¿BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA?

17 01 2011

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48º Mensaje histórico

Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

 

La presentación mediática de la significación histórica del año 2010 para Hispanoamérica se expresa como “Bicentenario de la Independencia”. Esta simplificación de los hechos históricos no merece mayor examen crítico. Basta observar que se asume como representativo del proceso de Independencia el momento convencionalmente establecido, -no críticamente reconocido-, como el inicio de ese proceso. Simplificación ésta que incomoda al historiador. Si bien no tanto como a los dictadores en ejercicio o en prospecto, quienes escudan la violación por ellos de los valores vinculados con esa Independencia, comenzando por la Libertad, proclamándose adalides de la verdadera independencia. Relegan para ello la que se conmemora a la condición de falsa o, piadosamente, a la de seudo independencia, meramente preparatoria de la que tales fariseos dicen no ya estar complementando si no realizando.

Dejando de lado estas y otras consideraciones, quizás valga la pena reflexionar sumariamente, de manera crítica, sobre un caso de los envueltos en la conmemoración mediática.

* * * *

En el caso de Venezuela, lo que cabría conmemorar actualmente sería el bicentenario del inicio de la crisis del nexo colonial que desembocó, el 5 de julio de 1811, en la Primera Declaración de Independencia. Lo que es hoy objeto de conmemoración anticipada se corresponde con la interesada interpretación bolivariana de que el 19 de abril de 1810 fue el día inicial de nuestra Independencia. ¿Satisfaciendo con ello la necesidad de justificar, -¿ante sí mismos los actores; y ante el grueso de la sociedad, todos?- la desobediencia a nuestra Corona y el desacato de la voluntad divina?

De esto último trata la Declaración contenida en el Acta. Se abre con las siguientes alegaciones, que constituyen, como correspondía, una flagrante demostración de acomodamiento de la historia a propósitos políticos inmediatos. Lo que quedaría de manifiesto en los pasaje subrayados:

“En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la confederación americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810 [¿Cuándo los habíamos tenido? ¿Cuándo éramos parte de nuestra Monarquía?], en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español [¿No era el nuestro?] por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos [¿No era el Poder criollo el segundo pilar del Poder colonial?], y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía.”

Prosigue el Acta ofreciendo una versión de la formación de la sociedad que exonera al criollo de su determinante responsabilidad histórica en esa formación; y lo separa de …..”la nación española”.

“No queremos, sin embargo empezar alegando los derechos que tiene todo país conquistado [¿De quienes y contra quienes?], para recuperar su estado de propiedad e independencia; olvidamos generosamente la larga serie de males, agravios y privaciones que el derecho funesto de conquista ha causado indistintamente a todos los descendientes de los descubridores, conquistadores y pobladores de estos países [¿Es decir el daño causado por la conquista a los propios conquistadores? ¿Por nuevos conquistadores a los conquistadores originales?], hechos de peor condición, por la misma razón que debía favorecerlos; y corriendo un velo sobre los trescientos años de dominación española en América [¿Es decir, la establecida por sus ascendientes españoles?], sólo presentaremos los hechos auténticos y notorios que han debido desprender y han desprendido de derecho a un mundo de otro, en el trastorno, desorden y conquista que tiene ya disuelta la nación española [¿De la que no formábamos parte sin decirnos qué éramos?].”

Culmina el Acta dejando en claro la esencial fundamentación de lo actuado y el alcance de lo resuelto:

…..”Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España [¿De nuestra Corona?] y de los que se dicen o se dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente [¿Cómo parte del Imperio hispanoamericano éramos independientes, mas no libres?] tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos [¿Incluida la monárquica?]”…..”y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes [La República de Colombia se proclamó independiente por sus armas y libre por sus leyes]”…..”Dada en el Palacio Federal y de Caracas”…..”a cinco días del mes de julio del año de mil ochocientos once, el primero de nuestra independencia”…..

En síntesis, declaraban su independencia los criollos venezolanos que habían sido conquistados y despotizados por los agentes de una nación española de la que no habían sido parte constitutiva. No habiendo sido ellos mismos parte activa primordial de ese proceso y sus conspicuos representantes, como leales súbditos de una Corona instituida por la Voluntad Divina y demolida por los acontecimientos humanos, pero cuya subsistencia independiente no fue descartada explícitamente.

* * * * *

El desarrollo de esos mismos acontecimientos humanos hicieron necesaria la Segunda Declaración de Independencia, recogida en la que es denominada “Declaración de Angostura”, aprobada en la hoy Ciudad Bolívar, a orillas del río Orinoco, el 20 de noviembre de 1818. Este contundente documento está amparado por “Simón Bolívar, Jefe Supremo de la República de Venezuela, &., &.”:

“Considerando que cuando el gobierno español solicita la mediación de las altas potencias para restablecer su autoridad, a título de reconciliación sobre los pueblos libres e independientes de América, conviene declarar a la faz del mundo los sentimientos y decisión de Venezuela:

“Que aunque estos sentimientos y esta decisión se han manifestado en la República desde el 5 de julio de 1811, y más particularmente desde los primeros anuncios de la solicitud del gabinete de Madrid, es del deber del gobierno en quien reside la representación nacional, reiterarlos y declararlos legal y solemnemente:

“Que esta declaración franca y sincera, no sólo es debida a las altas potencias, en testimonio de consideración y respeto, sino indispensable para calmar los ánimos de los ciudadanos de Venezuela:

“Reunidos en junta nacional el consejo de Estado, la alta corte de justicia, el gobernador, vicario general de este obispado sede vacante, el estado mayor general, y todas las autoridades civiles y militares, después de haber examinado detenidamente la conducta del gobierno español, hemos tenido presente:

“1º-Que la idea de una reconciliación cordial, jamás ha entrado en las miras del gobierno español.”

A lo que siguió una circunstanciada justificación de esta afirmación que habría sido suficiente, como lo habría sido, y debió serlo, la ratificación pura y simple del Acta de Independencia, acatada en su condición de Ley fundacional de la ahora República. No obstante, se consideró necesario reiterar la conducta seguida, dado el temor de que tomase cuerpo una tendencia reconciliadora, ya percibida:

“10º- Que hallándonos en posesión de la libertad e independencia que la naturaleza nos había concedido, y que las leyes mismas de España, y los ejemplos de su historia, nos autorizaban a recobrar por las armas, como efectivamente lo hemos ejecutado, sería un acto de demencia y estolidez someterse bajo cualesquiera condiciones que sean al gobierno español.

“Por todas estas consideraciones, el gobierno de Venezuela, intérprete de la intención y de la voluntad nacional, ha tenido a bien pronunciar ante la faz del mundo la siguiente declaración:

“1º- Que la república de Venezuela por derecho divino y humano, está emancipada de la nación española, y constituida en un estado independiente, libre y soberano.”

……

“5º- Que no tratará jamás con la España sino de igual a igual, en paz y en guerra, como lo hacen recíprocamente todas las naciones.”

No deja de ser sorprendente que se invocase una suerte de República venezolana por derecho divino, además de humano; al mismo tiempo que se ignoraba a la Monarquía absoluta, expresión ancestral del derecho divino, restaurada en esta porción del Imperio hispanoamericano desde el 4 de mayo de 1814.

* * * * *

La aprobación, el 17 de diciembre de 1819, por un Congreso venezolano reunido en Angostura, de la de Ley Fundamental de la República de Colombia; ratificada en ese mismo día por Simón Bolívar, contiene, en sus artículos iniciales una suerte de nueva declaración de independencia: “1º Que reunidas en una sola República las Provincias de Venezuela y de la Nueva Granada tienen todas las proporciones y medios de elevarse al más alto grado de poder y prosperidad.” “2º Que constituidas en repúblicas separadas, por más estrechos que sean los lazos que las unan, bien lejos de aprovechar tales ventajas, llegarían difícilmente a consolidar y hacer respetar su soberanía [¿Valdría decir: ser independientes?].”

La Ley fundamental de la República de Colombia se halla recogida, – de manera literal en sus tres primeros artículos-, en la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia, aprobada el 12 de julio de 1821 por el Congreso General de Colombia, reunido en la Villa del Rosario de Cúcuta, atendiendo a lo dispuesto en el Art. 8º de la Ley Fundamental de la República de Colombia. Fue promulgada por el Ministro del Interior, en nombre del Vicepresidente de la República, el 18 de julio del mismo año. La nueva Ley dispone:

“Art. 3º La Nación Colombiana es para siempre é irrevocablemente libre e independiente de la monarquía española, y de cualquiera otra potencia ó dominación extrangera. Tampoco es, ni será nunca el patrimonio de ninguna familia ni persona.”

Esta declaración de independencia y de expresa abolición de la Monarquía se repite textualmente en el Título I, “De la Nación colombiana y de los colombianos”, Sección 1- “De la Nación Colombiana”, Art. 1º; de la Constitución de la República de Colombia, aprobada el 30 de agosto de 1821 y promulgada por Simón Bolívar, Presidente de la República, el 6 de octubre de 1821.

Al consagrar la plena independencia de la República de Colombia, y por ende la del entonces su Departamento de Venezuela, asociándola con la drástica abolición de la Monarquía como régimen sociopolítico, la Ley Fundamental de la Unión de los pueblos de Colombia constituía la definitiva declaración de Independencia, pues se le cerraba el paso a todo intento de reconciliación con la que se pretendía, unilateralmente, que dejase de ser nuestra Corona.

* * * * *

Quiso y quiere la historia patria, concebida y escrita, como correspondía, para justificar la Independencia, que el haberla declarado, -y lo que es más, en este caso desde la primera vez-, significase que ella tuviese vigencia plena. ¿Puede considerarse, históricamente, que la declaración unilateral de Independencia significase el haber ingresado efectivamente a ese estatus jurídico? La concepción misma de los textos mencionados deja claramente establecido que se es independiente respecto de otro y de otros; lo que obliga a considerar que se requiere aceptación y reconocimiento expreso de tal determinación unilateral. De allí la diligente solicitación de esa aceptación y reconocimiento por la ya desgajada República de Venezuela.

Si nos atuviéramos a este criterio jurídico e histórico, habría que convenir en que la fecha inicial de la Independencia de Venezuela sería el 30 de marzo de 1845, cuando se firmó en Madrid el Tratado de Paz y Reconocimiento; que recibió aprobación legislativa el 20 de mayo del mismo año, y ratificación ejecutiva el 27 del mismo mes y año. El canje de ratificaciones tuvo lugar en Madrid el 22 de junio de 1846. El Tratado consagra:

“Art. 1º S.M.C. [Isabel II], usando de la facultad que le compete por decreto de las Cortes Generales del Reino de 4 de diciembre de 1836, renuncia por sí, sus herederos y sucesores, la soberanía, derechos y acciones que le corresponden sobre el territorio americano, conocido por el antiguo nombre de Capitanía General de Venezuela, hoy República de Venezuela.

“Art, 2º A consecuencia de esta renuncia y cesión, S.M.C. reconoce como nación libre, soberana e independiente la República de Venezuela compuesta de las provincias y territorios expresados en su Constitución y demás leyes posteriores, a saber: Margarita, Guayana, Cumaná, Barcelona, Caracas, Carabobo, Barquisimeto, Barinas, Apure, Mérida, Trujillo, Coro y Maracaibo y otros cualesquiera territorios e islas que puedan corresponderle.

“Art. 3º Habrá total olvido de lo pasado y una amnistía general y completa para todos los ciudadanos de la República de Venezuela y los españoles, sin excepción alguna, cualquiera que haya sido el partido que hubiesen seguido durante las guerras y disensiones felizmente terminadas por el presente Tratado.”

¿Hasta ese momento fuimos los venezolanos, jurídicamente, súbditos rebeldes de nuestra Corona? Una respuesta históricamente correcta supondría reconocer, a nuestra vez, que fuimos, efectivamente, una sociedad monárquica colonial. Lo que a su vez, abriría paso a otras preguntas no menos incómodas: ¿Hasta cuándo lo fuimos, como sociedad? ¿Lo fuimos hasta que nuestra Corona entró a considerarnos como ciudadanos de una República independiente, admitiendo nuestra abolición de la Monarquía? Una respuesta imprudente podría llevarnos a considerar que el despotismo, prevaleciente durante la mayor parte de nuestra vida republicana independiente, revelaría la persistencia esencial de la monarquía absoluta.

* * * * *

Lo que antecede es una disquisición jurídico-historiográfica. Es un intento de invitar a poner en claro aspectos de nuestra historia de los que podrían derivarse importantes comprobaciones, compatibles con la maduración de nuestra conciencia histórica, hoy tan vapuleada, por el estilo de las siguientes:

1ª.- Llevaría a valorizar la República de Colombia, rescatándola de la posición relegada en la que se halla, puesta por la denominada historia oficial de Venezuela, al darle vigencia a la afirmación, generalizada en la época, de que ninguno de los pueblos [o Estados] agrupados en la República de Colombia habría podido alcanzar la Independencia por sí solo, y menos aún consolidarla.

2ª.- Consagraría no ya el logro sino la realización de la Independencia, y su consolidación, si bien unilateral, como un hecho de la República de Colombia.

3ª.- La Batalla de Carabobo, librada el 24 de junio de 1821 por el Ejército de la República de Colombia, bajo el mando del nacido venezolano y ciudadano de la República de Colombia, desde el 17 de diciembre de 1819, General Simón Bolívar, completó y consolidó la independencia de esa República; y por lo mismo de sus sociedades integrantes.

4ª.- La Batalla de Ayacucho, librada el 9 de diciembre de 1824 por el Ejército de la República de Colombia, con participación de contingentes peruanos, bajo el mando del nacido venezolano y ciudadano de la República de Colombia, desde el 17 de diciembre de 1819, General Antonio José de Sucre, consolidó la Independencia de la nueva República, y, por lo mismo de todas sus sociedades integrantes y de algunas más.

5ª.- Vistas estas circunstancias, y valorados los resultados, la República de Colombia fue un necesario, eficaz y exitoso instrumento estratégico, militar y político, dirigido a alcanzar y consolidar la Independencia de sus sociedades integrantes.

Lo dicho permite sugerir la conclusión de que si bien la brillantísima Batalla de Ayacucho significó el perfeccionamiento de la Independencia de la República de Colombia, al disipar la amenaza de una todavía posible reconquista desde el propio territorio del imperio hispanoamericano, combinada con la intervención de monarquías europeas confabuladas; marcó, igualmente, el cese de la utilidad estratégica, militar y política, de esa República; y abrió la compuerta a las hasta entonces tácticamente represadas posturas sociopolíticas que desde su inicio conformaron la disputa de la Independencia.

* * * * *

La invocación de las grandes fechas de la Historia suele prestarse a manejos, -y hasta a malabarismos-, ideológicos y políticos. ¿Cuántos continuadores, -por no decir perfeccionadores-, de la Independencia declarada el 5 de julio de 1810 hemos tenido? También nos ha sucedido, aunque con menor frecuencia, pero no con mejor suerte, tener quienes hayan pretendido hacer algo semejante con el Acta aquí comentada. En el acto solemne de promulgación de la Ley de Reforma Agraria, realizado en el Campo de Carabobo el 5 de marzo de 1960, declaró Rómulo Betancourt: …..”No puedo ocultar cómo ha sido trance singular de mi vida éste de hoy, en que en calidad de Jefe de Estado libremente electo por el pueblo, he estampado mi firma en un documento para ser leído por los nietos de nuestros nietos como una segunda Acta de la Independencia de Venezuela.” (Rómulo Betancourt. Antología política, Vol. VII, p. 161).

Caracas, 20 de agosto de 2010.

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Mensajes precedentes: Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia
nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º
Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad
y guetos de la democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje histórico: “Entre
la independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º Mensaje
histórico: ¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a
Bolivia? 9º Mensaje histórico: Cuando Hugo se bajó del futuro. 10º Mensaje histórico: ¿La historia ha
caído en manos de gente limitada e imaginativa? 11º Mensaje histórico: Las falsas salidas del temor. 12º
Mensaje histórico: ¿Hacia dónde quiere ir Venezuela? 13º Mensaje histórico: Defender y rescatar la
democracia. 14º Mensaje histórico: Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia. 15º
Mensaje histórico: En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender. 16º Mensaje
histórico: Las historias de Germán Carrera Damas. 17º Mensaje histórico: República liberal democrática
vs República liberal autocrática. 18º Mensaje histórico: Sobre los orígenes y los supuestos históricos y
doctrinarios del militarismo venezolano. 19º Mensaje histórico: El vano intento de enterrar el Proyecto
nacional venezolano. 20º Mensaje histórico: Demoler la República. 21º Mensaje histórico: La reducción
civilizadora socialista de las tribus indígenas. 22º Mensaje histórico: Lo que no se puede dar ni quitar.
23º Mensaje histórico, extraordinario: Mis razones para decir No. 24º Mensaje histórico: La nueva
política como intento de burlar la historia. 25º Mensaje histórico: Sobre el 23 de Enero de 1958, en el
Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. 26º Mensaje histórico: La presencia activa de
Rómulo Betancourt. 27º Mensaje histórico: Librarnos del Siglo XIX. 28º Mensaje histórico: Repetición
del 8º Mensaje histórico. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º
Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La
revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: “Las migraciones no controlables”. 33º Mensaje
histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: La
Democracia: un asunto de los pueblos. 35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está
amenazada! 36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“… 37º Mensaje histórico: “El
conflictive porvenir de la República”. 38º Mensaje histórico: “El peligro de no saber leer la Historia”. 39º
Mensaje histórico: Sin título. 40º Mensaje histórico: “En desagravio de la mujer venezolana”. 41º
Mensaje histórico: “Yo dialogo, tu no dialogas; soy demócrata, tu no lo eres”. 42º Mensaje
histórico: “Evolución histórica de la masculinidad en Venezuela: desde lo históricamente absoluto hacia
lo socialmente retado”. 43º Mensaje histórico: “Nos están quitando la República”. 44º Mensaje
histórico: “El marco politico de Venezuela en la actualidad. Balance y perspectiva”. 45º Mensaje
histórico.”Tenemos doscientos años defendiéndonos del despotismo”… Nota: Estos mensajes, hasta el
número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajes
históricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006. 46º Mensaje histórico: “ El que no entiende la historia ve solo el cambio”. 47º “Entrevista con Germán Carrera Damas”, realizada por Gloria Bastidas.

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