Palacios, Palacetes y Casonas

23 08 2012

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Palacete de La Habana Vieja. Foto: Alberto Hernández

Por Enrique Meitin

El siguiente texto, enviado por su autor como colaboración con Cuba Nuestra, forma parte de su libro en preparación “Deambular por mi Habana Vieja”.

 

No sé si ya les comenté que el núcleo primario de la capital cubana conserva una verdadera colección de inmuebles de alto valor patrimonial, edificados en torno a un sistema de plazas, mezcladas con monasterios y templos. Más de cien edificaciones, que pudiéramos denominar como Palacetes y Casonas se encuentran ubicadas en archiconocido Casco Histórico de la vieja ciudad, cuyos orígenes se remontan los Siglos 16 y 17, otras doscientas al Siglo 18, y cerca de quinientas al Siglo 19. Todas ellas encerradas en un espacio pequeño conforman una historia centenaria de arquitectura y tradiciones, plena de atractivos para los gustos de los más exigentes visitantes.

Como característica general de muchas de estos Palacetes y Casonas, convertidos muchos de ellos hostales y hoteles, museos, restaurantes, centros comerciales o de entretenimiento turístico que ayudan a engrosar las arcas del castrismo con moneda libremente convertible. Los visitantes se sienten atraídos por las numerosas condiciones que facilitan su descanso, apoyadas por la tranquilidad de pequeños y cómodos salones, junto a patios interiores poblados de vegetación y con alguna que otra fuente de agua cristalina. Junto a los rasgos comunes, cada uno de esos establecimientos encierra sus peculiaridades.

Los más relevantes palacetes que podemos apreciar en el Deambular por mi Habana Vieja, son el Palacio de los Capitanes Generales, y el Palacio del Segundo Cabo construidos por orden del gobernador de Cuba marques de La Torre entre 1772 y 1776 son muestras arquitectónicas del barroco cubano. El primero de ellos, como ya les he relatado, es la sede actual del Museo de la Ciudad. Su patio adornado con plantas y una estatua del almirante Cristóbal Colón es muy apreciado por sus visitantes por su belleza, mientras que las pinturas, uniformes, y el mobiliario de extremada riqueza, de los siglos 18 y 19 que se exponen, recuerdan nuestra memoria histórica.

Partiendo del Hotel Palacio de San Miguel, donde me había hospedado por encontrarse este muy cerca de mi querida bahía habanera y de las colosales fortificaciones de La Punta y el Morro. Inmueble que fue adquirido y modificado a inicios del Siglo 20 por el gran promotor cultural Antonio San Miguel y Segalá denota por el buen gusto de sus habitaciones el estilo de vida de la bien consolidada burguesía habanera de los años veinte. Por el hecho de encontrarse a escasos metros de la Plaza de Armasme dirigí hacia ella… recordando el pasado y a mi madre, junto a nosotros, compartiendo nuestros juegos.

Cruzando la Plaza, nos encontramos con dos de los más antiguos palacetes de la ciudad: el llamado Palacio de Justiz de Santa Ana, antigua casona del marqués del mismo nombre, adornado con magnificas decoraciones moriscas, y el Palacio de Don Gaspar Riberos de Vasconcelos construidos en época tan temprana como mediados del Siglo 17. También a escasos metros donde tuvo lugar el nacimiento de la villa nos topamos con el antiguo Palacio de Santovenia, construido a principios del Siglo 18 que hubo de transformarse hacia 1867 en el Hotel Santa Isabel que recrea el ambiente señorial en la Isla, correspondiente al Siglo19.

Antes de continuar en este Deambular por mi Habana Vieja, me detuve frente a uno de aquello palacetes de dos plantas perfectamente acordonado por un muro ancho de piedras, rematado por un enrejado de casi dos metros de altura y que aparecía semi enterrado por una tupida red de enredaderas. Una vez dentro divisé a la derecha un pozo sombreado por varias y altas encinas... me dicen que el lugar donde estamos fue concebido en la época colonial inicialmente como Real Casa de Correos y se le conocía también con el nombre de Palacio de la Intendencia de Hacienda.

A pocos pasos de la Plaza Vieja, encontré ese elegante palacetedel Siglo 18 la Casa de San Juan de Jaruco construido por el padre del futuro conde de Jaruco, perteneciendo a la familia por muchos años y posteriormente perteneció a los descendientes del marqués de Cárdenas de Monte Hermoso, convertida hoy en el Hotel Beltrán de Santa Cruz, una de las más importantes de la arquitectura cubana del siglo XVIII. De su arquitectura llama la atención las cenefas en los diversos salones, cuyo patio interior, con sus amplias galerías y sus agradables proporciones, es uno de los más acogedores de la arquitectura colonial cubana.

Se localiza en el centro histórico de la Ciudad de La HabanaPlaza Vieja también el Hotel Conde de Villanueva. Inmueble que sirvió de residencia en el siglo XIX a Claudio Martínez de Pinillos, Conde de Villanueva, y que actualmente radica allí El Mesón de la Flota que recuerda la posición que tuvo Cuba como llave del Golfo en la época de la colonia, con un ambiente marinero alegórico a esa etapa, así comoel llamada Museo del Tabaco. Único en Cuba destinado a museo de la cultura generada por ese renglón de la economía.

Cuenta su muestra con instrumentos para procesar la hoja, pipas, encendedores y otros enseres del arte de fumar, además de una vasta colección de piedras litográficas y marquillas de prestigiosas firmas de puros. En este Museo se encuentra una Casa del Habano para el comercio especializado del tabaco cubano, donde se ofrecen a los amantes de los puros las mejores marcas y salón privado de degustación… donde me compré un habano y me lo fumé.

…al rato mi vista se nubló y creí perder la razón del tiempo y el espacio. Todo fue vertiginoso. Tuve que apoyarme en el muro e instintivamente practicar varias, rápidas y profundas inspiraciones, y sacudir la cabeza sin comprender. Un sudor frio empañó mis sienes y al momento la fugaz obnubilación cesó ¿Qué me había pasado? Me tranquilicé achacándoselo a las tantas horas ininterrumpidas de tanto Reandar por mi Habana Vieja soportando el calor reinante y sin beber agua… e incluso la falta de costumbre de fumar tabaco.

Repuesto del extraño síntoma, abandoné la Plaza Vieja, no sin antes comentarles, que numerosos son los palacetes de antaño que han sido restaurados, pasando de ciudadelas a ser espléndidos inmuebles para recibir a los turistas. Vale destacar que de tales lugares se han sacado a sus moradores pasando a ocupar la categoría de “albergados”. En nuestra Isla ser “albergado” es habitar en el último escalón de la pobreza. Cuando se pierde el domicilio debido a que este va a ser restaurado, por un derrumbe o por haber sido declarado inhabitable por los funcionarios del Instituto de la Vivienda, la única opción es residir hacinado en un albergue bajo la falsa promesa de que le darán una casa nueva. Vale destacar que en la actualidad existen familias habaneras que llevan más de veinte años albergadas. Según han expresado algunos el albergue es su residencia de por vida.

Podríamos nombrar infinidad de majestuosos palacios y palacetes convertidos en Hoteles, restaurantes para los más variados gustos y otros destinados a actividades culturales de todo tipo. Entre ellos podríamos señalar el Hotel Los Frailes, en la antigua mansión del Marqués Pedro Claudio Duquesne, donde entre otras exquisiteces se alza una preciosa escultura de cobre de uno de un monje que nos traslada, imaginariamente, a una abadía cisterciense del Medioevo, muy cerca de la Plaza San Francisco de Asís.

Muy cerca de la atrayente bahía habanera y de las imponentes fortificaciones de La Punta y La Fuerza, se ubican los Hoteles O’Farrill, Armadores de Santander, Valencia y Comendador. Todos fieles ejemplos de las construcciones de La Habana de los Siglos 18 y 19. El primero de ellos perteneció en sus orígenes a una familia acaudalada de la nobleza del Siglo 18 de ese nombre, de marcada arquitectura neoclásica, el segundo recuerda en sus motivos y decorados a la hermosa provincia marítima de España, de amplia relaciones mercantiles en ese tiempo, mientras los últimos señalados le rinden culto a las tradiciones valencianas listos todos para responder a las exigencias del turismo moderno en un ambiente colonial y genuinamente español.

No debemos pasar por alto al llamado Hotel Del Tejadillo, que reúne tres casonas de los siglos XVIII, XIX y XX, colocadas en un sitio clave para las obras sociales y religiosas de aquella época, donde se puede encontrar actualmente una auténtica casa de huésped colonial con el sello característico que dispone de cocina en muchas de sus habitaciones, para aquellos que prefieren prepararse sus propios alimentos.

Convertidas en restaurantes para los más variados gustos en el “Casco Histórico” se encuentran innumerables casonas coloniales, destacándose entre ellas la Casa del Marqués de Aguas Claras, cuya construcción se inició en 1751 para culminar en 1775, con algunos elementos que la particularizan lo que la ubica entre las de mayor interés de la arquitectura cubana del Siglo 18 y cuyas instalaciones sirven al restaurante de comida internacional El Patio. También El Café del Oriente y La Mina por citar alguno de ellos se encuentran enclavados en antiguas casonas coloniales.

No menos importante es la Casa de Los Árabes, expresa la influencia al mudéjar en la arquitectura hispana de mediados del Siglo 17. En sus instalaciones radicó entre 1689 hasta 1774 el Colegio de Humanidades San Ambrosio, y actualmente es un museo especializado en la divulgación de la cultura árabe-musulmana. Vale destacar que es el único lugar de La Habana donde existe una sala para las plegarias musulmanas, abierta para los creyentes nacionales y extranjeros, ofertando también platos de la cocina árabe en su restaurante Al Medina.

Asimismo, los interesados en las ofertas de la cultura cubana pueden acceder a una de las casas de mayor distinción de todas las de la época colonial, me refiero a la Casa de La Obra Pía residencia del capitán español Martín Calvo de la Puerta del Siglo 17. Exhibe una importarte colección de artes decorativas y mobiliario que representan el modo de vida de la aristocracia habanera de la época, y su pórtico, coronado con el escudo familiar, es único en la ciudad.

Como muestra de los principales exponentes de la arquitectura residencial en Cuba del Siglo 18, tenemos la Casa del Marqués de Arcos, ubicada en la Plaza de la Catedral, relevante vivienda cubana de las familias más poderosas de la época, la que después en el Siglo 19 se convertiría en la Casa de Correos y años más tarde en sede del Liceo de La Habana. Respecto al Siglo 19 contamos con la Casa del Conde de Casa Lombillo, con una privilegiada ubicación frente a la Plaza Vieja, y la Casa de José Martí construida entre los años 1810 y 1812.

La casa donde hubo de nacer nuestro apóstol el 28 de enero de 1853 y donde vivió sus primeros 3 años, fue declarada Monumento Nacional inaugurándose en 1925 oficialmente como museo, y a partir del cual atesora objetos personales, manuscritos, testimonios, libros y otras pertenencias de nuestro Héroe Nacional, relacionados con su intensa vida política, social y literaria.

Instalados en importantes edificaciones del Siglo 18 se encuentran El Museo de Arqueología creado en 1987 para las investigaciones arqueológicas del Centro Histórico, con muestras sobre la arqueología cubana así como de otras regiones de América, y el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño en la antigua casona del Conde Barreto, también conocida como Palacio del Marqués de Cárdenas, título de uno de sus posteriores propietarios.

Como representante del Siglo 19 cubano se encuentra un almacén construido en 1891, en estilo neoclásico, donde se decidió reunir una colección de autos antiguos o modelos vinculados a determinada personalidad, convirtiéndose el Museo del Automóvil.

Si el visitante en el persistente Deambular por mi Habana Vieja se encuentra motivado por los exponentes de la cultura universal puede acercarse a la Casa deAsia, la de África, a la de México, o a la Casa Simón Bolívar, representantes de las diversas culturas continentales y de países en específico. La Casa de Asia, como su nombre lo indica está dedicada a rememorar vínculos con el mundo asiático y su cultura, a la par, que la de África expone una importante colección africana y piezas del período esclavista azucarero cubano, más de dos mil obras del arte negro africano afrocubana.

La de México —también denominada Casa Benito Juárez—, construida como las anteriores a fines del Siglo 18, tiene como función hoy difundir la historia y cultura mexicana a través de interesantes colecciones, y explicar los lazos fraternales entre nuestro país y la nación azteca Cuba y México. Mientras que la Casa Simón Bolívar, antiguo palacio doméstico de principios del Siglo 19, no solo muestra en sus salas la vida y la obra del Libertador, sino que se ha convertido en centro promotor de la historia y la cultura latinoamericana.

Los dedicados a las artes plásticas pueden deleitarse con una amplia colección de la plástica contemporánea de Venezuela en la propia Casa Bolívar, así como en la Casa de Carmen Montilla, destacada pintora venezolana quien colabora con la restauración y establece taller y galería en una casona del Siglo 18, y expone en sus salas pintura y escultura cubana y latinoamericana. Vale destacar que en el patio de la Casa, sobresale un gran mural de cerámica del artista cubano Alfredo Sosabravo.

No menos importantes para los amante de la pintura es la Casa Guayasamín, ubicada en otra de las casonas del “Casco Histórico” donde el empeño del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín permitió la reconstrucción de la vieja casona del Siglo 18 que había pertenecido inicialmente a la familia Peñalver y luego a diferentes propietarios que la modificaron notablemente, hasta convertirse en una ciudadela de las que tantas pululan… o pululaban en el “Casco Histérico”. Allí donde además se comercializan en dólares… a los visitantes las obras del maestro, quedan a los nacionales el deleite visual de las pinturas murales y la riqueza arqueológica del lugar que constituyen sin duda alguna un tesoro digno de apreciarse de Mi Habana Vieja.

pero como ya les dije al principio sobre la Historia que se oculta tras los enchapes de oro, que se le ha dado a la gran mayoría de los palacios, palacetes, casas y casonas de mi añeja y querida ciudad… todo lo que brilla no es oro y en este, Deambular por mi Habana Vieja dejamos atrás numerosossitios como estos, convertidos en mudos testigos de piedra que me recuerdan a cada momento a cientos de habaneros, hombres, mujeres y niños, arrancados por “necesidad” del régimen… incluso a la fuerza de sus hogares originales, en espera de la restauración ambicionada.

No obstanteexisten también otros palacios, palacetes, casas y casonas que por no haber tenido… hasta ahora, que por no estar ubicados dentro de los límites del “Casco Histórico”, no merecen su restauración. Sepa querido viajero que fuera de esos límites del “Casco Histórico”, como suelen llamarle a esas manzanas de “exposición” cultural, existe otro el “Casco Histérico”, junto con el cual se conforma Mi Habana Vieja, caracterizada por el hambre, la miseria y la destrucción…la trilogía permanente, no solo de la ciudad capital, sino de toda la Isla.

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