Desde México: Comentario a La Guerrilla Olvidada.

5 07 2013

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El Juglar 14 de Junio de 2013, México DF.

 

Desde que apareció la primera edición de La Guerrilla Olvidada y empezó a leerse causó un estremecimieno filisteo en amplios sectores de la izquierda progresista mexicana. Su contenido crítico hacia ciertos sectores políticos nacionales  y extranjeros, antes vírgenes a la crítica de izquierda militante, se consideró excesivo e inmediatamente después de su presentación hubo una respuesta desproporcionada que se manifestó en descalificaciones directas e indirectas, el silencio y el boicot.

Robles Garnica forma parte de un grupo de escritores, no profesionales, de extracción estudiantil que decidió tomar la pluma y hablar por si mismo sobre las razones de su causa y la historia de sus luchas para enfrentar los silencios y los dichos de quienes gustan defender no la verdad histórica, sino la “verdad” de clase.

La aparición de esta generación de actores-escritores a fines del siglo XX en México, no es un hecho totalmente nuevo, porque siempre ha habido narradores entre los actores políticos de todos los procesos sociales, pero sí configura un vigoroso fenómeno cultural de suma importancia que nos hace recordar la aparición del sastre Wilhelm Weitling, a quien Marx definió como el primer escritor socialista de extracción proletaria, durante la primera mitad del siglo XIX en Alemania.

La primera edición del testimonio autobiográfico de Robles Garnica, realizada en el año de 1996, fue sólo de 250 ejemplares de 144 páginas cada uno, mientras que la tercera edición que ahora estamos presentando es de 1000 ejemplares y consta de siete partes, subdivididas cada una en varios capítulos, con un total de 335 páginas.

En cuanto a la forma literaria del testimonio, comparando las dos ediciones, se aprecia en la última una sensible mejoría en la técnica y el estilo narativo del autor aunque hay que aceptar que el ingeniero Robles Garnica no ha logado aún la perfección de los grandes narradores, no obstante su prosa es bienvenida ahora porque mueve la inteligencia de las masas no a masticar el maloliente esnobismo y las tribialidades rutinarias de la literatura mercantil, sino a la meditación sobre problemas políticos muy serios y por supuesto, a blindar la memoria de las clases sociales oprimidas en lucha.

Más allá de los aspectos de forma, en la tercera edición encontamos importantes ampliaciones en relación con los tres temas principales que viene desplegando el autor desde la primera edición: la denuncia del genocidio impune del 68 y el 71,  la historia de la resistencia estudiantil contra tal política y la crítica abierta y directa a varios gobiernos de los Estados socialistas por algunas de sus acciones y omisiones frente al movimiento armado mexicano de esa época.   

En esta oportunidad no voy a insistir sobre los dos primeros temas, aunque ciertamente hay algunas afirmaciones de Robles Garnica que requieren aclaraciones, como es el punto que  se refier al asesinato de Carlos Ramíerez Ládewig en Guadalajara, que el escritor endosa a las FRAP y que fue consumado en realidad por sicarios del gobierno federal según se ha comprobado fehacientemente. Ahora solo dispongo de tiempo limitado que apenas me permiuten decir algo en relación a la crítica a os Estados socialistas –Cuba, Unión Soviética, Hungría, Albania y Alemania.

Este asunto se expone a lo largo de la quinta parte de la tercera edición bajo el subtítulo “Exiliados” y corresponde al capítulo 2 de la primera edición, llamado “Presos en la isla de la libertad”.

En la parte mencionada se narran hechos diversos, derivados de la negativa del Estado cubano a la solicitud que hicieran algunos grupos guerrilleros mexicanos al comandante Manuel Piñeiro para recibir entrenamiento militar directo en Cuba. Entremos en materia:

Cuando el gobierno de Fidel acogió en su territorio a varios grupos guerrilleros mexicanos por razones de “humanidad y solidaridad”, les brindó atenciones de cuya calidez hace mención el propio autor. No obstante, a diferencia de otros grupos armados, los mexicanos nunca fueron reconocidos como fuerzas beligerantes y les impuso limitaciones y prohibiciones excepcionales. Sobre este particular Robles Garnica se queja no solo de la negativa del comandante Piñeiro, sino también de arraigamientos temporales en casas de seguridad, interferencia de  correspondencia, negación del acceso a diversos sitios y actos públicos y espionaje político de los servicios de seguridad cubanos. Incluso, en algunos párrafos de su texto el autor habla de guetos en el Hotel Regis.

Independientemente de conocer las explicaciones cubanas sobre los hechos mencionados, además de las que ya expuso personalmente, en su momento, el comandante Piñeiro a los invitados mexicanos, nuestro propósito en este punto es ir al fondo del asunto y tratar de comprender las causas y razones de la política cubana en este punto, teniendo en cuenta todos los factores involucrados.

Porque las diferencias de que habla Robles Garnica entre las autoridades cubanas y los guerrilleros mexicanos no constituye caso único ni primero en la historia de América Latina y el mundo. Son conocidas las discrepancias que ha habido entre la Guerrilla del Che Guevara y el Partido Comunista de Bolivia, ente las FARC-EP y el gobierno cubano, etc. Debe haber, pues, explicaciones políticas generales y otras relativas a situaciones particulares.   

A nuestro juicio tales diferencias se explican fundamentalmente, de un lado, porque no hay que olvidar que durante la etapa de transición del capitalismo a la sociedad comunista se vive un largo proceso de lucha de clases que no termina sino hasta la misma desaparición de todas ellas. Por lo consiguiente, los “errores” nacionalistas, geopolíticos y oportunistas de parte de los Estados socialistas pueden ser inducidos por los elementos no proletarios actuantes dentro de sus instituciones e, inclusive, pueden ser consumados por los elementos más lúcidos y consecuentes de la jefatura revolucionaria, pues la infalibilidad sólo es propiedad privada y exclusiva del Papa. Ejemplos de ello existen muchos en la historia del socialismo. Son en el fondo consustanciales a la naturaleza pluriclasista del proceso revolucionario, aun bajo la dictadura del proletariado.

De otra la parte, se explican también, por la composición pluriclasista de los agrupamientos guerrilleros mexicanos y porque su movimiento nunca llegó a ser realmente un proceso nacional, ya que siempre se desplegó dentro de marcos locales o regionales. El hecho que algunos guerrilleros se hayan definido a sí mismos como marxista-leninistas y que algunos grupos armados proclamaran en sus programas el socialismo como meta final de sus luchas, tampoco lograba disipar dudas sobre su verdadera identidad política, sus objetivos finales y su orientación teórica. Fundamentaban esas dudas, por ejemplo, el erróneo secuestro de don José Guadalupe Zuno Hernández y algunas proclamas que no rebasaban los marcos de la Revolución Mexicana de 1910 y el moralismo liberal.

Por añadidura, la historia de ese entonces transcurría en un momento que la mayoría de la clase obrera mexicana yacía en el lecho de las corporaciones oficiales y el partido obrero marxista-leninista,  que así se llamaba, cada vez más se definía, en la práctica, como un simple agrupamiento reformista-democrático, bajo la presión de una intelligentsia renovadora antimarxista.

En este escenario, el movimiento armado mexicano aunque moralmente justificado y digno de simpatía por parte de los comunistas, planteaba, sin embargo, al rebasar los marcos de la contra-violencia, serias incógnitas en torno a su justificación política. En este contexto caben las siguientes preguntas: ¿Los comunistas cubanos tenía o no la obligación de preparar militarmente, de manera directa, a un movimiento armado que no era proletario ni en su forma ni en su contenido? ¿Tenían o no la obligación de salvaguardar los intereses generales del movimiento socialista? ¿No era también su obligación salvaguardar el futuro de su movimiento socialista y la soberanía de su país ya clasificado como terrosita por los poderosos Estados imperialistas?

Indudablemente frente a un movimiento radical, focalizado y mayoritariamente pequeñoburgués como lo era el movimiento guerrillero mexicano, los comunistas de cualquier parte del mundo no estaban obligados a sumarse a él y brindarle su apoyo incondicional. En tales condiciones un partido o un militante comunista en lo individual pueden abstenerse razonablemente de toda participación. Por lo demás, en los setenta el foquismo, una variante del blanquismo, ya estaba muy desacreditado en América Latina. Pero el movimiento guerrillero fue derrotado no sólo por sus errores o por la bestialidad de las fuerzas represivas y, mucho menos por la falta de un “líder genial” como señalan algunos cuentistas, sino porque las condiciones económico-sociales -que son las que finalmente generan el movimiento y a sus dirigentes- no habían madurado y por lo tanto, la hora de la insurrección general aún no había sonado.  

Algunos compañeros se preguntan: y ¿entonces porqué el gobierno de la República Democrática Popular de Corea del Norte preparó militarmente a esos mismos  guerrilleros mexicanos? En este punto la situación de Cuba y Corea no eran iguales: el gobierno revolucionario de Cuba mantenía buenas relaciones diplomáticas con el gobierno mexicano y sus principales dirigentes sabían mucho sobre México, en cambio el gobierno coreano respondía a la hostilidad demostrada por el Estado mexicano que recién se había involucrado, a través de la ONU, en una guerra criminal contra su pueblo en los primeros cincuenta.

Por todo ello nosotros no aceptamos el criterio de la izquierda oportunista mexicana que trata de explicar las mencionadas contradicciones en dos vertientes: por un lado descalificando a los gobiernos socialistas, tildándolos de “autoritarios”, “dictatoriales”, “estalinistas”, etc., y por el otro soslayando la crítica justa a los errores reales de esos  gobiernos, con la fórmula mágica e incognoscible de la “razón de Estado”.

Por lo tanto yo pienso que es necesario continuar el análisis concreto de la experiencia guerrillera mexicana y las reacciones que provocó en su entrono, a fin de acercarnos a conclusiones útiles al movimiento obrero mundial.  Aprovecho pues la oportunidad para proponer a todas las fuerzas interesadas organizar un foro internacional para que se analice y se discuta lo relativo a tal experiencia, aprovechando materiales tan valiosos como La Guerrilla Olvidada. ¡Felicidad y salud para el compañero Guillermo Robles Garnica!

 

Mario Héctor Rivera Ortiz

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