ESCALA EN CIVITAVECCHIA-ROMA

1 06 2013
Il Vittoriale.

Il Vittoriale.

París, 12 de mayo de 2013.

Querida Ofelia:

El Costa Serena llegó al alba del 29 de abril a Civitavecchia.

Las primeras noticias de Civitavecchia se refieren a Centocelle (Centumcellae), antiquísimo poblado que era prácticamente una especie de puerto para el Etruria, pero también un lugar con un tráfico comercial más que floreciente. No sólo en sus anales el joven Plinio hace referencia claramente a Centocelle como a la localidad en la que se celebró un concilio de paz organizado por el emperador Trajano. Centocelle no es más que la definición de las viviendas de este poblado, que asemejaban a muchas colmenas con pequeñas y numerosísimas estancias o, también, e las minúsculas bahías que interrumpían la costa y que permitían el acceso y la salida de los barcos. Precisamente por ello se trataba una zona resguardada pero de difícil acceso al mar. Trajano hizo construir allí su villa más bella: fue él quien inició las obras del puerto, cuya estructura fundamental ha permanecido idéntica hasta nuestros días. Civitavecchia se hizo cargo de la gestión de la mayor parte del tráfico marítimo destinado a Roma, ya que el puerto de Ostia, en la desembocadura del Tíber se reveló insuficiente para este objetivo. La primera descripción del puerto es atribuida precisamente a Plinio, quien describe los muelles y la vista de la villa de Trajano.

La forma, muy particular del puerto se le atribuye al arquitecto Apollodoro, que decoró la estructura original del puerto con relieves y estatuas. Al decaer el Imperio Romano, Civitavecchia no pierde ciertamente su importancia marítima, es más, en pocos siglos se confirma como el primer puerto del Tirreno, contendiendo esta supremacía a Pisa y atrayendo las atenciones de los piratas turcos.

El puerto, a pesar de ser continuamente adaptado y readaptado, no cambió su estructura sustancia que sigue siendo aquella de la época romana. Hoy en día, Civitavecchia es un puerto decididamente moderno y dinámico, dedicado al tráfico ligero y al tránsito de pasajeros hacia las islas tirrénicas, pero sigue manteniendo la estructura original del puerto romano. Punto de escala privilegiado para realizar una parada entre los maravillosos recuerdos históricos de las civilizaciones romanas y etruscas, cuenta con un centro histórico y con un poblado medieval decididamente preciado y bien conservado.

Como hemos estado tantas veces en Roma, decidimos tomar solo el autobús para la ida y vuelta del puerto al centro de la Ciudad Eterna. Además allí se encontraban de vacaciones por una semana nuestro hijo con su esposa y nuestros dos nietos. Pedimos el autobús con guía italiano, ya que cada día cambiábamos, a veces lo pedíamos en español o en francés. Resulta que la guía era una alemana llamada Claudia que vive en Roma. Al micrófono dijo: “menos mal que ustedes todos son italianos, pues cuando el grupo es americano y yo hablo de los etruscos, ninguno sabe nada de ellos; tengo que explicarles todo”. Yo me quedé calladito.

Pasamos un magnífico día soleado paseando con nuestro hijo y su pequeña familia. Nos habíamos dado cita en la iglesia de Santa Maria de los Ángeles. Desde allí fuimos a la Basílica de Santa María Maggiore, Piazza Navona, Piazza Colonna, donde el día anterior había ocurrido el atentado contra los dos policías que se encontraban de guardia en la puerta del Palacio del Senado. Entramos gran Librería Feltrinelli para comprarle libros a nuestros nietos y yo me compré dos novelas: “La collina del vento” de Carmine Abate y “Zero, zero, Zero” de Roberto Saviano, así como el último CD de Adriano Celentano, mi cantante preferido italiano.

Fuimos a almorzar a Pizza Ciro en la Via della Mercede, nos lo recomendó la cajera de la librería. Le pregunté dónde por allí podía comer la verdadera cocina italiana, no la de los turistas. No se equivocó, pues comimos deliciosamente en un ambiente muy agradable.

Seguimos por la Via del Corso hasta la PiazzaVenezia. Vimos el célebre balcón desde donde el Duce hablaba a las masas fascistas enardecidas, Il Vittoriale y tomamos la Via dei Corsi Imperiali hasta el Coliseo. Nuestra nieta Victoire de cuatro años se quería ir con nosotros para el barco, pero Cristóbal (de seis años), dijo que él iría si también iban su papá y su mamá.

Cuando estábamos frente al Coliseo, en el punto de reunión convenido para regresar al barco, la guía nos escuchó hablar en francés con nuestra nuera y en español con nuestro hijo. Por tal motivo se acercó y nos preguntó de qué país veníamos, ya que ella pensaba que éramos italianos. Le contesté: “señora, somos americanos y conocemos perfectamente la historia de los etruscos”. Se puso pálida y presentó sus excusas. Después al interior del autobús se deshizo en amabilidades hacia los americanos (nosotros) y pidió mil disculpas.

Después de la cena en el restaurante Ceres, asistimos en el Grand Bar Apollo a la “Elección de la Pareja Rock”, al finalizar un simpático espectáculo de: Rock, Twist y Boogie. A continuación nos divertimos en el Teatro Giove con el ventrículo Samuel Barletti y su “Samuel Show”. La vida a bordo el Costa Serena está organizada de forma tal que siempre hay algún lugar en donde ocurre algo de interés para pasar unas excelentes vacaciones.

Zarpamos a las siete de la tarde hacia Palermo. Pudimos ver las costas Laziales y las luces de las ciudades de Fiumicino y Ostia. A las diez pasamos cerca de la Isla de Ustica y a las once y media de la noche desde el balcón de nuestro camarote, en medio de una noche estrellada, pudimos admirar las luces del Cabo Galo.

En a próxima carta te contaré sobre el día pasado en Palermo.

Un abrazo con gran cariño,

Félix José Hernández.

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