ODESSA

2 03 2013
Monumento al Duque de Richelieu

Monumento al Duque de Richelieu

París, 1 de marzo de 2013.

Querida Ofelia:

Después de la introducción que te hice del viaje en la crónica anterior, hoy quiero comenzar por contarte los dos días pasados en Odessa.

Caminando por las calles de la ciudad se ven numerosas muchachas bellas, delgadas, muy coquetas, que gastan minifaldas de vértigo y zapatos de tacones agujas de alturas suicidarías. Lo paradójico está en que muchos muchachos -muy musculosos- aparecen desaliñados, sin camisas, en camisetas y con chancletas de goma.

Segundo puerto en importancia desde inicios del siglo XX y tercera ciudad –después de Moscú y San Petersburgo-, Odessa es la Perla del Mar Negro, que cuenta actualmente con más de un millón de habitantes. Es la famosa ciudad del motín del Acorazado Potemkín. Pudimos subir por la célebre escalinata que une el puerto turístico al centro de la ciudad; tiene 192 escalones, 142 metros de largo y treinta de alto. Recordé el filme mudo de 1925 del gran Serguei Eisenstein y sobre todo la escena de la masacre de los civiles y del cochecito del bebé que iba cayendo por los numerosos escalones.

En lo alto de la escalinata había hombres con animales: monitos, halcones, reptiles, etc., que los prestaban a cambio de algunas monedas para que los turistas se hicieran fotos.

La escalinata llega al Boulevard Primorski donde abundan los árboles frondosos como los castaños y las flores. Los postes de la luz son de estilo belle époque. Allí se alza el monumento al Duque de Richelieu (1766-1822), quien fuera el primer gobernador de la ciudad entre 1803 y 1814. Habia llegado a la ciudad huyendo de la guillotina de la Revolución Francesa. A todo lo largo del paseo frente al mar se levantan bellos inmuebles, entre ellos hay dos espléndidos: El Hotel Londonskaïa (1826) y el Palacio Vorontsov (1827). Al final del boulevard se encuentra el monumento a Pushkin (obra del 1888) y detrás del mismo el impresionante edificio neoclásico blanco que ocupa el ayuntamiento. Al centro de la aledaña Plaza Ekaterinskaïa se alza el monumento a Catalina la Grande, fundadora de la ciudad.

Visitamos La Opera (de 1887), obra de los célebres arquitectos austriacos Helmer y Fellner. Remozada en 2008, es considerada como una verdadera joya arquitectónica. Los frescos que cubren la cúpula de la gran ala están inspirados en las obras de Shakespeare.

Paseamos por la avenida Derivasovskaya (nombrada así en honor al general José de Ribas, uno de los fundadores de la ciudad), es la más animada de la ciudad, peatonal y repleta de: tiendas, cafeterías, cines, etc. Al final de ella se encuentra el Jardín Municipal (Gorsad), rodeado de terrazas, bellos restaurantes y fuentes. Allí vimos un curioso monumento en bronce a una silla, sobre la cual se sentaban con poses provocantes las chicas para hacerse tomar fotos. Resulta que el monumento se inspira en la obra satírica “Las doce sillas” de Lif y Petrov, que cuenta lo absurdo de la vida en la Unión Soviética en 1920. La historia cuenta las aventuras de Hipólito, aristócrata arruinado al cual su suegra antes de morir le confiesa que todas las joyas de la familia están escondidas en una de las doce sillas del comedor. Pero como las sillas fueron confiscadas por los soviéticos y repartidas, él se dedica a buscar en cuál está el tesoro.

Del otro lado de la avenida se encuentra El Passaj, una verdadera galería de lujo de estilo neo-renacentista, estilo que invadió la ciudad a finales del siglo XIX. Las paredes del primer piso están cubiertas por altos relieves de dioses mitológicos, animales, ninfas, etc.

Recorrimos el vetusto y empolvado Museo de Arte Ruso, situado en el Palacio el conde Pototsky, el cual parece pedir a gritos que lo restauren. En cada sala vigilaba una temible babuchka.

Visitamos La iglesia ortodoxa de la Trinidad, La catedral católica de la Ascensión de la Virgen, La Catedral Luterana, La Gran Sinagoga de la Sabiduría y La Catedral ortodoxa de la Transfiguración. En ésta última los turistas deben dar una contribución “voluntariamente obligatoria” y, como yo no lo sabía, al entrar, un corpulento policía se puso frente a mí con los brazos en la cintura, con cara de esbirro comunista y me señaló una caja de cartón donde yo debía depositar dinero.

Todos los edificios religiosos han sido reconstruidos, ya que Stalin los había dinamitado en los años treinta.

Cerca de la ciudad se encuentran cuarenta kilómetros de playas, la más reputada es ArKadia. Se les recomienda a los turistas que tengan cuidado con los verdaderos o los falsos policías que por cualquier motivo ponen multas que hay que pagar en efectivo y en el acto, en euros o dólares.

En Odessa la mafia ha logrado instalarse: las prostitutas (y la trata de blancas hacia Europa Occidental), proxenetas, estafadores, traficantes de drogas, etc. abundan. La ciudad atrae a los turistas que buscan sexo barato y a los que van a la caza de una esposa bella y joven, ya que en sus países de origen no han sido capaces de encontrar una.

Antes de terminar la presente, deseo escribirte sobre El escudo Tridente (Tryzub). Las primeras menciones escritas sobre el Tridente como escudo de la antigua nobleza son del siglo IX, en los tiempos del principado la Rus de Kiev. La imagen del Tryzub es conocida a partir del sello del Príncipe Sviatoslav lgorevich. Con el tiempo este símbolo se estampó en las monedas de Volodymir Sviatoslavovich el Grande: de un lado su retrato y del otro el Tryzub.

El Tryzub simboliza la trinidad de energías vitales, al igual que la cruz o estrella sexángula: Sabiduría, Saber y Amor (o Fuego, Agua y Vida). También el Tridente se puede ver en los muros de las iglesias más antiguas como Desiatinna, Uspenska, catedral Volodymyro-Volynskyi; en el escudo de la reina de Francia Anne, etc.

En el momento de la cristianización de la Rus de Kiev, el Tryzub obtuvo una gran popularidad. Su culto en los ornamentos tradicionales desapareció sólo en el siglo XVII, cuando los libros empezaron a estamparse. Pero en los lugares más lejanos del país, en las montañas y en los pueblitos, siguió vivo. Así en los Cárpatos hasta hace poco en vísperas de la Navidad la gente pintaba los símbolos mágicos del tridente en las paredes de sus casas.

Desde Odessa continuamos el viaje por el Mar Negro hacia Sebastopol, pero de esa impresionante ciudad te contaré en la próxima carta.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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