos, forcejeos y golpes. Al día siguiente, lunes 13, cincuenta sacerdotes concelebraron la última misa para Carlos y unas diez mil personas acompañaron su cuerpo hasta el cementerio de la Recoleta, donde quedó en la bóveda familiar.”
“La víspera, domingo 12, La Opinión publicó la nota que el padre Mugica le dejara a Timerman. Allí volvía a criticar la violencia, el socialismo dogmático, “las minorías lúcidas” y “las elites intelectuales”. También instaba a la juventud toda, una vez más, a que volviera a Perón. (…) Entre lo que se ha escrito sobre la muerte del padre Mugica, algún autor del autoproclamado progresismo instaló algunas premisas que los documentos existentes nos han demostrado inexactas. Una de ellas es que Perón le habría restado importancia al crimen del padre Mugica y que habría aseverado que el asesinato se debía a su indefinición y a que “era tibio”. Poco importa quién lo escribió. En cambio, conviene señalar que el mismo día en que se enterraba al padre Mugica, el 13 de mayo, Perón dio un discurso cuyos destinatarios eran Montoneros y el ERP, con calificativos más severos que los que había expresado el 1º de mayo. Condenó a los infiltrados y a los que continuaban con la violencia asesina; en clara referencia a las guerrillas, habló de microbios y gérmenes patógenos y los acusó de querer llevar al país a una guerra civil. Perón, enojadísimo, aunque lo disimulara, no se expuso al dolor de asistir a otro funeral, tras el sufrimiento que pasó en el de Rucci, por su precario estado de salud. La noticia, seguramente, debió haber resultado otro revés para su debilitado ser. Pero el momento delicado que vivía el país no le permitía darle a nadie la oportunidad de que lo vieran otra vez tan vulnerable. Ese discurso demoledor evidencia que Perón no le restó importancia al asesinato de Carlos, y que menos aún le echó la culpa a la propia víctima. El texto se ha tratado de omitir, cuidadosamente, de la historia argentina. (…) Rulli, una de esas personas a las que es imposible dejar de escuchar cuando habla, lo hacía desde Radio Nacional hasta que la censura le quitó el espacio; entonces llevó su voz a FM Mataderos. Este miembro fundador de la JP, fuente de sabiduría inapelable sobre aquella época, se destaca entre los varios ex montoneros que se oponen al relato maniqueo de ángeles y demonios. Su opinión sobre la Orga, de fuerte autocrítica, sólo se puede comparar con las críticas a la conducción que hicieran Walsh en su momento, o más acá en el tiempo, Gelman y Giussani. A ellos hoy se les suman Leis, Peyrou, Grassi, Carlos Flaskamp, Federico Ramón Ibáñez, Luis Labraña y tantos otros que con valentía honran la memoria de sus compañeros al recordarlos tal como fueron, con sus errores, horrores, aciertos y virtudes, lejos de toda fabulación moralista. Rulli se expresa con la seguridad de quien ha vivido. No teme a las repercusiones; en realidad parece no temerle a nada. Se esfuerza por vivir como pregonó. En la actualidad milita por el respeto al medio ambiente y por lograr sustentabilidad para todos sin dañarlo. Pero sigue denunciando cierta vinculación entre la Orga y la Triple A, que actuaba eliminando gente que criticaba duramente a la conducción montonera. El lo sufrió en carne propia tras su pelea con la Carolina Natalia. Por fortuna, vivió para contarlo (…).”
Versión 3. Jacobo Timermanm en el diario La Opinión, de la Ciudad de Buenos Aires, el 14 de mayo de 1974, con el título ‘Un diálogo con Carlos Mugica cuatro días antes de su muerte’, rescatado por Juan Yofre en su libro “El Escarmiento”: “Toda la semana pasada Carlos Mugica anduvo por el edificio de La Opinión. Colaborador del diario desde su fundación, hace tres años, con mayor o menor frecuencia se hacía presente. El martes pasado me vino a ver con sus atributos permanentes: voluntad, ansiedad, esperanza. Consideraba que el enfrentamiento -es lo que vino a explicarme- entre el presidente Perón y la Juventud Peronista, debía alcanzar un nivel adecuado de debate ideológico, debía evitar la violencia. Me anunció que comenzaría a escribir con mayor frecuencia desde la posición que había asumido junto con los demás sacerdotes del Tercer Mundo: acatamiento a la autoridad de Perón, discusión abierta para rescatar a la Juventud Peronista de las Regionales, tarea organizativa para que la juventud argentina encontrara los caminos orgánicos necesarios para mantenerse junto a Perón, aceptación de un peronismo únicamente con Perón. (…)”.
¿Pueden quedar dudas? Yo creo fervientemente que la historia siempre triunfa, al igual que la verdad.

Integrante de la LIGA FEDERAL NACIONAL y del PERONISMO VERDADERO.

“65º aniversario de la asunción del Primer Gobierno Peronista”.
“A 38º años del derrocamiento del tercer gobierno de Perón”
“En el 59º aniversario de la muerte de Eva Duarte de Perón”
“El sentimiento nacional que tenemos todos los argentinos,
nace en la espada de San Martín se agita en el poncho
de Rosas y se ejecuta con la doctrina de Perón”. J.I. Rucci
“Cuando La Patria está en peligro, todo es lícito
menos dejarla perecer” Gral. D. José de San Martín.

PARTE 3ª

El pasado domingo 11 se cumplieron 40 años del asesinato por parte de Montoneros del Padre Carlos Mugica, un “cura villero” e integrante del “Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo”. Peronista confeso y proveniente de una familia aristocrática porteña, cuyo padre fue fundador del Partido Conservador y Canciller de Arturo Frondizi, el “cura Carlos” se ordena sacerdote a los 29 años y se relaciona con un grupo de estudiantes católicos del Nacional de Buenos Aires que con los años crean el grupo sedicioso Montoneros que traicionan a Mugica y a Perón. En 1970 empieza a atender la capilla “Cristo Obrero” de la Villa 31. Visita a Perón en Puerta de Hierro antes de su regreso a la Argentina y tras la asunción del Gobierno de Cámpora es nombrado “asesor” de José López Rega en Bienestar Social, a los pocos meses renuncia a dicho cargo y el 11 de Mayo de 1974 al anochecer un “sicario” montonero lo asesina a las puertas de la Parroquia San Francisco Solano de la calle Quesada del barrio de Mataderos de 15 balazos.

Publica el domingo 11 el diario Clarín con la firma de Marcelo Larraquy una seudo investigación tendenciosa y sesgada porque basa todo su artículo en dos versiones de curas tercermundistas de aquellos años; la del padre Alberto Carbone actualmente en la parroquia de San Cayetano en Liniers Capital Federal, y en la del Padre Bresci quienes a diferencia de Carlos Mugica Echagüe nunca pertenecieron al peronismo, y ellos mismos cuentan que adherían al grupo guerrillero sedicioso de Montoneros. Y Larraquy escribe: “En mayo de 1974, hace cuarenta años el Padre Alberto Carbone, cura tercermundista, fue separado por un hombre en el velatorio de Carlos Mugica. Le dijo que el jefe de Montoneros Mario Firmenich quería hablar con él. Ya se conocían. Carbone había sido responsable de la asesoría espiritual en colegios públicos y tenía diálogo con los estudiantes del Nacional de Buenos Aires que luego fundarían Montoneros, aunque la relación más directa con ellos la mantenía el padre Mugica. Pero Carbone lo conocía: despues del crimen de Aramburu en 1970, Firmenich le dejó en custodia al cura la máquina de escribir en la que anunciaron con varios comunicados la (falsa y falaz) autoría del hecho. Carbone, investigado por el crimen permaneció cinco meses detenido. “El día del velatorio de Mugica después de dar un rodeo en un auto, me llevaron a una casa y ma encotré con Firmenich. Fue una reunión simple y breve. Me dijo que ellos no habían matado a Carlitos”, afirma hoy Carbone en diálogo con Clarín”
Tanto el artículo de marras, como la “candidez” del cura Carbone, son dignos de destacar. Es como haberle preguntado al General Iñíguez, si el 20 de junio había habido muertos en los enfrentamientos de Ezeiza, y si él no era quien dirigía la “defensa armada del palco montado para recibir las primeras palabras de Perón en su regreso definitivo a la Argentina.” ¿Alguien puede suponer que sobre la misma fecha de los sucesos, alguien se animaría a autoincrimibarse? Los textos ya publicados en la segunda parte de este artículo donde brindo hechos y declaraciones contundentes, fueron recogidos mucho tiempo después, así como ya nadie, ni siquiera la justicia, tiene duda alguna de quienes fueron quienes asesinaron a José Ignacio Rucci aquel 23 de setiembre de 1973, pues fue el mismo ex Diputado Nacional Bonasso quien descaradamente cuenta quienes y porqué se cometió ese aberrante crimen. En nuestro caso, esperamos que llegado el momento y la oportunidad de poder reabrir la causa Mugica, como ya se logró con la causa Rucci y que se pueda reabrir sobre bases serias y ciertas y no sobre versiones tendenciosas y faltas brutales a la verdad, como la que vivimos este pasado domingo tanto en los medios de comunicación, como en los “payasescos actos oficiales” de recordación hipócrita de la memoria de quien fuera un verdadero “pastor evangelizador –según le gusta decir al Papa Francisco- de aquellos sectores verdaderamente oprimidos y excluídos de la sociedad”, recorrió el cura Carlos las necesidades y las faltas de sus “ovejas” sin alejarse de la Doctrina Social de la Iglesia, y mucho menos sin traicionarse ideológicamente, ya que él era un peronista doctrinario y confeso.
Pero la historia contada desde la versión de quienes o adhirieron o fueron parte de la facción sediciosa, intenta reacomodar los hechos y la historia verdadera de aquellos años. Y el artículo de Clarín, cínica y falazmente (porque ellos conocen realmente quienes cometieron el crimen de Mugica y lo ocultan) persiste en deformar los hechos acaecidos. “¿Le creyó?” pregunta o por cándido o por muy hipócrita el periodista a lo que el padre Carbone responde, también sin sonrojarse: “No tenía ningún elemento de que esto no fuera así. Por otra parte, había una relación entre Carlos y Mario, y también mía con él, y no tenía porqué estar mintiendo. En el funeral de Mugica, la posibilidad de que Montoneros lo hubiera matado ganaba el pensamiento de algunos curas, dado las diferencias que habían mantenido en los últimos meses.” El padre Carbone pasa por alto expresiones del mismo Carlos Mugica, que fueron de estado público: El 12 de mayo de 1974 –o sea un día después del crimen-, el diario “La Nación” publicó lo siguiente: “El padre Mugica, que en los últimos años desarrolló su acción pastoral en las villas de emergencia, se inició en ese quehacer como parte del equipo sacerdotal que fuera creado en 1969. Con la aprobación de monseñor Aramburu se hallaba enrolado en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo”. “Hace dos meses, sus disidencias con los sectores de izquierda del movimiento villero se hicieron públicas. El 19 de marzo último publicó con su firma un artículo en un matutino porteño, donde enjuiciaba severamente al marxismo y lo responsabilizaba del “ideologismo” en que han caído los jóvenes peronistas”.“Casi al mismo tiempo, en nombre del grupo de sacerdotes que lideraba el padre Mugica, había hecho contactos en las más altas esferas del gobierno –del General Perón-”
Al día siguiente de su asesinato, el diario de Jacobo Timermann “La Opinión” en su página 9, publicaba un mensaje del padre Mugica dirigido a la juventud. “Somos conscientes que sin las juventudes el proceso revolucionario impulsado por Perón irá al fracaso. Pero advierto a esta misma juventud que está en una encrucijada: optar por la revolución nacional que se nutre de nuestra esencia cristiana y popular, incorporando a las fuerzas del nuevo orden revolucionario, que como señaló el presidente Perón se oponen a las fuerzas del desorden… o hacerlo por el socialismo dogmático, es decir por un modelo ideológico colonial, en manos de una “élite científica”, actitud que lleva a la dictadura del proletariado, la que se convierte en dictadura sobre el proletario”. La claridad ideológica y doctrinaria del padre Carlos Mugica Echagüe, era amplia, profunda, sincera y taxativa; aquellos que se separaban del peronismo lo hacían en pos de lograr otros objetivos muy diferentes a los de la “revolución nacional que se nutre de nuestra esencia cristiana y popular”, por lo que como él bien lo definía era “la Tendencia (Montoneros)” la que se alejaba del pueblo peronista, y no quienes seguían siendo “fieles a Perón y su Doctrina Nacional, cristiana y humanista”. Pero hoy los medios oficialistas y seudo opositores están ganados por quienes desde 1983 a la fecha no vinieron en busca de “verdad y justicia”, sino en busca de revancha enarbolando “el odio” como camino, camino que nunca jamás va a conducir a “la verdad”, y que más temprano que tarde se volverá contra ellos mismos porque “la revancha suele generar vendetta y ésta suele terminar en nuevos revanchismos”. Así transitamos esta década K, donde por la necesidad de reobtener “Poder”, ese que no le otorgaron los votos en 2003, Néstor y Cristina lo fueron a buscar hipócritamente en una seudo “cruzada por los derechos humanos”, a través de la korrupta Bonafini y la cooptable mercenariamente Carlotto.

CFK inaugura un mural de Mugica en la 9 de Julio el 10 de Mayo de 2014.

CFK inaugura un mural de Mugica en la 9 de Julio el 10 de Mayo de 2014.

Larraquy publica, desconociendo lo publicado en 1974 por La Nación y La Opinión, en su artículo, declaraciones del padre Bresci a ese matutino: “Ese día estábamos todos sin dormir, pensando en caliente. Cuando vinieron dos dirigentes de la JP de Montoneros hubo una pelea, los echaron, yo perdí mis anteojos en el forcejeo. Hubo sospechas. Pero también creíamos que la muerte de Mugica podía ser obra de los servicios de inteligencia para crear ese enfrentamiento. No sabíamos. Visto en perspectiva, la de Mugica fue la primera muerte que instaló el miedo –dice erróneamente o hipócritamente este cura del MSTM, olvidan que 8 meses y medio antes había sido vilmente asesinado quien fuera “la mano derecha de Perón” según la propia definición del Líder- , como también sucedió poco después con las de los abogados Ortega Peña o Silvio frondizi, que conmocionaron a la población”. Bresci explica Larraquy, “se inclina por la hipótesis que signó la causa judicial que investigó (?) el crimen de Mugica. En ella,a través de distintos testimonios, y también por el propio identikit, se señaló como ejecutor al comisario Rodolfo Almirón, custodio de López Rega, a quien Mugica conocía del Ministerio de Bienestar Social. Después de ser extraditado de España acusado por crímenes de la Triple A, Almirón fue procesado en la “causa Mugica” y murió en 2009, sin llegar a ser condenado. En enigma todavía perdura”, termina el artículo. De él podemos extraer una conclusión primaria, y esta es que Bresci participó del funeral del padre Carlos y como bien recuerda “sus compañeros” y nadie más “cuando vinieron dos dirigentes de la JP de Montoneros hubo una pelea, los echaron, yo perdí mis anteojos en el forcejeo. Hubo sospechas.” Si Bresci luego quiere inferir otras cosas u otros motivos o culpables, sabrá él por que lo hace; la única verdad es que Mugica le había expresado a Jacobo Timermann sus temores de ser “asesinado por la banda Montonera”, sus diferencias con lopecito habían sido “arregladas” personalmente por Juan Domingo Perón y todo había quedado en “su renuncia como asesor del Ministerio”, no de López Rega, por lo cual no existe ni existió motivo alguno para que éste o la Triple A lo asesinara. ¡Todo lo contrario!
Larraquy, al igual que muchos periodistas y políticos, intencionadamente y contra todas las pruebas existentes –hasta confesiones directas- pretenden asignarle a la Triple A, y por ende al Gobierno del General Perón, como más tarde se hiciere con el de María Estela Martínez de Perón la autoría de los crimenes o ejecuciones llevadas a cabo durante la guerra de facciones armadas, tanto desde la llamada izquierda como la de la llamada derecha, por la facción de la Triple A, o de sectores de la mal llamada “derecha peronista”, que no fue otra cosa que la “ortodoxia” a la que adhería el mismo padre Carlos Mugica, como también José Ignacio Rucci por nombrar solo a los dos “mártires más conocidos” entre muchas otras víctimas de la facción sediciosa que diere motivo y pie para que las Fuerzas Armadas ejecutaran el “golpe sedicioso del 24 de marzo de 1976”. Almirón, como muchos otros fue un preso político en la venganza de los sectores revanchistas de la seudo izquierda peronista a la que “por absoluta conveniencia” adhieriera el Gobierno K. Así llegamos a la payasada del pasado sábado donde CFK inaugura en la misma avenida 9 de julio –donde instalara las esculturas de Evita en el ex Ministerio de Obras y Servicios Públicos, hoy Ministerio de Salud y el de Acción Social- una escultura metálica del cura villero; a quien en vida nunca ni siquiera pensaron en visitar y conocer su obra antes de volver a refugiarse en su Río Gallegos tras el golpe de Estado. Muerto Almirón y luego de fracasar en su intento de extraditar de España a la misma ex Presidente de la Nación doña María Estela Martínez viuda del General Perón, la causa de Mugica volvió a dormir el sueño de las ignominias judiciales tan cotidianas desde que se instaló este régimen que discursea por izquierda y gobierna abiertamente desde el socialiberalismo más brutal y abyecto.
Es de una bajeza inconfesable atribuir delitos, simplemente porque son denunciados –la gran mayoría de las veces- por “presuntos testigos no presenciales”, y que en muchísimas oportunidades se vieron que eran declaraciones “calcadas” de otras presentaciones en esta falsa justicia que se presta al manejo político del Poder Ejecutivo y de las seudo organizaciones de derechos humanos. La mismísima Graciela Fernández Meijide, integrante de la CONADEP, denunció estas hipocresías y dejó en claro que los terroristas abatidos, no eran “jóvenes idealistas”, sino “combatientes” que en algunos o muchos casos lo fueron ideológicamente como lo denunciara Carlos Mugica, mientras otros lo hicieron al servicio de los intereses imperialistas y coloniales contrarios a nuestra Patria. En ese mismo matutino Sergio Rubín explica “a 40 años de su asesinato, son muchos los reconocimientos y homenajes que concita por estos días en la Iglesia el recordado padre Carlos Mugica, emblema del compromiso con los pobres…José María Arancedo dijo (al inaugurar el plenario de obispos), que el cura villero más famoso “fue un sacerdote que vivió su fe y ministerio en comunión con la Iglesia y al servicio de los más necesitados, que aún lo recuerdan con gratitud, cariño y dolor”… Sin embargo, hasta no hace mucho tiempo su figura no concitaba tantas adhesiones en la Iglesia, los sectores conservadores… lo miraban con recelo, cuando no lo criticaban duramente. Es que Mugica cuestionaba con su testimonio una Iglesia demasiado apegada a los poderosos y poco comprometida con los más pobres, en tiempos en que los nuevos aires del Concilio Vaticano II todavía no habían prendido de modo extendido.”
“Pero Mugica no era un cura rebelde… fue un defensor del celibato en contraposición con muchos curas tercermundistas que lo cuestionaban. También es cierto que Mugica había hecho una opción partidaria –al peronismo ortodoxo- algo vedado para un sacerdote. Pero él argumentaba que el peronismo era el que mejor asumía los postulados evangélicos de la promoción de los pobres. En cambio, después de una posición ambigua respecto de la violencia como metodología política, Mugica optó por una actitud contraria clara, según dijo una vez el obispo Justo Laguna. Ello le significó (junto con su criterio de que debían seguir alineados con Perón) su distanciamiento de Montoneros, que lo amenazó. Por eso, varios clérigos creen hoy que fueron los Montoneros y no la Triple A, los autores de su asesinato.” Termina explicando el mismo Rubín. En el número 31 de la Revista “Militancia” (de Eduardo Luis Duhalde -nombre de guerra terrorista “Damián”- y Rodolfo Ortega Peña), se publica una foto del Padre Mugica vestido de gorila detrás de una reja, y a continuación el siguiente texto: “Dos mil años de política terrena ha enseñado mucho a la Iglesia Católica que es la negación del democratismo interno. Sin embargo, comprendió hace muchos siglos las ventajas de tolerar las distintas corrientes que se forman en su seno. A un ala conservadora y retrógrada se opone siempre un ala liberal progresista. Una jerarquía pro-oligárquica convive con sacerdotes del pueblo. Están los curas humildes y silenciosos, y están las estrellas publicitadas. A esta última especie pertenece Carlos Mugica, super star”. “El padre Carlos (como lo conocen las feligresas de su antigua parroquia de Santa Elena), o el cura Mugica (como le dicen en los ambientes políticos) o Carlitos (como lo llaman los vecinos de Copérnico y Gelly y Obes -corazón del barrio norte-), siempre ha sido un movimientista nato. Como queriendo resumir en su persona todas las corrientes internas de la iglesia, trata de ser al mismo tiempo un conservador-progresista, un oligarca popular, un cura humilde y bien publicitado. un revolucionario y defensor del sistema. Y así le va con el resultado”. “Lo dicho no es una acusación gratuita. Con su defensa apasionada del celibato eclesiástico y del acatamiento sin protestas a la jerarquía, es tolerado por los pre-conciliares, como “un muchacho rescatable”.

“Su pertenencia al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo –dice la Revista Militancia-, lo refiere a los sectores de avanzada. Su hábitat en el barrio norte y sus amistades, le permite no romper los lazos creados en su carácter de Mugica Echague. Su labor religiosa en la Villa Comunicaciones lo emparenta con el pueblo. Su condición de colaborador de Bernardo Neustadt en la revista “Extra”, le abre las puertas de la contrarrevolución, avalado por su círculo de relaciones (aunque a pedidos de algunos amigos como Hermes Quijada). Todo mezclado como en el poema de Guillen” “La Biblia y el Calefón, diría Discépolo. Ayer misa por Carlos Ramus, luego responso a Bianculli, guardaespaldas de la UOM, y hoy un oficio religioso para Isabelita (siempre queda la excusa que la religión no hace distingo políticos, como si él fuera el único cura de la aldea). Como si fuera un corcho, siempre flotando aunque cambie la corriente. “Montonereando” en el pasado reciente, “lopezrregueando” sin empacho después del 20 de junio, Carlitos Mugica, cruzado del oportunismo, ha devenido en:”¡Depurador ideológico!” “…por todo lo expuesto quede Carlos Mugica preso en la cárcel del pueblo, aunque se quede sin asistir al casamiento de la hija de Llambi con Sergio Patrón Uriburu”. El Padre Carlos Mugica no pudo ir al casamiento mencionado como tampoco a la cárcel del pueblo, como sugerían Duhalde y Ortega Peña. Al sábado siguiente Mugica era acribillado a balazos. Explica con claridad en su artículo Jorge P. Monez Ruíz. En el libro de Eugenio Méndez, “Confesiones de un Montonero”, editado en 1985, encontramos lo siguiente: “Muchos militantes que sobrevivieron a aquello han atestiguado, además, que varios de los atentados contra sedes de agrupaciones adictas a la “M” fueron en verdad autoatentados cuyo propósito tendía a que no se alentaran esperanzas de un arreglo negociado en el peronismo. El montonero Antonio Nelson Latorre, que se jactó en la ESMA de haber sido quien abatió al capitán Roberto Máximo Chavarri en Ezeiza (y no Horacio “Beto” Simona), afirmaba muy suelto de cuerpo que fueron montoneras las balas que desplomaron al padre Mugica en la noche del sábado 10 de mayo de 1974 a la salida de la capilla de San Francisco Solano. Según él, el hecho se había justificado por la conducta que tuvo en el último tiempo quien fuera fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en la Argentina; se la evaluaba como próxima a López Rega, lo que podía despertar ilusiones contrarias a la política de ruptura con el justicialismo. Algo puede haber habido: en contraste con el resto de la prensa, el diario Noticias minimizó la cobertura del asesinato. Ante la protesta de lectores y de algunos redactores, Firmenich publicó cuatro notas apologéticas de Mugica que, de ser cierto lo de la autoría de su muerte, eleva a la esquizofrenia la hipocresía de la Conducción Nacional (de Montoneros). Sobre todo de Firmenich, que eligió a Mugica para bendecir la ceremonia de su casamiento. ¿Qué podía negociar Mugica con el “Brujo” a quien recurría por sus villeros? “Galvanizaban la fuerza propia, matándolo”. Quizás los Montoneros creían impedir cualquier entendimiento dentro del peronismo.”
En octubre del año 2008, el Dr. Antonio Cafiero manifestó en un programa de televisión (TN) “Tiene la Palabra”, que el padre Mugica fue asesinado por los Montoneros. En esa oportunidad el Dr. Cafiero hablando en ocasión del aniversario del 17 de Octubre, sostuvo que en el año 1974, cuando era Presidente de la Caja de Ahorro, lo visitó el padre Mugica, cuarenta y ocho horas antes de su asesinato. Le manifestó entonces “que estaba con miedo y que temía por su vida por reiteradas amenazas que había recibido”. Ante una repregunta del Dr. Cafiero, el sacerdote le dijo textualmente: “A mí me van a matar los Montoneros, y que las amenazas provenían de allí.” En todo caso, se ajustaría más a la verdad histórica que hayan sido los mismos que fueron expulsados por el General Perón de la Plaza de Mayo (“mocosos imberbes y estúpidos, al servicio del imperialismo apátrida”) y calificados por él mismo como “mercenarios al servicio del dinero extranjero” Serían los mismos que hoy desde el gobierno, el congreso, ciertos estrados judiciales y otros ámbitos, pululan embriagados por el odio, la sed de venganza y el resentimiento propio de los “Sin Patria”. Termina en coincidencia conmigo el citado Monez Ruíz.
Buenos Aires, 13 de Mayo de 2014.
Arq. José M. García Rozado
MPJIRucci – LIGA FEDERAL –
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