ZAPORIZHSKA, LA REPUBLICA DE LOS COSACOS

28 04 2013
Parte del tesoro de los cosacos.

Parte del tesoro de los cosacos.

París, 24 de abril de 2013.

Recordada Ofelia:

La ciudad surge, en el lugar de la fortaleza construida por orden del zar en 1770, la cual fue utilizada como base de operaciones contra las invasiones de los turcos y tártaros de Crimea. Hasta el año 1921 la ciudad fue conocida por el nombre de Alexandrovsk. Su nombre actual se debe a la población cosaca Zaporizhska Sich que estaba en la cercana isla de Jortitsa.

Zaporizhska se traduce como “la que está detrás de los rápidos del río”. Aunque en el siglo XIX Alexandrovsk era una pequeña población, a comienzos del siglo XX comenzó a extenderse a lo largo del cauce de río gracias a su situación privilegiada. Su desarrollo industrial empezó cuando una gran presa fue construida en sus cercanías entre 1927 y 1932, lo cual permitió la navegación por todo el río, ya que subió su nivel en más de treinta metros y sus famosos rápidos quedaron por debajo del nivel de la superficie del agua. Junto a la presa se construyó la central hidroeléctrica de Dneprogues, que en aquel momento, con 760 metros de largo era la más grande del mundo. Hogaño su muro gris a causa de la contaminación es poco estético, sin embargo en 2007 fue catalogada entre “las sietes maravillas del mundo moderno” junto a la Tour Eiffel, el Golden Gate Bridge y el Empire State Building entre otros. Un monumento representa a un soldado que sacrifica su vida frente al enemigo alemán para salvar la presa de la destrucción.

La ciudad fue completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial por los alemanes que la ocuparon en 1941. Su reconstrucción fue finalizada en 1950 en el más puro estilo estalinista. Desde que desembarcamos en el muelle, nos encontramos en la gran Plaza Lenin, con el enorme monumento a ese señor al centro de ella. Desde allí parte la gran Avenida Lenin de 11 kilómetros de largo, que recorre toda la ciudad a partir del río hasta Zaporojets, donde se fabricaban los coches poco agraciados soviéticos. A lo largo de la avenida se encuentran los monumentos a: la Patria, los soldados, los héroes, los mártires, la liberación, etc. Lo único agradable de esa ciudad es la playa a orillas del río donde vimos a una gran cantidad de familias pasando sanamente un buen día soleado.

Pero lo que en realidad es muy interesante es la visita a la Isla de Khortysya, situada al centro del río. Fue en ella donde el jefe cosaco Dmytro Baïda reunió a varios grupos de cosacos y construyó un fuerte (1553-1554). Así nació la República Cosaca de Ucrania, que quedó fuera del control de los polacos y los rusos. Cualquier hombre valiente que lo quisiera podía unirse a la república. Ésta llegó a tener más de 20 000 guerreros, los cuales, según la leyenda, consumían enormes cantidades de vodka. La isla estaba prohibida a las mujeres, por tal motivo las citas amorosas tenían lugar en las rocas que se encontraban entre la isla y las orillas del río.

Como los cosacos prohibieron a Catalina II que visitara la república, ésta se sintió humillada y envió a su ejército en 1775, que tras sangrientos combates pusieron fin a la primera república independiente al interior del Imperio Ruso.

La isla de 2 690 hectáreas, es Parque Nacional desde el 1965. Visitamos la reproducción de un fuerte y un pueblo cosaco. Pudimos disfrutar de un espectáculo ecuestre, en el que los descendientes de aquellos cosacos hicieron maravillas sobre caballos a todo galope y simularon combates con gran destreza.

Visitamos el moderno Museo Cosaco, donde se pueden admirar gran cantidad de objetos cosacos: lanzas, sables, escudos, ropas, joyas espectaculares. Además hay una casa cosaca reproducida con los objetos de la vida cotidiana y cuadros de pintores rusos y ucranianos que se inspiraron en la vida de aquellos temibles guerreros.

Pregunté a la guía dónde se encontraban los aseos, me indicó una escalinata de mármol blanco digna de un hotel de lujo. Bajé y me encontré en un salón con unas veinte cabinas de mármol blanco con tazas repletas de orine, pues no había agua, lógicamente tampoco había en los bellos lavabos. Algo curioso fue el ver un rollo de papel de cartucho sanitario atado a un clavo con alambre de un perchero a la entrada del lujoso salón.

Algo especial me ocurrió esa noche en el barco. Después de cenar fui a la recepción para pagar los dos euros que me daba el derecho a utilizar por una hora el único ordenador a disposición de los turistas. Está colocado contra la pared y el que lo utiliza queda de espaldas al público que tiene unas cincuenta sillas para ver la televisión. La empleada fue conmigo a la sala, me encendió el ordenador y no se movió de detrás de mí durante la media hora que lo utilicé, con su mirada fija en la pantalla. Algo que considero por lo menos ridículo. Fui a quejarme al jefe de programación del grupo francés y éste me dijo que seguramente la chica se había quedado allí por “amabilidad”, para ayudarme si lo necesitaba. Parece que las viejas costumbres soviéticas no han desaparecido aún ni siquiera en la Ucrania independiente.

Esa noche del 30 de julio 2012, el barco zarpó hacia la ciudad de Kremenchug, hacia el norte, por el río Dniéper.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz, hoy a +8°C. y con día soleado.

Félix José Hernández.

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