POR LOS PAÍSES BÁLTICOS: LETONIA, LITUANIA Y ESTONIA

28 12 2013
La Colina de las Cruces en Lituania.

La Colina de las Cruces en Lituania.

París, 18 de agosto de 2013.

Mi querida Ofelia,

Creo que no hay nada mejor para enriquecer el espíritu que viajar. Y lo logramos durante este viaje que acabamos de concluir, en el que recorrimos Lituania, Letonia y Estonia. Fueron dos semanas excepcionales, un viaje cultural por la historia, pero también en contacto con una naturaleza extraordinaria.

Una señora gala egocéntrica, a la cual dije que íbamos a recorrer los Países Bálticos, me preguntó: “¿Y allá hay algo que ver?”. Me hizo recordar a un joven miamense, que cuando lo invitamos para que viniese a París, nos respondió: “¡Qué va, yo de Miami no salgo! ¿Paqué? ¡Pamí Jailía ya es el extranjero! El pobre chico se podría justificar, pues su vida se convierte en trabajar y trabajar, construir su amplia casa (con paredes internas de cartón, disfrazado de concreto), los sábados ir al “mol”, y algún domingo de verano a la playa, con una nevera plástica llena de hielo y “lague’” bien frío. Pero que la gala me diga eso, es inadmisible. Considero que la mediocridad no tiene fronteras, es de dimensión universal.

¿Qué caracteriza a los Países Bálticos en general? -Su profunda cultura, la fuerza del paganismo muy presente aún en las mentalidades, y su estrecha relación con la naturaleza. Pero sobre todo su invencible sentimiento de Libertad y de independencia, a pesar de las numerosas dominaciones y opresiones, que sufrieron a todo lo largo de su historia común.

Antes de partir, leí todo lo que pude sobre la historia y la geografía de esos tres países, así como artículos de prensa, de periódicos y revistas serios. Durante el viaje tomé apuntes de las explicaciones de los guías. Pero sobre todo, como de costumbre, te escribo mis impresiones. Quizás encuentres un poco de desorganización en esta crónica, pero te la estoy escribiendo, mirando mis hojas del block que llené a lo largo del viaje, y completándola con mis recuerdos.

Se ven numerosos vagabundos, sobre todo viejitos y niños, por las calles de las ciudades, son las víctimas del paso a la economía liberal de mercado capitalista. Los adultos son desocupados y retirados, con míseras pensiones que no alcanzan ni para comer, jóvenes punks, familias gitanas, etc. Extienden la mano esperando una hipotética moneda, producto de la caridad cristiana, o de la piedad laica.

Las mujeres son en general bellas, elegantes y coquetas (sobre todo en Vilnus y Riga), se maquillan con buen gusto. Por todas partes se ven peluquerías e institutos de belleza. Los hombres jóvenes son grandes y musculosos, bien parecidos. Las personas provenientes de Occidente son muy apreciadas, por lo que hay muchas parejas formadas por jóvenes autóctonos, de ambos sexos con: suecos, fineses, alemanes, italianos y franceses principalmente. Un señor galo que iba con nosotros en el grupo me dijo: “parece como si todas las chicas fueran para un baile y los chicos para la fábrica a trabajar”.

La mafia no se nota, pero todos hablan de ella. Según la prensa, está presente en todas partes y gangrena todos los niveles de la economía. Los chantajes, amenazas, arreglos de cuentas, el pago por la “protección” de los negocios, la trata de blancas, etc., son el resultados de verdaderas redes mafiosas que actúan en los tres países. Todo favorece el desarrollo de compañías de protección privada que ofrecen guardaespaldas, etc. Por ejemplo, el periodista lituano Vitys Lingys, del periódico “Respublika”, fue asesinado, ya que se interesaba mucho a los negocios de la mafia.

La prostitución florece sobre todo en Tallin, a la cual algunos denominan como la “Bangkok Báltica” (aunque considero que el que la denominó así nunca ha ido a la capital de Tailandia). Se cuenta que muchas de las jóvenes que deambulan por los alrededores de los hoteles de lujo, no son verdaderas profesionales, sino que hacen ese “job” los fines de semana, para poder continuar sus estudios universitarios. Otras cruzan el Báltico, para ejecer su profesión de fines de semana en “la acera de enfrente”, en Helsinki. En Tallin el salario promedio es de 400 euros, mientras que en Helsinki es de 2000. Por ese motivo muchos fineses cruzan el Báltico de norte a sur, los fines de semana, para hacer compras y para satisfacer otras “necesidades” a buen precio.

El salario promedio actual de los tres países, es de unos 400 euros, mientras que el 11% de la población activa está en el paro. El salario de los médicos y enfermeras es bajo, mientras que las medicinas son caras. Incluso enfermedades como la difteria, han aparecido de nuevo entre los nuevos pobres.

Los países que más han invertido en esta región del mundo son los USA, Alemania, Finlandia, Suecia y Dinamarca; los que han aprovechado la privatización de los viejos monopolios del Estado Soviético, después de 50 años de comunismo. La diáspora que ha regresado a sus países de origen, ha traído consigo inversiones y recursos económicos, para la restauración de muchos inmuebles privados, como los castillos y edificios religiosos, como las iglesias, monasterios y conventos.

Algunos de los grandes problemas han sido: crear los ejércitos y policías nacionales, instalar embajadas en el extranjero y, encontrar inmuebles para las nuevas embajadas en sus capitales. Pero uno de los problemas más delicados, ha sido el de las minorías de origen ruso (29 % de la población de Estonia y 35% de la de Letonia). Los jóvenes actuales se niegan a aprender el ruso (que fue obligatorio durante 50 años) y prefieren aprender el inglés. El francés es hablado sólo por la élite culta.

El régimen soviético había condenado a los tres países al ateísmo forzado, y todo lo que era religioso estaba prohibido. Los sacerdotes y monjas habían sido deportados hacia Siberia o fusilados, mientras que los edificios religiosos habían sido transformados en museos. La independencia ha traído el renacer de la religión, no sólo la católica sino también las protestante, ortodoxa, bautistas, metodistas, pentecostés, Testigos de Jehová y hasta sectas como Krishna y Moon, que florecen por todas partes.

Los Países Bálticos, siempre han tenido una gran tradición pagana, idolatraban las fuerzas de la naturaleza y fueron los últimos pueblos cristianizados, a la fuerza, en el siglo XIII por la Caballeros Teutónicos, en Estonia y Letonia. En el siglo XIV en Lituania, cuando el Gran Duque Mindaugas, logró la alianza con la cristiana Polonia.

Por otra parte, había una gran comunidad judía, sobre todo en Vilnus (200,000 personas ), a tal punto que se le llamaba la “Jerusalén del Norte”. Pero fue prácticamente exterminada por los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial.

El protestantismo luteriano tiene una gran influencia en Letonia.

Por todas partes se ven florerías, y es que las flores acompañan la vida en estos países; por cualquier motivo se regalan flores.

Los lituanos son considerados como un pueblo emotivo, a veces exaltado comparado a sus vecinos. Se dice de los letones que tienen un carácter a veces emotivo como los lituanos, y otras veces frío como los estonianos. Estos últimos tienen la reputación de ser testarudos, y de no dejarse impresionar por nadie. ¡Así se ven entre ellos!

Una de las cosas que más sorprende, es el altísimo nivel cultural de las personas con las que hablas en cualquier lugar. Según nuestra guía, como no se podía salir de esos países, ni darse ningún gusto, entonces lo único que había que hacer era estudiar.

El escritor más conocido de Letonia es Janis Rainis (1865-1929). Tuvo que vivir en el exilio, ya que se opuso a la ocupación de su país por la Rusia Zarista.
Otra persona célebre es Czeslaw, escritor lituano de origen polaco, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1980.

Se le rinde un homenaje especial al estudiante de 19 años Romas Kalanta, el cual se inmoló quemándose, en el 1972, para protestar contra la invasión soviética de su país.

El deporte nacional es el basketball, y su héroe es Arvidas Sabonis, puesto que logró jugar durante casi una década en la NBA.

Serge Eisenstein (1898-1948), es el cineasta letón más famoso. Era hijo del mayor arquitecto del país, considerado como el Padre del Art Nouveau de Riga.

Las lenguas de esos países son muy difíciles de comprender, aquí te doy algunos ejemplos:

Lituania: buenos días = laba diena, buenas noches = labanakt, disculpe = atsiprasau, carne = mesa.

Letonia : hola= sveiki, gracias = paldies, calle = lela, prensa= laikraksti.

Estonia: buenos días = tere, sí = jah, puerto= sadam, habitación = tuba, pollo= kana.

En cuanto a la comida, nada de frijoles negros ni tostones. Se come mucha carne de cerdo, tomates, pepinos y hongos. Los sült, son patas de cerdo en salsa; el kohupiim es un queso riquísimo; la karbonada es la carne de cerdo empanizada acompañada por tomates; la saltibarscial es una sopa de remolacha y pepino con crema, deliciosa; los kepta duona son panecitos de ajo tostados, que se comen como entremeses.

El vodka se toma a cualquier hora y por cualquier motivo, siempre ves a alguien brindando por algo en todos los restaurantes. La cerveza es muy buena, las principales marcas son: Utena, Baltijos y Svytutis. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, los letones son los mayores consumidores de Europa, con un promedio de 22 litros al año por persona. El vino brilla por su ausencia en las comidas.

Los tres son países llanos; la mayor altura está en Estonia y es la colina Suur Munamagi, de apenas 300 metros de altitud. Del norte de Estonia al sur de Lituania hay sólo 650 kms. Desde las carreteras se observan numerosos pequeños lagos, y es que existen millares, (4,000 en Letonia y 3,000 en Lituania), donde abundan los cisnes, patos y las mayores colonias de grullas de Europa. Bellos bosques rodean los lagos (40% de la superficie de Estonia y 25% de la de Lituania), y en ellos viven: alces, jabalíes, linces, zorros, osos pardos, lobos, etc.

La historia común de los Países Bálticos se remonta al año 2,000 antes de Cristo, con la fundación de las primeras aldeas.

Considerar a Lituania como un País del Este es un error, pues está en Europa Central. A sólo 24 kms. de su capital se encuentra el “Europas Centras”, el monumento que indica el punto situado a igual distancia de los Urales y del Atlántico.

Vilnius, se encuentra en un valle rodeado de pequeñas colinas. Fue fundada en el siglo X por los vikingos. En el 1323 el Gran Duque Gediminas la declaró capital de Lituania. En el 1579 los jesuitas inauguraron la universidad, que es hogaño una de las más antiguas del continente. En 1795 la ciudad pasó de manos de los polacos a las de los rusos y como única cosa positiva, el estilo ortodoxo, se agregó al estilo barroco de las iglesias y monumentos ya construidos.

A partir de 1941 fue ocupada por los alemanes, los que exterminaron a más de 150,000 judíos que vivían en la ciudad. La mitad de ellos, entre 1941 y 1944, en el Campo de Concentración de Panerai, apenas a 10 kms. de distancia de la ciudad.

Los rusos la ocuparon en 1944, llevando a cabo una represión feroz, deportando hacia Siberia a decenas de miles de habitantes, e instalando en ella a colonos rusos considerados de pura cepa.

A finales de los años 80 hubo muchas manifestaciones contra los soviéticos.

Hoy día el 19% de la población es de origen ruso, 18% polaco y 5% bielorruso.

Cientos de franceses llegaron a la ciudad al terminar la Segunda Guerra Mundial, atraídos por la propaganda de Stalin. Casi inmediatamente, fueron deportados hacia Siberia para “reeducarlos”. De ellos hoy sólo sobreviven 12.

En el 1994 la Unesco declaró a la ciudad Patrimonio de la Humanidad. La recorrimos comenzando por la Universidad de los Jesuitas, seguimos a la Iglesia de San Juan (1387), que cuenta con una bella fachada barroca. Desde ella la vista domina los 12 patios internos de la Universidad. Frente a ella se levanta la antigua residencia de los obispos, donde actualmente está el Palacio Presidencial. Visitamos la bella iglesia ortodoxa de San Casimir, que fue construida por los jesuitas en el siglo XVII y había sido transformada por los soviéticos en Museo del Ateísmo. Otra iglesia ortodoxa impresionante, es la de la Santa Trinidad donde se conservan los restos de tres mártires del siglo XIV: San Eustaquio, San Antonio y San Iván. Muy cerca de ella se encuentra la Puerta de la Aurora, la única que queda de las nueve puertas que tenían las antiguas murallas.

En la parte moderna de la ciudad, en el inmueble donde estuvo la Gestapo nazi y posteriormente la KGB rusa, se encuentra el Museo del Genocidio del Pueblo Lituano. Allí recorrimos las salas de torturas, las celdas de castigo, etc. ¡El horror total!

Entre 1944 y 1991, decenas de miles de personas acusadas de “agitadores antisoviéticos”, “contrarrevolucionarios”(la resistencia contra los soviéticos existió en los bosques hasta el 1953), o “parásitos antisociales” fueron torturados en ese lugar. Algunas fotos muestran a los prisioneros que debían mantenerse agachados durante horas cuando llegaban. En la “sala de ejecuciones” miles de personas fueron matadas a golpes, con barras de hierro o por un balazo en la nuca. En las paredes, aún hoy se conservan los huecos producidos por el impacto de las balas. En una vitrina se puede ver un calendario de 1945 en el cual está escrita la cantidad de personas que eran ejecutadas cada día: “11 de marzo: 42, 12: 45, 13: 23, 14: 24, 18:31… “En otras vitrinas se pueden ver los “dossiers top secret” y al final de cada uno la misma frase: “La sentencia fue aplicada y el cuerpo enterrado…” El guardia de la sala, Jouzas, es un anciano que fue condenado en 1945 por una troika (tribunal de excepción), a 18 años de campo de trabajos forzados en Vorkouta (norte de Rusia), después de los cuales pudo regresar a Vilnus. El nos cuenta: “Nunca se informaba a las familias, los cuerpos eran enterrados durante las madrugadas en los patios o jardines de la ciudad “.

Vimos el Parlamento, donde en 1991 el pueblo levantó barricadas contra los tanques soviéticos y la torre de la TV en lo alto de la cual fue izada el 13 de enero de 1991 la bandera lituana, como símbolo de la Libertad. Allí murieron 12 jóvenes, víctimas del último ataque de los soldados soviéticos. Al pie de la torre, cruces de madera, velas encendidas y ramos de flores frescas colocados por manos piadosas, recuerdan a los últimos mártires por la Libertad. La guía nos mostró el hotel donde la actriz gala Marie Tritignan fue matada a golpes por su amante.

A sólo 30 kms. de Vilnus, se encuentra Trakai. Antigua capital y residencia de los Gran Duques en el siglo XIV. Su centro histórico está formado por un gran castillo de ladrillos rojos fortificado, que se alza sobre una península, que penetra en el lago de Galvé. Lo habíamos visto desde la ventanilla del avión, poco antes de aterrizar en Vilnus.

Galvé significa en lituano “cabeza” y según la leyenda, se le puso este nombre al lago a causa de que el Gran Duque Vytautas, lanzó a sus aguas la cabeza de un caballero al cual había vencido. Pero lo más curioso, es el origen de la población que vive alrededor del impresionante castillo. Se cuenta que en el año 1400, después de su victoria en la batalla del Mar Negro, trajo a unas 400 familias de karaimes, para que sirvieran en el inmenso castillo. Los descendientes de esos antiguos guerreros, que tenían como origen una secta de nómadas judíos, procedentes de la actual Turquía, viven hogaño en la región. Son el grupo étnico más pequeño del país, compuesto por apenas 200 personas, que conservan la lengua y las costumbres. Sus casas son de madera (pintadas de azul, verde y amarilo), y en una de ellas, funciona una especie de cafetería típica, donde comimos los kibinai, algo muy parecido a buñuelos riquísimos.

A 70 kms., se encuentra la ciudad de Kaunas. Cuando nos acercamos a ella, a ambos lados de a carretera, se veían cientos de inmuebles idénticamente horribles (tipo Alamar), construidos por los “compañeros”, durante la ocupación soviética, nos daban una impresión de fealdad extrema. Pero la sorpresa fue grande al llegar al centro histórico.

La ciudad fue incendiada y destruida 13 veces a lo largo de su historia, desde que fue fundada en el siglo XI, sin embargo la devastadora Segunda Guerra Mundial no la afectó. ¡Qué milagro! Un bello castillo construido en el lugar donde se encuentran dos ríos, el Niemen y el Neris, al centro de la actual ciudad, sirvió de bastión inexpugnable contra los ataques de los Caballeros Teutónicos. Hoy día Kaunas es un gran centro comercial y universitario, pero también según las malas lenguas, sede de la mafia rusa. Desde que la ciudad fue capital del país entre 1920 y 1939, ha existido un gran pique con Vilnus.

Visitamos el bello monasterio barroco de Pazaislis, construido por los italianos en el siglo XVII. Está rodeado por un gran parque de 9 kms. cuadrados, a sólo unos kms. de la frontera polaca. La monja que nos sirvió de guía, nos pidió que rezáramos para que Dios perdonara a los soldados de Napoleón, que tanto daño hicieron al monasterio, robándose todo lo que tenía valor.

Mientras lo recorríamos, pensaba en la egocéntrica gala, que me había preguntado extrañada, si había algo que ver en los Países Bálticos.

Durante este viaje tuvimos la misma impresión que cuando recorrimos otros países del ex Imperio Soviético: Rumanía, Bulgaria, Croacia, Eslovenia, Bosnia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Polonia, etc. En todos hay una gran simpatía por los países occidentales, fundamentalmente por los USA, y un desprecio gigantesco por la ex URSS. Hay que ver en los museos de historia, cuántos crímenes cometieron los “compañeros”: torturas, deportaciones hacia campos de concentración, etc. Los guías en cada uno de los tres países, nos mostraban los lugares en los que habían estado las estatuas de Marx, Lenin, Engels, y de los líderes máximos locales. Hoy día fueron reemplazados por los héroes anteriores a la época de la ocupación soviética. Han colocado de nuevo, los equivalentes a nuestros: Martí, Maceo, Gómez, Céspedes, etc. Hasta las calles, plazas y avenidas han recuperado sus nombres de orígenes. Esto da esperanzas para lo que pueda ocurrir en nuestra isla caribeña. Mi madre decía: “No hay aguacero que no escampe ”. Pero… ¿cuándo escampará?

La última etapa en Lituania fue Siauliai, fundada en 1236, por Mindaugas, el primer rey lituano. Todos los edificios y monumentos son posteriores a 1872, pues en ese año la ciudad fue completamente devastada por un incendio. Visitamos la bellísima iglesia de San Pedro y San Pablo, la cual fue reconstruida tal y como fue inaugurada en el 1634.

Pero lo más impactante fue la visita a la Colina de las Cruces. Es un lugar sagrado para los lituanos, allí se recuerda la represión sangrienta de la Rusia Zarista contra la rebelión de los lituanos en 1831, cuando después de la masacre, miles de ciudadanos de la ciudad fueron deportados a Siberia y allá murieron. Durante la ocupación soviética, los soldados del Ejército Rojo destruían las cruces de madera colocadas por las noches, las que de nuevo volvían a aparecer al día siguiente. Hoy día más de 500,000 cruces de todo tipo cubren la colina. Muchos descendientes de lituanos, exiliados en numerosos países, van allí en peregrinación a colocar una. En septiembre de 1993 el gran Juan Pablo II estuvo allí y rezó por todas las víctimas lituanas de la represión, a lo largo de la atormentada historia de este país y por la paz en el mundo. Vimos a un viejito, al que ayudaban sus nietos a colocar una cruz y un ramo de flores. En las lágrimas del anciano se concentraba toda la tristeza del mundo.

Yo compré una cruz de madera y por detrás de la misma escribí los nombres de mis seres queridos que ya partieron (como se hace según la tradición) y la coloque allí. Así que los nombres de: María, Aurelia, Claudio, Félix, Ofelia, Joseito, Samuelito, etc., están allí entre otros tantos, en ese lugar simbólico a miles de kms. de mi isla caribeña.

¿En qué lugar de Cuba , nosotros podremos situar nuestra Colina de las Cruces? Por los fusilados, por los ahogados en el Estrecho de la Florida, por los torturados, por los muertos lejos de su tierra y de su familia. ¿Dónde será?

¡Y pasamos a Letonia!

Para llegar a Riga atravesamos campos, pasamos cerca de castillos medievales, rodeados de bosques y lagos. Desde el autocar veíamos los pueblitos de casas de madera rodeadas de flores. Era un paisaje que parecía salido de un libro de cuentos de hadas, o de cuentos medievales para niños. Como los otros Países Bálticos, Lituania conoció un corto período de independencia entre 1919 y 1939. A partir de 1939 fue ocupada por los soviéticos y después por los alemanes (de 1941 a 1944), para caer de nuevo bajo el yugo soviético. Con el desmoronamiento del Imperio Soviético, el país recobró su Libertad.

La “Primavera de Riga” resplandece sobre las fachadas de la ciudad de casi 840 000 habitantes. (El país tiene 2,350,000 habitantes). Los colores intensos, simbolizan, después del largo invierno gris soviético, el renacimiento del espíritu letón. En la ciudad reina una dulzura de vivir, con sus cafés, sus terrazas llenas de jóvenes, sus iglesias y palacios restaurados, etc. Los sufrimientos psicológicos, las deportaciones hacia Siberia, los campos de trabajo forzados, los fusilamientos y las torturas, son parte del pasado.

La frontera con el eterno enemigo: Rusia, y el hecho de que la ciudad sea un importantísimo puerto del Báltico (el segundo después de San Petersburgo), justifican la casi obsesión de pertenecer a la OTAN y a la Unión Europea, como garantía de que el país no volverá a vivir la noche del horror. Lo cual puede explicar también por qué existe esa gran tolerancia (aparente), hacia el 43% de la población “importada” desde Rusia durante los años negros, para rusificar al país.

La intensa vida cultural de la ciudad hizo que Joseph Kessel desarrollara su novela “Wagoons-Lit”, en la que en esa época (1930) denominaban como “La Pequeña París”.

La “Vieja Dama”, como también se le llama a Riga, cumplió 800 años en el 2001, y según nuestra guía, un millón y medio de personas lo festejaron , entre el 17 y el 19 de agosto de ese año.

El corazón histórico de la ciudad es del siglo XIII, se le llama Vecriga, y posee 79 edificios clasificados como monumentos históricos. Sus calles son de adoquines y por todas partes las fachadas son de estilo Jugendstil (Art Nouveau). De esa corriente arquitectónica, que se regó como pólvora desde el siglo XIX, hasta la Primera Guerra Mundial. Era considerada como el triunfo de la burguesía urbana, como una reacción a lo neoclásico y su aspecto académico. Los mayores exponentes fueron Mikhail Eisestein (padre del célebre cineasta) y K. Peksesnns.

Desde la entrada de la iglesia de San Pedro, situada a 123 metros de altura, se puede apreciar un magnífico panorama de la ciudad. Esta iglesia luterana, construida en 1209, fue católica hasta el 1523, época de la Reforma. Su torre barroca en acero, es la más alta de Europa. Al origen era de madera, pero fue incendiada en el 1941. Su bello interior gótico es del siglo XV.

La Catedral, de 1211, combina los estilos romano, góticos, renacimiento y moderno. Es el edificio religioso más grande de los Países Bálticos. Famosa sobre todo por el enorme órgano de 6,768 tubos de madera y metal, fabricado en el 1880. En el 1988, durante la Perestroika, tuvo lugar la primera misa, después de tantos años de funcionar sólo como sala de conciertos, fue un acontecimiento inolvidable para los habitantes de la capital. En su claustro se encuentra la estatua de Vladimir Ilich Lenin, ahorcada con una gruesa cuerda y con la nariz pegada contra la pared. Está detrás de un vitral, con su imagen rota, que había sido colocado en lo alto del campanario por los “compañeros”. ¡Todo un símbolo! Te mandaré una foto.

El Museo de la Guerra se encuentra en una de las dos torres que quedan, de las 18 que tenía la muralla de la ciudad.

En lo alto del Castillo de Riga (construido entre 1330 y 1353 por orden de Livonien), fue el lugar en donde en 1988, fue izada por la primera vez la bandera letona, desde la ocupación soviética. Cerca de allí se encuentra el Mercado de las Pulgas, en cuyas carretillas se pueden comprar todo tipo de objetos del pasado reciente: uniformes rusos, medallas, bustos de Lenin, etc. Desde allí se puede observar la Estatua de la Libertad, del escultor K. Zale, erigida en 1935. Fue inaugurada de nuevo en 1987 y representa a Milda, personaje que simboliza la independencia letona.

Apenas a unas manzanas, se encuentra la iglesia ortodoxa rusa, que oficia de nuevo, después de haber sido transformada en planetarium por los soviéticos.

Pasamos una tarde a orillas del Lago Jugla, en Bergi, en pleno bosque y a sólo 10 kms. de Riga. En ese lugar se reconstruyeron pueblecitos letones de los siglos XVIII y XIX, en un área de 100 hectáreas. Granjas, casas de madera, iglesias y molinos, dan una idea de cómo se vivía en esos siglos. Además, los empleados están vestidos con trajes de esas épocas. En muchas casas se pueden ver trabajar en forma tradicional a: panaderos, carpinteros, zapateros, etc. Incluso hay campesinos ordeñando a mano las vacas, mientras otros cuidan los rebaños de ovejas. ¡Un paraíso para los niños y sus padres, en pleno siglo XXI!.

El Parque Nacional de Gauja, posee más de 90,000 hectáreas de bosques. Es un lugar conocido por los letones como “La Suiza Letona”. Allí visitamos el Castillo de Sigulda, construido en el siglo XIII por los caballeros germánicos. Hoy día es un espectacular lugar, donde se dan conciertos al aire libre. Muy cerca de éste se encuentra el castillo de Rundale, de 1878, que sirvió de refugio a los intelectuales independentistas del siglo XIX. Durante la ocupación soviética fue transformado en cárcel para niños. Hogaño la mitad ya ha sido restaurada, pero cuando visitas la parte aún sin restaurar, te das cuenta del horror en que vivieron miles de niños para ser “reeducados” según el sistema de los “compañeros”, en lo que había sido un espléndido castillo.

En el bosque de Turaida, se encuentran las Grutas de Gutmanis, cuyas paredes ofrecen numerosas frases, escudos y otros símbolos, esculpidos en sus paredes. Se dice que los hechiceros y las brujas, utilizaban el agua de las grutas para hacer desaparecer las arrugas de sus rostros. Es inútil decirte que todas las señoras de nuestro grupo, se derramaron inmediatamente agua del pequeño manantial, sobre sus rostros: ¡soñar no cuesta nada!

La gruta de Viktors se llama así, porque era el nombre del jardinero del castillo, que enterró allí a su amada Maija. La muchacha había sido asesinada por un oficial polaco, por no haberle concedido su amor. A un costado de una pequeña iglesia de madera (de 1750), rodeada por tres frondosos árboles, se encuentra la tumba de Maija. Ella es el símbolo de la fidelidad de la mujer letona, y se le conoce como “La Rosa de Turaida”. Allí van las novias a dejar su ramo de novias. Recuerdo que en San Cristóbal La Habana los “compañeros” pusieron de moda entre ellos, el ir a colocar el ramo de novias ante el busto de Julio Antonio Mella. Verdaderamente, me parece mucho menos romántico.

Antes de pasar a Estonia, te quiero decir que comprendo que esta crónica es demasiado larga. Pero mi querida Ofelia, te quiero contar lo más importante de lo que vimos. Como tú estás allá, en la Perla de las Antillas, en tu terruño camajuanense, esperándome, te seguiré contando por mis crónicas, mis aventuras por estas tierras de exilio, hasta que algún día, si Dios quiere, te pueda ir a visitar. Te prometo que te llevaré orquídeas moradas, recuerdo que eran tus flores preferidas.

¡El destierro, aún en el mejor de los casos, es una pena muy difícil de soportar!

Estonia tiene 1,416,000 habitantes, es un país del tamaño de Suiza, con un 40% de su superficie cubierto por bosques. Es el país que más rápidamente se adaptó a la economía liberal capitalista. Como fue ocupado por largos periodos por: daneses, alemanes, suecos y rusos, a lo largo de su historia, se nota la influencia de esas culturas por doquier.

Al igual que los otros Estados Bálticos, Estonia conoció un despertar de nacionalismo desde finales del siglo XIX. El país se aprovechó de la confusión creada al final de la Primera Guerra Mundial, para declarar su independencia. Durante más de 20 años Tallin fue la capital y el centro del poder político y económico de un país, que al fin se había liberado de la tutela exterior.

Pero en 1939, después del Pacto Molotov-Ribbentrop, firmado entre los alemanes y los soviéticos, Estonia y su capital perdieron de nuevo su autonomía y cayeron en manos de la URSS. Después de la declaración de guerra entre Hitler y Stalin, la ciudad fue ocupada por los alemanes. Después de ser bombardeada por los rusos en 1944, fue integrada a la URSS. Los inmigrantes rusos enviados por Stalin fueron numerosos, mientras que más de 100,000 estonios fueron deportados hacia Siberia. Otros miles lograron salvarse, atravesando el Báltico hacia Finlandia. Tallin se convirtió en puerto soviético durante 50 largos años, hasta su reciente independencia.

Tallin es la capital (420,000 habitantes); muy capitalista, con miles de comercios, jóvenes que llevan el celular pegado a las orejas, innumerables publicidades de neón, intenso tráfico, etc., como cualquier capital occidental. Te da la impresión de que estás en Copenhague o Helsinki. Esta última se encuentra enfrente, a sólo 85 kms. de distancia.

Tallin se caracteriza por su viejo barrio medieval, clasificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Perfectamente construida alrededor de una colina fortificada (recuerda a la francesa Saint Malo), es una de las ciudades europeas, que ha sabido conservar impecablemente sus vestigios arquitecturales del siglo XIII al XVI.

Aunque su historia comienza en el 2500 antes de Cristo, con la llegada de las primeras tribus desde la actual Finlandia, fue en 1154 cuando la ciudad fue citada por primera vez por un geógrafo árabe, llamado al Idrisi. Él situó a Tallin en un mapa, con el nombre de Kalevan.

Al centro de la vieja ciudad se encuentra la Plaza del Ayuntamiento (del siglo XI), donde tuvieron lugar los primeros mercados de la ciudad. El Ayuntamiento gótico fue construido en 1371 y su torre imita los minaretes del mundo árabe. Los arquitectos se inspiraron en los dibujos de un explorador de aquella época. En lo alto de la torre hay una veleta que representa a Santo Tomás, que protege a la ciudad desde el 1530.

En la esquina se encuentra una interesante farmacia del 1422, cuya fachada fue reconstruida en el siglo XVII. Visitamos la iglesia luterana de Pühavaimu, del siglo XIV, cuyo campanario es el más antiguo del país. Detrás de ella se encuentra el Monasterio Dominico, de 1246, donde vivían los monjes escandinavos, que cristianizaron el país. La calle que va desde el Ayuntamiento al puerto, se llama Pikkjaig y es la más famosa de la ciudad. A todo lo largo de ella, se pueden admirar casas bellísimas muy antiguas, que sirvieron de comercios, almacenes, tabernas, etc., durante siglos.

En lo alto de la colina de Toompea, recorrimos la catedral ortodoxa Alexandre Nevski y el castillo, donde hoy está el Parlamento, que al origen fue una fortaleza danesa, edificada en el siglo XIII. (En la acera de la catedral había una fila de unos 15 viejitos pidiendo limosnas). Del Parlamento se destaca la torre Pik Hermann, sobre la cual flota la bandera nacional y la Torre Neitsitorn, donde hogaño hay un bar, aunque en la época medieval sirvió de cárcel para prostitutas.

Pasamos el último día en el balneario más célebre del país, Pärnu, una especie de Deauville o Saint-Tropez estonio, de bellas arenas blancas. Durante el siglo XIX fue balneario para los escandinavos y estonios ricos. La ciudad fue en gran parte destruida, por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, posteriormente reconstruida por los soviéticos a su (horrible) estilo y convertida en centro de vacaciones para los “compañeros”.

Entre restaurantes, cafeterías, hoteles nuevos, casinos y bullicio, recorrimos lo que logró salvarse por milagro de la guerra: la Torre Roja, del siglo XIV; una de las puertas de las murallas construidas por los suecos en el siglo XVIII; la iglesia barroca luterana Santa Isabel, construida en 1740, en memoria de la zarina rusa y para terminar, la iglesia ortodoxa Santa Catalina, edificada en honor de la zarina Catalina II.

En el Castillo de Turaida compré la reproducción de una flecha medieval, que diestramente fabricó un artesano vestido como en aquella época.

En el parque Koidula, a orillas del Báltico, se alza el monumento a la poetisa Lydia Koldula, fundadora del teatro estonio y precursora del denominado espíritu nacionalista, a finales del siglo XIX.

icimos escala en Praga y casi todo el grupo aprovechó para comprar objetos de Cristal de Bohemia, a un precio inferior de un 50% al de París. ¡Cómo te hubieran gustado, esas tiendas del aeropuerto praguense!

Regresamos a La Ciudad Luz emocionados por tanta historia, felices por haber podido constatar como esos tres pueblos han recuperado la Libertad, después del largo túnel de medio siglo de opresión e injusticias.

Te deseo todas las cosas bellas del mundo.

Un gran abrazo cubano desde esta Vieja Europa,

Félix José Hernández.

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4 08 2016
Helio Ardila RUEDA

Conozco la ciudad de Riga, me parece una ciudad bonita con arquitectura
sobria, la gente amable y muy culta. Es una ciudad limpia y agradable….

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