DESDE VENEZUELA: LA HISTORIA QUE ESTAMOS HACIENDO

11 03 2011

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50º Mensaje histórico

 

Germán CARRERA DAMAS

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación

Universidad Central de Venezuela

 

Me han pedido que ejerza mi oficio y hable como historiador. Lo haré. Pero, contrariando quizás algunas expectativas, la historia de la que hablaré no será la que con su pensamiento y su acción han hecho nuestros antepasados, lejanos y cercanos. Hablaré de la historia que estamos haciendo los venezolanos de hoy: hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes.

Sostengo que estamos comprometidos en hacer historia siguiendo tres tendencias cuyo cultivo nos ubica entre nuestros predecesores y nuestros continuadores, con la legitimidad que proporciona la noción de continuidad histórica rectamente comprendida, en su dinámica de continuidad y ruptura;  lealmente servida por generaciones de patriotas.

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Tenemos un compromiso supremo. Es el contraído con el deber histórico de promover la consolidación y el perfeccionamiento de la República. Hace ya un  cuarto de siglo que en las más altas instancias sociales y políticas se comprendió que de la experiencia de la República liberal democrática, instaurada a partir de 1945-1946, se desprendía la necesidad de consolidar y perfeccionar esa república. Tal fue el sentido del Decreto 403, de 17 de diciembre de 1984, dado por el Presidente Jaime Lusinchi, mediante el cual fue creada la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE). La necesidad de esta decisión fue corroborada por el hecho de que todos los candidatos a las elecciones presidenciales de 1988 firmaron un acta, el 26 de enero de ese año. que se abre con la siguiente declaración: “Quienes suscribimos el presente documento”…..”hemos comprobado que la sociedad venezolana ha alcanzado niveles ya elevados y crecientes de consenso, en relación con las transformaciones fundamentales que deben producirse en el país, para consolidar un modelo de desarrollo fundado en el bienestar colectivo, la justicia social y la más profunda y genuina democracia política.” En síntesis, se trataba de abrirle camino a la conformación de una sociedad genuinamente democrática, subrayando su papel como  base de la República. ¿Por qué esta preocupación, compartida?

A quienes les pueda parecer que la  República es una realidad adquirida, y por eso ven, con una letal mezcla de escepticismo e indolencia, los intentos  de demolerla, actualmente en marcha, me permito invitarlos a recordar dos hechos históricos. En primer lugar,  nuestra Corona, en la persona de Isabel II, abdicó el 30 de marzo de 1845, reconociendo una República hasta entonces contestada por haber sido proclamada unilateralmente, al ser  arrancada de nuestra monarquía originaria por la fuerza de las armas. Este hecho fundacional significa que la longevidad de nuestra República supera, en no mucho de dos veces, la expectativa de vida de un venezolano de nuestros días.

Cabe recordar, al respecto, que el por algunos vituperado “Pacto de Punto Fijo”, suscrito el 31 de octubre de 1958, contempla agrupar ….”equitativamente a todos los sectores de la sociedad venezolana interesados en la estabilidad de la república como sistema popular de Gobierno.” ¿Tendrá esto algo que ver con la actual arremetida contra ese Pacto? Mas, no se trataba de una expresión a la ligera, puesto que se añadió: ….”la suerte de la democracia venezolana y la estabilidad del Estado  de derecho entre nosotros imponen convertir la unidad popular defensiva en gobierno unitario cuando menos por tanto tiempo como perduren los factores que amenazan el ensayo republicano iniciado el 23 de enero”….” Obviamente, se refería al nuevo ensayo; no a la instauración fundacional de la República liberal democrática, ocurrida en 1945-1948,

Lo así actuado significa, también, que puede calificarse de acelerada la liquidación de los vestigios de esa Monarquía, al avanzar los venezolanos, a partir del lapso 1945-1948, en la instauración de la República liberal democrática, desplazando la República liberal autocrática, pariente cercana de la monarquía absoluta, que estuvo vigente desde que los venezolanos de entonces desmembraron la Republica de Colombia, en 1830.

Creo oportuno subrayar estos hechos. Al romper la República de Colombia, dejamos los venezolanos de ser una República liberal moderna, fundada en el principio de la Soberanía popular, que se proclamaba a sí misma “Independiente por sus armas y libre por sus leyes”. Pasamos a tomar una forma republicana basada en la noción tutelar de la sociedad,  la que denomino la República liberal autocrática, en virtud de la cual la sociedad venezolana fue privada, primero subrepticiamente, de las  cualidades de la República liberal moderna. Durante la Dictadura liberal regionalista, que ocupó casi toda la primera mitad del Siglo XX, la sociedad venezolana fue despojada, de manera abierta y absoluta, mediante la concentración del Poder público en figuras presidenciales desvirtuadas por su falta de legitimidad,  de su más significativo atributo republicano, que es el ejercicio pleno, libre e incontestado de la Soberanía popular.

Me pregunto: ¿Al decir estas cosas estoy señalando la fragilidad de la República, de nuestra República?

Tomadas superficialmente mis palabras, así podrían ser interpretadas. Pero,  sugiero que ensayamos otra aproximación al significado de lo que he dicho?.

He querido transmitirles mi convicción de que los venezolanos hemos realizado la proeza histórica de adelantar el proceso que he expuesto sumariamente en un lapso histórico muy breve. Esto mismo determina que nuestra República, en general pero sobre todo en  su fase liberal democrática,  padezca una suerte de debilidad, derivada de ese crecimiento acelerado. Esto la ha hecho vulnerable a los virus que, conformando el caudillismo primero, el personalismo luego y el mesianismo hoy, se desprenden del cadáver en descomposición de la Monarquía.

Remataré diciendo que vivimos instancias observables en todas las sociedades que pasaron de la Monarquía absoluta a la República, sin cubrir la etapa de la monarquía constitucional, -la que nos fue propuesta en 1812, mediante la “Constitución política de la Monarquía española”, y que tuvimos razón en rechazarla expresamente, en 1818, porque acatarla habría significado renunciar a la aspiración de Independencia, por la que ya había sido derramada tanta sangre.   Sólo que la substituimos  por ese remedo de la monarquía absoluta que prevaleció hasta 1946, cuando fue rescatada de su secuestro la Soberanía popular, la  misma que hoy los venezolanos defendemos contra el postrer asalto de los sobrevivientes de la antirrepública.

Estoy convencido de que nos hallamos en el acto final de nuestra lucha de doscientos años contra el despotismo, mediante la preservación, por la sociedad, de los valores de la República liberal democrática.

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Diré, en segundo lugar, que estamos cumpliendo nuestro compromiso histórico de continuar la que he denominado la Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la Democracia. Con esta expresión he querido reafirmar la historicidad de nuestra Democracia. No es una moda. Tampoco un proyecto personal de un político o de un gobernante. Menos aun el capricho de uno de esos temibles científicos políticos, sumisos a las influencias de los por ellos respetados pensadores, quienes, doctamente, hacen depender la instauración de la democracia en Venezuela de  cuando nosotros hayamos despojados nuestra realidad social de todos los vicios y defectos que, justamente, el ejercicio de la democracia está llamado a erradicar. Lo que equivaldría  a decir que tendríamos Democracia cuando ya no la necesitaríamos como instrumento para la edificación de una sociedad mejor. ¿Cómo sucede hoy con la naciente democracia post-soviética? Los primeros indicios consistentes de la aspiración de hacer de la democracia el ambiente del desarrollo social venezolano, arrancan casi del momento en que fue reconocida nuestra Independencia por nuestra Corona, es decir, de 1863., como consta en el Decreto de Garantías, dictado por el Gral. Juan Crisóstomo Falcón.

Quienes, como yo, hemos visto nacer y desarrollarse la democracia venezolana, hasta convertirse hoy en una poderosísima fuerza que asciende desde la sociedad hacia la organización estadal de esa misma sociedad, y ya no a la inversa, como ocurría hasta no hace mucho, nos sentimos comprometidos con el sentido de esa Larga marcha.

En tiempos recientes, y para serenidad de nuestro espíritu, vemos que los jóvenes, hombre y mujeres, que apenas superan la mayoría de edad, viven ese compromiso con la Democracia haciendo gala de serenidad, lucidez y tenacidad. Yo antes les hacía una pregunta que han respondido apropiadamente. Esa pregunta era ¿Dónde aprendieron ustedes Democracia? refiriéndome a su poderosa consigna “Democracia y Libertad”. A sus predecesores inmediatos les tomó mucho tiempo comprender que sólo la Democracia abre camino a la Libertad, y que ésta, como derecho humano que es, no puede ser concedida ni tolerada sin que sea desnaturalizada.

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En tercer lugar, me referiré a la más difícil tarea que nos plantea el inscribirnos activamente en la corriente históricas de que vengo hablando. Esa tarea consiste en hacernos ciudadanos. Es tarea que nos reta a todos, viejos y jóvenes, clérigos y seglares, civiles y militares. Somos todos ciudadanos en trance de aprender ciudadanía.

Diré algo obvio: no basta con la pauta legal para ser ciudadano. Se requiere una permanente y consciente aprendizaje. Las materias  básicas por estudiar son: Soberanía popular y Soberanía nacional, correlacionadas. Deber social y conciencia pública, también correlacionadas. Responsabilidad política y compromiso social, también correlacionadas. Pero nadie podrá graduarse de ciudadano sin aprobar la más exigente de las materias: Patriotismo, asumido y practicado en libertad, sin ningún género de coerción. La escuela donde estas enseñanzas se imparten es la República liberal democrática; y esto por una razón que creo evidente: separadamente y ensamblados, esos tres términos de la ecuación de la Libertad tienen al ciudadano como principio y finalidad.

Todos cursamos en la misma escuela, sólo que, como ocurre en las escuelas, hay diversos grados; y hay, por supuesto, los de reciente ingreso. Como suele hacerse, a estos se les ofrece una acogida estimulante por los viejos inscritos. Para el caso,  los viejos inscritos son los partidos políticos,  las organizaciones sindicales y de trabajadores, las universidades y los organismos empresariales, como éste al que tengo el honor de dirigirme hoy. ¿Quiénes son los recién ingresados a esta escuela de la ciudadanía? Mencionaré tres: la mujer, la Iglesia y los militares. No creo que sea necesario subrayar que la mujer venezolana ha resultado ser una alumna tan aventajada que hoy asistimos, indignados, a los pérfidos intentos de inducirla a la autonegación, proponiéndole ejemplos lamentables. En cambio, la Iglesia cristiana católica, cumpliendo mediante el ejercicio de su función pastoral el contrato contraído con la Democracia venezolana, -que tal cosa es el Concordato-, tiene un desenvolvimiento ejemplar. Pero ¿Y los militares? Son los más recientemente ingresados a la escuela de ciudadanía, puesto que ciudadanos son porque tienen derecho a participar de la Soberanía popular ejerciendo su derecho al sufragio. Con esto quiero decir que tienen y tendrán un lugar en la sociedad democrática, como cualquier otro ciudadano. Confío en que adelantarán, como todos nosotros, en la formación de una genuina conciencia ciudadana.

*     *     *     *     *

Estos  son tres de  los factores de la historia que estamos haciendo; no sólo de la que tendremos que hacer.

Caracas, 20 de Febrero de 2011.

Nota: Se reproduce, sin enmiendas el texto que debía ser presentado  en el Gran foro “Cómo recomponer a Venezuela”, organizado por la Cámara de Comercio, Industria y Producción de Cumaná, celebrado en Cumaná, Estado Sucre, 24 de junio de 2011. El cierre del aeropuerto de Maiquetía le impidió viajar al autor.

 

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Mensajes precedentes: Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º Mensaje histórico: “¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia?” 9º Mensaje histórico: “Cuando Hugo se bajó del futuro”. 10º Mensaje histórico: “¿La historia hacaído en manos de gente limitada e imaginativa?” 11º Mensaje histórico: “Las falsas salidas del temor”. 12º Mensaje histórico: “¿Hacia dónde quiere ir Venezuela?” 13º Mensaje histórico: “Defender y rescatar la
democracia”. 14º Mensaje histórico: “Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 15º Mensaje histórico: “En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender”. 16º Mensaje histórico: “Las historias de Germán Carrera Damas”. 17º Mensaje histórico: “República liberal democrática vs República liberal autocrática”. 18º Mensaje histórico: “Sobre los orígenes y los supuestos históricos ydoctrinarios del militarismo venezolano”. 19º Mensaje histórico: “El vano intento de enterrar el Proyecto
nacional venezolano”. 20º Mensaje histórico: “Demoler la República”. 21º Mensaje histórico: “La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas”. 22º Mensaje histórico: “Lo que no se puede dar ni quitar”. 23º Mensaje histórico, extraordinario: “Mis razones para decir No”. 24º Mensaje histórico: “La nueva política como intento de burlar la historia”. 25º Mensaje histórico: “Sobre el 23 de Enero de 1958, en elAula Magna de la Universidad Central de Venezuela”. 26º Mensaje histórico: “La presencia activa de Rómulo Betancourt”. 27º Mensaje histórico: “Librarnos del Siglo XIX”. 28º Mensaje histórico: “Repetición del 8º Mensaje histórico”. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: “Las migraciones no controlables”. 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: “La Democracia: un asunto de los pueblos”. 35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada!” 36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“… 37º Mensaje histórico: “El conflictive porvenir de la República”. 38º Mensaje histórico: “El peligro de no saber leer la Historia”. 39º Mensaje histórico: “Sin título”. 40º Mensaje histórico: “En desagravio de la mujer venezolana”. 41º Mensaje histórico: “Yo dialogo, tu no dialogas; soy demócrata, tu no lo eres”. 42º Mensaje histórico: “Evolución histórica de la masculinidad en Venezuela: desde lo históricamente absoluto hacia lo socialmente retado”. 43º Mensaje histórico: “Nos están quitando la República”. 44º Mensaje histórico: “El marco politico de Venezuela en la actualidad. Balance y perspectiva”. 45º Mensaje histórico.”Tenemos doscientos años defendiéndonos del despotismo”… Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajeshistóricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006. 46º Mensaje histórico: “ El que no entiende la historia ve solo el cambio”. 47º “Entrevista con Germán Carrera Damas”, realizada por Gloria Bastidas. 48º Mensaje histórico: “? Bicentenario de la Independencia?  49º Mensaje histórico: Aviso a los universitarios venezolanos.

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