PARTIMOS EN EL COSTA SERENA DE MARSELLA

27 05 2013

Imagen

 

El Viejo Puerto de Marsella.

París, 11 de mayo de 2013.

Mi querida Ofelia:

Como ya te conté en la anterior carta, nuestro Crucero por el Mediterráneo Occidental comenzó en Marsella, la segunda ciudad de Francia en importancia y principal puerto del Mediterráneo de este bello y culto país.

Llegamos a Marsella el 27 de abril procedentes de París en el TGV (Tren de Gran Velocidad), recorrimos los más de novecientos kilómetros en sólo tres horas. Dejamos las valijas en la imponente Gare Saint Charles y durante  la mañana y parte de la tarde nos dedicamos a pasear por la bella ciudad. Almorzamos platos a base de mariscos en una terraza del Viejo Puerto, el cual  estaba repleto de turistas. A las cuatro de la tarde recuperamos las valijas y en taxi llegamos a la recién construida Terminal Marítima, desde ella pasamos al  enorme y lujoso barco italiano Costa Serena, para iniciar nuestro inolvidable viaje de ocho días.

A continuación te escribo un pequeño resumen sobre esta ciudad, en la que el año pasado pasamos una semana paseando.  Sobre ello te  escribí varias crónicas. Por tal motivo no quiero repetir impresiones similares.

Conocida desde la antigüedad como una de las zonas más populares de la Galia, Marsella, que los latinos llamaban Massalia y que, mucho antes que Lutecia (París), obtuvo la hegemonía militar y cultural tanto en la tierra como en el mar, es una encrucijada de extraordinaria importancia militar que con el paso de los siglos ha adquirido importancia estratégica también desde el punto de vista político-militar.

 Su historia es antiquísima: los estudiosos no dudan en considerar a Marsella como la ciudad francesa de más antigua constitución, aunque parece una leyenda la teoría según la cual esta zona de la costa habría estado habitada por unos pocos supervivientes de la destruida Troya, que precisamente en la desembocadura del Ródano habrían encontrado refugio, construyendo una nueva ciudad a imagen y semejanza de aquella destruida tras la guerra en la que resultaron vencidos.

Menas legendaria, es más, casi cierta, es la teoría según la cual Marsella habría sido objeto de desembarcos de gentes procedentes directamente de la civilización griega, la cual habría instalado precisamente aquí su primera y más floreciente colonia de todo el Mediterráneo. Sin embargo, además de las dominaciones griega y romana, Marsella ha conocido otras dominaciones largas e incluso dramáticas, ya que eran demasiado importantes tanto la desembocadura en el mar y, a través del Ródano, coma la vía de acceso a las ricas tierras de interior en particular a las regiones de Provenza y Camargue, para las que Marsella representaba la solida natural al mar. Muy cercana a la Provenza, cuya cultura está hecha a base de amabilidad, romanticismo y atención al arte, Marsella en realidad era una ciudad decididamente más vital e inquieta: poco proclive a las alianzas con el poder constituido, las gentes de esta costa han visto desde siempre la independencia económica y política como el objetivo supremo a  alcanzar.

 Precisamente en relación con este primer aspecto, Marsella es sin dodo una tierra de grandes fortunas. Su historia es muy parecida a la genovesa, aunque es verdad que las notables influencias ejercidas por parte de culturas extranjeras, en especial por parte de la cultura árabe, tanto en la primera fase de expansión de la ciudad como en su fase más reciente, es decir, desde laposguerra hasta nuestros días, han contribuido de manera determinante ala creación de un sistema social, civil y cultural de tipo “multirracial”.

El perfil social de Marsella es extremadamente complejo: árabes, norteafricanos, europeos, y habitantes de las primeras, segundas y terceras colonias francesas de allende el océano que han convertido a esta ciudad en la capital de las mil lenguas y de las mil culturas, las  cuales, también desde el punto de vista artístico y musical, hacen de Marsella una ciudad extremadamente vital, dinámica e interesante.

Toda la zona más central de la ciudad presenta un gran interés cultural y arquitectónica, aunque la particularidad más sorprendente de Marsella es sin duda la estructura de su puerto, que parece encajarse entre las casas. Se dice que los marselleses, muy ligados a la actividad de su puerto, desean tener en todo momento bajo control las barcos que entran y salen del laberinto de muelles, muelles que esconden una intensísima actividad, novelada por muchos relatos y películas, de contrabando y de arreglos de cuentas violentos.

Los monumentos sin dudo más conocidos son la Basílica de Notre Dame de la Garde, una iglesia que la gente de la ciudad venera como milagrosa, la cual se enriquece de cada en año con extraordinarias donaciones y conserva una riquísima colección de exvotos dedicados a los supervivientes de la guerra y del mar. Notre Dame surge sobre los cimientos de una capilla del siglo XI   cuyos orígenes son bastante misteriosos. Es muy conocido el campanario dedicado a la Virgen, con cuarenta y siete metros de altura, en cuya cima se encuentra colocada la estatua dorada de la Virgen que es la protectora de la ciudad.

A poca distancia surge Longchamp, un palacio decorado, de manera casi renacentista y, por lo tanto, muy similar a las bellas villas italianas de esa época, que cuenta con unos extraordinarios jardines, llenos de agua, fuentes alegóricas y estatuas.

A poca distancia de Marsella, en el interior de una región dividida en dos mitades, una de las cuales es salvaje y la  otra en cambio, es rica en arte e historia, surge Aviñón, la ciudad hecha famosa por la disputa pontifical que vio refugiarse allí  a siete papas, entre los años 1309 y 1403, los cuales crearon una notable estructura arquitectónica que ha acogido a millones de peregrinos y a una imponente masa de turistas procedentes de todo el mundo.

A las siete de la tarde zarpamos rumbo a Savona, en Italia. Desde el balcón de nuestro camarote pudimos admirarla belleza de Marsella, la costa y las islas, entre ella la d’If, donde Dumas situó la cárcel del Conde de Montecristo.

Es increíble la diferencia de la llegada o la partida de una ciudad por vía marítima, esta última siempre es espectacular. Creo que el contraste más grande es el de Nápoles. Si uno llega por el mar, la vista es bellísima, pero si llegas por avión, el recorrido desde el aeropuerto al puerto te hace temer lo peor, es un verdadero basurero de kilómetros de largo. Sin embargo esa ciudad es bella y posee una riqueza arquitectónica y cultural extraordinaria.

Cenamos en el restaurante Ceres, como lo haríamos cada noche, atendidos por dos hombres de una amabilidad extraordinaria: el camarero filipino Francis Alminiama – estudiante de Filosofía en su país- y el jefe de sala italiano Paolo Acampora.

Mañana te contaré sobre nuestra escala en Savona.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: