VALENCIA, ÚLTIMA ESCALA DEL COSTA SERENA

13 08 2013

 

 

Cúpula de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, Valencia.

Cúpula de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, Valencia.

París, 26 de mayo de 2013

Querida Ofelia:

Valencia representa perfectamente la que España ha realizado a lo largo de los últimos veinticinco años de historia; pasos extraordinariamente  importantes, tanto bajo el aspecto empresarial como turístico. Nos encontramos ante una ciudad completamente revolucionada por lo que se refiere a los servicios, las estructuras, las infraestructuras y en un cierto sentido, el planteamiento mismo de la ciudad, más abierta que nunca al turismo. Si para Madrid la gran ocasión fue el extraordinario impulso creado por la actividad política y para Barcelona el evento decisivo fueron las Olimpiadas, Valencia ha ido creando su ocasión poco a poco, participando en el éxito de las celebraciones del Quinto Centenario del Descubrimiento en 1992 y albergando a partir de ese momento numerosas manifestaciones culturales, deportivas y de espectáculo. Un ejemplo importante está representado por el Gran Premio motociclístico que cada año concluye aquí su temporada.

La ciudad representa la increíble alegría que poseen los valencianos, que se exalta en la gastronomía, refinada pero genuina, en el deporte y en la música. Dando un paseo por el centro de la ciudad es normal encontrar a cualquier hora del día y de la noche locales abiertos en los que se come, se bebe y se hace música en directo. Si hacemos un análisis de la buena vida valenciana podemos empezar por su cocina: natural, simple y tradicional. El plato más conocido es, claro está, la paella, el característico plato a base de arroz, pescado, carne y verdura que se ha convertido en el símbolo de la ciudad en el mundo entero.

Pero no se pueden olvidar las especialidades a base de carne, como el Arroz al Horno o el Arroz a Banda que se come con un abundante plato de pescado. Una variación sobre el tema de la paella, exquisita, es la Fideua con los espaguetis en lugar del arroz. El culto de la mesa se sublima con la amplia oferta de vinos: blancos, como el Alto Turia y el Serranda o tintas típicos de las regiones de Requena, Utiel y Campo de Lliria. Los postres completan el menú valenciano con una riqueza de ideas y recetas realmente increíbles: rosetones, arrop i talledetes y el arnadi son los puntos de referencia de un surtido de dulces regionales realmente espectacular. Pero no es el caso de encerrarse en un restaurante durante todo el tiempo de permanencia en Valencia (aunque si alguno lo hace difícilmente conseguirá olvidarse de las exquisiteces de la región): efectivamente, Valencia es una ciudad realmente espléndida también por su contexto cultural y arquitectónico, mérito de sus raíces históricas.

Valencia es la capital de la comunidad autónoma que lleva su nombre. La ciudad surge en la desembocadura del Turia. Los primeros colonizadores fueron los romanos que, durante el imperio de Augusto, la enriquecieron con numerosísimas estructuras y edificios espléndidos. Las incursiones desde el norte, sobre todo por parte de los visigodos, fueron inmediatamente reemplazadas por la llegada de la cultura árabe: los árabes conquistaron Valencia en el año 714 y la ciudad a partir de aquel momento vivió un esplendor extraordinario, capitalizando el desarrollo agrícola de toda la región.

Con la caída del imperio árabe, Valencia  vivió el dominio aragonés, bajo el cual se convierte en reino autónomo. Valencia se expande aún más y se enriquece llegando a ser una ciudad de la Ilustración, cultural y jurídicamente muy evolucionada. De esa etapa quedan amplios testimonios que han llegado hasta nuestros días: no es una casualidad que sea Valencia la ciudad que acogió a grandes estudiosos y literatos que responden al nombre de Joanot Martorel, probablemente el primer novelista europeo, y también Ausias March, Roig de Corella e Isabel de Villena…. Valencia justo  porque representaba una ciudad de enorme importancia en el imaginario político de todas las épocas, se encontró en el centro de duras contiendas: la llegada de los Borbones, la alianza con el archiduque de Austria en la guerra de secesión, descompusieron los equilibrios de Valencia y de su región hasta la llegada de otro período de renacimiento cultural que perduró durante todo el siglo XVIII. La Guerra de la Independencia, la Guerra Civil, durante la cual Valencia fue capital del gobierno republicano por tres años, de 1936-1939, la desastrosa inundación de 1957. Valencia a veces consiguió reforzarse, otras incluso a renacer de todos sus dramas hasta convertirse en la ciudad que es hoy. Una metrópolis cosmopolita pero de dimensiones humanas, abierta a toda novedad y a todos los contactos y relaciones internacionales, sin prejuicios ni exclusiones de ningún tipo. Una extraordinaria ciudad con un enorme potencial que se ha convertido inevitablemente en testimonial turístico y cultural de España.

Nuestro recorrido por  Valencia comenzó por la Catedral, más conocida entre los valencianos como ” La Seu “, o lo que es lo mismo “La Sede”, que representa todavía hoy el centro de la vida religiosa, cultural y cotidiana de la ciudad. La construcción, iniciada en estilo gótico-cisterciense en 1262, se prolongó hasta el siglo XVIII, presentando hoy, por consiguiente, varios estilos fundidos armónicamente. Bajo una de sus puertas, cada jueves, se reúne el famoso Tribunal de “Las Aguas”, la institución jurídica más antigua de Europa que en juicio sumarísimo y con sentencia inapelable, resuelve las controversias surgidas por la irrigación de la fértil llanura de Valencia. En el interior de la Catedral se guarda con mucho celo la reliquia más antigua y venerada por los cristianos: el Santo Cáliz que el Señor utilizó en la celebración de su Última Cena. La aledaña Basílica de la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia, estaba llena de fieles rezando bajo una bella cúpula cubierta por frescos.

 

De lo sagrado a lo profano; nos desplazamos hacia La Lonja, la antigua casa de mercancía de la seda, uno de los edificios civiles de puro estilo gótico más hermosos de la historia. Cruzamos la calle para echar un vistazo a uno de los mercados cubiertos más grandes de Europa con más de 8000 m2 y más de mil puestos. Cúpulas de cristal, acabados de hierro en estilo modernista, “azulejos” de muchos colores son el escenario cotidiano de los aromas y los colores de los puestos.

 

Una oleada de tradición y sátira intensa nos la ofreció el Museo de las “Falles”, verdaderos monumentos artesanos creados por los habitantes de cada barrio, que trabajando todo el año, contribuyen a organizar y animar la Fiesta más importante de la ciudad.

 

Situado dentro del futurista complejo de la Ciudad de las Artes y de la Ciencia, el Museo Oceanográfico es uno de los parques marinos más grandes del mundo y una de las atracciones turísticas más importantes de la península ibérica. La visita del parque nos permitió explorar los secretos de los ecosistemas de los mares y de los océanos de nuestro planeta. A través de un túnel submarino admiramos la vida de los océanos y de los arrecifes, entramos dentro de un inmenso iglú para observar el ecosistema de los mares árticos. Y luego pudimos ver las tortugas marinas, las rocas de los pingüinos, la piscina de los tiburones y de los barracudas… tuvimos sólo la dificultad de elegir entre los 45000 ejemplares del mundo sumergido que viven en el parque.

Regresamos al barco y estuvimos en las clases de tango. Presenciamos el espectáculo “Radio”  de rock en el Teatro Giove y después participamos en la Cena de Gala de Despedida en el Restaurant Ceres, el cual había sido decorado muy elegantemente.

Te reproduzco el Menú:

Dîner de Gala

 

Salade de fruits de mer à la mangue fraîche avec bacon

Bresaola et fromage aux herbes sur un lit de laitue, huile extra vierge d’olive et citron

Terrine de légumes avec gelée de tomates prune et réduction balsamique

       ~0~

Velouté de potiron avec croûtons

                        ~0~

Pâtes penne avec espadon, aubergine et câpres

Risotto aux cèpes

                        ~0~

Morue salée à la Livournaise, avec tomates et piment, servi avec légumes cuits à la vapeur

Carré de veau, servi avec choux-fleurs et pomme de terre duchesse

Canard rotî à l’aigre douce, serai avec oignons glacés et carottes

Paella de légumes avec riz au safran et tomates séchées au soleil

                        ~0~

Salade panachée: romaine, laitue Boston, rouge bouclé, endive, tomate
Assaisonnement au choix: Français, Italien ou Thousand Island

                        ~0~

Plateau de fromages
Provolone picant, Gouda, Maasdamer servis avec pain aux noix et raisins

 

Después de cenar nos fuimos a bailar al Salón Cupido del puente cinco, donde sólo había música romántica, interpretada maravillosamente bien por una joven acompañada por un conjunto musical.

A las dos de la madrugada pasamos frente a Barcelona.

Durante el desayuno, compartimos mesa y pudimos conversar con una culta y simpática profesora de saxofón del Conservatorio de Livourne y… como nos sucede siempre: descubrimos en el barco a personas interesantísimas cuando ya el viaje está por terminar. Por las grandes vidrieras del restaurante desfilaba la costa francesa de Fos-sur-mer y el Cabo Couronne.

A las dos de la tarde desembarcamos en Marsella. Tomamos un taxi en la Terminal Marítima que nos llevó hasta la Gare Saint Charles y en tres horas y media el TGV (Tren de Gran Velocidad, a más de 300 kilómetros a la hora), nos llevó a La Ciudad Luz.

Ya estamos pensando en próximo crucero que haremos en el verano. Te   prometo que te lo contaré.

Un gran abrazo con gran cariño y simpatía desde estas lejanas tierras allende los mares de la Vieja Europa,

Félix José Hernández.

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