Traspasos del poder en la historia del Paraguay

30 07 2013
General Bernardino Caballero

General Bernardino Caballero

 

Luis Agüero Wagner

http://www.diariosigloxxi.com/firmas/luisaguerowagner

 

El 15 de agosto de 2008 se produjo el primer traspaso pacífico  de poder de un signo político a otro en la historia del Paraguay

 

Decía Juan Bautista Alberdi que entre el pasado y presente, la filiación es tan estrecha, que basta con falsificar la historia para pervertir toda la política.  Partiendo de esas premisas, sería necio desconocer los avances que la cultura política de los paraguayos ha experimentado durante estas dos décadas de transición democrática, que por cierto, fue la primera en toda la existencia del Paraguay como nación independiente.

El Partido Colorado traspasó en el 2008 el poder político al candidato del Partido Liberal, demostrando cuanto se había aggiornado a la democracia, aunque el traspaso pacífico del poder tenía sus antecedentes en la patria vieja, devastada moral y materialmente en 1870. Pero las  alternancias, como la de 1904 o 1947, se habían dado en medio de un clima saturado de violencia y manchado por sangre. 

Marcusse afirmaba que la democracia no es nada si no es peligrosa, y el Paraguay conoció sus riesgos cuando de sus ruinas pretendió instaurarse el pluralismo, luego de la Guerra contra la Triple Alianza. La anarquía e inestabilidad se hicieron inevitables, a pesar del esfuerzo de algunos pocos líderes que asomaron a la historia con espíritu democrático.

Buscando nuevos rumbos a la república, el general Bernardino Caballero, fundador de la ANR, había sentenciado en 1889 que “no es difícil la conciliación entre dos agrupaciones políticas a quienes no separa ninguna cuestión de principios”. Precisamente por aquellos años se inauguraron los pactos políticos, puente sobre el cual mucha agua ha pasado desde entonces.

Como todavía sucede, la prensa de aquella época, controlada por exponentes de la intransigencia, bombardeaba todo intento de entendimiento entre las fuerzas y lo hacía con todo su poder de fuego.

El papel de los medios de comunicación para crispar los ánimos y disparar enfrentamientos no es nuevo, muchas veces encendieron la chispa que incendió los ánimos y envolvió al país en la tragedia.

Cuando el pluralismo en el Paraguay daba sus primeros pasos a fines del siglo XIX, por ejemplo, el diario llamado paradojalmente “La Democracia” predicaba que el Partido Colorado, que hoy vuelve al poder, era apenas “una sociedad semipolítica, fundada con el fin de dar pábulo a las malas pasiones, por el cebo de la riqueza, tarde o temprano tenía que debilitarse y enseguida disolverse como se disuelven y liquidan todas las asociaciones mercantiles”.

El periodista que escribió aquellas líneas hacia 1890 era quizás un hábil intrigante pero de ninguna manera un visionario.  La historia se encargó de demostrarlo, enterrando a muchos medios impresos combativos.

El fundador del Partido colorado había señalado su preocupación por el nefasto papel de las publicaciones en una nota dirigida a  Antonio Taboada, fundador del Partido Liberal, fechada el 1º de Octubre de 1889: “¿Cómo me atrevo yo a proponer a los insultados que se abracen con sus insultadores y a los calumniados que se confundan con sus calumniadores?”.  Como era de esperar, Taboada respondió por escrito que rechazaba toda responsabilidad de su partido con esos ataques periodísticos.

Decía el doctor Juan G. Granada que en el Paraguay acceder al poder no solo significa cambiar de amigos y domicilio, también asistir a reuniones donde nadie tiene opinión diferente a la suya. Tal vez sea una de las claves para comprender nuestras dificultades para asimilar el pluralismo a nuestra cultura política: Es que no se trata solo de los mandatarios, también de los mandantes. 

El pacto de gobernabilidad concretado en la década de 1990 representó un paso adelante en ese sentido, dado que permitió al Partido Liberal ocupar mayores espacios y lograr el impulso necesario para la alternancia del 2008. Como en 1940, éste buscó fuera de sus filas a quien sería su candidato, pero esa decisión lo hizo principal responsable de lo que luego aconteció.  Una lectura política errónea impidió a un sector de los vencedores del 20 de abril comprender la trascendencia de los partidos políticos, sin los cuales nuestro modelo de democracia sencillamente no existe.

Este 15 de agosto de 2013 los paraguayos celebrarán la segunda alternancia pacífica de su historia, aunque si hablamos de traspasos pacíficos de poder se trataría del tercero.  Desde esa perspectiva, el 22 de junio del 2012 se produjo el segundo traspaso pacífico del poder al que muchos se asomaron con ojos ajenos, dada la oportunidad que representó para los demás países de la región en el contexto internacional.

Pero palabras aparte la resolución de la crisis resultó pacífica, como pocas veces en la historia del Paraguay, y un candidato del Partido Liberal debió ceder el poder a otro de ese mismo signo. ¿Fue una tragedia?

Para intentar dimensionar el verdadero significado de los hechos, y la evolución de nuestra cultura política,  basta recordar un traspaso similar del poder entre dos presidentes del mismo signo, el 9 de enero de 1902.

En aquella oportunidad, el presidente Emilio Aceval fue obligado a renunciar por otros líderes de su propio partido, como los generales Caballero y Escobar, desatándose una acalorada discusión en el Congreso.  El líder liberal Antonio Taboada defendió la tesis de que era necesario un juicio político para salvar las formas, dado que  Aceval aún se encontraba vivo y no había renunciado.

La discusión entre parlamentarios se fue volviendo cada vez más airada, hasta que el senador Facundo Ynsfrán encendió la chispa diciendo que la fruta ya había caído de madura y por su propio peso.  En ese momento se escucharon dos disparos, y le siguieron como sesenta más desde distintas posiciones del recinto parlamentario, incluida la barra.  En el tiroteo intervinieron tanto los congresistas como el público, hasta que alarmados, los militares que rodeaban el edificio abrieron a su vez fuego contra el Congreso.  Inmediatamente cesó la balacera en el interior, pero Ynsfrán ya había perdido la vida.

El general Caballero, veterano de la guerra del 70, debió prestar juramento como vicepresidente de Héctor Carvallo con el rostro todavía ensangrentado, dado que una bala le había rozado el rostro y otra le había herido una de las manos.  Difícilmente un traspaso de poder como el de junio del año pasado pueda ser magnificado a niveles trágicos con estos antecedentes.

Todo parece indicar que a medida que los traspasos de poder incruentos se sigan sucediendo en el Paraguay, y estos episodios se vean cada vez más lejanos, habrá mayores razones para celebraciones como la que nos espera en agosto.  Como dijo el tantas veces citado Winston Churchill, la alternancia fecunda el  suelo de la democracia. Por la suerte de nuestro castigado país, que así sea. LAW

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