Argentina: A 39 años del crimen de lesa humanidad, nunca reconocido ni recordado por el Kirchnerismo.

29 09 2012

José Ignacio Rucci

Antesdeayer se cumplieron 39 años desde que fuere asesinado vilmente José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT y hombre de extrema confianza del General Juan Domingo Perón; este aberrante crimen cometido por quienes detentaban altísimos puestos en el Gobierno bonaerense y en el nacional, mal que les pese a las organizaciones de DDHH y al cristikirchnerismo gobernante debe ser juzgado como “crimen de lesa humanidad”, Dios y la Patria así lo demandan.

La Patria y el peronismo claman desde hace ya 39 años por el esclarecimiento total y absoluto del crimen de quien fuere en vida un verdadero y leal “soldado de la causa nacional y popular”, quien además era quizás, el hombre de mayor confianza del Teniente General Juan Domingo Perón. Esta y no otra es la verdadera causa de su asesinato, y tan es así que el mismo General expresó “me cortaron las piernas…” llorando por primera vez en público; porque José Ignacio era el líder indiscutido de la CGT imprescindible en el armado pensado por Perón para organizar el “modelo de nación con desarrollo” y la revolución inconclusa abortada por el golpe militar de 1955 y los largos 18 años del exilio a que fuere sometido por la oligarquía argentina y la sinarquía internacional.

Este crimen cometido apenas transcurridas 48 horas del determinante triunfo de la fórmula Perón-Perón (con más del 62% de los votos) cambió al país, como cambió el “curso de la historia argentina”, porque luego del intento del “copamiento montonero del 20 de Junio” en Ezeiza, al regreso definitivo del Líder y Conductor, frustrado por quienes no estaban dispuestos a dejar al viejo General a merced de los autodesignios marxistas de las cúpulas de las organizaciones armadas –FAR, FAP, Montoneros, JUP Regionales, JTP, etc.- que pretendían entornarlo y cooptarlo para intentar un co-gobierno del que ellos serían los exponentes más radicalizados y progresistas, utilizando la figura de Héctor J. Cámpora como ariete y caballo de Troya, junto a Oscar Bidegain, Sylvestre Begnis y Obregón Cano, gobernadores de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, quienes junto a otros gobernadores provinciales completaban la cohorte de peronistas infiltrados por aquellas organizaciones armadas de neto corte marxista.

El antecedente más notorio y claro de las intenciones de las OA, fue el enfrentamiento producido al regreso definitivo de Perón en aquella luctuosa jornada del 20 de Junio, donde las columnas de La Plata, Rosario y Córdoba intentaron infructuosamente copar el puente-palco desde donde estaba previsto que hablase el Tte. Gral. Juan Domingo Perón a la inmensa muchedumbre reunida –más de 1,5 millones según estimaciones pesimistas- desde cerca de 24 horas antes para volver a tomar contacto con el líder que regresaba a la Patria, este accionar fue repelido por sectores juveniles organizados y pertenecientes a las juventudes sindicales, y el Comando de Organización de Alberto Brito Lima, y otros grupos de militantes de Capital y Provincia de Buenos Aires todos ellos a las órdenes del General Osinde. Este enfrentamiento que la historia oficial –o sea la escrita por los sediciosos de 1976- conoce como “la masacre de Ezeiza”, dejó un saldo luctuoso de cerca de 300 muertos y un número indeterminado de heridos.

Perón conmovido por estos luctuosos sucesos manifestó: “Deseo hacer un llamado a todos, al fin y al cabo hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo. Tenemos una revolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de ser una reconstrucción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino”. Pocos días después y por mandato expreso del General renunciaban Cámpora y Solano Lima, Presidente y Vicepresidente electos en los comicios amañados de marzo de 1973, asumiendo la Presidencia provisoria y con el exclusivo fin de llamar a elecciones Raúl Lastiri, Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Del listado de diputados juveniles electos por el peronismo, un sector le realizó un planteamiento desafiante al líder y conductor y éste les aclaró que si no estaban de acuerdo con lo que él proponía tenían las puertas abiertas para retirarse y renunciar a las bancas, así la Juventud Peronista se partiría y alumbraría lo que dio en llamarse el “sector Lealtad”, que junto a los integrantes del resto de los aliados del FREJULI, la CGT y a los sectores mal denominados como “la derecha del peronismo” se mantuvieron fieles a Perón y opuestos a la continuidad de la “lucha armada”, abandonando el terrorismo y la guerrilla que habían sido orquestadas para enfrentar al régimen dictatorial y totalitario encabezado por el General Agustín Lanusse.

Montoneros se fusionaría a sectores del FAR y del FAP y junto a sectores de ultraizquierda como el ERP –sector marxista no peronista desde siempre- que siempre fueron enemigos acérrimos del peronismo y que en el golpe del 55 participaron activamente del lado del antiperonismo, reiniciaron la acción guerrillera y terrorista en plena etapa democrática y constitucional, pero lo más grave es que lo realizaron enfrentando y bajo un “gobierno absolutamente peronista”, tan peronista que era conducido desde la retaguardia y hasta su asunción definitiva por el propio general Juan Domingo Perón. En agosto de ese 1973, y tras fracasar en su intento de “entornar y cogobernar con Perón” se reunieron por expresas directivas de la cúpula nacional de Montoneros, Mario Eduardo Firmenich –NG “Pepe”- aún amnistiado por la “derogada parcialmente por la actual CSJN, amnistía de Carlos S. Menem” quien vive cómodamente en España y Roberto Quieto –NG “Negro”- “un quebrado y colaborador primordial de la Armada en la ESMA” a quien luego aquella fuerza exiliara en el extranjero con identidad reservada y cambiada junto a su compañera también “quebrada y colaboradora de la Esma”, como máximos responsables de la Conducción Nacional de Montoneros llevar a votación la muerte y asesinato de un “alto dirigente obrero peronista”.

El blanco y el objetivo eran José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT y “desafiar a Perón y mostrarle que la Organización Armada existía y que de ahí en más debía negociar con ellos”, para refrendar estos puntos encomendaron al jefe de la Regional I de la JP Capital y actual legislador del FpV –organismo de “superficie” de Montoneros- Juan Carlos Dante Gullo –NG “Canca”- comenzar con una tarea de “acción psicológica” que se asentaba en la realización de pintadas callejeras cuya consigna, además era repetida en los actos y concentraciones, además era cortita y siniestra: “Rucci traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor”.En este entramado de confrontación abierta con el Líder peronista, los “jefes” dispusieron que la “acción militar” del asesinato del máximo dirigente cegetista debía concretarla la “Columna Capital” de la organización-banda Montoneros, integrada la “columna” por los “oficiales” siguientes, Jefes: Horacio Mendizábal, Roberto Cirilo Perdía y Norberto Habberger, “todos miembros de la CNM” y Francisco Urondo –NG: “Paco”-; Subjefes: Juan Julio Roqué –NG: “Lino”-, Lorenzo Konkurat, Julio César Urien –ex guardiamarina de la Armada- y Lidia Mazzaferro. Integraban también esta “acción militar” como “nexos” con las organizaciones de superficie: Norberto Ahumada –NG: “Beto”-, Juan Carlos Dante Gullo –NG: “Canca”-, Luis Roberto Lagraña y Miguel Ángel Ponce.

Antes de las elecciones convocadas por Lastiri para el 23 de Setiembre de 1973, y que consagraran el triunfo aplastante de la fórmula Perón-Perón, los directivos y jefes de la CNM, verdadera banda de ladrones, asesinos y secuestradores antidemocráticos e inconstitucionales se reunían en la Avenida Rivadavia Nº 9070 de la Capital Federal, en el Barrio de Villa Luro sede de la Secretaría Política de Montoneros, y a no demasiadas cuadras de lo que después fueran las instalaciones de Automotores Orletti en plena dictadura sediciosa y genocida, donde pusieron a punto el artero y cobarde ataque al líder obrero. Es en éste domicilio donde la CNM termina de dar las puntadas finales a la organización y planificación del ataque que se llevarían a cabo de no mediar inconvenientes o retrasos imponderables apenas realizadas las elecciones nacionales, para lograr el efecto psicológico buscado, o sea imponerle a Perón la presencia omnipresente de las Organizaciones Armadas como una “realidad tangible”.

Debemos recordar con pulcritud estos nombres, pues sobre ellos y sus autores intelectuales y coautores o partícipes necesarios deberemos exigir que caiga todo el peso de la ley, tal como ya lo hiciera en la pasada década del 80 con las Juntas Militares del Proceso de Reorganización Nacional por “sedición y alta traición a la Patria y por secuestros y asesinatos como crímenes de lesa humanidad”. Pero además la Conducción Nacional de Montoneros designó para las tareas de “inteligencia”, que les exigieron casi 4 meses a estos verdaderos chantajistas y asesinos, a Antonio Nelson Latorre –NG: “Pelado Diego”- y Rodolfo Walsh –NG: Esteban”-, ambos “oficiales de inteligencia” de Montoneros, a los que sumaron como “colaboradores” los jóvenes de la JTP de FOETRA, para pinchar los teléfonos y munirse de ropa de técnicos y credenciales de empleados de ENTEL. Esta clara acción de desestabilización de un Gobierno Democrático contó con la participación y complicidad de los mencionados gobernadores Bidegain, Begnis y Cano y otros tantos más, junto a funcionarios provinciales –muy particularmente de Buenos Aires y Santa Fe- quienes proveyeron logística, armamento y dinero, junto a “tareas de inteligencia” efectuadas por personal policial de dichas provincias, por lo cual es innegable que a derecho este crimen horrendo debe ser catalogado como “delito de Lesa Humanidad”, pues intervinieron funcionarios y estados, ya sea como agentes directos o indirectos.

Y esto que aclaramos está refrendado en pruebas irrefutables, tales como que para la planificación se requirió de Francisco Urondo –NG: “PACO”- Subsecretario de Cultura de la Provincia de Santa Fe, durante la gestión de Sylvestre Begnis, junto a Roberto Cirilo Perdía _NG: “Pelado Carlos”-, Horacio Mendizábal –NG:”Vasco”-, NG: “Pippo”, Juan Julio Roqué –NG: “Lino”- y NG: “Sebastián”; para oficiar de “fusilero” la Conducción Nacional –NG: “Carolina Natalia” según el argot de Montoneros- a Roqué que ya había cumplido tarea similar en el asesinato del general Juan Carlos Sánchez, comandante del IIº Cuerpo de Ejército con asiento en Rosario, el 10/Abril/1972, en el “operativo Sonia Segunda” entre FAR y ERP, relato realizado por la guerrillera Graciela Yofré oportunamente; junto a Roqué, actuaron entre otros ya nombrados Roberto Cirilo Perdía –NG: “Pelado Carlos”- que utilizó una Itaka y Roqué un FAL, ambas armas provistas por la CNM; los otros involucrados hacían la operación de “distracción”, pero los disparos que fusilaron arteramente a José Ignacio y atentaron contra Perón partieron indiscutiblemente de las armas de estos dos asesinos y traidores, pues eran quienes tenían “la mejor visión de tiro”.

A las 12 horas 11 minutos de aquel trágico 25 de setiembre de 1973 el terrorista Roberto Cirilo Perdía –NG: “Pelado Carlos”- dio la orden de iniciar la balacera, pues José Ignacio Rucci acababa de salir de uno de los domicilios que utilizaba alternativamente, en previsión de intentar salvaguardar su vida ante las constantes amenazas de muerte que bajo todo tipo de amenazas –pintadas, cánticos y consignas- desparramaba Montoneros, este era el de la Avenida Avellaneda Nº 2953 del populoso, y muy querido para mi, barrio de Flores. Recuerdo ese mediodía como si fuera hoy, tanto como recuerdo aquella otra jornada luctuosa para el peronismo y para quien esto escribe como fuera el mediodía –trágica coincidencia- del 1º de Julio de 1974 en que el peronismo perdiera a Juan Domingo Perón y yo a mi abuelo materno Andrés Avelino Rozado Alonso; pues de casualidad estaba en el domicilio de mis padres a menos de 13 cuadras de distancia –hoy una verdadera barrera arquitectónica y de sonido, no así en aquellos años en que Flores era un barrio de casas bajas y jardines floridos, barrio donde aún las familias disfrutaban los almuerzos y donde se veían los noticieros del 13 o del 11 para conocer las novedades cotidianas. El tremendo ruido de la balacera me sobresaltó, por lo intenso, sostenido y largo y mi experiencia como ex militar me indicó que algo muy grave estaba sucediendo en mi querida Patria.

Tomé mi Torino 380W modelo 68 y comencé a dirigirme hacia donde yo había intuido había sucedido la terrible balacera, los múltiples vecinos de los alrededores conmocionados me indicaron con cierta aproximación el lugar del hecho, y allí llegué pocos minutos después que la propia Policía Federal, y en mi condición de funcionario del área Presidencia pude acercarme a casi 50 escasos metros del Torino 4 puertas acribillado a balazos por estos traidores y crápulas asesinos desalmados; en ese cruel y vil asesinato a sangre fría, pues ni José Ignacio ni la custodia llegó a reaccionar participaron 7 asesinos, los nombrados Roqué y Perdía y cinco asesinos más, todos ellos montoneros, esos mismos que se reivindican como “víctimas inocentes y combatientes por la libertad del pueblo”, nada más falaz, artero y ahistórico. Esa banda armada, junto al ERP nunca fueron defensores de pueblo alguno y mucho menos víctimas del accionar de las bandas facciosas de la Triple A, a las que se enfrentaban abiertamente, ni de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que actuaron hasta el 24 de Marzo de 1976 en cumplimiento de la orden emanada del Poder Ejecutivo Nacional de “exterminar” con la acción, a terroristas y guerrilleros al margen de la ley y de la Constitución Nacional.

Cuando se conoció fehacientemente que José Ignacio “mártir” Rucci había sido vilmente asesinado, sin defensa alguna, de 23 disparos con el humor propio de los sicóticos, traidores, cobardes y asesinos rentados por el imperialismo apátrida dijeron que el crimen mafioso de la carta imprescindible del Presidente Perón había sido designado como “Operación Traviata”, porque el mártir obrero y peronista “tenía veintitrés agujeritos”… Casi 20 años después un medio de la izquierda recalcitrante y fuera de historia designó con ese nombre a una muy poco difundida revista y que hoy en el auge del cristikirchnerismo es un exponente acabado de este seudo “modelo-relato epopéyico” antinacional y antipopular que pretende cambiar un monopolio multimedios por un monopolio estatal o de los amigos y testaferros; es hora de preguntar después de tanta alharaca de Madres y Abuelas y otras tantas seudo organizaciones de DDHH y del propio Gobierno: ¿no es verdaderamente significativo que, en su muy dilatado -9 años- ciclo de poder, el cristikirchnerismo nunca recordó el asesinato de un máximo dirigente obrero y peronista de ley como José Ignacio Rucci? ¿Cómo es posible que después de derogar inconstitucionalmente el Decreto de Amnistía Presidencial emanado del Presidente Carlos Saúl Menem, no se haya iniciado una investigación seria y detallada –de la que existen infinidad de pruebas y hasta de inculpaciones groseras dadas por escrito y hasta publicadas como libros- y se halla decretado que éste es una “crimen de Lesa Humanidad y por lo tanto imprescriptible”? ¿Cómo un gobierno que incitó a jueces, camaristas y hasta jueces del Supremo tribunal nacional y de los provinciales para, incumpliendo con todas las legislaciones internacionales y la propia Convención de Ginebra, que no se aplique el derecho emanado de la Ley de Obediencia Debida –derecho reconocido hasta en los juicios de Nuremberg- no avanzara en el camino de la justicia igualitaria para “todos” y “todas”?

Como no podía ser de otra manera, el Gobierno Cristina ahora y el de Néstor ayer, celebra los 7 de setiembre como el “Día del Militante Montonero”, un día que debiera ser de luto para el pueblo y la ciudadanía argentina toda, por la cantidad de víctimas y victimarios que generó el accionar de esta banda de delincuentes sediciosos que coadyuvaron al alzamiento golpista de marzo del 76; no nos puede caber ninguna duda de que el silencio de Néstor y de Cristina por las víctimas del accionar terrorista y guerrillero de las Organizaciones Armadas amparadas largamente por el poder en los 70 y ahora, es un silencio político y acomodaticio, pues ellos disfrutaron de las “mieles” del poder sedicioso militar del 76 y sus familiares –Alicia Kirchner una de ellas- fueron funcionarios rentados y conocedores de todas y cada una de las acciones de ese gobierno militar sedicioso y antipopular. Ocultar y no conmemorar la muerte de José Ignacio Rucci, como la del Teniente General Juan Domingo Perón es “toda una definición claramente ideológica”, y más cuando en el día del Militante Montonero cada vez se incrementa más la presencia de funcionarios, así como se incrementa en los estamentos gubernamentales la presencia de ex terroristas que se jactan de su pasado ominoso.

¡Solo algo les decimos: la verdad y la memoria siempre triunfan, y los crímenes contra el pueblo y contra el peronismo serán vengados en los estrados judiciales, más temprano que tarde!

¡Mientras exista un peronista de ley el recuerdo y la exigencia de justicia no se acabarán, porque sin justicia no hay paz, y nuestro pueblo argentino se merece la paz!

Buenos Aires, 27 de Setiembre de 2012.

Arq. José M. García Rozado

MPJIRucci – LIGA FEDERAL –

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