Las Plazas: Diversiones y recuerdos

16 09 2012

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Plaza de la Catedral, Habana vieja. Foto: Alberto Hernández
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Enrique Meitin

Junto a mi hermano “el mejor”, en un sólo día podíamos recorrer toda Mi Habana Vieja de norte a sur y de este a oeste, o deambular de noche, sin extraviarnos. Ambos conocíamos palmo a palmo muchos sitios de la ciudad que en la mente de cualquiera que haya nacido o vivido en la añeja ciudad están siempre presentes, lugares que aprendimos a amarlos, como se aman las cosas más queridas que uno posee… pero sobre todos a aquellos espacios abiertos, llamadas plazas, que marcarían el entramado de la llamada ciudad intramuros, cuna indiscutible de las más variadas diversiones infantiles y de los recuerdos más gratos.

Cabe destacar que en torno al sistema de plazas, el núcleo primario de la capital cubana, conserva una verdadera colección de palacios, monasterios, templos e inmuebles de alto valor patrimonial, todos ellos muestras de los diferente estilos constructivos que van desde el renacentista al art deco, pasando por el mudéjar, barroco, neoclasicismo, eclecticismo, art nouveau hasta llegar al barroco cubano. La culminación de este último se muestra en el Palacio de los Capitanes Generales, construido entre 1776 y 1791 por orden del entonces gobernador de Cuba, el marqués de La Torre, considerado la obra más bella de la colonia española en Cuba y a cuyo frente se encuentra la Plaza de Armas, a la que dedico en especial este relato.

Considerada el corazón de la antigua ciudad, ya que a partir de la Plaza de Armas es que en realidad comienza la expansión de la entonces villa de San Cristóbal de La Habana, a la par que su ubicación se vincula con la tradición del primer cabildo celebrado el 16 de noviembre 1519 bajo una frondosa ceiba —a la que hicimos referencia anteriormente—, muy cerca del litoral, para dar los primeros pasos en la creación de la actual capital de la Isla.

…les cuento que en mi reciente visita a la Mi Habana Vieja no me resultó fácil desembarazarme de la chiquillería que desde el mismo instante en que Usted pisa la supuesta Plaza de Armas asaltan prácticamente al visitante extranjero o al cubano de aspecto de turista, reclamando de estos al menos un “one dollar”, o metiéndoles por los ojos toda suerte de bisuterías, a título de objetos originales oriundos de la ciudad.

Según nos muestran antiguos grabados de la época después de la Independencia la Plaza de Armas fue abandonada hasta ser restaurada en 1935. En su centro se ubicó la estatua del padre de la Patria cubana, Carlos Manuel de Céspedes, precedida por cuatro “miraguanos” (palmera oriunda de América, cuyo fruto se utiliza para rellenar almohadas) cuatro palmeras reales y coincidiendo con las cuatro calles que rodean la Plaza se construyeron en derredor cuatro largos bancos de mármol con respaldar de hierro forjado ornamental, para acoger a sus asiduos visitantes.

…siendo niños, mi hermano y yo disfrutamos de tardes de juego en compañía de nuestra madre resguardándonos del caluroso sol habanero a la sobra del follaje de la Plaza, y en muchas ocasiones descansamos en dicha bancada, que ha sido inconscientemente “asimilada” por el mercado de libros viejos ubicado allí en el presente, impidiendo a los visitantes de disfrutar un momento de descanso, tras el arduo caminar por el “Casco Histérico” de Mi Habana Vieja.

La Plaza de Armas, como el resto de las plazas de Mi Habana Vieja está rodeada por magníficos edificios coloniales. Al frente tenemos el conocido Templete y su Ceiba. A su izquierda a unos pasos, el Palacio de Santovenia, donde en época de la colonia, el “ilustre” conde del mismo nombre celebraba sus suntuosas fiestas. Más recientemente, tras su restauración fue convertido en el Hotel Santa Isabel, mientras que en la esquina Noreste se levanta el Castillo de la Real Fuerza —actual Museo de Cerámica Artística–, primera fortaleza construida en Cuba, donde no quisiera dejar de destacar en este Deambular por Mi Habana Vieja que en lo alto de su torre se ve copia de la famosa veleta La Giraldilla. La original que fuese fundida en 1630, como homenaje a Doña Inés de Bobadilla, esposa del gobernador Hernando de Soto., constituye la primera estatua de bronce hecha en Cuba, considerada el símbolo de la ciudad se encuentra en el Museo de la Ciudad en el ya mencionado Palacio de las Capitanes Generales,

En ambos Palacios de época de la colonia convertidos en museos actuales ha desaparecido para siempre la gratuidad que caracterizaba la museología cubana pues las visitas se cobran en dólares… no en moneda nacional. Allí retrotrayéndonos en el tiempo vemos como el gobernador español de turno, desde su balcón, presidía las festividades que tenían lugar en la Plaza.

Cruzando la calle, formando un hermoso ángulo de con ella nos encontramos con el Palacio del Segundo Cabo, que durante gran parte del Siglo 19 fue la sede del vice Gobernador de la Isla, para tras la Independencia instalarse allí el Congreso de la República, y años después el Tribunal Supremo de Justicia, así como a varias academias, hasta que más recientemente albergara a dos editoriales vinculadas al Ministerio de Cultura.

…si bien se agrupan en mi mente infinidad de hechos vividos en mi niñez en torno a la Plaza de Armas, la gran mayoría de ellos se vinculan al recuerdo de mi madre. El ultimo recuerdo que tengo, es que fue allí, cuando ella, mi madre, al imaginarse que me iría de Cuba dejando todo atrás, aspirando a labrarme el futuro que me arrebataba el castrismo, tomó mi cara entre sus manos, me miró fijamente y durante un buen rato como si estuviera aprendiéndose de memoria mis facciones, se mantuvo callada, me abrazó y al instante volvió su cabeza para que no la viera llorar en silencio… no había necesidad de palabra alguna. Estaba convencida que aquella era la última ocasión en que podría verme y tocarme. Ella en el fondo presentía que nunca más volveríamos a vernos…

No menos importante es la Plaza de San Francisco de Asís aledaña a la iglesia y el convento franciscano del mismo nombre ubicado en el lugar a finales del Siglo 16, antigua ensenada que fue rellenada en 1628 para formar la plaza próxima a primigenia Aduana de La Habana ubicada en el sitio que ocupara el antiguo muelle de San Francisco que vino a constituir una de las principales instituciones administrativas de la ciudad prácticamente desde sus orígenes.

En dicha Plaza en cuyo centro se encuentra la Fuente de los Leones obsequiada a la Habana por Claudio Martínez de Pinillos. , Conde de Villanueva se han desarrollado año tras año, a inicios de octubre las populares fiestas de ese Santo, llamadas ferias de San Francisco. Al mismo tiempo, desde sus inicios, fue el sitio de mayor vida de la ciudad. Muelles, archivos e instituciones del gobierno colonial español permanecieron allí desde la segunda mitad del Siglo 17 hasta que se trasladaron a la Plaza de Armas en 1791.

Próxima a la ubicación de la Aduana y frente a la Plaza de San Francisco, se levantó el edificio de la Lonja del Comercio en 1910, para regir el desarrollo de las operaciones comerciales en la zona De estilo eminentemente renacentista y carácter ecléctico, su fachada muestra una decoración muy variada y en su cúpula fue colocada una estatua de bronce del dios griego del comercio: Mercurio, que es visible desde la distancia.

Vale señalar que existen otras plazas, no menos importantes como la de El Cristo, o la llamada Plaza Vieja… como si todas no fueran tan viejas como ella, o la Plaza de la Catedral, la última de las principales plazas en formarse. Respecto a la Plaza Vieja deseo señalar que contradictoriamente al inicio se llamó Plaza Nueva… me imagino por ser una de las primeras en crearse, y fue en 1587 que se le cambió el nombre al construirse la de El Cristo., que entonces sería la más nueva… cosa de gallegos.

La Plaza en cuestión pasó a ser una especie de mercado popular, para ser sustituido en esas funciones por el llamado Mercado de Cristina, construido en 1835 en honor a la reina española de igual nombre. Terminó el Siglo 19 en pleno deterioro y en 1908 se construyó en el lugar un nuevo parque, décadas posteriores se convertiría en un estacionamiento de autos semi soterrado. Más recientemente después de su restauración, recuperó su nivel de pavimentación original y retomó su nombre de Plaza Vieja, en cuyo centro se instaló una fuente de mármol de Carrara, interpretación de la que antaño se encontrara en este sitio, contribuyendo a rescatar su encanto inicial.

En honor a la verdad de una forma o de otra todas por suerte finalmente han sido restauradas con el fin antes señalado de convertirlas en una fuente notable de divisas para el gobierno castrista, que si bien ayudaron a convertir Mi Habana Vieja en el Centro Histórico Urbano más relevante del área caribeña, indirectamente contribuyeron —salvo contadas excepciones—, a la desaparición de lugares “típicos” de esparcimiento para chicos y de relajación para grandes, así como de frecuente visita de los enamorados habaneros, unos en busca de su “media naranja”… tal vez otros, para mantener la naranja completa.

…pero no nos detengamos en aquel triste recuerdo… volvamos a las Plazas, pues no deseo pasar por alto en este deambular por el “Casco Histórico” el sitio más acogedor, monumental e indisoluble para el alma de un habanero, y que fuera la última de las principales Plazas de Mi Habana Vieja en ser creada, delante de la antigua iglesia de la compañía de Jesús ubicada en uno de sus extremos.

No quiero dejar de señalar que en época de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana, los habitantes que establecieron allí sus viviendas comenzaron a llamar el lugar La Ciénaga, debido al lodazal que se creaba por la llegada de las aguas que corrían a lo largo de la villa para ir desembocar al mar. Por su parte, el agua dulce procedente de la Zanja Real desaguaba por un boquete abierto en un muro colindante situada en un ángulo de dicha Plaza. Espacio hoy conocido como Callejón del Chorro, tal como señala una lapida conmemorativa, y en donde sus pobladores se abastecían de agua, teniendo que ser prohibido por el Capitán General —por orden del Rey español—, de que se “vendiese” el preciado líquido. En la actualidad, alberga una galería de artesanía.

En contraste con ese pasado histórico en que la población habanera no careció de agua, hoy el panorama es muy distinto. En una Isla como la nuestra, sin ríos de gran caudal, donde la mayor fuente de agua dulce son las lluvias, la ausencia sostenida de estas hace cundir el “pánico” entre los habaneros. Si le sumamos a esto las deficiencias en el abasto de agua, que acumula décadas sin reparaciones que ha obligado al Gobierno a suministrar el agua a través de pipas que son enviadas “de vez en cuando” a cada localidad y “regular” dicho suministro, y le agregamos que buena parte de la que se logra bombear se pierde en salideros, por la falta de mantenimiento en las casas, podemos evaluar la situación en que vive la familia de Mi Habana Vieja, situación que resulta cada vez más traumática a medida que avanza el período de seca.

En aras de “resolver” tan agobiante situación la mayoría de sus pobladores se han visto obligados a crear con recursos propios… y por supuesto a escondidas de las autoridades su red interna casera de suministro de agua, conformada por todo un “original” sistema de cisternas, “tanques” y tuberías preparados para acumular el preciado líquido en el momento que llega la pipa asignada, paleando en algo la situación reinante…

Tras aclarar esta situación de la vida diaria de mis conciudadanos vuelvo a situarme en la Plaza, y contarles que… esta comenzó a ser edificada para finales del Siglo 17, cuando el obispo Diego Evelino Compostela inició la construcción de una ermita dedicada a San Ignacio —de la que tomó su nombre la actual calle para algunos años después transformarse el lugar en uno de los centros fundamentales de la sociedad colonial de entonces. Familias selectas de la sociedad habanera de aquellos tiempos fabricaron en sus alrededores palacios y viviendas de destacado valor arquitectónico que aun hoy perduran, lo que hizo que su aspecto cambiara totalmente, así como su nombre también, convirtiéndose en Plaza de la Catedral, después de que su antigua Iglesia fuese elevada al rango de Parroquial Mayor, antiguamente se había denominado Plaza de Marais.

La construcción de la nueva iglesia así como de la Plaza del mismo nombre se inicia en 1748 y es interrumpida en 1767 cuando su gestora, la Compañía de Jesús, era expulsada de España y de sus territorios ultramares —por supuesto también de La Habana—, y se concluye finalmente diez años más tarde. Trascurridos otros diez años, en 1787 se le otorga el rango de Catedral de La Habana. Un hecho significativo es que entre los cien años que trascurren entre 1796 y la Independencia de Cuba, la nave central estaba ocupada por un monumento funerario dedicado a Cristóbal Colón, donde estuvieron guardados sus restos para luego ser trasladado a la ciudad de Santo Domingo en 1898.

Esta sólida edificación, así como el Palacio de los Capitanes Generales, son reconocidas mundialmente como las principales muestras del llamado “barroco cubano” en la arquitectura de la Isla, estilo que se desarrolló en Cuba a lo largo del Siglo 18 y que se convertiría en patrón de innumerables construcciones al cambiar por completo el esquema de las fachadas habaneras. Nuevamente, durante el pasado siglo se hicieron en la Plaza, en la Catedral y en sus alrededores algunos trabajos de restauración.

A unos pasos de La Plaza de La Catedral, se encuentra, La Bodeguita del Medio, un sitio sumamente visitado por turistas y es considerado como la Meca del cerdo asado y la más típica oferta culinaria cubana, y entre sus ofertas más conocidas esta el Mojito, trago a partir de ron cubano ligero, hierba buena, limón, hielo y azúcar, y que convirtió al novelista estadounidense Ernest Hemingway en uno de los clientes asiduos del restaurante. Sin embargo, la fama de la Bodeguita —como muchos la conocen—, no solo está en su comida, sino también en una singular costumbre que lleva a los visitantes a estampar sus firmas en las paredes del establecimiento, como una señal indeleble de su paso por Cuba

Volviendo a la Catedral, a su frente se puede observar el edificio más antiguo de La Habana, que data de 1720… es el actual Museo de Arte Colonial. A su alrededor existen también restaurantes, oficina de correos, y una tienda de artesanía que alberga la antigua Casa de Baños, situada en el flanco occidental de la plaza, edificio de dudoso estilo barroco que fue reconstruido a finales del Siglo 19, hay también otros comercios para el uso casi exclusivo de turistas… pues las ventas que se realizan y los servicios que se prestan en ellos se hacen en dólares o en esa enigmática moneda de papel inventada por el castrismo, conocida por los cubanos como CUC…

Al deambular por aquel sitio tan familiar, puedo decirles que todo me pareció mucho más impersonal que cuando me fui, menos íntimo, más indigente… quizás más que cuando eran utilizados por los reales o fabricados lisiados y mendigos que por los artesanos de los últimos tiempos, pero sobre todo lúgubre y temido en las noches. En honor a la verdad, en el corto camino que separa la Plaza de la Catedral de la casa en que otrora vivía mi madre en pleno corazón Mi Habana Vieja, no encontré nada que me pareciera digno de mis nostalgias, salvo algunas ratas hambrientas que parecían acompañarme en el trayecto y que me hicieron de pronto retrotraerme al pasado… donde la presencia de mi madre persiguiendo a aquellos hambrientos roedores se hacía latente.

…no me viene a la cabeza ni un solo problema que haya conseguido alguna vez derrotar a nuestra madre… siempre ocupó en mí, el deseo de ser tan voluntarioso como ella… pero siempre me he parecido más a mi padre, con más calma ante cualquier situación… mi hermano, el “mejor” era quien más se parecía a ella…

Además de todo lo apuntado, la Plaza de la Catedral, sin duda una de las plazas más armoniosas de América Latina, otrora lugar de románticas citas, de pasos perdidos, de místicos recogimientos constituyó por muchos años, hasta finales del 2009, el más grande mercado de artesanía cubana de toda la Isla, donde cientos de artesanos acudían a diario —sobre todos las sábados—a exponer y vender sus obras, primero en pesos cubanos a cubanos… luego a nacionales en pesos cubanos y a extranjeros en dólares, a espaldas de las autoridades —la tenencia de dólares estuvo considerada como un delito hasta 1992, y más recientemente solo en dólares… y pagando una licencia… también en divisas al estado… que nunca se olvida de recibir la parte leontina de las ganancias.

Si bien Cuba contrariamente a México y las naciones de Centro y Sur América no es un país de tradición artesanal, debido significativamente a la extinción de la población indígena en los primeros momentos de la colonización española, lo cual privó a la isla de las tradiciones y la cultura manual tan rica en otros países de la región, sin embargo, por las más diversas razones donde no solo los graduados de artes plásticas sin trabajo seguro, como artesanos populares vieron en el mercado de artesanía una fuente alternativa de ganancias que les permitía palear la realidad económica imperante, puede encontrarse obras de gran valor artístico y alguno que otro recuerdo interesante de su estancia en mi querida y nunca olvidada Habana Vieja.

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