El mensaje presidencial del primero de septiembre

5 12 2012


Presidente Adolfo López Mateos,
Foto: latinamericanstudies.org

A Carlota, en su cumpleaños

México DF, 04.12.12

Mario Rivera Ortiz

Los trece puntos contenidos en el mensaje-compromiso de Enrique Peña Nieto del primero de septiembre representan un conjunto de promesas cuyo cumplimiento es urgente para el pueblo mexicano de hoy en día. Negarlo sería dañoso para el movimiento obrero y popular que se despliega ahora en el país, o sea una expresión pura de un estéril extremismo pueril.

Los mensajes presidenciales del tipo mencionado suelen pronunciarse en los tiempos que la gobernabilidad del país tropieza con grandes dificultades y son precedidos o acompañados casi siempre por agudos disturbios sociales.

En materia de declaraciones presidenciales la historia de México recoge un buen número a lo largo de varias décadas pero ahora examinaremos como prototipo de ellas sólo la que pronunció el presidente Adolfo López Mateos, el primero de julio de 1960, o sea la famosa declaración de Guaymas: “Mi gobierno es, dentro de la Constitución, de extrema izquierda”. El entorno político nacional de entonces estaba también, igual que ahora, cargado de cólera social debido a las secuelas de la represión policíaco-militar contra las huelgas ferrocarrileras y las diversas acciones sindicales del Movimiento Revolucionario del Magisterio. La Declaración de Guaymas respondía, así mismo, a la necesidad urgente de la clase gobernante de bajar la presión de la caldera.

A continuación se produjo un debate clásico de la izquierda mexicana de aquella época. La Comisión Política del PCM aceptó “una posibilidad de cambios y prometía que el partido apoyaría las medidas de carácter democrático-popular que aplicara el gobierno”.

David Alfaro Siqueiros, por su parte, también miembro de la Dirección comunista, respondió de otra manera: “el gobierno del presidente ALM no es de extrema izquierda, sino todo lo contrario, de extrema derecha y actúa, además, al margen de la constitución”. Siqueiros entregó una carta a la Comisión Política en la que descalificaba su opinión, afirmando que era contraria a la línea adoptada por el XIII Congreso Nacional del PCM y que la declaración del presidente y las de otros políticos del PRI era pura y simple demagogia. El gran pintor comunista subrayaba que la burguesía era incapaz de cumplir siquiera el programa mínimo que el partido le había propuesto en su declaración del nueve de julio. Y concluía afirmando: “Estamos engañando al pueblo”. Por supuesto, la Dirección del partido desautorizó a DAS.

Dentro de la amplia izquierda el ingeniero Marcué Pardiñas, miembro del Comité Nacional del Partido Popular y director de la revista Política, afirmó que el señor presidente merecía “las calurosas manifestaciones de adhesión del pueblo mexicano por haber precisado sin lugar a dudas que esa postura se dejará sentir en todos los órdenes de la administración pública”.

Sin embargo, el sexenio pasó (1958-1964) y los cambios democráticos prometidos no se hicieron realidad, el régimen mantuvo las cárceles repletas de ferrocarrileros, maestros e intelectuales como David Alfaro Siqueiros y Filomeno Mata. De la declaración de Guaymas sólo quedaron pues, las palabras bonitas que el viento se llevó.

Ahora bien, si el gobierno de ALM hubiese liberado a los presos políticos y ampliado la democracia sindical siquiera, quizá la década de los años sesenta hubiera sido más tranquila, pero “El preparatoriano” prefirió salvaguardar los intereses de la clase gobernante; por consiguiente es necesario advertir que el discurso del presidente EPN representa también y sobre todo, una necesidad apremiante para la burguesía, pues de no cumplirse lo prometido el país no caerá en una situación prerrevolucionaria de inmediato, sino en una condición caótica en todos los ámbitos de la vida social.

Habitualmente las analogías históricas no son válidas, lo sabemos, pero si nos presionan diríamos que la actual coyuntura contiene mayor cantidad de material explosivo que en 1960. Nosotros pensamos que exigir el cumplimiento del programa presidencial del primero de septiembre es la directriz acertada para el movimiento obrero y popular en este momento, al mismo tiempo que éste construye una organización propia y rechaza cualquier invitación aventurera de la “izquierda” o de la “derecha”.

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