Los Estados Unidos o lo que el viento se llevó

26 10 2011

 

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“Gone with the Wind”. Foto:  Li’d’s photostream

 


                                                                    Por    Mario Rivera Ortiz

                                                                       México DF, a 25.10.11.

 

Cuando se evalúa la situación política actual de los EE.UU., debe tenerse en cuenta que ese país ha sido una república burguesa moderna desde su fundación en 1776, sin ningún antecedente feudal y que sus creadores, fueron pequeños burgueses y campesinos que escapaban del régimen  monárquico europeo, para instaurar un Estado democrático burgués con todas su cualidades positivas y negativas para su tiempo.

La primera tarea que se dieron a sí mismos los fundadores de la república yanqui fue el exterminio físico sistemático de los indios Algonquinos, Iroqueses, Cheroques y Criques., política universal de los conquistadores europeos, pero que los  españoles sólo pudieron aplicar contra los indios caribeños y no precisamente debido a su supuesta bondad cristina, sino a la resistencia mayor que encontraron en las civilizaciones indígenas más avanzadas, verbigracia, las culturas  azteca, inca, maya y cazcán. 

Muy temprano, aunque después de Inglaterra, Francia, Holanda, etc., a mediados del siglo XIX, el Estado burgués yanqui se internó por el camino del imperialismo y se abalanzó militar y económicamente sobre México y el Caribe y así se consolidó como un inmenso país, rico y moderno, plenamente desarrollado dentro del capitalismo y hasta con un destino manifiesto.

Es necesario reconocer que la burguesía yanqui, a pesar de sus crímenes o precisamente por ellos, fue modelo de consecuencia histórica, porque pudo y quiso completar una obra política redonda en su república democrática, a diferencia de las pequeñas burguesías latinoamericanas que ni quisieron ni pudieron hacerlo, al engendrar sólo Estados dependientes y subdesarrollados, con pesadas herencias feudales que no liquidaron, o que lo hicieron tardíamente.      

Es también una peculiaridad histórica de los EE UU que, hasta 1848, no existiera una  clase obrera nativa permanente porque  los obreros migrantes blancos trataban de convertirse lo antes posible en granjeros o industriales burgueses, objetivo que en aquellos tiempos podía lograr un alto porcentaje de individuos. A ello se debe, en parte, la leyenda que hizo de ese lugar la tierra prometida de los migrantes.

En consecuencia, al norte del Río Bravo, hasta los años noventa del siglo XIX se formó una clase obrera propia y parcialmente organizada, siguiendo el modelo de las trade unions británicas. Este proletariado inmaduro y con la panza generalmente llena, siguió asumiendo una actitud aristocrática frente a los migrantes más recientes, a quienes  siempre que podía  dejaba las ocupaciones más rudas y mal pagadas. Además  la joven burguesía yanqui sabía muy bien cómo enfrentar a los grupos nacionales de inmigrantes, unos contra otros: judíos, italianos, alemanes e irlandeses, etc., y, detrás de ellos, los chinos quienes eran los más productivos por ser los más explotados y los que mejor sabían resistir la miseria. El racismo, la macana policiaca y la silla eléctrica, cobijaron la infancia y la juventud de esta clase obrera, verdadera constructora de la república democrática yanqui. Todo ello  fue el exterior de  burgueses y proletarios en la época que Mark Twain y Charles Dudley llamaron “Edad de Oropel” y de los “barones ladrones”, o sea parte de lo que el viento se llevó.

Pasaron luego dos guerras mundiales y etapas de gozo y prosperidad económica, sucesivas y baratas, porque se lograban con mínimas pérdidas humanas y materiales; en esas etapa de la historia yanqui, fue Keynes y no Marx el héroe de la película. Pero llegaron como las auras tiñosas de los malos tiempos y se acabó la diversión.

Entró el siglo XXI con malos augurios y la inteligencia del pueblo norteamericano multirracial descubrió con asombro que la producción capitalista sólo es una fase económica transitoria plagada de contradicciones internas,  que aparecen y se tornan evidentes cuanto más se desarrolla el sistema y que una de ellas, quizá la más importante, es la tendencia a destruir su propio mercado, que el gran edificio económico yanqui está entrando en la senilidad de su existencia, cuando los hechos revelan que  su mercado interior y exterior se desmorona y la edad histórica le niega la posibilidad de reexpandirlo. En el pasado fue posible que las conmociones comerciales y la guerras de conquista  zanjaran esta contradicción mortal, pero el otrora país de la abundancia ha llegado a una etapa en la que no puede lograr siquiera una recuperación pasajera. ¡El capital mundial ha entrado al callejón de Pic Pus y los obesos banqueros de Wall Street no pueden saltar la barda.  En otras palabras, el capital yanqui y del resto del mundo  está cavando una fosa profunda. ¿Para quién? Quizá para él mismo.  Ahora,  al lanzarse a nuevas guerras genocidas de conquistas en el Magreb y otras regiones del mundo amparado por la ONU, corre el riesgo de transformarlas pronto en una nueva y catastrófica guerra global, inevitablemente atómica, que acabaría destruyendo totalmente el mercado capitalista y entonces oui messieurs. c´est  fini.

Como decía Marx, la historia cumple su tarea metódicamente y aunque no ha terminado su labor preliminar, ya engendró y liquidó el esclavismo,  y el feudalismo, como fases transitorias de la producción y ahora ha llegado el tiempo  en el que  debe cambiar a otra etapa, en la que la propiedad de los medios de producción deje de ser privada y la guerra de clases, la manera habitual de vivir del hombre, hasta ahora. Cuando este movimiento haya terminado el mundo podrá gritar jubiloso: “¡Bien has hozado, viejo topo!”  

El movimiento mundial Ocupa Wall Street que surgió de una acción poco organizada de unos cientos de estudiantes norteamericanos ha demostrado que el proletariado de ese país es ahora una clase más numerosa y más poderosa que en el siglo pasado,  puesto que ahora abarca no sólo el proletariado fabril de la gran industria, sino también a muchas otras capas sociales como el estudiantado y más y más inmigrantes.

Ahora esa clase, utilizando nuevas formas de lucha, por fin se levanta cansada de una historia de ignominias de todo tipo, dispuesta a alcanzar una vida mejor y encontrarse a sí misma.  ¿Cómo se irá a desarrollar esa lucha? No lo sabemos, pero sí afirmamos con palabras de Federico Engels que cuando los trabajadores norteamericanos se pongan en marcha y ya lo hicieron, “lo harán con una energía y una violencia comparadas con la cual la de los proletarios europeos será simple juego de niños.”

 

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26 10 2011
26 oct 2011

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