La carta de Fidel Castro y la conversación entre Menoyo y Chomón

1 06 2013

Faure Chomon. Foto:Cubadebate

París, 25 de mayo de 2013.

Recordada Ofelia:

Te envío este nuevo testimonio de nuestro viejo amigo ex guerrillero del Escambray Miguel García, que me acaba de mandar desde Miami.

“Miami, 24 de mayo de 2013.

La información que tenía Armando Fleites era escalofriante, pero cierta. Entre él y Menoyo trataron de encontrar soluciones alternativas que pudieran convencer a Faure Chomón y Rodríguez Loeches- que era el genio detrás de Chomón-, para que cambiara su proyecto. Concluido el intercambio con Fleites, Menoyo pasó a tratar con Pando Ferrer, el coordinador de retaguardia; él le dio a Menoyo un informe minucioso donde acentuó los logros alcanzados en su difícil tarea, y su deseo era regresar al llano cuanto antes, para continuar su labor.

Edelmira, la mensajera envidada por Fidel Castro, supo esperar pacientemente, hasta que por fin, frente a frente, ella puso al día de todo lo acontecido en la Sierra Maestra. Además, le hizo entrega de una carta enviada por Fidel Castro, la que Menoyo y Artola leyeron detenidamente y luego, la hicieron circular entre todos los guerrilleros presentes en El Cacahual. La carta decía textualmente:

Sierra Maestra, Febrero 2 de 1958.

A los rebeldes de Las Villas:

Hemos recibido con profunda alegría la noticia de que un grupo de cubanos está combatiendo también, en esa provincia.

Cualquiera que sea la militancia revolucionaria del mismo, hemos dado instrucciones al Movimiento de prestarles toda la ayuda posible.

Deseamos saber la situación en que se encuentran. Poco es lo que podemos hacer directamente por ustedes a tanta distancia, pero deseamos expresarles nuestra más sincera solidaridad.

Consideramos conveniente a la lucha contra la tiranía que ese Frente se sostuviera a toda costa, imaginamos obstáculos iniciales que estarán afrontando. Si la topografía de la zona hace imposible resistir o el parque se agota, aconsejo moverse hacia acá y emboscándose de día, en sitios donde no pueda percibirlos la aviación, siguiendo la ruta en zigzag.

Cuando el enemigo caiga una o dos veces en emboscada, cesará toda persecución. Se puede avanzar de veinte a treinta kilómetros cada noche.

Tenemos situada una patrulla entre Bayamo y Victoria de las Tunas que les puede servir de puente, trataremos de intensificar la campaña a fin de aliviar presión sobre esa.

La portadora puede informarle detalles y experiencias de interés. Esperamos noticias. Hacemos votos por el éxito de ese Frente y enviamos a sus bravos combatientes un fraternal abrazo. Fidel Castro

Sin dudas esta carta fue apreciada por todos los guerrilleros del naciente Frente en su justo valor, ellos le agradecían la muestra de solidaridad y la invitación que les hacía de incorporarse a su Frente. Pero los guerrilleros del nuevo Frente de guerra contra Batista mantenían la firme convicción de que a pesar de la topografía del terreno y del fácil acceso por carreteras a cualquier punto, lograrían liberar y consolidar todas las zonas, hasta convertirlas en un verdadero territorio libre de Cuba.

La hora del noticiero que trasmitiría la Emisora Radial de Sancti Spiritus se aproximaba, por lo que Menoyo y los allí asistentes se sintieron obligados a hacer una pausa.
Su atención se concentró en el pensamiento martiano del día; en clave les llegó el aviso de ‘tranquilidad en la zona’ y aunque no decidieron bajar la guardia, sí trataron de aprovechar el momento para concretar su organización para avanzar sobre nuevos territorios, lo que era trabajo planeado.

Desde la mañana se ordenó la suspensión de toda recepción en la carretera próxima a El Cacahual, pero conociendo que no existía peligro por el momento, se decidió ir a recoger a un médico que permanecía en Sancti Spiritus, quien tenía la intención de incorporarse a nuestro Frente.

El Comandante Lázaro Artola, se brindó para recoger al médico personalmente, alegando su conocimiento de la zona. Y fue acordado que haría el recorrido a pie, atravesando la llanura, y vestido de civil. Luego de analizar juntos todos los pormenores, Artola partió a cumplir la misión.

Simultáneamente, el Capitán Roger Redondo, salió hacia la finca de La Planta Cantú, con la orden de traer personalmente a un primer grupo de los expedicionarios, junto con Darío Pedrosa. Menoyo le dio una lista con algunos nombres de los recién llegados, quienes conformarían la ofensiva. Después, saldría el guía, con el resto de los hombres y todos se reunirían con los otros guerrilleros en El Cacahual. Era preferible trasladarlos en dos pequeños grupos porque se harían menos visibles en la zona y era necesario traerlos porque querían acordar con ellos un plan para sacarlos de la zona con éxito.

Trascurridas unas horas, hizo su aparición en el campamento, Roger, conduciendo a los expedicionarios nombrados en la lista y a Darío Pedrosa. Todos, debido a la falta de práctica, llegaron extenuados y bañados en sudor, en especial Darío, por su exceso de peso, quien, particularmente, venía bravo por las vueltas que Roger les dio, tratando de despistarlos en la ruta hacia el campamento.

Menoyo tuvo que explicarle a Darío, varias veces, la necesidad que teníamos de hacerlos llegar con todas esas medidas, porque se trataba de gentes que seguirían para la ciudad; quienes podían ser arrestados en el intento y, lo peor, torturados por los soldados de Batista, razón para que no supiesen la ubicación exacta de nuestro campamento. Finalmente entendió y se calmó.

Siguiendo el mismo procedimiento, pronto llegaría de un momento a otro, al campamento, el segundo grupo de expedicionarios guiados por el práctico asignado a su disposición.

Con calma, Menoyo esperó a que Faure recuperara el aliento y las energías perdidas, en cuanto lo vio en condiciones óptimas, lo invitó a conversar a solas.

Faure aceptó la propuesta amablemente, pero sugirió, la presencia del resto de los expedicionarios en ese intercambio. Eloy coincidió con él en que era necesaria una reunión con todos los interesados y le prometió que lo haríamos en cuanto llegara el resto de los hombres, sin embargo insistió en lo beneficioso que sería para la causa, el que los dos tuviésemos una conversación franca.

Se hizo un silencio que Menoyo interpretó como un titubeo de Faure ante su propuesta, luego Faure, sin perder su compostura habitual, se levantó y siguió a Menoyo hasta un punto, fuera del campamento, donde nadie los pudiese interrumpir o distraer.

Menoyo y Faure se sentaron cómodamente sobre la hierba, en un lugar agradable. Eloy sintió, en ese momento, la mirada de Faure evasiva y comprendió que sería muy difícil lograr comunicarse con él. Menoyo comenzó como lo tenía decidido de antemano, haciéndose el que no conocía de los planes de Faure.

Comenzó Menoyo diciendo: Faure te doy la bienvenida a ti y a los que te acompañan, en nombre de todos nosotros. Creo que fue una sabia decisión el venir a alzarte. Realmente, los felicito.

-Menoyo pensó continuar su discurso, pero Faure lo interrumpió para aclarar.

– No, no. Nosotros seguimos para La Habana. Bueno, alguna gente se queda…Armando Fleites, Rolando Cubela, Tony Santiago… que no venía con nosotros, pero pertenece al Directorio y quiere alzarse.

Menoyo le respondió: me parece bien. Eso sí, como nunca es tarde si la dicha es buena, tengo que felicitarte y reconocer que fue sabia tu decisión de enviarnos todas esas armas: ametralladoras, granadas de mano… equipos pesados. Todo lo que desde un principio debimos tener para abrir el Frente del Directorio… pero bueno, al fin tenemos.

Faure, con la vista perdida, parecía buscar la palabra adecuada con que responder y a Menoyo se le figuraba que estaba delante de un niño avergonzado al que han sorprendido haciendo alguna maldad, por segunda vez.

La respuesta de Faure no se hizo esperar y le dijo: Eloy… esos equipos… no vienen para aquí. Pero trajimos como cincuenta carabinas italianas con el parque, uniformes, cantimploras….

Menoyo hizo un fingido gesto de sorpresa. – ¡Carabinas italianas, dijiste!

Faure contestó: Sí.

Menoyo le preguntó: ¿Idénticas a las que mandaste en los carros de la S.A.? ¿De esas que cuestan en Miami, seis o siete dólares cada una?

Faure respondió seco al darse cuenta que Menoyo le preguntaba lo que ya sabía.

La contesta de Faure fue: Las mismas.

Menoyo le replicó: Esa es un arma de jungla, Faure, de tiro a tiro, pero bueno, es muy resistente. Aquí como quiera que sea, se agradece hasta el envío de un palillo de dientes. Pero dime, Faure, entre nosotros…¿Por qué no cumpliste con lo acordado en Miami? ¿Por qué interrumpiste los envíos y además… no mandaste las armas que eran, las que vimos juntos?

Menoyo pensó que Faure perdería los estribos al verlo cada vez más tenso.

Sin embargo, la respuesta de Faure fue dicha sin titubeos y aunque para Menoyo no fuera convincente, notó que sus palabras no eran inventadas al momento, era su real motivación.

Fue entonces cuando Faure explicó a Menoyo que el Dr. Primitivo Lima que era miembro del Directorio, les hizo llegar un informe que obtuvo a través de un Capitán del Ejército de Batista, muy amigo suyo. El Dr. Lima le aseguró a Faure, que en las montañas del centro de la Isla, no se podía abrir un Frente de guerrilla porque no había muchos guajiros, ni suficiente agua”. Miguel García Delgado

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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