LA EQUIVOCACIÓN DE FAURE CHOMÓN

27 05 2013
Faure Chomón y Raúl Castro. La Habana, Cuba.

Faure Chomón y Raúl Castro. La Habana, Cuba.

 

París, 27 de mayo de 2013.

 

Querida Ofelia:

 

Esta es la continuación de la conversación entre Faure Chomón y Eloy Gutiérrez Menoyo, que tuvo lugar en el Escambray, durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Este documento es un testimonio de Menoyo, recogido por nuestro viejo amigo el ex guerrillero Miguel García Delgado, el cual me lo hizo llegar desde Miami.

 

 

“-¿Cómo confiaron en un informe que vino de alguien del Ejército, Faure ? Pero está bien, se dejaron confundir, porque te darás cuenta que nosotros abrimos este Frente en el Escambray sin ayuda de nadie y vamos a consolidarlo y a resistir aquí, no te quepa duda, lo que demuestra que ese capitán estaba equivocado al cien por ciento. Y explícame ahora, ¿ por qué siendo yo el Jefe de Acción Nacional del Directorio, no tuvieron la delicadeza de comunicarme la cancelación del plan aprobado por ustedes mismos.Y dime Faure, ¿qué hicieron con todas esas armas que ustedes destinaron a este Frente?.

 

Faure se veía incómodo, como alguien que quiere ser tragado por la tierra. Pero de repente, me soltó con énfasis de discurso patriótico su respuesta:

 

– Trajimos todas esas armas con nosotros, pero tienes que entender que tenemos un compromiso moral con los caídos en el Palacio Presidencial. Los equipos están rumbo a La Habana para hacer otro ataque al Palacio.

 

Reconozco que mi obligación era tratarlo con todo tipo de cortesía porque a pesar de todo, tenía sus méritos indiscutibles, pero soy un ser humano como otro cualquiera y me comporté de forma grosera y exaltada.

 

– Discúlpame que te refresque la memoria. Los que tuvieron el valor de asaltar el Palacio Presidencial, lo hicieron y murieron como héroes en el intento. Tú pudiste entrar a Palacio también, pero te hirieron superficialmente en la puerta y abandonaste el combate antes de que empezara. Con esos antecedentes no me vengas con el cuento de que vas a asaltar el Palacio Presidencial. Aquí estamos hablando en serio y no inventando historias de ciencia ficción.

 

Faure se levantó molesto y todo indicaba que daba por terminada la conversación. El ambiente se tornó tenso, pero los dos, en medio del silencio nos fuimos serenando poco a poco hasta calmarnos definitivamente. Yo no quería perder la oportunidad de que pudiéramos llegar a algún acuerdo, y traté de apelar a la diplomacia hasta donde me era posible.

 

– Mira Faure, lamento no poder felicitarte por tu decisión de llevar las armas a La Habana. Estás corriendo el riesgo de que el ejército las capture y se pierda todo. Esas armas fueron compradas para abrir este Frente en nombre de El Directorio y es aquí donde deben estar y es aquí, donde tú, como Secretario General del Directorio Revolucionario, debes de combatir, éste es tu puesto. Te propongo poner un carro a disposición del expedicionario que tú designes, que conozca, por supuesto, el camión donde están siendo trasladadas las armas a La Habana, para que lo intercepte y lo traiga para acá. Aún estamos a tiempo, Faure. Te lo pido en nombre de todos nosotros.

 

Faure me escuchó con atención y parecía entender mis razones, haciendo que mi ánimo subiera hasta esperanzarme por obtener de él, una respuesta a nuestro favor.

 

– Hazme caso Faure, no titubees en una decisión que puede ser tan positiva para la lucha. Vas a tener a cambio la integración de todos nosotros a un Directorio Revolucionario pujante en las montañas del Escambray .

 

Por un momento tuve la seguridad de que la partida estaba ganada, pero Faure, a pesar de mostrarse receptivo, tardaba en responder y yo comencé a sentir una frialdad interna como de hielo.

 

– No, no puedo hacer nada Eloy, es una decisión de la Dirección del Directorio Revolucionario y no tiene marcha atrás, unas armas venían para aquí y otras para La Habana para el plan del Palacio Presidencial .

 

Su respuesta tajante y fuera del margen de la duda, siguió sonando en mis oídos como un discurso incoherente y falto de sentido; era momento de unidad y no de caprichos, el Frente ya estaba constituido, el asalto a Palacio, por segunda vez, era una hazaña suicida.

 

Cansado de chocar con la misma piedra, decidí poner punto final a la conversación.

 

Una vez más, Faure, asumes una responsabilidad en mi criterio inconsulta. Quisiera aclararte que el II Frente del Escambray, fundado el 10 de Noviembre de 1957, admite a todos los revolucionarios, independientemente de su militancia política. Con esto quiero decirte que los expedicionarios que han venido contigo y que deseen quedarse, pueden hacerlo. En lo que respecta a las carabinas italianas, pueden disponer de ellas y llevárselas mañana mismo si así lo quieren, de lo contrario, dispondremos de ellas y lo mismo se la entregaremos a un alzado del Directorio, como del 26 de Julio que de los Auténticos. Ah, Faure, te agradecería que no sigas utilizando la fecha del 13 de Marzo, como del Directorio Revolucionario porque ese fue un movimiento independiente, donde ustedes fueron incluídos pero no les pertenece, tú lo sabes.

 

También te agradeceré que no sigan usando en el extranjero ni en ninguna parte al II Frente Nacional del Escambray como un Frente del Directorio porque también es un esfuerzo independiente.

 

La conversación se fue poniendo más agria y tensa, pero fuimos interrumpidos por uno de nuestros alzados que traía una noticia de última hora.

 

La Emisora Radial de Sancti Spiritus acababa de dar a conocer la muerte oficial del sargento Mesa, jefe del cuerpo represivo de esa ciudad, en un enfrentamiento con Lázaro Artola. La nueva noticia era inquietante porque aunque en el anuncio no se mencionaba nada acerca de la posible muerte de Lázaro, si podía estar herido, cercado, o prisionero.

 

Corrí al centro del campamento para sumarme al grupo de alzados que tenían las orejas pegadas a la radio. El tiempo pareció alargarse en esos momentos de incertidumbre, pasaban las horas y solo se oía sobre la muerte del sargento Mesa y el despliegue policíaco que realizaban en la zona tratando de encontrar al culpable. Sin embargo, los rebeldes no perdían la esperanza de que Artola ya estuviese fuera de Sancti Spiritus y en camino al campamento. Finalmente, se oyó a una de las postas dar el alto y la algarabía fue grande cuando oímos decir: – Es el Comandante Lázaro Artola-.

 

No le dimos tiempo de descansar a Lázaro, era muy grande la impaciencia de todos por saber los pormenores de lo ocurrido y en silencio lo rodeamos para escuchar su relato.

 

-Y empezó a narrar su historia: Llegué sin problemas hasta la calle Socorro y… Céspedes, iba directo para la farmacia a recoger al médico que venía, cuando Mesa y el otro esbirro… Ángel Gambelt, me vieron. Ellos estaban recogiendo apuntaciones en la vidriera del bar de la esquina. La verdad… yo no estaba muy seguro de que me habían visto, pero por si acaso, di media vuelta y me fui a la tienda de la otra esquina. Me hice el que estaba comprando algo, pero no les perdí ni pie ni pisada, mirándolos por el cristal. Cuando vi que cruzaron la calle y se acercaban a donde yo estaba, con las armas en la mano, le quité, con disimulo, el seguro a la mía. En cuanto estuvieron cerca, me viré para ellos y disparé todo lo más que pude y le di a Mesa. La gente gritaba y corría… en medio de la confusión, yo también corrí y me escapé. Lo único que lamento es que no pude recoger al médico.

 

Para nosotros lo importante era que el Comandante Lázaro Artola, estaba de vuelta, sano y salvo, no obstante, nos pareció formidable que se le hubiese propinado una baja tan importante al cuerpo represivo de Sancti Spiritus.

 

Los acontecimientos nos indicaban que tendríamos que duplicar las  medidas de seguridad y permanecer con los ojos bien abiertos, tanto en el campamento, como entre la gente que trabajaba en la retaguardia, allá, en la ciudad.

 

Como Ramón Pando Ferrer, jefe de la retaguardia, se encontraba en el campamento, comenzamos, de inmediato a coordinar con el su salida. De ser posible, regresaría al día siguiente a Sancti Spiritus, era urgente que preparara el viaje de los expedicionarios hacia La Habana y la salida de la mensajera de la Sierra Maestra, Edelmira, quien llevaba mi respuesta a Fidel Castro, contenida en una carta.

 

Luego del suceso de Artola y el rastro que inevitablemente dejó la arena en la carretera, podíamos presagiar cualquier otro encontronazo con las fuerzas batistianas.

 

Acordamos que Pando saldría en la mañana, para tener todo listo con vistas a sacar a Edelmira y a los expedicionarios en la tarde; suponiendo, por supuesto, que en Sancti Spíritus existieran las condiciones óptimas para realizar la operación.

 

Llegada la noche, empezamos a armar las hamacas para descansar, todo el mundo estaba agotado después de aquel día tan agitado. Tardé en dormirme dándole vueltas en mi cabeza a la conversación que sostuve con Faure; seguí con la vista, las luces de los cocuyos que como pequeños farolitos nerviosos, aparecían y desaparecían entre la vegetación del monte.

 

Me inundó una profunda tristeza, cómo era posible que Faure impusiera su criterio sobre el resto de la Dirección del Directorio, todas personas brillantes, llenas de méritos. ¿Qué pasaba con Faure?  Tal vez la fatalidad de que una herida leve le impidiera entrar al Palacio Presidencial convirtiéndose en uno de los pocos sobrevivientes del ataque, le traumatizó el alma y por esa razón, actuaba tratando de arreglar errores del ayer sin tener en cuenta que la verdadera necesidad del presente era cerrar filas en una nueva estrategia, que ya estaba dando frutos en el II Frente del Escambray.

 

Lástima, porque Faure era un hombre de indiscutibles méritos, cierto que también tenía responsabilidad en la muerte de Daniel Martín Labrandero, pero Faure nunca entendió que la pérdida de iniciativa no es cobardía, le puede pasar a cualquiera.

 

Faure, sencillamente no se podía perdonar a sí mismo y con esto se hacía daño a sí mismo y al propio Directorio, porque no era ético que se adjudicaran el II Frente, ni la fecha del 13 de Marzo, ni que falsificaran el testamento de José Antonio Echevarría. El Directorio tenía méritos por sí mismo y si de actuar consecuentemente, de seguro se convertiría en uno de los grupos más importantes de la lucha contra Batista. No necesitaba de todas esas falsedades encabezadas por Faure, al que nadie le ataba las manos porque se convertiría de inmediato en su enemigo.

 

¿Cómo podía, una persona desequilibrada como Faure, dominar al resto y llevarlos por un camino tan indigno?

 

Tarde o temprano, los propios compañeros del Directorio, irían reconociendo la personalidad de Faure  Chomón, como ocurrió con uno de sus allegados, Enrique Rodríguez Loeche, amigo de mi hermano Carlos, quien antes de morir me envió un recado, en el que me pedía perdón por haber hecho tanto daño y por haber escrito tanta mentira.

 

Realmente yo no tenía que perdonarlo, todo eso pertenece al pasado, pero si confío en que en algún lugar haya dejado escrito algo que ponga a flote todos estos temas.

 

Tampoco me abogo el derecho de acusar a Faure Chomón, por el contrario, para mí se trata de una mente, que dañada por la acción, se llenó de complejos. Posiblemente hasta requería atención médica y que al no someterse a ella, encaminó sus pasos erróneamente, por un sendero en el que buscaba su reivindicación sin necesidad, porque tenía suficientes méritos indiscutibles.

 

Dando vueltas en la hamaca el agotamiento me fue venciendo, y me dormí con la convicción de que todo pertenecía al pasado. La oportunidad de hacer “borrón y cuenta nueva”, me aliviaba el alma, luego de perdida la  esperanza de constituir el Frente del Directorio en El Escambray, aunque reconocía que de seguro, la dirección del Directorio me hubiese apoyado en mis propósitos de ver todas las armas en función del Frente del Escambray.

 

Todavía no cantaban los gallos, cuando ya se escuchaba en El Cacahual a algunos de los alzados abandonando sus hamacas y recogiendo todo su equipo, cosa inusual, porque, regularmente, se esperaba la luz del día para dar el “de pie”. Es más, el desayuno fue relegado, por primera vez, a un segundo plano: todos fueron corriendo a escuchar el primer noticiero del día, trasmitido por la Emisora Radial de Sancti Spiritus.

 

Los guerrilleros se amontonaban alrededor del pequeño radio a pesar de que en su gran mayoría, desconocían la importancia que tenía para nosotros aquella emisora que nos daba en clave el movimiento del Ejercito de Batista. Aquel día, el pensamiento martiano, nos indicó que no se veía movimiento alguno de tropas. Por otro lado, el noticiero daba por lo claro, la agitación que aun perduraba en el pueblo, con los constantes registros e interrogatorios”. Eloy Gutiérrez Menoyo

 

Menoyo pensó e hizo la conclusión, en aquella hora temprana, de que si trabajaban bien y no estaban registrando los carros a la entrada de Sancti Spiritus, Ramón Pando, podría, sin dudas, coordinar la evacuación de los expedicionarios y a Edelmira. Miguel García Delgado

 

Continuará con: La llegada del Ejército al Cacahual

 

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

 

Félix José Hernández.

 

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