El simulacro del tren blindado

23 11 2012

Monumento en Santa Clara dedicado al descarrilamiento del tren blindado, ocurrió el 29 – XII – 1958 por parte de la 8va Columna, Ciro Redondo del Ejército Rebelde al mando de Ernesto Guevara de la Serna. Foto: Flodigrip

París, 17 de noviembre de 2012.

Querida Ofelia:

Te hago llegar la nota y el documento histórico que me entregó el mes pasado en Miami nuestro amigo de infancia Miguel García Delgado, ex guerrillero del Escambray y compañero de combates del recién fallecido Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo.

“Trascurrían los finales de los años de 1990 y Eloy se dio a la tarea de escribir sus memorias. Me pidió ayuda para ello. Por supuesto, yo se la brindé desinteresadamente. Cuando Eloy tenía casi terminado su trabajo de memoria histórica, me informó que se marcharía para Cuba, pues era allá donde él debía estar predicando su teoría del Cambio en Cuba.

Conservo los archivos de Eloy, los que incluyen sus Memorias. Los originales de estas últimas las entregué hace nueve años a su hija Patricia. Aquí te entrego para su publicación, lo que escribió sobre el famoso tren blindado de Santa Clara”. Miguel García Delgado

“Las noticias que nos llegaban de todos los frentes eran demoledoras para la dictadura. Guerrillas del 26 de Julio, el PSP y el Directorio Revolucionario, estas últimas comandadas por Rolando Cubela, y todas bajo las órdenes del Che Guevara, ocupaban posiciones estratégicas en las proximidades de la ciudad de Santa Clara.

Algunas de ellas, penetraban ya en la ciudad excursionando y presionando sobre distintos objetivos. Todo obedecía a un cálculo bien preestablecido.

El tren blindado compuesto por unos veinte vagones y custodiado por unos quinientos hombres entre clases y oficiales, todos al mando del teniente coronel Florentino Rosell, había sido interceptado en la loma del Capiro, punto previamente acordado, ya que por lógica nadie es adivino. Los raíles de la vía férrea habían sido levantados, y el convoy se vio obligado a detener su marcha.

Sus ocupantes quedaron atrapados como en una lata de sardinas en medio de un cerco de los alzados. Ni corto ni perezoso, y ante la admiración de sus soldados el susodicho coronel del cuerpo de ingenieros, los exhortó a que mantuvieran la calma sin que cundiera el pánico. Luego, siguiendo el juego preestablecido y poniendo en práctica toda su astucia, y sus formidables dotes de comediante, pidió una tregua y bajó audazmente para parlamentar.

En honor a la verdad, hay que reconocer que ni los soldados que venían en el tren, ni los barbudos que los cercaban, tenían ni el más mínimo conocimiento de que se trataba de una entrega pactada. Muchos inclusive de los participantes pondrían hoy en día su cabeza, para negar tal afirmación. Pero los hechos hablan por sí solos, sin que hasta el momento se aporte una argumentación sólida que demuestre lo contrario.

Veamos, pues, y razonemos. Rosell bajó a parlamentar, y de inmediato se desapareció del escenario junto a aquellos que lo esperaban. A partir de aquel instante, el convoy quedó bajo el mando del comandante Ignacio Gómez Calderón y del capitán Evelio Lezcano.

Ambos, continuaron el simulacro hasta el día 29 de Diciembre, fecha en que el teniente coronel Rosell estableció contacto con la planta de radio del convoy, y les hizo saber que ya se encontraba en Miami, y que lo pactado, había sido cumplido. La bandera blanca hizo su aparición, y el tren blindado fue entregado.

Los soldados fueron conducidos provisionalmente a un pueblo cercano, en calidad de retenidos. Al día siguiente en Cayo Francés, a bordo de la nave Baire, almorzaban opíparamente el comandante Ignacio Gómez Calderón y el capitán Evelio Lezcano. Lo narrado, me reafirmó mi creencia acerca de dos conclusiones a las que ya yo había llegado. Una, la total desmoralización que se estaba produciendo en los altos mandos del ejército de la dictadura. Otra, que dada mi ingenuidad, yo no estaba capacitado para tratar con bribones. Pensé que Rosell era un militar de decoro, dispuesto a entregar el tren, en un gesto desinteresado y patriótico. Yo le había ofrecido todo tipo de garantías para él y para su tropa, y el consabido reconocimiento sin regateos de ninguna índole. En fin, yo le había ofrecido todo lo que estuviese enmarcado dentro de un trato justo y honesto; pero ni remotamente se me había ocurrido ofrecerle lo que ahora para mí estaba más claro que el agua.

Rosell, sólo podía ser clasificado como un vulgar mercenario, y un inescrupuloso oportunista de marca mayor. Vagones y más vagones de moderno armamento, y cientos de soldados que lo acompañaban, todo fue utilizado como mercancía de cambio, en un verdadero acto de magia, en la que el flamante coronel bien podría haberse bajado del tren enseñando los bolsillos. Nada por aquí, nada por allá, completamente vacíos. Y tan pronto llegó a Miami, sin siquiera llevar una varita mágica porque no tenía espacio para ella, bastó que dijera: ‘Abracadabra’. Y sus bolsillos aparecían repletos de dinero por todas partes.

No sé si la magia llegó a tal extremo, como el de dejar embarcados a sus compinches, o si e éstos no estaban incluidos en el reparto del botín, y en ese caso fueron traicionados. La versión correcta, si es que esta no se ajustara a la exactitud, sólo podrían darla aquellos que participaron en la negociación. Y por la estrecha relación que pudiera guardar con lo narrado, o por simple coincidencia.

Acude a mi mente la discordia que formó el Ché en la dirigencia provincial del Movimiento 26 de Julio, cuando éste les pidió que organizaran el asalto del banco ubicado en el pueblo de Sancti Spiritus. Aquella propuesta fue como un detonante, y de plano obtuvo el rechazo de toda la dirigencia del 26, que entendían con toda lógica que aquella descabellada propuesta rebajaría el prestigio del Movimiento al más bajo nivel. Afortunadamente, la sangre no llegó al río, tras la agria polémica. La dirigencia del 26 se las agenció para hacerle llegar fuertes sumas de dinero, con las que pudieron acallar las pretensiones del Ché. Que sin duda, al éste desconocer la idiosincrasia de los cubanos, de haberse llevado a cabo su plan, hubiera representado una monumental metedura de pata, desaprobada con seguridad hasta por el propio Fidel Castro.

¿La premura del Ché por obtener dinero, era para pagar la compra del tren blindado, o para qué? Por mi parte, comprendo a la perfección que por medidas de seguridad, y en evitación de represalias contra aquellos que entregaron el tren, no quedara otra alternativa que ocultar la verdad; pero pasado el tiempo, no le veo sentido de que las cosas no se pongan en su lugar. Lo honesto, es ofrecer una versión exacta que nos sirva de guía inclusive para aquellos que como yo pudiéramos haber cometido algún pequeño error de apreciación.

Y por supuesto, el que a mí no se me entregara el tren blindado, me sirvió de algo. Me hizo poner los pies en tierra y no andar por las nubes. Seguir esperando por el tardío alzamiento del indeciso Jaime Varela Canosa, jefe del Distrito Naval Sur, era una pérdida de tiempo cuando ya se olfateaba el desplome de la dictadura. Guarniciones enteras que al ser cercadas en sus cuarteles, se rendían ante el primer parlamentario que les ofreciera garantías para sus vidas, sin apenas haber tirado un tiro.”Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo.

Recuerdo perfectamente cuando en enero de 1959, fuimos juntos a ver aquel célebre tren en los arrabales norteños de la entonces Villa de Marta Abreu, en la salida de la carretera hacia Camajuaní. Nunca hubiéramos imaginado que detrás de aquel “heroico” éxito militar del Ché, se escondiera lo que nos cuenta Menoyo en sus Memorias.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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