EL PRIMER JUICIO REVOLUCIONARIO EN EL ESCAMBRAY

10 05 2013

El Escambray, parque actual en la  zona de Topes de Collantes. Foto: Lezumbalaberenjena

París, 6 de mayo de 2013.

Mi querida Ofelia:

Te envío un nuevo testimonio de nuestro gran amigo Miguel García Delgado a propósito los sucesos ocurridos en el Escambray cubano durante la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista, en los ya hoy lejanos años cincuenta del siglo XX. Estimo que el conjunto de testimonios que te he ido enviando forma un aporte importante para aclarar la verdad histórica frente a la “Historia Oficial” creada por los “historiadores” del régimen de los hermanos Castro.

“Cuando llegaron Luis Vargas y Joaquín Rodríguez dieron su versión de los hechos, pero Jesús Carrera dijo: cuando lleguen los otros llévenlos para mi cueva y… así fue, cuando llegaron contaron su versión de la historia.

Lo que sí se pudo averiguar es que los que componían este pequeño grupo tardaron 14 días en hacer la travesía hasta Pico Blanco, que fue donde los sorprendió el ejército y en ese tiempo cada vez que hacían una jornada, el mulato Vargas y Joaquín se alejaban de ellos, por lo cual ellos sospechaban que él y Joaquín iban a comer en los bohíos cercanos. Producto de aquello fue que el ejército pudo descubrirlos. Ellos estaban a dos jornadas de llegar a Charco Azul.

En el campamento del Cacahual tuvieron que esperar la llegada de todos para saber la realidad de lo sucedido. La versión de Joseíto Cordero, con su honestidad acostumbrada, los ayudó mucho a reconstruir los sucesos, igualmente las opiniones del viejo Cadenas, Bombino, Roger Redondo, Domingo Ortega y otros, que aportaron versiones coincidentes, recopiladas durante su paso por Pico Blanco, entre los campesinos del lugar. Estos últimos les dijeron, que algunos guajiros de la zona habían hablado con los guardias sobre aquellos hombres armados que vieron pasar.

Después de interrogar a todos los que componían la expedición a Charco Azul, le toco a Víctor Vázquez (Vitea), él hizo sus declaraciones y le informó a los allí presentes lo siguiente:

“Cuando empezábamos la travesía, Ramiro Lorenzo envolvió la carga y le escribió que llevaban los mulos “Donación de Camajuaní” y empezaron a caminar. Ellos tenían la misión de caminar de noche y descansar de día, cosa que no sucedió así pues el mulato Vargas en la primera parada que fue en Caballete de Casas, él y Joaquín Rodríguez se llevaron los mulos y no aparecieron hasta por la tarde. Ellos, los que se quedaron con Villegas, se comieron lo que llevaban en las mochilas.

La segunda parada fue en Gavilanes, en casa de unos guajiros y allí Vargas y Joaquín hicieron lo mismo, se llevaron los mulos y se aparecieron por la tardecita ya cuando caía la tarde.

La tercera fue cuando de Gavilanes fueron a un lugar llamado Gavilancito y allí el mulato Vargas se llevó a Joaquín. Por la nochecita se apareció con los mulos y contradiciendo todas las indicaciones que nos habían dado, atravesó un pueblito de aquella zona. El mulato Vargas tenía la orden de no caminar de día, ni caminar por los caminos vecinales de esas zonas, pero él hizo todo lo contrario de lo que se le había ordenado.

Pero también el mulato iba programando a voz en cuello con todo el que se encontraba “aquí va el mulato Vargas con una expedición”. Cuando pasaron el río Agabama, que fue unas cuantas veces, se les ahogó una mula y siguieron hacia su destino que era Charco Azul, donde Villegas tomaría el mando del grupo.

Al cuarto día, después de pasar el Agabama y caminar un buen trecho, el Mulato Vargas le dijo a Villegas: « Mira esa loma pelá tú te pone allí, y si el ejército viene tiene que entrar por allí ». Entonces los restantes se instalaron debajo de la loma con los mulos y se pusieron a descansar. Como siempre, el mulato Vargas y Joaquín se desaparecieron. Villegas tenía una contraseña que era imitando a una rana cuando la cogía un maja y también imitaba a un gato. Ese día, cuando Villegas divisó al ejército bajó por el cañón para avisarle a sus compañeros y fue cuando el ejército le tiró y lo mató. Los del campamento oyeron los disparos.

Fue entonce cuando Joseíto Cordero le preguntó a Vitea: “¿Qué hacemos?”

Vitea le contestó: “disparar”- mientras que Serapio Cabrera gritó: “no, no tiren que nos matan”.

Entonces subieron la loma donde Villegas había estado y cuando llegaron a la cima se encontraron al Mulato Vargas y a Joaquín Rodríguez y les querían tirar a ellos. Fue entonces cuando Vitea les dijo: “somos nosotros, no tiren”. Entonces le informamos: que el ejército había entrado y matado a Villegas. Seguimos camino y en una casa que nosotros teníamos que llegar, vimos al ejército que tenía emplazada una ametralladora.

Desde el momento en que Serapio dijo: “no tiren”, tiró el rifle y se dio a la fuga. El Mulato Vargas y Joaquín Rodríguez, que eran los que tenían la arrea de mulos, también se fueron por su lado. Fue entonces cuando Joseíto Cordero y Vitea enterraron un poco de parque que ellos llevaban y dijeron: “regresemos a Banao”. Empezamos a bordear la casa muy sigilosamente, brincamos una cerca. Vitea iba detrás. Fuimos a parar a casa de un campesino. El ejército estaba allí y nosotros llevábamos días sin comer. Seguimos caminando y nos quedamos cerca de un arroyito para coger fuerzas y fue cuando sentimos que el ejército venía. Joseíto y Vitea se agazaparon para poder esconderse de los guardias hasta que por fin el ejército se retiró y ellos pudieron bajar la loma. Joseíto Cordero bajó la loma corriendo y Vitea atrás. Cuando llegaron abajo había una hierba de guinea donde se escondieron. Después pasaron la línea del ferrocarril que va a Trinidad y siguieron hasta pasar el Agabama. Fue allí donde se encontraron con el viejo Cadenas, Roger y los guerrilleros que él traía..

En aquel instante Roger ordenó que fueran con él y regresaron al Cacahual. Ya cuando llegaron al campamento, Luis Vargas y Joaquín Rodríguez se encontraban allí y también Serapio Cabrera. Este último hizo el regreso sin dormir.

Una vez concluida la investigación y armado el rompecabezas, todo el personal que se encontraba presente en El Cacahual, señalaba como máximo responsable de lo ocurrido a Luis Vargas. Exigían un juicio a los seis miembros del primer grupo de la caravana, donde todos los guerrilleros de El Frente, querían participar.

Los cargos que se les imputaban a este grupo eran: incumplimiento de órdenes al salirse de la ruta planeada, transitando por caminos vecinales, poniendo en riesgo la vida de ellos mismos y la pérdida de todo el equipamiento bélico; no combatir en defensa de las armas que se les confiaron; no salir al rescate de Enrique Villegas, estuviese vivo o muerto y por último, falsificar y distorsionar la versión de los hechos.

La verdad era una sola, en Pico Blanco ellos no fueron interceptados por el ejército regular. Era un pequeño grupo de guardias rurales del cuartel de Güinía de Miranda. Enfrentar a estos soldados, era la obligación de todos los que acompañaban a Villegas.

Lo peor fue, rehuir el combate abandonándolo todo, cuando llevaban armas y parque suficiente para enfrentar incluso, a fuerzas superiores.

Interpretando el deseo manifiesto de todos de participar en el juicio, contra los seis, se iniciaron los preparativos. Luis Vargas sólo contaba con un punto a su favor: el no rehuir su responsabilidad al presentarse de nuevo en El Campamento.

Roger Redondo, que era como hermano de Enrique Villegas, no creía mucho en aquel juicio con la participación de todos los presentes. Su opinión era la de pasar a Vargas por las armas de inmediato, para que lo sucedido no volviese a repetirse jamás. Sin embargo, también existía en el campamento, de manera generalizada, el criterio de que lo ocurrido, fue producto de la inexperiencia e inmadurez de la gente.

El juicio se llevó a cabo tal como lo pidió la guerrilla. Todos tuvieron la posibilidad de dar su voto y el resultado no se hizo esperar: cinco de los acusados fueron absueltos por unanimidad. Luis Vargas, también fue absuelto, pero hubo diez votos a favor de aplicarle la pena máxima.

Lo que si se pudo comprobar en el juicio en el campamento fue que todos los hombres se encontraban destruidos y se pudo comprobar que Villegas fue a buscar algo de comer para él y los demás compañeros. Cuando regresaba con un racimo de plátanos para el resto de los compañeros, lo sorprendieron los guardias rurales, le dieron el alto, Villegas tiró los plátanos al suelo para tomar su fusil brasileño que él portaba. Lo acribillaron a tiros. Cuando se sintieron los disparos, Vargas que quedó en el campamento, gritó retirada, y a pesar de lo débiles que estaban todos, se fueron.

La muerte de Villegas fue un duro golpe, pues él tenía todos los contactos con la retaguardia y todo lo que él tenía organizado, además de la ocupación de la casi totalidad del parque de las carabinas italianas. Cadenas y Roger recogieron los hombres que quedaban de Villegas menos a Serapio Estrada que regresó por su cuenta. Lo mismo hizo Vargas, pues llegó al campamento acompañado por Joaquín Rodríguez. Este hecho le trajo a la memoria a Roger, fuera verdad o no cuando Vargas tenía conexiones con un militar para robar ganado y mulas. También cuando quiso hacerse pasar por atacante del Cuartel Moncada. Se veía claro una traición, para que pudiera el gobierno de Batista perdonarle sus delitos. Aquello se le metió en la cabeza a Roger muy firmemente.

Vargas era un hombre que ni siquiera estaba inscrito en el registro civil, no sabía leer, pero tenía grandes habilidades, una labia que cuando empezaba a contarle su vida a la gente, los que lo oían lloraban. Tenía los sentidos tan desarrollados, que podía oler las capas de los guardias rurales de lejos o a alguien que estuviera fumando a más de un kilómetro de distancia, o seguir el rastro de dos o tres hombres aunque el piso estuviera seco. Él pasaba por un lugar que no conocía con un práctico de esa zona por la noche y al regresar él ya venía de práctico, pues aprendía el camino mejor que el guía que se lo había mostrado.

El Mulato Vargas no era humano sino un felino. De modo que ya de regreso al campamento de Cacahual de Banao le celebraron un juicio a Vargas, y se cometió otro enorme error. En lugar de nombrar un tribunal, se sometió a votación donde todos los integrante de la guerrilla participaron por voto secreto, y sólo votamos 5 por la pena de muerte a Vargas. La inmensa mayoría votó en contra. Veredicto: no culpable.

Al terminar el juicio, Roger Redondo (de esto pueden dar fe Efrén Mur y Domingo Ortega)m, le dijo a Ortega: “voy a matarlo ahora mismo pero no quiero matar a Joaquín Rodríguez que es muy amigo de Vargas. Cuídame a Joaquín”. Luis Vargas estaba sentado en una roca; Roger se le acercó de frente y le hizo seis disparos en la cara. Ninguna de las balas- todas picadas-, explotó. Todas estaban defectuosas. Luis Vargas sólo lo miró con los ojos esparramados. Fue entonces cuando Roger sacó los casquillos y se los dio a Vargas.

La inexperiencia hizo que el juicio impresionara a muchos, y sirviera de alerta. Luis Vargas y Joaquín Rodríguez, no se recuperaron del susto y apenas transcurridas veinticuatro horas de la votación, desertaron del campamento junto a Ñaero, otro miembro del Frente. Cada uno de ellos se llevó un arma con el correspondiente parque.

La muerte de Enrique Villegas, por su prestigio como revolucionario y dirigente estudiantil, y fundador junto al Dr. Francisco García Menéndez (Pancho el médico), Ciro Redondo, Julito Díaz y otros fueron los fundadores del Movimiento 26 de julio en Santi Spiritus. Villegas tenía una resonancia más allá de nuestras fronteras. Su muerte en Pico Blanco representó nuestra primera derrota, con la referida ocupación de municiones, sin embargo, ubicó al II Frente de Guerra de Cuba en los primeros planos de la insurrección armada en nuestro país contra la dictadura de Batista.

Los perseguidos políticos, vieron como una esperanza, la posibilidad de incorporarse a la lucha armada en el Escambray. Otros, también percibieron nuestro Frente, como un panal de miel, del que debían apoderarse. No obstante, nada de aquello nos inquietaba. Para nosotros lo importante era que nuestro Frente continuara consolidándose.

La cuneta de la carretera más cercana al campamento El Cacahual, se convirtió en una especie de oficina, durante el invierno. Allí, amparados por la noche, sostuvimos, constantemente, entrevistas con valiosos activistas que acudían para brindarnos su ayuda solidaria y mantenernos al tanto del acontecer nacional, en especial, sobre al clandestinaje y la lucha armada en Cuba , noticias que no eran difundidas por la prensa nacional, debido a la censura y al desconocimiento”.

Miguel García Delgado

Considero que gracias a este testimonio de Miguel muchas personas no sólo en Cuba, podrán conocer sobre sucesos hasta ahora desconocidos por ellos.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

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