ESCALA EN ZEEBRUGGE CON EL COSTA VOYAGER

3 01 2014
Acera de madera al borde  de un canal de Brujas.

Acera de madera al borde de un canal de Brujas.

Canal de la Mancha, 20 de julio de 2013.

Querida Ofelia:

Como te prometí ayer, hoy te cuento nuestra primera escala que fue en Bélgica, de nuestro crucero de dos semanas por “La Ruta de los Mercaderes”, alrededor de Europa.

Ayer a las 9 a.m. atracó al muelle de Zeebrugge nuestro barco. Aunque teníamos la opción de desayunar en el Restaurante Horizon Garden Lounge, lo hicimos en el Restaurante Selena por ser este último más elegante. Sin embargo, te puedo asegurar que la diversidad y calidad de los platos y del servicio es superior en el Costa Atlántica y el Costa Serena.

Situada en la costa noroeste del Mar del Norte, en la provincia belga de Flandes Occidental, Zeebrugge es un activo puerto ya sea para el tráfico de pasajeros como para la pesca. En efecto, la ciudad es el puerto pesquero de mayor importancia de Bélgica. Con su flamante estructura, el mercado del pescado, ubicado en la parte interna del puerto, es uno de los más grandes y modernos de Europa. La marina turística, en continuo desarrollo, puede hospedar un buen número de yates. Intenso además, es el tráfico que une al Reino Unido con Europa continental. El puerto fue construido entre los años 1895 y 1907 para la ciudad de Brujas, a la que se encuentra conectado por medio de un canal de 12 Km. Durante las dos guerras mundiales y debido a su posición estratégica, las fuerzas aliadas lo bloquearon para impedir su uso por parte de los sumergibles alemanes. Dañado en 1944, fue reabierto en 1957. Este singular puerto se caracteriza por una larga represa que se adentra en el mar abierto. A los pies de la represa, el “St. George Memorial” conmemora la batalla de Zeebrugge (1918), durante la cual la marina británica derrotó a los submarinos alemanes. Zeebrugge es una ciudad muy ligada a su tradición marinera: en el centro de la misma se encuentra el monumento en memoria de los caídos en el mar.

Al bajar del barco tomamos un autobús (por seis euros), que nos llevó en un cuarto de hora hasta el bello pueblito de Blankenberge, en cuya estación de trenes tomamos el tren (por 5,80 euros), que nos condujo en sólo diez minutos a la espléndida ciudad de Brujas.

Brujas debe gran parte de su fortuna a la presencia del mar, a sólo 12 Km. de la ciudad (justamente en Zeebrugge), a causa del progresivo arenado de la costa. Ya en el siglo II d.C. iniciaron los florecientes intercambios marítimos con Inglaterra y el resto de la Galia y en el siglo IX con los pueblos escandinavos. Pero no fue hasta el siglo XI cuando Brujas inició su periodo de oro: merced a la producción de telas y al comercio en especial, la ciudad se transformó en uno de los centros comerciales europeos de mayor importancia. La primera bolsa europea fue la casa de la rica familia de comerciantes Van der Beurse: la voz “bolsa” entendida como el lugar donde se realizan los intercambios comerciales deriva justamente del nombre de esta familia. Ingresando a la Liga Anseática allá por el 1340, Brujas, importantísimo centro comercial y manufacturero, prosperó hasta fines del siglo XV.

Los más famosos artistas de la época – los pintores van Eyck y Memling, entre otros – fueron huéspedes de la ciudad y los monumentos de mayor celebridad y las salas de mayor elegancia y lujo datan de este periodo. El arenado del río Zwijn y la progresiva competencia que implicaban Gand y Amberes contribuyeron a su decadencia. Entre 1795 y 1814, en el periodo de las guerras que subsiguieron a la Revolución Francesa, la ciudad fue ocupada por Francia, pasando a manos holandesas del 1814 al 1831, cuando Bélgica se independizó definitivamente. A principios del siglo XX, la construcción del canal que conecta Brujas y Zeebrugge impulsó considerablemente la actividad de la ciudad. Tras algunos siglos de dificultades y pobreza, Brujas se abrió a la celebridad por la belleza de sus calles y canales, por la riqueza de su historia y de su arte.

En 2002, Brujas fue nominada la capital europea de la cultura. La ciudad es una joya de pequeñas dimensiones que invita a un paseo a pie por sus calles, sin duda alguna, el mejor modo de visitar su centro histórico, que puede cruzarse en una hora. Característicos de Brujas – una ciudad que ha sabido mantener intacta su fisonomía medieval originaria – son los innumerables puentes que cruzan sus canales, que pueden elevarse para permitir el paso de los barcos. La plaza del mercado – amplia, rodeada de bellos edificios de época construidos entre los siglos XV y XVII – se encuentra en el mismo centro de la ciudad. Del lado sur se yergue el antiguo mercado cubierto, iniciado en el 1248, con la Torre Comunal del siglo XIV a sus espaldas. Con su carillón de 47 campanas de bronce de 27 toneladas y sus 83 metros de altura, el campanario ofrece a quien sube sus 366 escalones una magnífica vista panorámica de la ciudad. Por suerte que lo hice hace unos veinte años en nuestra primera visita a esa ciudad, hogaño me es imposible, por tal motivo la observé con cierta nostalgia.

Numerosos son los edificios medievales que la ciudad ha sabido conservar, entre ellos: Halles (del siglo XIII), con el célebre Beffroi (campanario); la catedral del Santísimo Salvador (siglo XIII-XIV), donde se encuentran el precioso relicario de plata de San Eloy y el decorado con piedras preciosas de Carlos el Bueno; la Capilla de la Santísima Sangre (siglo XII), el hospital de San Juan (siglo XII); la iglesia de Notre-Dame (siglo XIII), con su campanario de 122 metros de altura, donde pudimos admirar la estatua de mármol de la Virgen y el Niño atribuida a Miguel Ángel y visitar la capilla que sirve de espléndido Panteón a Carlos el Temerario y a su hija María de Borgoña.

Brujas posee el ayuntamiento más antiguo de toda Bélgica, iniciado allá por el siglo XIV. La ciudad encierra además numerosos tesoros artísticos, entre los cuales: las pinturas de Hans Memling y Jan van Eyck, conservadas en el Museo de Groenninge. Famosos en todo el mundo son los encajes que pueden adquirirse en las incontables tiendas céntricas.

Almorzamos en un bello restaurante típico en una pequeña plaza rodeada de árboles y con una fuente medieval en su centro, frente a la entrada de la Iglesia del Beguinaje. Cuando leímos el Menú, no sabíamos qué pedir, pues todo parecía delicioso -como en realidad lo fue-. La cercanía del mar ejerce naturalmente su influencia en la gastronomía, que ofrece una amplia variedad de platos a base de crustáceos y pescado. Entre los platos más apreciados, los filetes de arenque servidos fríos y acompañados con frijoles, un toque de echalotes, mayonesa y un huevo duro. Pero también la carne es digna de probar: famosísimo el Boudin, una salchicha hecha con carne de cerdo, huevos batidos, pan mojado en leche y abundantes especias, cocida en agua hirviendo durante 10 minutos, servida luego en rebanadas al final de la comida, con repollitos de Bruselas. No hay que perderse, los espárragos “à la flamante”, las “croquettes crevettes” (croquetas de gambas), el bistec en salsa Tártara con patatas fritas, el Waterzooi (sopa de Gent con pollo y verduras), los arenques (Maatjes), la perdiz, el pan de leche, los bocadillos “Pistolets” (emparedados), todos los pasteles en general, los mejillones con patatas fritas y el conejo a las ciruelas, pan y queso acompañado con una buena cerveza belga Kriek (se cuentan aproximadamente 400 tipos diferentes de cervezas).

Terminamos el recorrido de la ciudad con un paseo en barca por los canales rodeados por casas con balcones y terrazas florecidas.

A las 6 p.m. el barco zarpó hacia el Canal de la Mancha, rumbo al puerto británico de Harwich, distante 130 millas náuticas. Tuvimos que cambiar la hora de nuestros relojes, pues los británicos tienen una hora menos que nosotros.

Después de la cena asistimos a las 9 y 15 p.m. a un recital de calidad en el Teatro Alejandro el Grande. La cantante Barbara Burchi no sólo tiene una bella voz, sino que también es una mujer bellísima. Después participamos en el baile Tous en piste! animado por el Trío Hamilton.

Era medianoche cuando dimos un paseo a babor del barco, bajo un cielo estrellado digno del Caribe.

Mañana te contaré sobre nuestra escala en Gran Bretaña.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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