LA GUERRILLA QUE CAPITANEABA DARÍO PEDROSA EN EL ESCAMBRAY

23 06 2013

El Escambray, Cuba. Foto: lezumbalaberenjena

París, 22 de junio de 2013.

Recordada Ofelia:

Al recibir desde Miami un testimonio de Miguel o de sus compañeros de armas en la guerrilla del Escambray contra el régimen de Fulgencio Batista, como el que te estoy enviando hoy, viene siempre a mi mente mi querido pueblo de Camajuaní. Yo tenía nueve años en aquellos últimos meses del 1958 y enero del 1959. En los primeros días de esperanza revolucionaria conocí en casa de Carmita y Yayo a los barbudos, que se convirtieron en mis nuevos héroes, desplazando de mi mente infantil a: Superman, Batman, Tarzán, etc.

Nunca hubiera podido imaginar que más de medio siglo después, les ayudaría a difundir sus testimonios para hacer conocer la verdad de lo que sucedió en El Escambray, al publicarlos en: Estocolmo, Paris, Madrid, Tenerife, Washington, Miami, etc. Lo interpreto como un honor, la confianza que ha depositado en mí este grupo de viejos ex guerrilleros que lucharon con las armas en las manos para que nuestra Patria fuese libre, sin imaginar nunca que todas sus esperanzas y sueños de Libertad serían traicionados por los hermanos Castro y su oligarquía roja.

“Los que se quedaron en Banao una guerrilla a las órdenes de Darío Pedrosa, con la misión de tratar de salvar las 47 carabinas italianas, con las municiones suficientes, los uniformes con brazaletes del Directorio eran unos “overoles”, de los que usaban los mecánicos de la aviación americana.

El grupo estaba compuesto por los combatientes: Darío Pedrosa, Rolando Cubela Secades, Antonio Santiago García, Rafael Cadenas, Julio Castillo, José Banguela, Evelio Martínez, Regino Camacho, Ciro Bombino, Roger Redondo González, Rafael Garrigas, Onofre Pérez, Fidel Salas, José Luis Barceló, Octavio Aquino, Armando Cancio, Efrén Mur Hidalgo, Noel Salas Santos, Jorge Prieto, Heriberto Zequeira, Veloso- tío de Fidel Salas-, José Banguela, Gilberto Villegas Martínez, Adán López, Anastasio Cárdenas, Rafael Cadenas, José Arcadio García (El Barbero), Carlos Quezada, (enfermero del hospital de Sancti Spiritus; al que le faltaba una oreja) y un muchacho que trajo Garriga que era del pueblito de Guayo, de nombre Miguelito. En total eran unos 40 nuevos reclutas, además de los expedicionarios Tavo Machín, Alberto Mora y algunos más.

La guerrilla de Darío se quedó una hora más después de que saliera el grupo de Menoyo, borrando todas las huellas de la cueva donde tenían escondidas las armas, pues ellos estaban seguros de que los soldados enemigos llegarían hasta el Campamento donde habían demasiados rastros. Ya que seguramente los soldados de Banao, les darían la ubicación exacta, del campamento al Cuerpo Táctico de Combate de Santa Clara.

Cuando aquella guerrilla que comandaban Darío Pedroso y Anastasio Cárdenas llegó a la casa de un campesino colaborador de nombre Antonio León, se enteraron de que ya el ejército se encontraba detrás del rastro del grupo que iba con Menoyo y Artola, y que había encontrado unos perfumes y desodorantes que los expedicionarios que viajarían para La Habana con Faure Chomón iban botando por el camino.

Los expedicionarios tenían el plan de sólo visitar el Escambray, para hablar con Menoyo, pero desde allí regresarían para Sancti Spiritus y desde esa ciudad seguirían para La Habana, con la idea de asaltar por segunda vez el Palacio Presidencial. Pero se vieron forzados a seguir con la tropa para salir por donde pudieran. Darío mandó a José Banguela a avisar al grupo de Menoyo y Artola que los soldados enemigos les seguían desde muy cerca. Darío decidió esperar el regreso de Banguela después de que le avisara a Menoyo del peligro de la proximidad del enemigo, pues los soldados no fueron directo para el campamento como ellos pensaron, sino que siguieron tras las huellas frescas del primer grupo.

La guerrilla bajo el mando de Darío Pedrosa, aprovechando la calma, logró mientras tanto, obtener avances notables. Pudieron sacar sin contratiempo a dos de los expedicionarios del Directorio que deseaban regresar a La Habana, Alberto Mora y Gustavo Machín- más conocido por Tavo-. Además ordenó engrasar las armas escondidas en El Cacahual, para tenerlas listas.

Solamente se quedó en el Escambray de los expedicionarios y miembros del D.R. Rolando Cubela, ya que Tony Santiago había volado desde Miami a La Habana y de allí por carretera a Sancti Spiritus donde se unió a los expedicionarios.

Rolando Cubela, deseaba que todos los del Directorio Revolucionario se hubiesen quedado en El Escambray y ante la frustración de verlos partir, le sugirió a Roger Redondo, con el que se encontraba en El Cacahual limpiando las armas, que se aprovecharan los lazos establecidos con la ciudad de Sancti Spiritus, para contactar a miembros del Directorio Revolucionario que quisieran alzarse, a los que se armaría con las carabinas italianas disponibles.

Rolando pensaba que con su propuesta, si el ejército volvía a ocupar el campamento del Cacahual, no tendría posibilidad de encontrar ni una sola bala, evitando el riesgo de que les ocuparan armas porque estarían en poder de los nuevos guerrilleros.

Roger, siendo espirituano conocía al pueblo como la palma de su mano y sabía que en Sancti Spiritus trabajaba muchísima gente en la Retaguardia del Frente. Unos eran militantes de alguna organización y otros no, pero todos arriesgaban sus vidas por igual, en la lucha contra la dictadura. Sin embargo, militantes del Directorio no conocía a ninguno en la ciudad, pero en fin, sabía que existían jóvenes dispuestos a pelear con las armas.

En la opinión de los allí presentes, la propuesta de Cubela era sensata y no se le veía ninguna trascendencia sectaria. Por supuesto que aceptarían a miembros del Directorio si los hubiese en Sancti Spiritus, como también recibirían a los del M. 26 de Julio, Auténticos, etc.

Roger Redondo sin contar con Darío Pedrosa, quien estaba al mando de la guerrilla ubicada no muy distante del Cacahual, mandó a entrar en contacto en Sancti Spiritus con Jorge Prieto, para que enviara a gentes que quisieran alzarse porque tenían armas disponibles para ellos.

Prieto envió de inmediato al primer grupo compuesto por nueve hombres, entre ellos Onofre Pérez y Rafael Garriga. Y a partir de ese momento, envió, diariamente, para su incorporación a dos, tres o cuatro hombres. A los pocos días, El Cacahual se vio nutrido por cuarenta y tantos nuevos guerrilleros.

La operación, a su vez, ayudó a reestructurar las vías de suministros desde la ciudad a la montaña.

Sin dudas, Roger Redondo se atribuyó facultades indebidas producto de su inexperiencia, pero que llevadas a cabo con la mejor intención tuvieron resultados formidables.

Tan pronto Darío regresó al Cacahual y le informaron de todos los pormenores, manifestó su total desacuerdo, repitiendo que se trataba de una indisciplina, por no comunicársele a él, como jefe al mando de la guerrilla, una operación tan importante para la aquélla.

Darío tenía razón porque todos debían acatar la disciplina militar y bien pudo aplicarle alguna medida a Roger como postas extras, alguna amonestación, vigilancia o cualquier otro castigo, ya que no se le podía felicitar públicamente por el éxito obtenido.

Pero Darío en medio de su incomodidad, cometió una indisciplina mayor, porque abandonó el campamento con el pretexto de llegar hasta donde Menoyo estaba y darle las quejas de lo ocurrido.

Darío Pedroso estaba muy ofendido porque los “overoles” que había llevado Faure tenían en una manga bordadas las letras D.R., que eran las iniciales del Directorio Revolucionario, y como él era miembro del M. 26 de julio, no estaba de acuerdo con aquello.

Entonces Darío le pidió a Roger que hiciera los contactos para él viajar por fuera de las lomas y hablar con Gutiérrez Menoyo y Artola. Roger le explicó que el (Darío), estaba muy perseguido para trasladarse por carretera. Fue entonces cuando Darío le dijo a Roger: -Tú estás insubordinado-, a lo que Roger respondió: -Está bien, vamos-

Roger lo llevó a casa de un Sr. de apellido Borges que cooperaba con los guerrilleros y que tenía un carro Ford del año 1937. Unos días antes, por esa misma vía bajaron a Tavo Machín y Alberto Mora. Borges llevó a Darío a Santi Spiritus, desde donde éste siguió para Santa Clara.

Darío, que era una figura muy buscada por la policía represiva, fue capturado en Santa Clara, junto con Cusa Carreras, hermana de Jesús Carreras y valiosa activista.

Cuando Menoyo supo la noticia, no entendió la forma tan absurda en que actuó Darío Pedrosa. Él abandonó inadmisiblemente el mando de la guerrilla que se le confió, en un acto de irresponsabilidad e indisciplina sin precedentes.

Eloy pasó por el trago amargo de tenerle que comunicar a Jesús Carreras la detención de su hermana Cusa. Jesús escuchó todos los detalles atentamente sin interrumpirme, pero en su rostro se reflejaba cierta contrariedad.

Cuando Menoyo terminó su exposición Jesús le miró fijamente y le dijo:

– Mira Eloy, todo ese disgusto de Darío porque no cumplieron sus órdenes y su arranque de venir para acá, no es más que fachada. La verdad es que Darío mantiene relaciones, desde hace tiempo, con mi hermana y está perdidamente enamorado de ella. No puede vivir sin verla. Por ese enamoramiento, bajó para verla y la embarcó por completo. Por su culpa, a lo mejor ahora los están torturando a los dos y eso ella nunca se lo va a perdonar. Ah, y para que lo tengas en cuenta, una vez Darío me confesó que las montañas no estaban hechas para él porque su gordura no lo dejaba vivir-.

La opinión de Jesús le ayudó mucho a Menoyo a entender la actitud de Darío. Entonces envió un mensajero al Cacahual con la orden de que Anastasio Cárdenas asumiera el mando de la columna y se pusieran de inmediato en marcha para reunirse con ellos en Charco Azul, allá donde vivían sus parientes. Y también de que nos reuniríamos en el mismo centro de las montañas, justo donde Anastasio y Menoyo pensaron al inicio, fundar el Frente Guerrillero.

La llegada del mensajero al Cacahual fue muy oportuna. La zona se encontraba, de nuevo, en ebullición y la presencia del ejército sería cierta en cualquier momento.

Días antes, a uno de nuestros mejores prácticos de enlace con Sancti Spiritus, Faustino Echemendía, se le encomendó la misión de que recogiera a un grupo de siete personas amigas de Anastasio Cárdenas que venían para alzarse.

Los cuerpos represivos en Sancti Spiritus intensificaron su vigilancia y lograron interceptar a Faustino y sus siete acompañantes, los que fueron sacados violentamente de los carros en que viajaban y según versiones que posteriormente confirmamos, los obligaron a cavar una fosa, luego los torturaron brutalmente y finalmente fueron ahorcados, uno tras otro.

Con esta repugnante forma de actuar, los cuerpos represivos de la dictadura, pretendían atemorizar a la población, sin darse cuenta que sólo contribuían a aumentar la repulsa contra el régimen, sin que lograran frenar el impulso de la juventud en su lucha por la libertad.

Anastasio Cárdenas Ávila actuó diligentemente y asumiendo el mando de la columna, se puso en marcha sin dilación siguiendo la ruta que lo conduciría al punto acordado de reunión.

Nuestra columna continuó ganando terreno en forma indetenible, varios campesinos conocedores de la zona se incorporaron a la tropa y a nuestro paso íbamos dejando establecidas nuevas vías de suministros”. Miguel García Delgado

Con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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